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La anécdota como estrategia narrativa nunca ha sido de mi gusto, y sin embargo recuerdo el día que Roberto me dijo —para mi gran desilusión y pesadumbre— que Guillermo Cabrera Infante era autor de un libro nada más. Bueno, lo que dijo textualmente fue que había solamente escrito un gran libro. De cualquier otra persona, esa declaración sería insólita e inconsecuente. Pero, por supuesto, estamos hablando de Roberto González Echevarría (RGE para sus amigos, estudiantes y críticos). Años después, y para terminar esta suerte de introducción, sigo buscando ese otro libro trascendental de Guillermo (GCI para sus amigos, estudiantes y críticos). No creo poder, todavía, contradecir al maestro.
Enseñar, escribir y leer han sido los elementos constitutivos de la vida académica de RGE desde los años 60 en Yale University. Su fecunda labor docente, forjadora de toda una generación de hispanistas y humanistas de renombre, tuvo siempre como complemento y contrapeso la investigación. Si bien el Siglo de Oro atrajo su atención en un principio, fue pronto la teoría crítica la que capturó su atención y la que estimuló su creatividad. El entorno que en los años 70 y 80 rodeó a RGE en Yale fue espectacular: Harold Bloom, Jacques Derrida, Paul de Man, entre otros. Ellos constituyeron la epónima escuela de teoría deconstruccionista y de filosofía en Yale University que tanto ha marcado los estudios literarios post-estructuralistas. La trayectoria crítica de RGE no puede reducirse ni a un género, ni a una época, ni a una región (¿quién más podría escribir acerca de las teorías de Bakhtine sobre la novela en las crónicas coloniales?). Los acuerdos y desacuerdos que su visión de la literatura tuvo con sus contemporáneos y sus predecesores siempre fue fructífera y constructiva —y lo sigue siendo. La obra académica de RGE aspira a la coherencia, y lo digo en el sentido más escueto de la palabra: no sólo se puede en ella trazar una línea desde el Siglo de Oro hasta el Neobarroco y más allá, sino tomar el oblicuo camino de regreso hasta la Colonia y la Edad Media.
A pesar de que sus primeros libros monográficos1, su primer libro de ensayos críticos2, la edición de unas actas de coloquio3, la edición crítica de Los pasos perdidos4 y su trabajo editorial en Diacritics5 —todos— tuvieron una importante resonancia dentro de los estudios literarios hispanoamericanos, fueron Voice of the Masters6 y Myth and Archive7 los que hicieron de RGE uno de los intelectuales más importantes de la academia norteamericana. Ambos libros fueron el resultado de agudas consideraciones de las nuevas teorías sobre el poder y la palabra (Foucault), la historicidad (Barthes) y la antropología cultural (Lévi-Strauss) dentro del contexto hispanoamericano.
Voice of the Masters no sólo ubica a la literatura latinoamericana dentro de su propio espacio cultural para romper la dicotomía maestro/alumno (objeto/sujeto), sino que propone una lectura auto-referencial y dialógica del llamado boom latinoamericano que apunta a la deconstrucción teórica del texto y de su narratividad orgánica. La tesis central es la negación de la legitimidad cultural del lenguaje (voz) autoritario de los escritores fundacionales (maestros) latinoamericanos como Sarmiento, Rodó, y Gallegos. Esto permite a RGE de examinar las obras (post)modernas de autores del (post)boom como sistemas lingüísticos herméticamente abiertos a sí mismos y buscando su autoría en la multiplicidad de lecturas posibles. Estas ideas, interesantemente, cobran forma en Voice pues la estructura misma del libro está de-construida igualmente desde el principio al tratarse este de una colección de ensayos independientes y no de una meta-narración libresca. Y sin embargo, la autoridad y autoría de esta recopilación adquieren así su fuerza y cohesión. Por otro lado, Myth and Archive sigue la misma estructura de-centralizada y fragmentaria que Voice, pero su objetivo no es polemizar la simple noción de cultura sino la de origen. Para RGE, ‘el nacimiento’ de una cultura latinoamericana es imposible de sostener ya que desde ‘el principio’ se inscribe dentro de una meta-narrativa occidental, sino europea. Desde el siglo XVII la literatura escrita en el Nuevo Mundo se inscribe dentro de una tradición ajena, y lucha contra esta, contraviniendo constantemente su autoridad cultural desde el interior mismo. El archivo cultural dentro del cual habitan las narraciones latinoamericanas no sólo suministra material coherente sino que también contiene huecos y silencios discordantes con este. He allí la noción de literatura moderna como archivo mitificador en tres momentos fundacionales —pues fundar y originar son nociones desemejantes— que RGE usa para extraer una nueva visión de la literatura iberoamericana: el jurídico colonial, el científico decimonónico y el antropológico del tardío siglo pasado. La trayectoria que RGE traza aquí para la narrativa latinoamericana termina con los mitos modernos que las novelas experimentales del boom explotan tan hábilmente. El futuro queda abierto.
