"Escribir es ser nosotros mismos
sin ambages, sin tapujo alguno"

Entrevista en exclusiva para OtroLunes

Dossier
Por Amir Valle

Parte 2

Jaramillo Levi, el escritor

 

enrique-jaramillo-levi-entrevista-3-dossier-otrolunes31Un cuento es una novela depurada de ripios, dijo el gran Cortázar. ¿Qué es para ti el cuento?

Escribir cuentos es un oficio intrigante y maravilloso. Hay en ello una extraña dicha, una gradual satisfacción que a la larga termina siendo permanente y del todo estimulante. Pero para hacerlo bien hay que prepararse. El acopio de conocimientos mediante la lectura variada y continua, así como la asimilación creativa del caudal de experiencias que ofrece la vida, son para ello fuentes permanentes. Y sobra decir que, adicionalmente, el dominio de una variedad de técnicas, recursos o procedimientos literarios ayuda inmensamente al autor para acercarlo a la tan deseada y necesaria perfección formal en la elaboración de sus textos. Aunque pocos cuentos lleguen a ser memorables, el creador tiene la responsabilidad de esforzarse y proceder como si, una vez escritos, fueran realmente a serlo. Si su talento es genuino y tiene oficio y perseverancia, tal vez lo logre.

Desde luego, lo primero es estar convencido de que uno tiene algo que decir. Una experiencia significativa o una “verdad” insoslayable que pugna por ser expresada. Y entender que todo cuento artístico es una ficción mediante la cual se recrea una realidad pre-existente, o se la inventa a partir de ciertos datos o nociones que forman parte de nuestro ser (de nuestros recuerdos, conocimientos o imaginaciones; o una combinación de éstos). A su vez, es necesario comprender que es a través de una historia como se plasman los elementos antes señalados. Una historia generalmente restringida a un tema central, pocos personajes, un conflicto y un eventual desenlace, todo ello formando parte de una estructura narrativa interesante, ceñida, eficaz. Y obviamente, debe haber una intencionalidad estética implícita en las connotaciones de orden humano o social que el cuento entrañe.

Es importante tener presente que, además de contar una historia –a menudo, sólo un aspecto crucial de ésta-, el cuento tradicional, para realmente serlo, debe tener un decisivo principio, un desarrollo progresivo, un nudo o conflicto (o al menos un embrión de conflicto), y alguna forma de resolución o desenlace (no necesariamente en este orden). Visto así, en términos generales se puede hablar de cuentos de situación, cuentos de atmósfera o cuentos de personaje. Y por supuesto hay muchos cuentos en los que estas tres características (o alguna otra) se dan juntas, se las percibe con igual importancia. Pero en todos los casos hay una voz que narra desde un cierto punto de vista, en un cierto tono, si bien puede haber más de un narrador y por tanto diversos puntos de vista y variados tonos. Y la dosificación del material obedecerá al adecuado empleo de diversas técnicas o procedimientos narrativos. Además, siempre se ha dicho que un buen cuento debe mantener de principio a fin la atención del lector enganchándolo desde la primera frase. Y esa primera frase (en rigor, el párrafo inicial entero) a la larga descubrirá el lector que algo tiene que ver con el final del cuento. Esto, en lo que respecta a la estructura tradicional, clásica si se quiere.

Dicho todo lo anterior, es necesario advertir, no obstante, que el cuento de nuestro tiempo, ese que ha dado en llamarse postmoderno, rompe con algunas de las premisas establecidas en el cuento tradicional o clásico, e incorpora recursos como la intertextualidad, la fragmentación, la parodia, la elipsis, la hibridación, lo paradójico, lo enigmático, la sátira, lo paródico, el agudo ingenio y la síntesis a ultranza, sobre todo cuando de cuentos muy breves –minicuentos o microrrelatos— se trata. Pero independientemente de la extensión del cuento, sin duda tiende a haber, por tanto, una mayor fluidez dentro de una composición más variada, más ingeniosa y sorpresiva.

