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Para tener una visión del mundo. Un hombre sin ninguna ideología sólo podría nombrar el metro cuadrado en que vive, sería poco más que un animal. Decir que se carece de ideología es como cuando se dice que se es apolítico: generalmente quiere decir que se tiene una ideología conservadora y un pensamiento político de derechas, pues ambas preteden hacerse pasar como pensamiento natural en vez de construcciones ideológicas o políticas. Las religiones son ideologías, también lo es el liberalismo, como el marxismo o el fascismo o el ecologismo. Está de moda denostar las ideologías, asi en abstracto. Y es cierto que en nombre de las ideas se han cometido crímenes horribles. En nombre de Cristo se han asesinado millones de personas en el mundo, también en nombre de Mahoma, en nombre de la revolución socialista, en nombre de la patria, en nombre de la libertad o en nombre del mercado (porque también la supremacía del mercado es un postulado ideológico con consecuencias terribles, si no que se lo digan a los millones de esclavos de la trata de negros, a los millones de chinos narcotizados por la imposición inglesa del mercado del opio en China o a los cientos de miles de latinoamericanos asesinados en nombre de la lucha contra el comunismo y la defensa de los intereses económicos). Pero, al mismo tiempo, esas ideas han dado grandes cosas a la Humanidad: los derechos humanos, la defensa de la igualdad social, el derecho de voto universal, la sanidad universal, la extensión de la educación, la abundancia de bienes, la renovación tecnológica, la exaltación de la libertad, la proclamación del amor al prójimo... Lo necesario es confrontar las ideologías con sus propias experiencias históricas, mantener ante todas ellas una actitud crítica, que no significa despreciativa sino vigilante, y defender el derecho a la existencia de cada una de ellas como expresión de la diversidad del espíritu humano. Sólo del reconocimiento del otro a tener su propia visión del mundo, aunque ésta no nos guste, puede surgir una coexistencia pacífica entre lo seres humanos. Yo no creo que las ideologías sean en sí mismas perversas o dañinas, al contrario, lo que creo es que todavía no hemos sido capaces de dotarnos de la estructura legal mundial que permita la convivencia de todas ellas. Para encauzar el mundo de las ideas, tantas veces tan abstracto, hace falta potenciar lo concreto, los mecanismos de organización política que amortiguen el choque de los grandes conceptos. La ONU es tan sólo el primerísimo paso en esa dirección, pero si se pretende que se organice al dictado de la ideología de los países más ricos, difícilmente llegará a ninguna parte.
En realidad me vine a París para poder terminar de escribir Una belleza convulsa porque en el País vasco estaba demasiado cerca de la violencia de ETA como para poder escribir. La novela cuenta la historia de un secuestro, pero yo no quería hacer un panfleto ni un ensayo político, quería convertir el odio, el terrorismo, el miedo, en materia literaria. Y para lograrlo tenía que ser capaz de acercarme a todos los personajes, incluídos los secuestradores. Viviendo en el País Vasco estaba demasiado irritado por las barbaridades de los terroristas y de quienes les apoyan, y eso me bloqueaba. La distancia me ayudó mucho y en París pude terminar la novela. Por otra parte, yo siempre había querido vivir en París, es una ciudad que me fascina, así que aquí me he quedado al final. No lo lamento, pero a veces echo de menos al País Vasco, porque es un tierra bellísima, de una intensidad tremenda, donde tengo muchos y muy buenos amigos.
Foto: Daniel Morzdzinski
No sólo es posible sino que será necesario para poner fin un día al terrorismo. El problema es que para que ese diálogo fructifique deben darse ciertas circunstancias, en particular el mayor debilitamiento posible de la estructura armada de ETA y del mundo político y social que la apoya. Por eso hay que combinar la persecución policial y el aislamiento de las fuerzas políticas que sostienen al terrorismo, con el mantenimiento de una puerta de diálogo que sólo podrá abrirse eficazmente cuando ETA y su mundo se comprometan a detener definitivamente la violencia. Exigir al gobierno de España, como hace el Partido Popular, que se compometa a no volver nunca a dialogar con ETA es un disparate y una hipocresía, porque si un día gobierna la derecha y ETA detiene definitivamente la violencia, los mismos que hoy exigen que nunca más se dialogue se pondrán a dialogar. Y harán bien, porque no hacerlo sería una irresponsabilidad absoluta.
