Boligán es un guajiro nacido en el pueblo de San Antonio de los Baños

angel-boligan-entrevista-otrolunes29Conocí a Boligán en 1997, cuando la vida nos hizo coincidir alrededor de un proyecto: crear la revista Aeromusa, de humor y publicidad turística. Un hermoso proyecto. En ese entonces, Boligán todavía no era considerado el clásico vivo del humor gráfico cubano que es actualmente. Era conocido en Cuba, había ganado algunos premios, y su modo de crear lo colocaba como uno de los humoristas más genuinos y, por ello, más mencionados por la crítica nacional, pero su carrera estaba aún por despegar. Leer más…

Cuando calla el cielo

Las lágrimas de San Lorenzo
Julio Llamazares
Alfaguara, 2013

 

lagrimas-san-lorenzo-otrolunes29Las historias que envuelven a un padre y un hijo, por lo general, son de una belleza especial. Se me ocurren, sin pensar demasiado, La carretera, La invención de la soledad… La historia que narra Llamazares en su última novela, en esa línea, no es más que la historia de amor de un padre hacia su hijo envuelta en los recuerdos que le suscita la lluvia de estrellas veraniegas durante la noche en la que narra –recuerda, piensa– todo. Leer más…

Domar la luz: a 60 años de El llano en llamas, de Juan Rulfo

Juan Rulfo (Sayula, 1918- Ciudad de México,1986).

Juan Rulfo (Sayula, 1918- Ciudad de México,1986).

El llano en llamas, ese libro de siempre de Juan Rulfo (1917-1986), viene abrasando hace sesenta años. Habrá quien nos aclare que el fuego ya estaba encendido. Que ese ha sido su tarea de fuego: quemar. Que si arde, quema y que por eso no puede hacer otra cosa. Quién sabe.

De la primera edición, bajo el sello del Fondo de Cultura Económica, se imprimieron 2,000 ejemplares que salieron el 18 de septiembre de 1953 de los talleres de Gráfica Panamericana, de la ciudad de México, según reza en el colofón.

Así que sesenta años, que es lo que cumple la colección de relatos desde su primera publicación, no son nada. Son como treinta, que es el tiempo que hace que caminé por el llano de Rulfo por primera vez, durante aquel septiembre de 1983 cuando cursaba el primer semestre del curso de literatura hispanoamericana, en el cual solo leímos a dos autores, Carlos Fuentes y Rulfo, y nadie en el aula se arriesgó a preguntarle a la profesora si había otros autores hispanoamericanos.

Hoy me da igual, o quizás simplemente digo que me da igual, porque me bastó leer la obra de Rulfo para saber que no había perdido mi tiempo en aquel curso trunco. Rulfo no era un autor nuevo para entonces, pero, de todas formas, un libro siempre es nuevo cuando se lee por primera vez.

Como una de esas obras que merecen el epíteto de patrimonio de la humanidad, los cuentos de El llano en llamas son de esos relatos que se quedan no porque nos llegan sus palabras a la medida, sino más bien porque abstraen al lector para que transmigre hacia los personajes. O sea, que se convierta en médium, porque quizás todos estos personajes viven muertos y nosotros transitamos entre planos existenciales para escucharlo hablar de la soledad, la injusticia y las utopías muertas del México que les prometieron y nunca fue.

Se parece tanto a la propia historia de mi país.

Y eso no es como que le dé igual a uno. Los personajes de Rulfo no nos poseen; nosotros entramos en ellos.

Por ello, hablar de puntos de vistas en las historias puede parecer una afable insuficiencia, puesto que, si bien es cierto que cuentos como «Macario», «El llano en llamas», «Nos han dado la tierra» y «Talpa», entre otros, son concebidos en la voz de primera persona singular, otras instancias narrativas que aparentan decirse desde la distancia gramatical de la voz en tercera persona realmente se tratan tan magistralmente a través del recurso focalización que prácticamente destierra la distancia del narrador objetivo. Es decir, en cuentos como «No oyes ladrar los perros» y «Diles que no me maten», narrados en tercera persona, el lector «ve» la historia a través de personajes particulares. En El llano en llamas, siempre, de algún modo, el lector mira las historias en primera fila sin intervenciones autoriales significativas. Algo parecido a lo que Edgar Lee Masters consiguió en su poemario Spoon River Anthology, uno de los modelos que sin duda Rulfo siguió también en Pedro Páramo.

