"Escribir es ser nosotros mismos
sin ambages, sin tapujo alguno"

Entrevista en exclusiva para OtroLunes

Dossier
Por Amir Valle

Parte 1

América desde Panamá

enrique-jaramillo-levi-entrevista-2-dossier-otrolunes31Panamá es una tierra que he tenido una historia literaria muy rica y, no obstante ello, más allá de Ricardo Miró y Rogelio Sinán se conoce muy poco ¿A qué crees se deba ese desconocimiento?

Durante muchos años se debió a la falta de editoriales locales, de críticos, de estudios literarios en las universidades. Varios autores, como yo mismo, hemos tenido que realizar una intensa labor editorial con la literatura nacional, con los nuevos autores, para darlos a conocer. Y no ha habido manera de distribuir los libros fuera del país. Sólo los autores que hemos tenido la oportunidad de salir, y sobre todo de vivir en otros países, hemos podido publicar afuera y ser estudiados en otros ámbitos. Pero esto pasa en prácticamente todos los países pequeños de América Latina.

 

En algunos sitios he leído, y no sé si sea un disparate, que algunos investigadores panameños piensan que el mayor freno cultural que tuvo el país es su indefinición como nación, ese sentido de tierra de nadie y feudo de intereses foráneos que gravitó sobre Panamá desde que se comenzó a construir el canal. Y me llama la atención que en varios ensayos recientes he visto la referencia a que Panamá, como nación, es algo así como un bebé si se la compara con otra naciones de América donde ese sentimiento de nación surge siglos atrás. ¿Qué opinas sobre tan peliagudo asunto?

Me parece que en buena medida eso es cierto. Nos ha faltado una identidad propia, si bien han sido muchas generaciones de panameños las que han luchado por recuperar, de diversas maneras, nuestra soberanía sobre el Canal y las zonas adyacentes que los gringos se apropiaron y convirtieron en un enclave militar por 90 años.

 

Me gusta preguntarle a los escritores su opinión sobre algo que todos sufrimos y contra lo cual, en mi opinión, no tenemos la mínima posibilidad de ganar: vivimos supuestamente en la “era de la comunicación” y, sin embargo, cada vez los escritores de un país y otro vivimos más aislados en nuestros propios feudos pues puede ser cierto que ahora nos enteramos más rápido de lo que se publica por esos mundos, pero de ahí a leernos, a conocernos, va un trecho muy largo y lleno de riscos. ¿Cuáles crees que son los mayores problemas que impiden esa comunicación?

Es un fenómeno real, extraño, hasta cierto punto incomprensible. Imperdonable. Yo lo atribuyo al egoísmo y ensimismamiento de la mayor parte de los escritores con respecto a sus colegas de otras latitudes, e incluso a veces dentro de su propio país. Me parece que uno tiene el deber solidario de familiarizarse con la obra literaria de los demás. En lo personal, siempre he procurado hacerlo, mantenerme al día. Otro problema muy real y lamentable es que poco llegan libros de otros países a sitios en donde nadie los conoce, y por tanto las librerías no los piden. Y es un círculo vicioso.

 

La última década en América Latina, gracias a los movimientos populistas, socialistas o, como se llamen, que se han desatado en esta parte del mundo, ha vuelto a renacer un fenómeno que conmovió al mundo cultural universal en los 60s: la lucha de la literatura comprometida (en cualquiera de los bandos del espectro social y político) vs la literatura (lamentablemente llamada en algunos países evasiva, burguesa y hasta contrarrevolucionaria o mercenaria). Es decir, el eterno dilema exacerbado en aquel mítico debate entre Sartre y Camus de si el escritor, el artista, el intelectual debe estar comprometido o no con las luchas de su tiempo. ¿Cómo ves tú este regreso a ese dilema y, en el caso específico de Panamá, se manifiesta así o están ustedes libres de ese debate?

Gracias a Dios, en Panamá ese debate ha quedado enterrado desde hace un par de décadas. Si bien la literatura anti-norteamericana cumplió sin duda una función social y política importante mientras tuvimos aquí el enclave colonial militar norteamericano, (con obras excelentes y otras bastante mediocres), sobre todo en poesía, hoy en día cada quien escribe sobre lo que le da la gana, y nadie lo critica. Ya no hay bandos, ni escuelas ni movimientos literarios. La creación literaria se ha ganado su libertad.

 

También a varios colegas escritores les he preguntado qué opinan sobre esa aseveración que establece que después del boom, en materia literaria, no ha habido nada importante en Latinoamérica. ¿Qué piensas tú?

Eso es ridículo. Hay una enorme cantidad de nuevos y talentosos escritores en las últimas décadas, en prácticamente todos nuestros países, sobre todo en cuento, novela y poesía. Por alguna razón, el ensayo y el teatro (la dramaturgia) siempre andan cojeando. Sería interminable nombrarlos a todos, pero son muchísimos más que los cinco que formaron parte del “boom”. Como abrebocas bastaría nombrar al chileno Roberto Bolaño. Y a otros como el colombiano Héctor Abad Faciolince; el peruano Santiago Rocangliolo; los argentinos César Aira, Martín Caparrós y Leopoldo Brizuela; el chileno Alberto Fuguet; los mexicanos Juan Villoro, Álvaro Enrigue, Mónica Lavín, Jorge Volpi y Rosa Beltrán; los costarricenses Carlos Cortés, Rodrigo Soto y Anacristina Rossi; el guatemalteco Rodrigo Rey Rosas; el hondureño Julio Escoto; el nicaragüense Arquímedes González, entre otros.

