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L. M. Varela: Lo veo lógico. Responde a la consanguínea falta de memoria histórica del socialismo. La memoria suele asociarse al pasado como espacio trunco, como isla sitiada, como célula enquistada; jamás se la ha identificada como el germen de lo que será, del futuro. Es lógico, entonces, que se vea esos fenómenos represivos como cosa del pasado, primero, por conveniencia de quienes necesitan que esos desastres se olviden, y segundo, para focalizar la atención en lo que fue y no en lo que está pasando. Sin embargo, una simple ojeadilla a los mismos emails que escribieron muchos, y a los trabajos que algunos escribieron, demuestran que lo que hubo en el pasado es un juego de niños, cargados de errores e ingenuidades, pero un juego de niños si se le compara con la maquiavélica planificación con la que hoy se reprende. En eso, los censores y represores de acá, han aprendido mucho de los errores cometidos por otros censores y represores en los socialismos europeos, por suerte para todos ya extinguidos.
Luis Felipe Rojas: Prefiero hablarte con hechos: si el “Pavonato” es cosa del pasado, ¿dónde están las atenciones a un escritor como Carlos Esquivel? ¿Por qué los muchachones del Palacio del Segundo Cabo son los que deciden quién viaja y quién no? ¿Por qué Michael Hernández Miranda estuvo más de seis meses sin poder leer en público? ¿Por qué a raíz de la represión contra Bifronte hicieron desfilar por las oficinas de la Seguridad del Estado a Maribel Feliú, Rubén Rodríguez y Luis Yuseff Reyes? ¿Por qué existe un funcionario del PCC y un oficial de la Seguridad del Estado para la atención del mundo intelectual en cada provincia, municipio y casi en cada institución? Hablo de la gente cercana a mí. Puedo darte una lista de escritores llamados “a cuento” por haber publicado en Encuentro. Alberto Garrido, tú mismo, Amir, Francis Sánchez y otros han tenido problemas a cada rato con sus conexiones de correo electrónico y sólo cuando ha alcanzado el nivel del escándalo se lo han resuelto nuevamente. Ahora, si eso no es el fruto de una larga noche que se lo vuelvan a preguntar a Heberto, el finado Padilla.
Manuel Vázquez Portal: Es cierto que enseñaron a una reducida parte de la población iletrada que existía en el país a leer. Pero para que leyera únicamente "Los fundamentos del socialismo en Cuba" y luego ampliara sus conocimientos con Marx y Lenin. Si alguien continuaba por el sendero de los libros y mostraba cierta preocupación intelectual pasaba a la categoría de los eternamente bajo sospecha.
Raúl Antonio Capote: En mi caso, eso se responde con mi respuesta a la primera pregunta de este cuestionario.
Zoelia Frómeta: Cómo puede alguien decir que ama su país y es capaz al mismo tiempo de negar aquello que lo engrandece, sólo por necedad política, hay que ser muy ignorante o muy mediocre para mantener esa actitud. Hace mucho tiempo, se podía tolerar, tal vez por falta de conocimiento, pero hoy es inadmisible que en las universidades cubanas no se hable de los escritores del exilio, o mejor de la diáspora, como gusta decir a mi amigo Rolando Sánchez Mejía. La cultura no puede ser totalitaria y menos condicionada. Cultura es diversidad, espacio para el derecho a todos los discursos. La grandeza de un país y de su cultura la hacen sus hombres con sus ideas excepcionales y honestas, no con odios, frustraciones, cobardías, miedos, arrogancia.
Pienso, de manera radical que la Revolución como proceso en crecimiento y desarrollo es muy cuestionable, desde el momento que hay exclusiones por controversias ideológicas, cuando la situación económica lastima a la mayoría de los cubanos que no tienen familia en el extranjero, cuando habría que ver si de verdad los que se dicen revolucionarios lo son y no son aliados oportunistas, cuando todavía le niegan a un escritor la entrada al país donde nació, o cuando se trata a un ciudadano como un asesino o terrorista, sólo por pensar distinto y no aceptar las prerrogativas del gobierno, cuando miles de cerebros brillantes abandonan el país, buscando una mejor vida, que a veces muchos no encuentran, porque tampoco vivir en el extranjero es la gloria que muchos creen.
