Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Diciembre 2007. Antilde;o uno. Número tres

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Yo nací en la literatura

Entrevista a Roberto González Echevarría

Por Ladislao Aguado

Roberto González Echevarría

Página 3

No, no, para nada. Hablando de este período post 1959, ¿hasta dónde es responsable un sistema social de la mediocridad de sus intelectuales? ¿Y hasta dónde es una responsabilidad individual, de esos propios intelectuales, su estancia dentro de la mediocridad oficial?

Bueno, primero habría que decir que yo creo que la relación entre ese medio y la creación de grandes creadores, es tenue o es imponderable. Porque tendríamos que decir entonces que la República fue responsable por Guillén, Carpentier, Lezama, Eliseo Diego, etc., ¿entiendes? Y, bueno, es posible, ¿no?, pero yo no sé…

Ahora, yo creo que el sistema actual en Cuba tiende a la mediocridad, tiende a crear mediocres, porque todos los que sobresalen tienen que exilarse, porque los mediocres son los que se convierten en burócratas y controlan y persiguen a los que van descollando, eso es matemático en Cuba. Si tú empiezas a tener un poco de éxito, inmediatamente terminas en la lista negra de los burócratas y los comisarios y tienes que salir de Cuba a hacer tu obra, no sé, habrá alguno que está haciendo, tal vez, una gran obra secreta, ¿no? Así que en ese sentido yo creo que el régimen actual sí es responsable por una mediocridad militante y compartida, pudiéramos decir. Pero yo soy muy escéptico en cuanto a que la sociedad produzca escritores, por ejemplo, pudiéramos decir que la España de Felipe II la que crea a Cervantes, la sociedad de la Inquisición crea a Góngora, a Quevedo, etc. Es muy difícil, no hemos logrado encontrar la fórmula para estudiar de una manera positiva y convincente la relación entre un sistema y una sociedad y la creación de grandes escritores. Ahí yo le doy la razón a Harold Bloom en cuanto a su libro siguiente, casi, es casi, uno no puede estar al día con Harold, porque escribe un libro todos los años; me refiero al libro Genius. O sea, hay un nivel de escritor que es imposible explicar cómo surgen. Es el caso de Arenas, por ejemplo. Arenas, vamos a decirlo en cubano, era un guajirito oriental con una preparación muy deficiente. Sin embargo, tenía un talento literario extraordinario. Y claro, también se formó y leyó. Pero yo me acuerdo hablar con Reinaldo, yo no era santo de su devoción, no nos llevábamos bien, porque como yo escribía sobre Carpentier, pues él me tenía en su lista negra. Aunque yo escribí cosas muy positivas sobre él y además yo le coloqué su primer cuento en el exilio, Termina el desfile, lo hice traducir por un alumno mío y se lo coloqué en el Paris review, nada menos, con una introducción mía. Pero, de todas maneras, el hecho es que no nos llevábamos. Pero, uno hablaba con Reinaldo y Reinaldo daba la impresión de ser lo que era. Decía nojotros, no, nosotros; y ese tipo de cosas. Y cuando algo le parecía oscurantista, decía medieval. Yo no sé, yo no estoy muy seguro que Reinaldo supiera qué período abarcaba la Edad Media, ¿entiendes? Él no tenía esa formación. Pero era genial… era genial. Así que es muy difícil de explicar esa relación, ¿no?

¿Para usted cómo ha funcionado el exilio para el escritor cubano?

Bueno, el exilio ha sido siempre un acicate para los escritores. A Dante, para empezar, que es una de mis obsesiones, el exilio, de cierta manera lo llevó a Dante a escribir La divina comedia y hubo escritores como Cervantes que vivían una especie de exilio interno, y ha habido muchos escritores exilados, The lost generation norteamericana, etc., así que yo creo que el exilio nos lleva a mirar el idioma, la tradición desde una perspectiva muy especial, muy crítica, muy autocrítica y yo creo que eso fomenta la creación literaria. Pero, claro, hay excepciones, Lezama Lima, prácticamente, nunca salió de Cuba, ni de la Habana Vieja, según dicen. Así que, yo digo que en las Humanidades hay que practicar la teoría de la melcocha, es decir, que las cosas son sinuosas, amelcochadas, no se pueden dividir en cuadritos.

Entonces, sí, el exilio tiene una influencia positiva, por lo traumático, etc., en la producción de literatura, pero eso no quiere decir que lo garantice. Porque tenemos muchos escritores en el exilio, que no voy a mencionar, que no son grandes escritores, ¿no? Pero, en general, Martí hizo casi toda su obra en el exilio, Heredia también, en la tradición cubana podemos seguir nombrand. Yo veo que hay una especie de eclosión de la literatura cubana en el exilio, llego aquí a Madrid y me encuentro que hay muchísimos de ustedes que son escritores y eso pues me alienta y vamos a ver qué sale de todo esto.

Una pregunta, ¿hasta dónde es posible la política en la literatura?