Mas, quizás fue esa la mayor lección que pude sustraer de mi lectura de Rulfo, puesto que, años más tarde, al publicar mi primera colección de cuentos, la focalización de las voces narrativas era el elemento que intentaba dar cohesión a mi primera (y hasta ahora, única) colección de relatos, titulada Septiembre.

Un mago nunca revela sus trucos, y supongo que un escritor no revela los suyos tampoco, pero a mí me da vale igual. Todos somos algo que alguien pensó, escribió o dijo.

No es casualidad que si en “Nos han dado la tierra”, el personaje de Faustino declara «Puede que llueva», en el primer cuento de Septiembre, titulado «Llover», el personaje de la abuela solo repite una frase: «Parece que va a llover».

Ciertamente, sin El llano en llamas no hay Septiembre. Tanto, que el libro debió llamarse Adjuntas en llamas, pero en Adjuntas llueve por nueve meses al año, así  que hubiese sido improbable asociar una imagen de sequía infernal con mi pueblo, que también es protagonista en mi libro. Pero de que hay, hay. Como cuando el narrador de «El día del derrumbe» le pregunta a Melitón: «Esto pasó en septiembre. No en el septiembre de este año sino en el del año pasado».

Que conste: cuando hablo de mi libro no lo hago en valoración paralela con El llano en llamas ni como un acto de narcisismo literario, sino como gesto de agradecimiento a un libro.

Sí, también se agradece a los libros.

Empero, la facilidad de El llano en llamas para quedarse en mí desborda cualquier fascinación particular que me haya crecido en mi temprana juventud. Sin duda, la virtud del libro es su facilidad para darse en imágenes permanentes, de la misma manera que Los de abajo de Mariano Azuela suele leerse como una serie de instantáneas o viñetas de la Revolución Méxicana. A fin de cuentas, luz y tiempo: un daguerrotipo de la memoria.

Eso es El llano en llamas: luz y tiempo.

Le tomó a Rulfo veinticinco años (de 1945 a 1970) procesar todos los textos que llegaron al libro que conocemos y honramos hoy, su primer (y único) conjunto de relatos. Y no es de extrañarse esa paciencia de revelador fotográfico: Rulfo era un apasionado de la fotografía, como lo era Fuentes del cine (que son imágenes en movimiento), según consta en La muerte de Artemio Cruz, una reinterpretación novelesca de Citizen Kane.

La paciencia es arrear el tiempo. Como en el cine y la fotografía, es domar la luz.

Y de la luz de los fuegos es que se ilumina el mundo.

Soconusco

jorge-chaleco

 Jorge Alberto Chaleco

 

Si la poesía es

felicidad, sueño, ilusión, esperanza, tragedia o dolor
No la busques más
Ahí va
Entre las manos bien pegadas a los vagones
Ahí va
Entre los pies de esas personas “ilegales”
Ilegales el capitalismo y el dólar
Ilegal la poesía de concursos
Ilegal la poesía de escritorio con horario de oficina
Ilegal la poesía que sólo cumple
con la política de los trámites burocráticos
Amen (dijeron el sombrerón y el cadejo)
que miran pasar los pasos nocturnos
de mis hermanos centroamericanos. Leer más…

Panamá

moises-pascual

Moisés Pascual

 

¡Puta vida!

a la memoria de Guillermo Naranjo

Atraviesa el Ticabus la patria dormida en las fronteras
entre volcanes de azul humo y caminos de muerte,
con gritos de tugurios y aduanas sucias,
y la noche fría sin abrigo en la madrugada que me mata
cuando miro entre las sombras de los malls
los hermosos libros de poesía náufragos tras los espejos
los caballos los hoteles las casas de adobe y los casinos
donde juegan los ricos a la fortuna
y las casitas de cartón y zinc en Escazú Leer más…

Nicaragua

henry-a-petrie

Henry A. Petrie

 

Palabras urbanas

(Marginalidad)

 

Estas son las palabras urbanas,
las marginales, las que temen y repelen,
surgidas de reductos, barriadas,
cantinas y puteríos, de las vendetas,
alcohólicas y amanecidas en agrio;

amantes del submundo, de la oscuridad;
perdidas y atrevidas, criaturas impías.