Pese a su concisión extrema, este tipo de cuento suele exhibir una sabia fusión de géneros literarios dentro de su estructura mínima, al igual que de forma más expansiva lo viene haciendo desde hace mucho tiempo la novela. Al grado de no ser tan fácil ya encontrar siempre en estos textos pasajes propiamente narrativos, característica esta que le es propia al cuento y a la novela. Todo lo cual implica una mayor libertad creativa; una flexibilidad estilística a ratos exacerbada; un uso más focalizado del ingenio; una proliferación de la parodia; una necesaria fragmentación escritural; un gusto singular por el humor negro, el sarcasmo y el absurdo como elementos constitutivos o simplemente como actitud. Pero en todo caso, a mi juicio debe seguir habiendo una mínima estructura; una mínima historia que de alguna forma mantenga unido al texto y que, por supuesto, se cuente; también, por lo menos el esbozo de un conflicto y un asomo de desenlace –que como se sabe no tiene que estar ubicado necesariamente al final del texto– para que éste sea, en efecto, un cuento.

 

En buena parte de los cuentos que he leído escritos por ti he notado un aliento que va más allá de esas búsquedas nacionales o zambullidas en lo nacional, lo autóctono, de cuentistas como el mexicano Rulfo, el cubano Onelio Jorge Cardoso e incluso una parte de Borges, para ir tras ese concepto del cuento como un chispazo de lo humano universal (pienso ahora en Arreola, Cortázar, García Marques el cuentista, Virgilio Piñera…). Entre esos dos grandes campos del cuento latinoamericano, con geniales cultivadores en ambas partes, ¿dónde crees que puede inscribirse tu cuentística? ¿Existe esa demarcación en el caso de Panamá?

En mi caso, en términos generales estoy sin duda más en el segundo grupo, sin habérmelo propuesto. Me gusta explorar lo metafísico, las posibilidades fantásticas de la realidad, el absurdo, el mundo de los sueños, los juegos de la mente, los espacios que permite la psicología profunda, las relaciones entre tiempo y espacio, las posibilidades ilimitadas de la imaginación (en mi libro de cuentos Sigilosamente nocturnos, de 2013, exploro por primera vez, en 6 cuentos, la ciencia-ficción).

Por otra parte, en el caso de Panamá, sí existe esa demarcación, pero no es clara. Como no lo es siempre en mi propia producción. Tengo cuentos brutalmente realistas, incluso escatológicos, muchos de ellos eróticos, y otros andan más bien por los lados de lo fantástico. Suelo publicar en un mismo libro diversas tendencias, incluyendo el minicuento y cierta literatura de crítica social, junto a cuentos metaficcionales, detectivescos, eróticos o psicológicos. Tal como nace, así se suele quedar.

Sin embargo, he hecho auto-antologías con mis cuentos fantásticos y con los eróticos, así como con la minificción; ejemplo de esta tendencia antológica son los 180 cuentos breves incluidos en mi libro Sincronías (2012). Por cierto, la más reciente antología de mi obra cuentística es en realidad una compilación amplia de cuentos representativos de todas estas tendencias, textos narrativos escritos en diversas épocas: me refiero a Visión de conjunto (Cuentos escogidos: 1973-2011); se trata de 102 cuentos tomados de 18 libros a lo largo de 38 años, publicado a mediados de 2013 por la prestigiosa editorial mexicana Fondo de Cultura Económica, en su colección “Tierra Firme” (la más antigua de América Latina: cumplen 80 años de existencia este año). Soy el primer autor panameño en publicar con ellos una obra literaria.

 

Me gustaría destacar un aspecto esencial de tu vida: la de promotor de la literatura, ya sea como editor, fundador de revista, o catedrático, labores que, contrariamente a lo que muchos piensan, suelen interponerse bastante en el camino de la escritura. Me gustaría que recuerdes el momento de mayor actividad en estos campos y me cuentes cómo era un día de tu vida, cómo lograbas escribir.

