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L. M. Varela: Hace un rato me referí a la experiencia tomada de los desastres cometidos en otras épocas y otras latitudes. Pero, además, hay un matiz que no puede perderse de vista, y es que la única preocupación del gobierno cubano hoy es sostener la imagen de isla heroica y justa de cara a la izquierda internacional que, aunque no se diga públicamente, ha criticado y bien duro las políticas y los garrafales errores cometidos por Cuba en los últimos años. El Ministro podrá decir eso, pero no por gusto en el mundillo artístico e intelectual acá en la isla se le ha empezado a llamar "Pinochito" o "melenudo Fouché". Existen verdades que nada puede tapar, como nunca se ha podido tapar el sol con un dedo: los artistas aprovechan cualquier viaje para quedarse; hay una lista negra que estuvo circulando en las provincias y esa salió de aquí, del Ministerio; los pobres diablos que se creen privilegiados por tener correo electrónico en la red Cubarte no tiene la idea de hasta qué punto sus vidas están siendo revisadas y analizadas... vaya, que sería largo de contar el listado de cosas que echan por tierra la idea de un tiempo más tolerante. Yo lo llamaría, mejor, "tiempo de represión inteligente".
Luis Felipe Rojas: En mi opinión, en Cuba no hay cortinas de ningún tipo. La isla es una cuartería desguazada por los cuatro costados. Puede haber permisibilidad para que Lina, Reina María o Arrufat publiquen donde les plazca, pero se toman el derecho de llamarlos a Palacio cuando quieran, de mandar al cabo Serguera a por ellos en cualquier momento. Los periodistas oficiales tienen acceso a Internet cuando un poeta como Carlos Esquivel no tiene ni teléfono. Habrá permisibilidad con los muchachos que van a Caracas a leer, pero Ismael González Castañer no sale del país hará razón de cinco años; alguien que me interrogó por tres horas en una unidad policial me habló de por qué no dejaron salir a Antonio Armenteros, el poeta y narrador, al que viraron casi desde la misma escalerilla del avión. Si hay cortinillas, ayúdame a saber dónde están revistas como Diáspora(s) o Cacharro(s).
Manuel Vázquez Portal: El gobierno necesita de la confrontación para legitimar su discurso y su actitud numantina. El partisanismo político gubernamental conlleva el partisanismo cultural cuando la cultura se enarbola como un arma política, doctrinal. El intelectual comprometido se ve obligado, para supuestamente ser orgánico, a sufrir esa disyuntiva que no le pertenece como creador y entonces apoya aquello de lo que medra.
Raúl Antonio Capote: Divide y vencerás
Zoelia Frómeta: Las divisiones siempre son favorables para alguien. Mi abuela, esa sabia señora, que en paz descanse, solía decir: divide y vencerás, y eso está muy claro en Cuba. Pienso que cada decisión tomada por el gobierno ha estado muy bien pensada, analizada y hasta psicoanalizada. Nada ha sido improvisado, aun cuando lo pareciera. La famosa frase "Con la Revolución todo, contra ella nada" siempre fue muy obvia y excluyente, estás o no estás, y si no estás recoges y te vas o te callas la boca y mira a ver dónde te metes, porque si levantas el cuello te lo cortamos. No estoy juzgando, tampoco es mi intención hacerlo y menos criticar una decisión que, no dudo, haya tenido sus fundadas razones, su verdad. Pero es ahí donde entran las confrontaciones, los desacuerdos y zafarranchos. Por otro lado, no dudo que haya situaciones en que ser radical sea lo más conveniente. Sin embargo, también me queda muy claro que la diversidad, la pluralidad de criterios son imprescindibles para salir adelante en cualquier empresa, máxime si se trata de un proceso revolucionario donde es trascendental escuchar los tonos de todas las voces y buscar consenso y unificación.
Y no sé si será lo peor, pero cuando escucho en el discursos de algunos en la Isla, los términos revolucionario vs. contrarrevolucionario, cultura revolucionaria vs. cultura enemiga, se me erizan los pelos. Si de verdad dentro de la Isla hay alguien interesado en la reconciliación hay que empezar por deshacerse de esa expresión de mal gusto. Por favor, todos somos cubanos, tanto unos como otros y la cultura no sólo la hacen los que están adentro y mucho menos se puede etiquetar con adjetivos o negar. La cultura cubana es una y es obligación de todos preservarla y más de aquellas instituciones encargadas de hacerlo. Hay muchos que todavía se empeñan en dividirla, aduciendo justificaciones que no convencerían a un chico de primaria, entonces no me queda más que dudar de la sana intención de los que así piensan, cuando otros batallan abiertamente por la integración, cuando lo más sabio sería el reconocimiento.