Vamos pues, al meollo de este ensayo: La prole de Celestina: continuidades del barroco en las literaturas española e hispanoamericana. Originalmente publicado en inglés en 1993, no fue hasta 1999 que el texto traducido al español vio el día. La resonancia que tuvo este libro dentro de la academia norteamericana fue espectacular puesto que el tipo de lectura del canon en español que RGE proponía problematizaba y relacionaba géneros, tiempos y tradiciones. Al desplazar el Barroco hacia la Edad Media tardía —descentrando no sólo la historia literaria española sino también la occidental— Prole refleja el carácter subversivo de La Celestina. Este libro es, para mí, la obra paradigmática de lo que la crítica latinoamericana moderna aspira aportar a las humanidades. Prole es, al igual que Voice of the Masters y Myth and Archive, una colección de ensayos cuya estructura trata de atenuar la voz autoritaria del autor y dejar al lector fabricar su propio texto, un texto que refleja en su forma la función de su discurso. En este tour de force de lecturas concéntricas, que inicia en 1499 y llega hasta 1972, brillan por su ausencia los escritores del boom que tanto habían preocupado a RGE anteriormente. Para proponer una respuesta al por qué de esta exclusión, sugiero una primera lectura del texto.
La organización de Prole puede dividirse en dos: los primeros dos capítulos y el resto del libro. La discusión diacrónica de textos ejemplares trata de demostrar una continuidad barroca dentro de las cambiantes tradiciones literarias, malgré el surgimiento de movimientos vanguardistas —y frecuentemente, dentro de estos mismos— que nos lleva desde la mencionada La Celestina hasta el neobarroco en Cobra. Como indica RGE en su introducción, “los ensayos del presente libro se ocupan de dos temas generales: la modernidad en la tradición literaria hispánica y el Barroco como expresión de lo moderno”8.
En el primer capítulo, nuestro autor explica el por qué de ‘lo barroco’ y de ‘lo moderno’ en La Celestina: esta tiene un estilo desbordante de elementos perturbadores y contiene un carácter radicalmente fatalista, inmoral y carente de religiosidad que lleva “a sus límites más extremos la crítica radical de todos los valores subyacente en toda obra moderna. La prole de La Celestina es, en ese sentido, toda la literatura escrita en occidente desde 1499”9. No obstante, RGE explica por qué un texto tan emblemático tuvo una prole limitada. Nuestro autor filtra su perspicaz lectura de La Celestina a través del ensayo “La pharmacie de Platon” de Jacques Derrida10, lo cual le permite declarar que el personaje de Celestina es al mismo tiempo el dramaturgo del lenguaje y el chivo expiatorio de esta obra lujuriosa y subversiva que debe ser anatematizado por la sociedad y la literatura. Gran parte de la originalidad y modernidad de la novela de Fernando de Rojas reside entonces, para RGE, en el lenguaje (literal, simbólico y alegórico) y en la ambigüedad estructural de la tragicomedia que, al crear una contraficción de la sociedad que describe, denuncian la suma de sus fuentes histórico-literarias como falsas. Además, Prole señala y hace hincapié en la coyuntura histórica que llevó a la elaboración de cánones nacionales basados en imperativos románticos de estética y tradición. RGE explora la tradición picaresca en el segundo capítulo11, para demostrar cómo los elementos más novedosos y vanguardistas de este género —frecuentemente relacionado con el origen de la novela en español— en realidad vienen de La Celestina, principalmente el diálogo y la heterogeneidad de los fragmentos literarios que la componen. En última instancia, el capítulo dos hace una lectura muy enfocada del análisis cervantino de la tradición picaresca, principalmente en Novelas ejemplares y Don Quijote, que evidencia en ellos “el surgimiento del escritor moderno y la relación entre el texto literario y los demás códigos mediante los cuales se transmite la autoridad en la sociedad”12, ambas características apuntan a La Celestina como fuente.
