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Pero en el fondo, los comunistas, si uno los mira bien, no son tan originales porque hasta en eso de drogar a los enemigos y aterrorizar y coaccionar y torturar físicamente con alambres y con cordones a los testigos y a los acusados para que confiesen lo que ellos quieren, no son originales... porque la Inquisición lo hizo primero.
Esto no es nada más que un auto de fe, en una sociedad donde todo el mundo tiene que creer en una verdad absoluta.
Y nosotros, hablamos de la cuestión cubana como si nada más hubiera un culpable, Fidel Castro. Allí en Cuba ahora es natural y perfecto acusarse unos a otros, traicionarse, delatarse. El Estado ha engendrado otra moral, o sea, la no moral.
Pero lo que me preocupa es el legado. Ese señor va a tener como todo el mundo un tiempo físico de vida, pero la herencia que ha dejado, esa mentalidad, cargada de odio y bobería, va a ser muy difícil de cambiar.
Yo tengo a veces el consuelo de pensar que, como los fidelistas son tan oportunistas y como todo lo que adoptan es ficticio y es postizo, lo van a soltar con la misma facilidad y la misma desvergüenza con que lo adquirieron.
Ellos sí... pero yo me refiero al pueblo.
¿Pero es que no aprenderán nada de la historia?
Pero ahora en serio, aunque parezca en broma, a mí todo esto a veces me recuerda La Tremenda Corte de Tres Patines. Aunque llega un momento en que, realmente, se hace trágico. Lo curioso de este caso es que este juicio tiene todos los elementos literarios de...
De una farsa...
Es Shakespeare, es Ionesco, es Jarrí...
A mí Escalona me parecía el perverso, el Yago, que encontró el pañueli- to de Desdémona hasta que volvió loco a Otelo. (RISAS) Pero, sin embargo, hubo momentos cómicos cuando él le dijo a Ruiz Poo, un funcionario cubano que hacía negocios sucios en Panamá, mandado por Fidel: "Bueno, tú hacías negocios en Panamá con un tío tuyo que era gusano"... Y el tipo contestó: "Bueno, pero es que la mayoría de los negocios nuestros eran con gusanos." Y el fiscal le respondió : "Bueno, pero no es lo mismo hacer negocio con gusanos que echarse un pariente gusano".
Esto es Ubu Roi. (RISAS)
Hay un aspecto de la película que a alguna gente, Orlando, le preocupará. Y hay un grupo de gente coreadores profesionales y enemigos de la historia que consideran que todo el que perteneció de alguna manera al gobierno de Cuba está definitivamente manchado y tienen la impresión de que Ochoa también está manchado y que nosotros, los que hemos defendido a Ochoa de la acusación de narcotráfico, estamos endiosando a un hombre que no lo merecía. ¿Tú tienes el temor de que la película tuya contribuya a crear un mito alrededor de Ochoa?
A la larga la película expone la monstruosidad del proceso y, por extensión, el sistema que lo creó al convertir en víctima a uno de los "monstruos" de ese mismo sistema. Lo que pasa es que Ochoa era un militar de carrera. Eso no hay que olvidarlo. Era quizás el militar más preparado que formó esa Revolución con una claridad en su exposición y una coherencia no típica en ese tipo de generales. Yo trabajé con transcripciones de las veintiocho horas del juicio y una de las cosas que realmente más me asombró al analizar los textos es la incapacidad que mostraban esos generales para mantener una idea por más de treinta segundos. Ochoa se graduó con honores en la Academia Frunze, en la Unión Soviética, hablaba ruso (o al menos lo chapurreaba perfectamente). Y como dato curioso, yo lo vi conversar con Gorbachov en ruso en los noticieros de su visita a La Habana, cosa que no le agradaría nada al Comandante en Jefe. Ochoa tenía una formación seria desde el punto de vista militar que no la tiene Fidel Castro y ésa fue una de las tantas causas que le costó la vida, porque Fidel Castro no tiene esa formación militar, no tiene esa capacidad.
Ni siquiera la prestancia que Ochoa tenía. Yo no sabía si era una mezcla de Julio Antonio Mella y de Batista, el clásico mulato cubano bien plantado y joven. Y el otro es un vejestorio galaico a quien ya nadie sigue. (RISAS)
Vamos a hablar de 8-A y de Ochoa un poco como actor de esta trama, que transita entre la realidad y la ficción. Desde el punto de vista cinematográfico, me era muy difícil hacer una película con la estructura típica del cine de ficción, que al espectador le interesara, sin tener un protagonista y un antagonista. Mi protagonista en este caso fue Ochoa y el antagonista, nuestro fiscal Juan Escalona. Ochoa es un símbolo rebelde, creado por el sistema. Hemos empezado a ver lo que es la rebeldía dentro del sistema, la disidencia desde adentro.
Y tienes razón. A Ochoa no lo creamos nosotros como figura de la Revolución. Fue creado por ellos. Lo creó el fidelismo, que lo persiguió y lo acorraló y lo asesinó. Ellos son los que lo han convertido en lo que es.
Ochoa, es decir, tanto la película como el personaje, no es nada más que una metáfora del totalitarismo; es un cuento de brujas.
Digno de verse para curarse para siempre de toda simpatía posible por cualquier tipo de caudillo. Gracias, Orlando.
Gracias a ti, Agustín.
Notas del artículo:
1.- Oscuridad al mediodía, se publicó en español con el título de El cero y el infinito. N. del E.
Nota de la Redacción
Tomado del libro La realidad invisible.