L. M. Varela: A la clásica máxima de crear el caos, la división, para mantener el poder, añado una de las más asquerosas desviaciones teóricas del socialismo, y es que el socialismo concibe la cultura, igual que la vida social, como un feudo excluyente donde se sacrifica lo individual por el bien de la colectividad, algo que, bien se sabe, va en contra de la más genuina lógica del funcionamiento del acto creativo. Lo más dañino es que ese mismo concepto, de raíz socialista, se los han llevado en la mente quienes han emigrado y lo aplican de un modo irracional, incluso incomprensible si le aplicas la lógica. Lamento decirles a quienes sueñan con una unidad que mientras se conciba la cultura bajo ese matiz no habrá una sola cultura cubana, sino una cultura escindida, raquítica por falta de vasos comunicantes, aislada y aislante.
Luis Felipe Rojas: Eso lo define la palabra represión. Mira, tú fuiste mi conferencista y guía de curso en el taller del Chino Heras, un tipo que políticamente no tiene nada que ver contigo o conmigo, pero es capaz de crear un ambiente para la discusión. Eso no parte de los intelectuales sino del Poder. El poder reprime y unas ovejas entran y otras se salen del portón. Yo escojo el champú con que me lavo el cerebro. Si aplaudo, voy a la feria, si grito en contra, soy un gusano pagado por Miami. Son etiquetas que han vendido muy baratas, unos se gastan los centavos, pero otros las han asumido como si la historia no nos fuera a pasar por arriba. El Pocho Fornet habla de diáspora, pero si lo haces tú, te dicen que estás hablando del exilio. Hay un miedo que se cagan. Yo asumí que no me publiquen más nunca, ok; salvando la enorme distancia, José Kozer se va a dar banquete con La Gaceta y yo no podré publicar ni en el mural de mi barrio…
Tú no entras más al palacete de la UNEAC, mientras que cualquiera de los que optaron por el silencio se tomarán allí los rones que deseen o les pague esa Unión de Escritores. Mientras siga la pistola sobre la mesa, todos estamos fuera y “ellos”, los pistoleros, son los que estarán en contra.
Manuel Vázquez Portal:¡Puaf! Hiede. Tendencia a pulso. José de la Luz y Caballero, El Padre Varela y José Antonio Saco no aportaron nada al sedimento intelectual cubano. Heredia, Domingo del Monte, José Martí, no tuvieron nada que ver con los asuntos de la Isla en el siglo XIX; Emeterio Santovenia, Portel Vilá, Jorge Mañach, no se inmiscuyeron en los problemas de la República de la primera mitad del siglo XX. La verdadera "Batalla de Ideas", la verdadera participación de la intelectualidad cubana en el destino de la Isla comenzó cuando Rolando Escardó exclamara: "Pero lo que importa ahora es la Revolución" o Fayad Jamás dijera que: "Por esta libertad habrá que darlo todo" y Roberto Fernández Retamar creara el complejo de no participación en la gesta con sus versos del sobreviviente a costa del inmolado. A Heberto Padilla cuando le pidieron las piernas y las manos y la voz, porque era obligatorio darlo todo, y no quiso brindarlos, lo mandaron primero al cuartel de la policía política y luego al exilio. Hay mucha tela por donde cortar. Solo hace falta tiempo, tijeras, y deseos.
Raúl Antonio Capote: Creo injusta esa valoración de pusilánimes que nos quieren endilgar, la historia de Cuba es la historia de un pueblo en lucha por vivir en un país libre y democrático y en esa lucha la intelectualidad cubana ha jugado un papel fundamental. El periodo comprendido de 1959 a la fecha no es una excepción de la regla. La intelectualidad nunca ha estado al margen. Aquí no se puede estar al margen.
