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Pepe Romero, Caignet y Ángela Soto
Antes yo era más que Félix, Feliz, y ahora soy Félix, aunque no soy amargado. Yo no quiero ser un viejo amargado en el país del azúcar. Es un contrasentido. Y a pesar de estar el azúcar racionado, yo le he echado puñados de azúcar a mi vejez para no ser un amargado. No dejes de querer nunca en la vida aunque te haga mucho mal, aunque te odien, ama tú, que es un tónico para seguir viviendo. Amo la vida, amo a mis semejantes, no sé odiar. La prueba está en que tengo una canción que se llama Te odio, que dice "y sin embargo te quiero". Nada, nada. Cumplir con mi deber y lo que me mandaban mi corazón y mi cerebro. ¿Ves como se me ha relegado al olvido? Tú no sabes los desaires que he recibido yo. El director de Cultura, un señor al que no tengo el gusto de conocer. Le escribí una carta, entonces yo estaba completamente ciego, ahora estoy mejor después de operarme. Primero me operé en Boston y después aquí. Le mandé una carta a ese señor, Luis Pavón Tamayo, le suplicaba una entrevista porque yo quería tener una charla con el Departamento de Cultura de mi país, porque yo tengo un archivo tan valioso como el que tengo, no sólo de obras mías, un archivo internacional, tanto en música como en literatura. Y le mando la carta y dos o tres días después me manda una carta la secretaria de Pavón, me dice de parte del señor que si usted puede recibirlo el martes, le digo cómo no, ya lo creo que sí, mi casa está abierta como mis brazos, de par en par, lo considero amigo ahora que ha tenido ese gesto, que lo espero, bueno, el martes él va a su casa. Mi sobrina Cuca prepara una merienda maravillosa, se preparó la mesa muy bonita. Él quedó de venir a las tres de la tarde. Tres años han pasado, todavía lo estoy esperando. Un desaire que no tiene nombre. Nada. En días pasados, cuando nombraron a este señor, Nivaldo Herrera, director del ICRT, le escribo una carta poniéndome a su disposición, y que yo a pesar de mi edad tenía veinte años en el espíritu, este señor no me contestó. Pasan cuatro meses, me llama Conchita, la secretaria, y me dice, "Caignet, dice Nivaldo que si usted puede recibirlo ahora mismo" y le digo que sí, hace cuatro meses lo estoy esperando. Y llega Nivaldo Herrera con Antonio Hernández que trabajó conmigo en Ángeles de la calle, hacía el "Fosforito". Viene Nivaldo y empezamos a conversar, suena el teléfono, era Conchita. "¿Está Nivaldo ahí, Caignet? Dígale que se ponga". Habla con Conchita y de pronto me dice: "Caignet me tengo que ir a una reunión urgentísima, mi presencia es indispensable". Quince minutos estuvo aquí, no pudimos hablar absolutamente nada, de esto hace cuatro o cinco meses. "Yo volveré por aquí".
Yo fui un triunfador, no me puedo quejar de la vida. Nunca he fracasado, jamás. He luchado tanto. Le he cobrado a la vida un interés por todo lo que la vida me ha debido y no me dio. Como un garrotero, cobrarle un interés crecido, a un 100% le cobré a la vida. Porque todo lo que quise tener lo he tenido. Y para sentirme más satisfecho, he tenido muchos enemigos gratuitos. Un individuo que ha tenido como vicio hacer el bien por el placer de hacer el bien. Soy un poco radiólogo-filósofo. Le hice un día una radiografía a la envidia para verla por dentro. Ah, pero si no es un enemigo mío, es un admirador. La envidia es admirar con rabia. Nunca me ha atormentado eso.