Esos momentos se han dado en numerosas etapas de mi vida, ya sea por mi cuenta y riesgo o como funcionario público en alguna institución cultural o universitaria. Siempre invento nuevas formas de hacer cosas que no se han hecho, de propiciar la creatividad, de motivar a los autores y a los lectores. Tanto en México como en Panamá, siempre he tratado de romper esquemas sin dejar de trabajar dentro del sistema, en beneficio de la Cultura. Y como siempre estoy activo, haciendo cosas diferentes, casi sin parar, suelo estar en las noticias culturales del país; y esto a veces molesta a los intelectuales de café, esos que nada hacen ni dejan hacer.

Pero quizá las épocas más dinámicas como promotor cultural se dieron de 1990 a 1992, siendo Jefe de Letras del Instituto Nacional de Cultura, en Panamá; y de 1996 a 2007, al ser el primer Coordinador de Difusión Cultural de la Universidad Tecnológica de Panamá  (entidad que forma ingenieros y técnicos); cargo que antes no existía, y que ha continuado después de mi jubilación. En ambos fungía de hecho, adicionalmente a mis funciones regulares, como editor de libros y revistas, aunque no fuera parte formal de mi trabajo establecido… Simplemente era algo que yo quería hacer, que se necesitaba, y se me tenía confianza y me daban luz verde para realizarlo. Y encontraba tiempo para escribir, de noche casi siempre. Mi amplia producción bibliográfica, buena, regular o mala, es prueba de ello.

Sin embargo, debo decir que el hecho de que toda la vida me he mantenido en buena forma como físico-culturista me ha ayudado muchísimo, porque sin duda se requiere mucha energía física y mental, muy buena salud, para hacer tantas cosas, aparte de que siempre dediqué tiempo a dar clases (al principio en colegios secundarios de Panamá, luego en universidades de México, los Estados Unidos y Panamá).

 

La poesía es un género muy difícil; en mi opinión, el más difícil de los géneros. Y aunque cualquiera cree que puede escribir poesía, no todo el mundo puede ser llamado un poeta ¿Qué es la poesía para el escritor Enrique Jaramillo Levi y cuándo sabe que debe utilizar ese género como expresión y no el cuento, género con el que la poesía suele estar bastante conectada?

Sin duda existe esa conexión. En la precisión del lenguaje; en la necesidad de economizar recursos; en la intensidad que debe tener un buen cuento para no quedarse en la pura historia, en lo anecdótico, lo cual puede lograrse mediante sugestivos recursos poéticos; en la elaborada concentración semántica y de captación y transmisión de emociones e ideas que implican ambos géneros. Y sin duda a veces no es fácil saber de antemano si un texto da para un cuento o si más bien tiene visos de convertirse en un poema. Esto ocurre, en mi opinión, porque a menudo la visión de un instante, de sus relaciones con otros momentos afines o contrarios, está hecho de la misma materia prima en ambos géneros. Así, para mí un poema es la captación de la quintaesencia de una emoción o el despliegue concentrado de lo más relevante de una idea, mediante un lenguaje sugestivo, alusivo, elusivo a veces.

 

Un escritor es, aunque muchos lo olviden, un ser humano que tiene que comer, responsabilizarse con una familia, vivir como cualquier ser humano, en simples palabras… ¿cómo se complementan el escritor y el hombre?

Vivo la literatura cada día de mi vida, hace muchísimos años que la he incorporado a mi cotidianidad. Casi sin darme cuenta al principio, ahora de forma plenamente consciente. Siempre estoy a la caza de situaciones literariamente rescatables, me hago reflexiones sobre los sucesos, las personas, las posibilidades del ser, del amor, sobre el tiempo, que pueden ser plasmadas en un texto. El acto de escribir, la escritura misma, me parece fascinante, de ahí que tenga tantos cuentos y poemas metaficcionales, y que en mis ensayos examine tanto esa entrañable relación.