Los próximos cuatro capítulos podrían denominarse “ellos”, y los últimos cinco “nosotros” dado que el cuarteto discute a Cervantes, Lope de Vega y Calderón de la Barca, y el quinteto a los criollos Balboa, Espinosa Medrano, Carpentier, Guillén y Sarduy. Es evidente que la progresión temporal nos lleva de Cervantes a Sarduy pero es curioso que Calderón figure en dos ensayos diferentes, y que Espinosa Medrano sea incluido a costa de otros candidatos tal vez más evidentes como Sor Juana, Sigüenza y Góngora o Garcilaso. Las razones devienen paulatinamente obvias de manera que la trayectoria narrativa cobra sentido: es lo excéntrico de la estética barroca —y el monstruo en Calderón es el puente— que se recupera en el Neobarroco latinoamericano, y al mismo tiempo representa lo moderno. Esta es el fulcro del aporte original de Prole.
El capítulo sobre El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha explora la mirada (aguda, oblicua, doble o desenfocada) de los personajes que pueblan esta novela. El estudio de las múltiples visiones en la obra de Cervantes lleva a RGE a considerar la importancia de la materialidad de las cosas y del silencio de los actos como momentos pre-metafóricos originales del barroco celestinesco. Cervantes crea figuras con una mirada ‘otra’ que la ‘normal’, y propone “lo deforme y su representación [como] un desafío a la mimesis, y a los modelos ideales de la estética renacentista que el barroco revisa, o mejor, re-forma”13. Los personajes de Cervantes, tanto como los de Rojas, establecen una jerarquía estrábica basada en la dislexia y lo turbio, cuya consecuencia es una representación irónica y fosca —y sumamente creíble— de la realidad. Esto, precisamente, es lo que RGE sugiere es lo moderno en ambas obras.
La lucha por la supremacía dramatúrgica entre Calderón de la Barca, Tirso de Molina y Lope de Vega orienta el siguiente capítulo. La discusión se centra en El castigo sin venganza de Lope, cuyo propósito es “explorar la fuente más profunda de la trágica contradicción que sus discípulos han encontrado en su fórmula dramática”14. En otras palabras, sobrepasar los límites de los dos ejes temáticos de su obra —el amor y el honor— que tanto lo ayudaron a triunfar en su época pero que estaban siendo renovados ya al final de su carrera por los dramaturgos Calderón y Tirso, entre otros. RGE utiliza la doble metáfora del incesto para contraponer al amor con el honor, y al maestro con sus aspirantes. Al igual que en el capítulo anterior, la percepción errónea de la realidad por los protagonistas —basada en la mirada— es el fulcro de la discusión. Sin embargo, aquí “la realidad es la suma total de los errores de percepción de los personajes [y] ver significa quedar atrapado por un impecable mecanismo”15 de deseo que conlleva a la muerte, no sólo una falsa verdad. La tesis de RGE de un desplazamiento de lo verbal a lo visual en Lope permite marcar y explicar uno de los fundamentos del teatro renacentista en España al remitir a una suerte de querelle de l’ancien et des modernes de la cual el primero fuerza la mano de los últimos “convirtiéndose él mismo en un puer senex que reclamará una vez más lo nuevo como suyo. [Lope] es a un mismo tiempo precursor y sucesor, original y copia”16. La osadía de reivindicar ambos papeles en la confrontación entre generaciones, el carácter inestable y contradictorio del lenguaje producido por una realidad desleal a la percepción, la habilidad de vivir dentro de la imagen propia del deseo hacen que El castigo sin venganza y su autor compartan igualmente la modernidad barroca de La Celestina.