 

He escuchado varias veces hablar de una “historia del cuento panameño”. Eso significaría que hay nombres y aportaciones que permiten armar ese corpus literario. Es conocida bastante cómo ha sido esa historia en países como México, Argentina o Cuba, por sólo poner tres ejemplos, pero resumiendo lo más posible, y la formulo porque sé que es una pregunta que interesará a muchos de nuestros lectores ¿cómo sería a grandes rasgos esa historia en el caso de Panamá?

Es en efecto, una historia nacional rica en cuentistas. Y yo he tratado de mantenerla actualizada con diversas antologías que he ido  publicando. Las más recientes: Tiempo al tiempo (2012) y Los recién llegados (2013); la más exhaustiva –dos voluminosos tomos publicados en Panamá en 2005–: Sueño compartido (Compilación histórica de cuentistas panameños 1892-2004). La primera que hice: Antología crítica de joven narrativa panameña, publicada por una pequeña editorial mexicana en un ya lejano 1971.

El grado de calidad, por supuesto, es diverso. Comienza a fines del siglo XIX, cuando aún éramos parte de Colombia. Los fundadores fueron Darío Herrera (con Horas lejanas, primer libro de cuentos de un panameño, publicado en Buenos Aires en 1903), Salomón Ponce Aguilera y el poeta Ricardo Miró, aunque los dos últimos no recogieron en libro sus cuentos dispersos. Excelentes cuentistas panameños de un solo libro fueron: Manuel Ferrer Valdés y Ricardo J. Bermúdez (también gran poeta). Están grandes cuentistas como Rogelio Sinán, José María Sánchez y Renato Ozores. Y después vendrían Justo Arroyo, Moravia Ochoa, Ernesto Endara, Pedro Rivera, Bertalicia Peralta, Dimás Lidio Pitti, Rosa María Britton, Rey Barría, Allen Patiño, Félix Armando Quirós Tejeira, Claudio de Castro, Consuelo Tomás…

En las últimas dos décadas han aparecido más de 150 nuevos cuentistas en Panamá. Algunos de los más recientes: Ariel Barría Alvarado, José Luis Rodríguez Pittí, Isabel Herrera de Taylor, David Róbinson, Luigi Lescure, Lili Mendoza, Lupita Quirós Athanasiadis, Carlos Fong, Roberto Pérez-Franco, Melanie Taylor, Isabel Burgos, Carlos Oriel Wynter Melo, Annabel Miguelena, Alberto Cabredo, Julio Moreira, Lucy Cristina Chau, Basilio Dobras, Isabel Burgos, Federico Rodríguez Gutiérrez y Gonzalo Menéndez González, entre muchísimos otros. Y cada uno tiene su propia estética, sus temas específicos, su tono muy particular.

 

Le he escuchado decir a Guillermo Sánchez Borbón, a Luis Pulido Ritter y, más recientemente, a Carlos Wynter, que Panamá es un páramo en materia de promoción literaria. ¿Piensas lo mismo? Y, si es así, ¿qué razones te hacen pensar de ese modo?

En materia de promoción literaria estatal sí que Panamá es y ha sido siempre un páramo. Pero algunos escritores –pocos– hemos dado durante años casi igual importancia a la labor de promoción cultural que a la de creación literaria personal… Por ejemplo, yo fundé en 1984 la revista cultural Maga, y sigue existiendo (ahora como propiedad de la Universidad Tecnológica de Panamá, aunque la sigo dirigiendo; en sus páginas han publicado muchísimos autores nacionales, de trayectoria y desconocidos, así como de otros países.

He creado importantes premios literarios nacionales e internacionales, de los que al menos cinco continúan vigentes, entre éstos el Premio Centroamericano de Literatura “Rogelio Sinán” y el Premio Nacional de Cuento “José María Sanchez” (auspiciados por la Universidad Tecnológica de Panamá), y el Premio de Poesía Joven “Gustavo Batista Cedeño”, organizado por el Instituto Nacional de Cultura. Fundé el “Día del Escritor Panameño”, que por ley se celebra cada 25 de abril, fecha del natalicio de Rogelio Sinán; así como el “Diplomado en Creación Literaria” que se imparte anualmente en la Universidad Tecnológica de Panamá desde hace doce años, y del que han egresado talentosos nuevos escritores de diversas edades y profesiones, algunos de los cuales han publicado buenos libros y ganado concursos literarios importantes; también he impartido numerosos talleres de cuento.

Asimismo, he publicado más de 150 libros de autores panameños, y al menos 12 antologías de cuento y poesía, de diverso tipo, sobre literatura panameña, centroamericana y mexicana desde la década de los setenta, en México y en Panamá, desde editoriales estatales que he dirigido y de forma particular.