L. M. Varela: Es triste y patético que primero te enseñen a leer, te digan que debes ser culto porque nuestro apóstol Martí dijo que ser cultos era el único modo de ser libres, y que luego, cuando intentes utilizar la libertad que te ofrece como regalo la cultura, te aplasten con criterios excluyentes y valoraciones que brotan desde la única perspectiva política que se permite. Es una de las grandes manipulaciones del socialismo, perfeccionada por esos "intelectuales dirigentes" que no han sentido la más mínima vergüenza al traicionar a los suyos por ideas políticas que no comparten. Conozco a algunos de estas "estrategas de la cultura", muy de cerca; son como los camaleones. Veremos qué color de piel se echan encima cuando cambien las circunstancias
Luis Felipe Rojas: No se educa a nadie para el silencio o para aplaudir o gritar, eso no es educación. Una política cultural que empieza censurando en el mismo mes en que editan el Quijote, nace enferma. Casa de las Américas fue una plataforma de la naciente revolución del 59, como lo es hoy La Jiribilla, el Caimán Barbudo y muy pocas veces al año evita serlo La Gaceta de Cuba. ¿Qué de grande o auténtico tiene que hagas una campaña de alfabetización en el mismo año en que de un porrazo te llevas la prensa de casi un siglo de existencia (los diarios La Marina, El Mundo; la asepsia de la Bohemia de hoy)? ¿Cuál es la grandiosidad de querer hacer de Cuba el país más culto del mundo en el año en que encarcelas 25 periodistas alternativos, fíjate, no grandes periodistas, sino redactores, denunciantes a secas? ¿De qué vale una escuela de cine como la de San Antonio de los Baños cuando lo mejor del cine joven cubano ni se pone en TV ni pasa del silencio de las muestras anuales? Preguntas se responden con preguntas, yo a la Revolución no le hago más que preguntas; que me ignoren, que me repriman, pero no podrán taparse los oídos, no tienen cómo.
Manuel Vázquez Portal: Gramaticis Certam. Color del cristal. Existió, existe y existirá, mientras dure la actual fórmula de gobierno, una línea infranqueable para la expresión del pensamiento, transgredirla conduce al descrédito, el anonimato, el exilio o la cárcel. Ya se puede escuchar a The Beatles, espero que dentro de otros 50 años más se pueda escuchar a Celia Cruz.
Raúl Antonio Capote: Vivo en una especie de claustro, con muy poco contacto, por no decir casi ninguno con mis colegas intelectuales, se de algunos que han cambiado su oposición por un poco de comodidad, si a eso de le llama "colaboración de los intelectuales con el gobierno", es así, se de algunos colegas que no se bajan de los aviones, van de feria en feria como titiriteros, no los critico, ni los aplaudo, cada cual conoce el precio de su alma.
Zoelia Frómeta: La actual "permisibilidad", tal es el nombre que el gobierno le da, diría parafraseando ese excelente poema de Jorge Luis Borges, si la vemos a la luz de acontecimientos pasados, me atrevería a decir, con reticencia, que existe, no por voluntad del gobierno, sino por circunstancias que se han venido suscitando. Pero cuando sé de casos como el de José Ponte, Amir Valle, y el mío, por sólo mencionar algunos, entonces permítanme que dude de su buena fe y sinceridad.
Hace 10 años salí de Cuba invitada por la Universidad Veracruzana a presentar mi entonces último libro de poesía, me enamoré y me quedé. Cuando inicié los trámites para solicitar el permiso de entrada al país, comenzó la gran odisea que llega hasta hoy. Al principio parecían no darse por enterados, nadie contestaba mis cartas, ni mis solicitudes y, lo más lamentable, cuando podía hablar con alguna de las personas que, yo pensaba, tenían que ver con el asunto, no podían hacer nada, no estaba en sus manos y los que debían darme una respuesta, permanecían tibios y escurridizos, no dispuestos a comprometerse. Y así comenzó una cadena de llamadas, desde hablar con Francisco López Sacha en la UNEAC y el presidente de la AHS, hasta escribir al Ministro de Cultura, además de hablar con su secretario Alejandro. Un día, después de ocho, nueve quien sabe cuántos años intentándolo, ya he perdido la cuenta, y después de todas las vueltas inimaginables por los canales correspondientes, terminaron por negármelo, sin una explicación, a la que siempre he pensado tengo derecho como ciudadana cubana. Entonces, esa cacareada "permisibilidad" se me hace extraña, entrecomillada, cuestionable, condicionada.
Pero la verdad es según quien la mira y del lado del cristal con el que se mira. Todo acto de un individuo siempre tiene una razón que es comprensible y hasta aceptable. Yo prefiero pensar, y sólo a manera de diversión especulativa, que detrás de todo este silencio hay una macabra venganza de un viejo y secreto enemigo que me está cobrando alguna actitud del pasado, vaya usted a saber. O acaso sería más saludable creer que, como en otras decisiones, también se precipitaron y no hay mala fe, ésa podría ser otra manera de ver el asunto.
En medio de todo esto, está mi verdad incuestionable: mi vida y mi realidad las hago como quiero, no como nadie pretenda y ni leyes, ni testaferros, ni traidores, ni alquimistas, ni políticos, pueden impedir que sea lo que soy: bayamesa, cubana y soberana de espíritu, porque el espíritu, es universal, no tiene, idioma, raza, color, fronteras. Entonces, con qué derecho se atreve alguien a decirnos qué somos y qué no somos o qué debemos decir o hacer para poder ser o estar. La patria no es de nadie en particular, no es el coto privado de algunos pocos, para jugar a las guerritas, a las escondidas y a las mentiras.
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Imagen de portada:
"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)
Lorenzo Mena