Esto, por supuesto, no suele ser del gusto de la familia, pues no logran entender el fenómeno. Consideran que la realidad y la ficción, la vida “real” y la imaginación, deben mantenerse separados. Pero esto es lo contrario de lo que creo y hago. Lo cual no significa que siempre estoy escribiendo sobre mí, aunque sí acerca de mi visión de mundo. Inexorablemente. Lo otro es que uno inevitablemente le roba tiempo a la familia, a los hijos, para poder escribir, lo cual tiene consecuencias.

 

Cuando Flaubert dijo aquello de “Madame Bovary soy yo” hacía una clara referencia a que hay obras con las que uno se identifica tanto que llegan a ser parte de uno mismo. ¿Cuáles crees serían esas obras que podrían definirte como escritor?

Probablemente sea innegable que en toda obra literaria se cuelan filamentos emocionales y de actitud frente a los problemas de parte del autor, aunque los textos no sean abiertamente autobiográficos ni sea esa su intención. Esto es más fácil de detectar en la poesía, cuando se sabe algo de la biografía del autor… En términos generales, los libros que más identifico con mi forma de entender el mundo y sus incongruencias y sinsentidos son las siguientes colecciones de cuentos: Duplicaciones (1973, con otras tres ediciones, dos de ellas en México y las otras dos en España), Caracol y otros cuentos (1998), En un instante y otras eternidades (2006), Para más señas (2005), Con fondo de lluvia (2012); Algo está por ocurrir (2013) y Flashback (2013). Y últimamente (2013-2014) he escrito cuentos y poemas muy autobiográficos que permanecerán inéditos por un tiempo.

 

El ensayo, antes del estallido comercial de la novela, era un género definitorio en la literatura latinoamericana y grandes nombres de nuestras letras (me viene a la mente ahora mismo el cubano Fernando Ortiz, el mexicano Alfonso Reyes, el argentino Ezequiel Martínez Estrada, entre otros) han pasado a la posteridad como ensayistas, cosa que hoy, dígase lo que se diga, es algo bien difícil. ¿Qué temas obsesionan al ensayista que, también, eres como demuestran esos siete libros de ensayo que has publicado?

Mis temas ensayísticos suelen girar en torno al cuento como género literario, el proceso de la creación  –sus variantes y posibilidades– y el estudio de determinados libros de autores panameños que por alguna razón me parecen interesantes. Me gusta reflexionar con cierta intensidad sobre estos temas, dándoles a veces un cierto tono didáctico apto para ser aprovechado en los talleres literarios. Es el caso, por ejemplo, de mi libro Por obra y gracia (Hacia una poética del cuento) (2008). Lo cual indica que el docente que también soy se mantiene presente en este género.

 

Finalmente, pregunta socorrida, pero siempre necesaria: ¿qué escribes actualmente?

Preparo un nuevo libro de cuentos que se llamará Reverso (una mezcla de cuentos eróticos, metaficcionales, realistas y fantásticos), así como un libro de ensayos, artículos de opinión, prólogos y entrevistas: Esa difícil magia fascinante de escribir; también, un poemario amoroso que titularé Revelaciones.

Y me sigo activando como promotor cultural mediante la organización de certámenes y talleres literarios, así como dirigiendo la revista Maga (fundada por mí en febrero de 1984, coincidiendo con la muerte de Julio Cortázar), la cual sale dos veces al año, ahora a cargo de la Universidad Tecnológica de Panamá.

Hace un año fundé, con una escritora venezolana (Carolina Fonseca), una modesta editorial: Foro/taller Sagitario Ediciones: estaremos preparando la publicación de nuevos libros de talentosos nuevos cuentistas nacionales… Pero mi actividad más inmediata será la organización, para julio de este año, del “Segundo Congreso Internacional de Cuentistas y Críticos Literarios” (el primero lo organicé hace dos años), auspiciado por la Universidad Tecnológica, y enfocado ahora al estudio de la mejor cuentística producida por mujeres en Panamá.

Te agradezco mucho la entrevista, Amir. Es un placer aparecer en OtroLunes.