La importancia de los capítulos sobre Calderón (V y VI) en el proyecto crítico de Prole es fundamental. Primero, esta sección es el vínculo entre Europa y América. RGE discute el importante papel desempeñado por la figura del monstruo en la obra calderoniana, recalcando la gran influencia que tuvo sobre la estética de esta época la nueva y exótica naturaleza americana. RGE señala que por un lado Calderón usa al monstruo para aprovechar “el efecto que causa sobre su público lo hiperbólico, lo monumental [y] lo sorpresivo”17, para evitar la auto-identificación del público con sus personajes y problematizar lo trágico en sus obras. Por otro, establece cómo “tanto las creencias ‘científicas’ de la época como la tradición poética del bestiario tenían como origen el descubrimiento y colonización de América”18 puesto que la nueva fauna resultaba inclasificable e indescriptible salvo dentro del esquema de la monstruosidad. La conexión entre Calderón y el Barroco de Indias se introduce así en la discusión. En segundo lugar, como vemos arriba, esta parte de Prole re-enfoca el debate en el lenguaje. Si antes, con respecto a Cervantes y Lope, la mirada guió la atención de nuestro autor, aquí se trata de la acción metafórica del lenguaje. La artificialidad de la retórica en Calderón en lo que concierne la expresión de emociones adquiere sentido “escenificando su propia representación y representando su propio significado”19. Lo barroco de esta contienda lingüística es parte de lo moderno en la obra de Calderón: el sentido de las dispersas imágenes o metáforas extendidas van cobrando significado gradualmente de manera que el público va neutralizándolas e incorporando nuevas figuras a ellas, tal y como es el caso con la novela latinoamericana moderna. Por último, estos capítulos apuntan a una estética del desbordamiento semántico en la obra de Calderón que al no tratar de fijar o unificar el significado de la imagen sino al contrario utilizar el carácter incompleto de las figuras para permitir una contextualización posterior o tardía de esta, presagian las aporías inherentes a la literatura latinoamericana moderna, y remontan todo a La Celestina.
Las ‘reflexiones sobre Espejo de paciencia’ son, en realidad, una de las partes más audaces de Prole. RGE de-mistifica el poema y hace una lectura tanto de la composición de Silvestre de Balboa como de la historia crítica en torno a este. Comienza este capítulo afirmando que “la historia de la acogida del Espejo de paciencia es ... de una importancia desmedida para el valor intrínseco de este poema, producto marginal y tardío de la épica renacentista ... [que] de haber aparecido en un ámbito cultural más rico, o de no haber sido descubierto en el momento y en las condiciones en que lo fue, el poema sería hoy un mero dato erudito, apenas digno de figurar en una de esas tediosas listas de obra y autores menores”20. Dicha sentencia está basada en una consideración muy rigurosa de los diversos estudios críticos que hicieron de Espejo un mito y punto inicial de la genealogía literaria cubana. Nuestro autor examina detalladamente cada una de las principales lecturas y comentarios del poema, sobre todo el contexto histórico en que surgen, y argumenta que Espejo ha sido utilizado desde su revelación para crear “un mito sobre el origen nacional, es decir, una fábula de fundación que le dé a Cuba su lugar propio en la historia universal”21. Sin embargo, tras una minuciosa lectura del poema, RGE destila la esencia contemporánea de Espejo con el Barroco de Indias y el romanticismo que lo descubrió poniendo en evidencia lo artificial de dicha labor. RGE concluye que la supuesta cubanía del lenguaje —los gentilicios— de Espejo tienen menos que ver con una síntesis ontológica (como la que demuestra la Grandeza mexicana de Bernardo de Balbuena, contemporáneo de Balboa) y más con “la extrañeza que era ser criollo” y con un extrañamiento estético, criollo, similar al producido por el Barroco22. RGE niega rotundamente la posibilidad que Espejo apunte a una Edad Media criolla —y por consecuente a un ‘origen’ puro para la fundación de una literatura nacional cubana—y señala el espejismo histórico que ha concebido una genealogía literaria según las convicciones románticas del siglo XIX, momento en que se forjó y fundó la nación cubana.
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