Gatos y murciélagos por las noches,
imágenes sigilosas tras luces de neón,
huecas rotondas,
rótulos lumínicos ahogados,
una dama del silencio y el beso prohibido
eructa mil roces y penetraciones. Leer más…

Honduras

martin-calix

Martín Cálix

 

|17|

Lenín Bladimir Dubón Monje, de 19 años, fue asesinado ayer en horas de la tarde
cuando estaba en la parada de un bus del barrio Cabañas y delincuentes le robaron
un maletín en el que creyeron que andaba alguna computadora.

El hecho se produjo en la 13 avenida y 15 calle del barrio Cabañas a eso de las 2:10 de la tarde.
Los delincuentes lo sorprendieron en una parada de la ruta 7 y tras robarle el maletín
que portaba le infirieron un balazo.

Tiempo.hn – agosto 6 de 2013

Decirte que no hay imágenes posibles para esta noche. Que hoy decido no escribir poesía, que siempre me sale mal y que eso no le gusta a dios. Decirte que ya no leerás, que en los vagos recuerdos estás ahí esperando a que yo deje de hablar con ella, que ella ya no me habla y que yo no puedo culparla. Decirte que te pondrán en una camiseta, que has sido elevado a categoría de súper héroe rockstar, con capa y antifaz, dulce porno para el comic revolucionario, los restos que dejaste son sólo tuyos, nadie puede comprender sus signos.

Decirte que la gente seguirá angustiada por salvar la vida de los gatos y los perros, que alguna tortuga hoy se salvó de ser la cena de una familia pobre en la Mosquitia porque unos investigadores militares gringos la salvaron, decirte que las calles seguirán llenándose de copias tuyas, más livianas, menos dolorosas. Leer más…

Guatemala

norma-chamale

Norma Chamalé

 

Racismo en clave de Fo

Reproducirás el racismo por los siglos de los siglos.
Tendrás en la mente el paradigma del indio caitudo
envuelto en manta cantel;
De la india despeinada,
sucia la cara y los hijos.
Reproducirás el racismo pintado de blanco de ojos azules
porque has vivido de la herencia robada por tus padres independientes a las hijas y los hijos mutilados.
Volverá tu boca a llamarlos indios mediocres,
volverá tu mano a golpear su vergüenza iletrada,
y vivirás feliz por los siglos de los siglos
como padre de la patria
empresario, finquero, minero,
invasor asesino, oligarca ladrón, militar presidente. Leer más…

El Salvador

tomas-andreu Tomás Andreu

 

Somos efímeros

somos efímeros:
un relámpago en medio de la noche
sería más longevo que toda nuestra existencia
y el fulgor de una hebra de tabaco,
ardería más que todos nuestros sueños.

somos decadentes:
un perro putrefacto bajo el sol del mediodía
sería un  surtidor benevolente de retribución a natura
y  sería algo nuevo bajo el sol
más que todo el fruto de nuestras manos. Leer más…

Costa Rica

guillermo-acuna

Guillermo Acuña

 

Foto para una visa

He juntado mis cejas
para el encuadre.
Mi cara bisiesta
muestra el fulgor
del terrorista
que se fue del bar sin pagar la cuenta.
Mi barba
tiene cierto islam casero
apenas reconocido por la novia
que no tuve.
El acercamiento
muestra una cicatriz
que delata mis tiempos
de temible ladrón de naranjas en el cafetal vecino. Leer más…