La política no se puede excluir de la literatura, la política está de forma natural en la literatura. Por ejemplo, en la segunda parte del Quijote, Cervantes incluye el tremendo debate sobre la expulsión de los moriscos, que empezó en 1609, cuando justo él estaba escribiendo esa segunda parte y él la incluyó porque la política es parte del drama de la vida humana. Así que la política no se puede excluir. Ahora, la política como propaganda no ha dado grandes obras literarias, yo creo que no las puede dar. Sí, obras comprometidas, digamos, comprometidas con un punto de vista, obras que, como digo en un ensayo, se escriben siempre desde la oposición. Hay grandes obras políticas del siglo, Guernica, la poesía de Neruda, cierta poesía de Nicolás Guillen. El problema es cuando la política se convierte en Estado. Y entonces, cuando se convierte en Estado y se le impone a los escritores la tarea de hacer propaganda (por ejemplo, como cuando varios escritores cubanos cuyos nombres no voy a mencionar comparecieron ante la televisión cubana para leer poemas sobre el caso de Elián González), yo creo que ahí se llega al ridículo y a la abyección en algunos casos

Roberto González Echevarría

Roberto, ¿cuando usted publicaba en Cuba hubo opiniones de que, que plantearon que usted le hacía el juego al Gobierno. Usted defendió el derecho natural, el derecho de que sus lectores naturales lo leyeran, ¿el beneficio cómo fue, a partes iguales o?

Bueno, yo no le hice el juego, yo fui a Cuba en los noventa a menudo, porque estaba haciendo investigaciones para mi libro sobre la pelota, porque también Cuba es mi país y yo quiero poderlo visitar. Yo no soy una figura del relieve que mi presencia allí vaya a significar nada, excepto entre tres o cuatro de nosotros, ¿no? Yo no hice ninguna declaración estando en Cuba de ningún tipo, aunque conocí a algunos burócratas y comisarios. En fin, tampoco se me puso restricción ninguna para mi investigación, se me facilitó la investigación, tengo que decirlo, porque es la verdad. Así que no.

Ahora, en cuanto a publicar, bueno, mis lectores naturales sí yo pienso, siempre, tuve una decepción sobre eso, siempre que no me cambiarán mis textos y me los publicaran perfecto. Publiqué en Casa de las Américas, publiqué en la Gaceta de Cuba, publiqué en Unión creo también,

En Temas

¡En Temas! Ése es el problema. El problema fue Temas. Que yo no sabía. Yo publiqué en Temas. Me pidieron un texto y yo les mandé un fragmento del libro sobre béisbol y salió, me dijeron después que había habido hasta seminarios y grupos de discusión para hablar de mis ensayos sobre la pelota y el carajo y dije, ¡ay, qué bueno, me publicaron en Temas!, ah, una revista… Después, cuando se hizo la traducción, que la hizo Miguel De Sales, él se leyó ese texto mío y me lo habían censurado y yo no me había dado cuenta, porque yo no me había tomado el trabajo de leerlo. En lo siguiente, resulta que yo hablo, no sé ni qué fragmento del libro es, pero yo hablo que estando yo ahora en el estadio del Cerro, o Latinoamericano como le dicen ahora, noté que había mucha apuesta, que había apostadores por todas partes, entonces, que estaban apostando no sólo al resultado del juego, sino a la diferencia de carreras en el resultado del juego. Porque el que yo estaba mirando era creo Industriales contra Cienfuegos, estaba ganando, digamos, Industriales por ocho carreras y de pronto Cienfuegos anota dos carreras y la gente se pone a gritar atrás y qué por dos carreras, todavía… ah!, porque lo que estaban jugando ellos era lo que se llama en inglé la diferencia y eso se lo puse, porque, claro, apuestas había habido en Cuba, había… hubo protestas y quejas sobre las apuestas en el beisbol cubano desde el siglo XIX. Bueno, esa parte sobre las apuestas contemporáneas me las censuraron en la revista Temas, quiero que sepas y quiero que se sepa, por eso lo digo aquí.

Una última pregunta, ¿cómo imagina usted el futuro de Cuba?

Bueno, una cosa es cómo lo imagino y otra es cómo lo deseo. Claro, todos deseamos una Cuba democrática, independiente, próspera, que vuelva a resurgir la Liga Cubana Invernal de Pelota, que vuelvan a existir mis Leones de la Habana y también El Almendares si tienen que existir.

Pero, ahora, cómo me la imagino, ya eso es más turbio, digamos. Porque yo no creo que la transición que estamos viendo, dicen que es una transición, es una sucesión lo que hay en Cuba. La verdadera transición, si la hay, no creo que vaya a ser pacífica. Yo creo que hay muchos intereses creados, hay muchas pugnas sobre las cuales no sabemos, porque no se sabe en un país totalitario y yo pienso que ahí va a haber pugnas muy serias, espero que no armadas, aunque pueden llegar a eso. Así que tengo graves temores sobre el futuro de Cuba en ese sentido. Porque hay unas fuerzas armadas… Bueno, vimos lo de estos muchachos que quisieron escaparse con rifles y mataron personas, etc. Cuánto, cuánta, cuánta inquietud puede haber entre todos esos jóvenes armados en el ejército de Cuba. A qué puede llevar eso. ¿Habrá algún militar que en la peor tradición latinoamericana dé un golpe de estado, le dé un golpe de estado a estos “vejetes” que están en el poder? Yo creo que va a ser un final shakesperiano, como dije yo en una entrevista, en un ensayo por ahí, shakesperiano, con muertes, traiciones y cosas. Eso es lo que pienso, pero yo no quisiera que fuera así.

Muchas gracias, Roberto

Madrid, junio de 2007

Roberto González Echevarría

Fotografía: Ade Castro

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