Pusilánimes, oportunistas, parcelarios, gente con poca luz larga siempre van a existir y abundan más de lo deseado. La "guerrita de los emails" sacó a la luz unos cuantos ejemplos. A lo largo de estos 50 años han sido plaga los oportunistas y familia, cobardes sobran, es la verdad, deben más dolor los cobardes que los censores. Pero junto a esos podemos citar una decena de escritores, artistas, pensadores, profesionales de diferentes ramas del saber comprometidos en cuerpo y alma con su país. Son pocos pero ya lo dijo Martí Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres.
Zoelia Frómeta: En Cuba, lo que alguna vez pudo ser un dialogo beneficioso e interesante, se ha convertido en un largo y aburrido monologo que terminó por cansar a muchos que sospecho en un principio, y quizás todavía, tengan muy manifiestas sus intenciones, pero la telaraña se hizo grande, los intereses comenzaron a ser muy diversos de ambas partes, las circunstancias son cada vez más preocupantes y los cubanos que estamos fuera de la Isla, por las razones que sean, debemos estar muy conscientes de que no todos los que nos tienden la mano son francos en su gesto.
Me asustan los motivos ulteriores de esas ayudas comprensivas, que pueden convertirse en manipulación de la buena fe. No somos ingenuos y mucho menos tontos, eso me queda claro, pero cuidado, la supervivencia es cabrona cuando no sabemos cómo enfrentarla y no hay que olvidar que siempre habrá en juego más que inconformidades o rencores. No hay que traicionar lo único valioso que tenemos, nuestra conciencia. Y si algunos quieren negociar con ella, no los juzgo, respeto sus decisiones, todos tenemos derecho a la gloria o al infierno, como todos tenemos el derecho y el deber de decir y manifestarnos frente a lo que no creemos justo. Nuestra honorabilidad y nuestras creencias no deben ser negociables por lealtad a ninguna causa política.
Pensemos en Cuba, en la grandeza que nos han legado cada uno de sus extraordinarios hombres y permítasenos a todos juntos, con equívocos, caídas y aciertos, hacer la historia, una historia sin exclusiones.
L. M. Varela: ¡Bonita disyuntiva! Soy un escéptico y voy a decir lo que pienso. No creo ni en los de acá, ni en los de allá, ni en los de acullá, porque los intelectuales cubanos ya están en todas partes, incluso en ese acullá que es tan etéreo y confuso. Defienden sus capillas, como se ha dicho por ahí, en el intercambio de emails por el resurgimiento de Pavón y comparsa. No conozco a un escritor que no sea egoísta, que no piense, primero que todo, en él mismo, y después en los demás. Y encima de todo, en lenguaje barriotero, estamos cagados de miedo. El miedo obliga al egoísmo, y no lo digo yo; lo han dicho los psicólogos. Pedirle a un escritor, a un artista, a un intelectual que ponga por delante el país, la patria y todas esas palabritas altisonantes y bonitas, es como pedirle a la rana muda de África que cante la ópera Madame Butterfly. Yo mismo, ¿no prefiero cuidar mi pellejo antes de asumir la responsabilidad que me toca? Es una vergüenza, pero no veo razón para negar lo que somos.
Luis Felipe Rojas: Mi posición es ésta: casi todos hemos sido colaboracionistas y pusilánimes en algún momento. Lo jodido está en seguirlo siendo cuando ya te has dado cuenta de cómo ayudas a joder al “otro”. No he visto ni conozco aún un acto de fuerza de los intelectuales cubanos hacia dentro contra algo mal hecho contra un similar. Las cosas jamás han pasado de una perreta… yo vi cientos desfilar frente a los libros de firma del llamamiento “A los amigos que están lejos”, en esos momentos Raúl Rivero y Vázquez Portal se podrían en las cárceles cubanas. ¿Qué aportó o en qué intervino la “intelectualidad de la isla” cuando patearon a María Elena Cruz Varela, cuando silenciaron al Guille Vidal? ¿Por qué no se formó la guerra de los e-mail cuando obligaron prácticamente a muchos a gritar en las tribunas abiertas, sé de unos que no fueron, pero hicieron los guiones de las tribunas y hasta computadoras se ganaron. Si asistir a las tribunas, zafras del pueblo, trabajos voluntarios y otros es lo importante, podrán hacer una enciclopedia. En Cuba todo el mundo sabe cómo se preparan los congresos de la UNEAC.
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Imagen de portada:
"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)
Lorenzo Mena