A mis enemigos no les gusta como yo escribo y, total, es porque yo he empleado mucho lo que creí necesario en mi estilo para escribir novelas, yo escribía para los más, para ayudar a vender jabones y esas cosas, tenía que hacerlo, aprovechaba ese surco abonado que es la emoción. Dicen que El derecho de nacer es muy picúo, muy picúo. Siempre escribo para el pueblo, no para los intelectuales. No soportaría en la vida ser intelectual, soy un individuo que se para recto como un machete. Qué va, sé natural, mira a tu alrededor y no pienses en sangre azul que tú no estás en el mundo azul. El que está a tu lado, quiérelo, no por su color, ni por su dinero, ni por nada. Sí, mis novelas eran picúas, pero tenían un rating más grande que todas las demás. Y un día lo dije: "¿quién no ha sido picúo algún día en la vida?" Sobre todo en la juventud. Cuando uno dice por primera vez en la vida: "te quiero", lo dice con un picuísmo…Las grandes firmas, los grandes escritores, los encuentras picúos. José Zorrilla, ¿habrá versos más hermosos que los suyos? ¿Habrá algo más picúo que Don Juan Tenorio? Aquel hombre de unos bigotazos enormes, un hombre valiente de capa y espada, arrodillado delante de un sofá donde estaba sentada Doña Inés, "no es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla…", bueno, de unos bigotes de manubrio de bicicleta, arrodillado, recitándole a Doña Inés, eso es picuísmo. Alejandro Dumas, hijo. ¿Habrá picuísmo más grande que el de La dama de las camelias? Un solo de tos en cuatro tomos. Y se siguió poniendo. A mí me gusta mucho jugar con la experiencia, ¿sabe?
Nunca me dejé influenciar por ningún empresario. Yo escribo pero no al dictado. Nunca he escrito una novela completa, jamás, escribía dos o tres capítulos de cada novela que quería transmitir por la radio. Tenía escritos tres capítulos de El derecho de nacer, se los llevé a Amado Trinidad [dueño de la emisora] para ponerlos en Cadena Azul. El que estaba al frente de los programas era Jesús Alvariño y entonces se los di. Me dice Amado, "dáselos a Jesús para que los revise". Yo necesitaba trabajar, estaba sin trabajo y le digo a Jesús: "Chico, acábame de ver la novela que te he traído". Dice: Mira, chico, yo estoy tan ocupado, explícame qué es lo que tú quieres" y le digo "hasta ahora lo que tengo es lo que está escrito ahí, que es un hombre que no iba a nacer, un hombre que iba a ser abortado. Ése es el prólogo y la muchacha, una muchacha de la alta sociedad va a pedirle a un médico que la haga abortar, que no quiere tener ese hijo. Entonces el médico le dice que de ninguna manera, que el aborto es un asesinato y hay el derecho de nacer". El prólogo dura dos días por radio, sabe. Entonces le digo cómo se llama. "Ah", dice Alvariño, "eso no va a gustar". "Dame acá", le digo yo, dámela acá si no te interesa". Y, efectivamente, me llevé la novela y en eso Goar Mestre se metió a director general de CMQ. Era muy amigo mío, él y toda su familia, sus padres y todos amigos de mis padres, pero amigos de verdad, y le gusta el asunto. Me dice: "Mira, me gusta para Kresto así que vamos a prepararla, prepárala y dámela". Pero yo le digo que no escribo novelas ya hechas, que le doy el comienzo de la novela, según se va radiando voy consultando al público, me voy a los solares, me voy a las cuarterías ésas, a los solares o casas de vecindad, me voy al mercado y oigo lo que dice el público, le pregunto de la novela como si fuera un empleado del "survey" y veo la opinión que tienen y eso me sirve de mucho. Me convenía muchísimo y me daba muy buen resultado. Era más desconocido que el soldado y me iba con mi camisita por fuera, modestamente, con una libretica y un lápiz para que me confundieran con un agente de "survey".Dice Mestre, "bueno, haz lo que te dé la gana". Y, efectivamente, se empieza a radiar El derecho de nacer con éxito. Goar me dijo, "si tú logras mejorar el "rating" de CMQ yéndote arriba de La novela del aire, si llegas a ponerla en la cuarta parte del "rating" que tiene la Cadena Azul…" La de Caridad Bravo Adams era el programa más oído de novelas en Cuba, el espacio más oído, óyeme, la CMQ estaba muerta a esa hora, todo el "rating" lo tenía hacía años Caridad Bravo Adams. "Si me das la cuarta parte del "rating" el primer mes, te regalo el automóvil que tú quieras, de la marca que tú quieras". Eso fue en el cuarenta y ocho. Y sale El derecho de nacer y se hizo un "survey" al poco tiempo y estaba por encima de La novela del aire.
