Desirée Jiménez Sosa
Amarino
Un rumor ronco de lava y roca
me borbotea en las entrañas
al pensar
en las escamas frías de tus manos,
en la telaraña de tus besos,
en tus perdidos ojos de pez.
Deberías verme ahora,
con qué gracia me espumea el cabello,
mi elegancia de alga,
mis senos coralinos.
Puedes guardarte tu lengua de caracola.
No quiero más noches viscosas
sobre mi lecho de olas rugientes.
No quiero más sal en mi boca
ni el tentáculo de tus abrazos.
Ya no soportaba
aquel silencio de erizo.
Olvidaré
como olvidan las samas.
Y tú
en lugar de huesos blancos
tendrás esta blanca espuma
para recordarme.
*****
Francisco Lezcano Lezcano
¿Dónde…?
¿Dónde se han ido
las estrellas del azul marino
que me enseñaron a contar?
A marea baja,
sus huellas sobre la arena
me hablaban en verso,
para revelarme secretos
del mecanismo del mundo:
Yo comparaba mis cinco dedos
con sus cinco brazos.
¡Era algo fascinante y misterioso!…
Caballo de mar o Pegaso,
movimiento de ola o cadera,
palmera o estrella de mar,
lepidóptero de cristal o ensueño,
encaje o galaxia,
cola de cometa o pluma…
¿Qué puño ha hecho añicos
tanto vitral de sueño?
*****
Félix Martín Arencibia
Olas avanzando sobre la piel
Olas que van y vienen sosegadamente,
que tocan con sus manos el corazón
arenoso de Las Canteras.
Otras olas de personas sin rumbo,
con el corazón perdido en la lejanía
de un punto del horizonte,
se deslizan sobre la arena
y el paseo.
Sol y sombra. Luz y agua se tocan
provocando una excitación
promiscua.
Nuevas olas avanzando sobre la piel
de la fresca ilusión marina.
Más y más cuerpos se desplazan
en una danza cadenciosa de pasiones
olvidadas en el fondo del mar
de la adolescencia.
*****
Leonilo Molina Ramírez
Mirada marinera
Hay un mar ante tus ojos,
hay una mar
que con su salina bruma
de tu mirada se oculta,
hasta ti sólo deja llegar
su felino bramido:
el que moldea al rompiente,
que sonoro se acerca hasta tu oído
como predecible eco de su presencia.
Hay un mar ante tus ojos,
hay una mar
que te aproxima el rumor de los ausentes,
la lastimera y angustiada voz
de quienes su vida dejan
en lo más recóndito del piélago,
reflejo de una esperanza ahogada,
la mar que arrebata futuros
truncando vidas a mitad de su camino.
Hay un mar ante tus ojos,
hay una mar
que deja tras sí el sonido
de la vítrea exclamación
que arroja la certidumbre
de unos espejos rotos,
mar que vetea rubíes
de verde clamor de algas:
aroma de dormidas pituitarias.
Hay un mar ante tus ojos,
hay una mar
que a tu rostro ilumina
cuando la vas a mirar.
*****
María Isabel Padilla Santeraz
El arquero y el mar
Hundidas en la arena
Las huellas del niño
Surcaron la playa.
Corrió hacia el mar
Y el mar le abrió el corazón.
Lo acogió en su profundidad
Y le contó sus misterios.
Cubrió su cuerpo desnudo
Con algas de colores
Y colgó finos corales
Alrededor de su cuello.
Le mostró galeones hundidos,
Cuyos tesoros,
Vigilados por medusas gigantes,
Dormían bajo sus aguas.
Le regaló bucios de nácar
Y escuchó sus odas marinas…
Lo acunó en corrientes de salitre
Que refulgían como la plata.
Le enseñó a bailar con la luna,
Bajo la bóveda estrellada.
Un día, el niño oyó
El canto de las sirenas.
Hablaba de poemas y leyendas.
Y el niño recordó
Por qué escapó del cuadro…
Quería ser un poema del mar.
Mas añoró su arco y las flechas.
Descansaban en la playa
Sobre una roca que parió la arena.
Y el niño se afligió, lloró.
Anheló regresar al lienzo desnudo
Y soñar con su odisea, soñar con el mar…