
Portada del libro de poesía, publicado en el III Festival Atlántico de Poesía “De Canarias al Mundo”.
*****
Orlando Auyanet
En la ebriedad de los dioses
…A Baco
Fue entonces que se pactó este mundo,
a la ribera de algún cosmos desvencijado,
rompiendo precintos de ese néctar
hasta anegar un claustro de dioses enardecidos,
empecinados, ebrios de vanidad y deseo,
que proyectó en la cávea de los astros
mitos y guerras, tragedias que sublimar
en esta lluvia de signos que no cesa.
Vueltas y vueltas, perpetuó esa bacanal del éxtasis
una espiral de sueños desbocados,
irrumpiendo en la fértil locura del progreso
un frenesí de híbridos y alimañas
ungidos de códigos y claves, entre pantallas
y horizontes de universos indescifrables, que expandió,
hasta derramar las copas del orbe un trasluz del pasado,
ilusión y pasión siempre a la deriva.
Igual que los dioses, Baco, ansiamos esa plenitud.
Alcemos tu cáliz rebosante para exaltar los sentidos,
paladear la catarsis del viento, prensar racimos de vida
en el lagar de las horas…¡Creer que somos felices!
Y atravesar pasarelas y columnatas de amor y odio
sin temor a gozar los confines de ensueño,
el edén dionisiaco pérfido de lunas moradas,
embriagando las esferas del tiempo con el vapor amoroso
que libera el caldo que nos cautiva
hasta inundar un mar sediento de despojos.
Baco, incendiemos este erial de máscaras…
“Vino para todos”…” Vino para nacer”… ”Vino para morir”…
Vino para eludir el error y el horror
de los hombres y los dioses.
Eternamente invitados al elixir atávico.
Perdiéndonos… Escapando… En el tránsito de este destino.
*****
Helio Ayala
Bacanal
Ven.
Derrámate,
póstuma gota
de vino añejo.
Déjame ver tu cuerpo,
tu presencia,
tu color.
Al olfato,
sé perfume y frescura
de mis sueños.
Ven,
con suavidad
al paladar,
y habítame,
roja,
ardiente,
como la sangre.
Entonces,
vino.
*****
Nancy Teresa Bello Báez
El vino no huye
A: Pablo Neruda.
Yo sé de un vino que no huye dando gritos
pero sí que apaga mi voz
y la anuda a mi garganta
-una garganta poblada de silencios-
Él detiene mis pasos
me muestra las sillas de una isla
donde espero a un sumiller
con un vino que rebele las voces silenciadas
llene mi boca de versos
y me siga mostrando las sillas donde sentar mis angustias.
Un vino que haga de mis brazos alas
y de mis piernas un velero blanco
que alumbre los ojos de los náufragos.
Espero por un vino que destierre mis pesares
acompañe la soledad que me habita
y deshaga los nudos que atan mi garganta.
*****
Olga Juliana Cabrera Negrín
Desafío
Por grietas de oscuridad,
las burbujas de blancor
serpentean frenéticas.
Mujeres de enredadas greñas
brindan con sangrante vino,
por el Dios Baco
al amparo del sutil ojo que las vigila.
Lentamente se despojan de soledades
y desamores que anhelan arrojar
al fondo de la húmeda realidad.
Arrebatadas,
valientes,
desafían bravas el vaivén del oleaje.
Vuelven a brindar una, dos y tres veces.
El furor del vino desata
la euforia,
las enardece,
les dibuja cachondez.
Beben en perjudicadas cuencas de anatomía
impregnadas de vino caliente,
que sus ardientes lenguas relamen
bajo las estrellas de celofán.
Al alba, las descarnadas olas
inician su feroz batalla contra
los extenuados cuerpos.
Escuálidas sebas tejen lianas
de heridas secas para adornar su pelo,
con olor a mar y a degradado vino.
En la quietud de hiedras blancas,
alumbradas por racimos de fulgor,
dos seres desparramados se unen
en un implacable desenlace.
*****
Juan Calero Rodríguez
Otoño, tiempo de vendimia
Embriagado, el rey de la cosecha retoza
forjando los cardos en su mundo de alquimia y magia.
La hoja cede los colores luminosos,
se viste con extraños fuegos de amarillo y marrón.
La flota de pámpanos y sarmientos permanece
amarrada a su cepa en largas hileras.
Se apresura la blanca a la negra en madurar,
entre ácidos y azúcares buscan su punto de inflexión
y moderan los aromas, los colores cárdenos.
Se adensan los tonos, predomina el grana
empurpura el escarlata los contrastes,
es el topacio del agricultor.
Es otoño, tiempo de vendimia, víspera del carnaval.
Desde las inscripciones egipcias hace veinte siglos
toda la familia, alegre, colecta el fruto del año.
Suavemente los racimos enviudan el campo
y se ofrendan las cubas a su destino.
Apurad la vendimia de este año y llenemos el lagar.
Un puente desde los dioses enardece la alegría y el frenesí
Pisemos la música de uvas, la orgía bajo los pies.
Sinfonía de textura adherida, los colores de la pasión.
El chorro de sangre joven,
elixir de la vida que arroja el manantial.
Fermentan en claustro los mostos.
Da fuerza a su cuerpo la solera,
el alma de las bebidas.
Dulce alquimia fragante,
suculencia de aroma frutal y persistente.
Toda la gama de sabores de Baco
triunfa lo mismo en las mesas, que en la fiesta.