Eliezer Javier Guedes
Baco sucumbe ante el sopor del vino
Ahora que se ciernen las vides,
Y la noche enmarañando mi pelo
Cubierto por el celaje, y los surcos en mis dedos.
Paseo por el jardín entre las higueras
Apoyado en un tirso, cubierto de hojas de hiedra y parra,
Buscándote entre pámpanos y patrón.
Oigo el sonido de las cuerdas de una lira.
El plenilunio reflejo en pruina piel
Que traen recuerdos de un ayer,
En que mi hollejo se maceraba con tu pulpa
Tiñendo de púrpura el preciado líquido de los dioses.
Recostado sobre la tierra te vislumbro en la oscuridad.
Vienes con hombros caídos, tranquila y serena,
Como una bordelesa de seda verde vestida.
Manos temblorosas te agarran fuertemente
Y labios sedientos besan tu boca, bebiéndote a sorbos.
Recorres la alfombra roja de la catedral
Haciéndome revivir un pasado ya lejano,
De sabores dulces, ácidos, salados y amargos.
Mi respiración se mezcla con la calidez de tan preciado jugo.
Gotas que salpican en la bóveda de mi paladar,
Elevando tu espíritu hasta la nariz y haciéndome soñar.
Ahora, reflejos dorados en el cabello y una piel de zorro cubre mi cuerpo,
Danzando entre ménades, sátiros, centauros y silenos.
El alcohol destilado es mi dueño, liberando mi ser.
Jóvenes andróginos al ritmo estridente del aulós.
Tras una bacanal desenfrenada de amor y deseo,
Despierto con una copa de vino entre mis dedos
Y en el cristal tus lágrimas son mi consuelo,
Llevándote conmigo hasta el fin de los tiempos.
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Isabel Guerra
SOBREVIVE BACO
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Desirée Jiménez Sosa
Borrachera apócrifa
¡Yo seré su Moisés!
Abriré los vinos
para liberarles,
para liberarles a todos
ya no recuerdo muy bien de qué
y marchar por el desierto
los años que hagan falta
para llegar al paraíso de uvas
que nos prometieron.
¡La viña del Señor!
Nos regocijaremos
las treinta y seis tribus
y yo beberé
del ombligo de mi esposa,
del cuello de mi Séfora,
que según el diccionario es
alta y estrecha,
de cuello largo,
con dos asas,
terminada en punta
y muy usada por los antiguos griegos y romanos,
aunque eso último no es
sino una calumnia enciclopédica.
El vino lo emplearemos,
ya verán,
para todo:
por ejemplo, como veneno de mentirosos
o como medicina de hombre triste y sabio.
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Helena Lorenzo Cabrera
Pérdida
El astro sol se atrevió a iluminar esa pura gota,
la que fluyó de tus labios del cristal redondo vertida.
Por la blanda y estrecha comisura
después del bendecido trago,
en silenciosa y comprometida fuga,
de racimos de uva en rojo fermentado.
El rastro húmedo dejó su trayectoria sinuosa,
la que coloreó tu piel en seno fluvial convertida.
Limpia culpa de tu boca
transfórmese presta en mueca,
arrepentida de la pérdida,
sintióse ella, por dentro, hueca.
La voz clara y rotunda, presente ante este vacío,
solidaria con la boca, con autoridad solemne, dijo:
¡Qué me llenen de nuevo la copa!
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Eliseo Méndez Nieto
Vino joven
Tu cuerpo,
curva sensual
de rotundo trazo,
bajo el tenue vestido
que te contiene
dejas transparentar
tu belleza aprisionada,
cristalina tela.
Tiemblo ante el deseo
de besar tus labios
y sentir tu caricia
burbujeante y fresca
en mi boca.
Mírame con tus ojos glaucos
apasionado y joven amigo,
vino
que en tu seno guardas
el recuerdo
del sol de la vendimia.