El prólogo lo hicieron en México Dolores del Río y Manolo Fábregas. Primera vez que Dolores del Río trabajaba en radio porque ella era muy amiga mía, se prestó a hacer el prólogo, lo tengo grabado en un disco. En México mismo hay un caso. Al principio de ponerse la novela había una muchacha humilde, ya ella lo tenía todo preparado para abortar la criatura, era sirvienta de la casa de una famosa actriz, llevaba una criatura de un individuo de alta posición que había abusado de la pobre muchacha ésta y ella se vio muy pobre, de origen humilde y de profesión humilde, un niño era para ella una carga y todo lo tenía dispuesto para abortar la criatura, tenía dos meses de embarazo. Oye el prólogo donde yo defiendo la natalidad y combato el aborto y dijo: "Éste no me lo saca nadie de aquí, nada más que Dios cuando yo vaya a dar a luz". Y nació el niño, le pusieron por nombre Félix Alberto, Félix por mí y Alberto por el personaje Albertico Limonta, el que no iba a nacer. La madre orgullosísima de tener a ese hijo que ella iba a malograr pero que influenciada por mi novela el niño nació. Fui el padrino y Fedora Capdevila, que había sido la Mamá Dolores en México por radio, la madrina. Hizo una magnífica Mamá Dolores. El día que bautizamos al niño ella caracterizó a Mamá Dolores, se pintó de negro, se puso el traje y fuimos a la iglesia. Estaba llena de todos los artistas de cine, de compañeros nuestros y cuando llegamos allí que el cura la vio, dice: "Pero usted está pintada, usted es la madrina y está pintada". Y dice ella remedando a la Mamá Dolores [imita el tono]: "Sí, señor cura, yo soy Mamá…ete’ niñito e’ ‘Albeltico’ Limonta". Dice el cura: "Ah, pero si usted es Mamá…la de la novela que yo estoy oyendo". Le dio un abrazo. Pues este niño está de un momento a otro a punto de graduarse de médico…El regalo de bautismo, los patrocinadores por radio de El derecho eran los Bonos del Ahorro Nacional de México y le di dos bonos de cien pesos capitalizables para que se pagara los estudios. Con tanta suerte, porque eso se va capitalizando por medio de sorteos aparte del tiempo y no sé qué cantidad de sorteos salieron premiados.
En Brasil, que es un país que yo adoro, porque es un país que hay que quererlo, allí mi novela se ha puesto no sé cuántas veces y después que se puso la novela por primera vez yo fui. Estaba de presidente Getulio Vargas y yo tuve la oportunidad de conocer la faceta más hermosa de él, no el político, el hombre todo bondad, todo dulzura, simpatía. Me leyó poemas, tenía predilección por sus amigos artistas. Era amigo de Pedro Vargas, de Fernando Albuerne, de todos los artistas que pasaban por allí. Los invitaba a pasar fines de semana en su residencia de descanso y entre ellos estuve yo. Me invitó a pasar el fin de semana en su hacienda y allí fue el bautizo de veinte y ocho niños blancos, negros, mulatos, japonesitos, había muchos en Brasil. Los niños llevaban nombres de personajes de la novela, niñas que se llamaban Isabel Cristina, otras María Elena, otras María Dolores, otros Jorge Luis, Rafael y así, con nombres de personajes. Fue una cosa emocionante ese bautizo, más barato por docena, veinte y ocho se bautizaron allí en la finca. Trescientos cincuenta y ocho ahijados tengo en toda América. Después de que se filmó la película sobre El derecho, Gloria Marín me regaló una sortija que era una belleza, con una turquesa que cambiaba de color. Se ha puesto en Japón también, en todos los países. Hice una compañía de películas, hicimos nueve en Cu-Mex con novelas mías, yo era el presidente.
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