España es un país complejo, pero aún a riesgo de esquematizar, creo que se puede describir el panorama así: singular nación en la que cuando un gobierno alcanza las mayores cotas de desarrollo económico en décadas, el paro se reduce drásticamente, los derechos de las minorías son protegidos y se logra abrir un diálogo con una organización terrorista para poner fin a la violencia, el principal partido de la oposición se lanza a una campaña frenética contra ese diálogo, proclama que la patria está en peligro, la familia amenazada y que el gobierno conspira junto con los terroristas para destruir la nación. Desde París, asistir a ese espectáculo resulta asombroso y desolador. Fuera de España nadie entiende lo que le sucede al Partido Popular, pero yo como español creo que sí que lo entiendo: hace 30 años que acabó la dictadura de Franco y el gobierno de Zapatero está intentado librar al país de los últimos restos de la herencia franquista, y el Partido Popular se opone a ello rabiosamente porque todavía no ha sido capaz de romper amarras con su origen franquista, encarnado en la figura de su presidente de honor: el exministro de Franco, Manuel Fraga Iribarne. Lo interesante es ver qué puede suceder: ¿logrará imponerse en el panorama político español un PP neofranquista o, si es derrotada la derecha española en las próximas elecciones, se liberará el PP de las ataduras con el pasado dictatorial? Continuará...
La verdad es que frecuentemente me siento extranjero, incluso en mi propio país de nacimiento, España. La condición humana es la de extranjero, todos lo somos en este planeta en el que estamos de paso. Y en toda sociedad, por próxima que la sintamos, hay siempre elementos que nos son extraños, ajenos. Por eso cuando dejé España para instalarme en París me sentí de inmediato como en mi propia casa, porque es con la condición de extranjero con la que mejor me identifico. Pero la extranjería en sentido estricto, o sea, vivir en un país diferente al de nacimiento, creo que es una experiencia que también puede ser muy dura, depende mucho de las condiciones económicas y sociales en que se viva y de las razones por las que se haya abandonado el país de origen (no es ni mucho menos lo mismo irse por propia voluntad que verse obligado a exiliarse por persecución política o empujado por el hambre). Sin embargo, sentirse extranjero también aporta una distancia que puede ser muy interesante. Desde lejos, uno ve más claramente su país de origen, y la mirada extranjera hace también que se descubran aspectos del país de acogida que muchas veces pasan desapercibidos para los lugareños.
Supongo que si un día llego a la conclusión de que lo que estoy escribiendo no tiene la calidad necesaria para ser editado, dejaría de publicar, pero dudo que pudiera dejar de escribir, seguiría haciéndolo aunque sólo fuera para mí. La única razón que hoy por hoy se me ocurre para dejar de escribir es morirme, pero no quiero retar a la vida con afirmaciones altaneras, no vaya a desmentirme por la vía de los hechos.
Por
Uriel
Quesada
Mi propósito de ser coleccionista se cumplió, finalmente, cuando empecé a leer enciclopedias en fascículos semanales. Aprendí sobre la Segunda Guerra Mundial, geografía, el mundo de los animales, medicina, cine y otros temas de los que guardo apenas un vago recuerdo. Después vino la manía de acumular libros.
Por
Amir
Valle
Era una piedrita blanca, brillante, diminutamente grotesca para mis ojos. "Tómela, señor, le traerá suerte", decía aquel niño, parado frente a mí, suplicante y agradecido...
Por
Alejandra
Costamagna
Hace menos de un año que vivimos sin Plutón. O sea, que Plutón no vive con nosotros en la nomenclatura del sistema solar. Ocurrió que un grupo de astrónomos halló que era demasiado chico...
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Armando
de Armas
Todo aquel que se ha atrevido a escribir bajo un régimen totalitario, en contra de ese régimen totalitario, habrá experimentado la probable disyuntiva entre el que escribe y el que disiente.
Por
Edmundo
Paz Soldán
Sin estridencias, sin mucha publicidad, la narrativa peruana contemporánea se va consolidando como una de las más vitales de las que se escriben en español.
Por
Ladislao
Aguado
De todas las definiciones de patria que conozco, sólo existe una que realmente amerite el sacrificio y la entrega que siempre asociamos a los actos por la nación.
Por
Elidio la torre
lagares
La literatura puertorriqueña actual es una elusión. Todos preguntan por ella y nadie sabe dónde está, aunque se sabe que existe.
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León
de la Hoz
...en Cuba no es difícil tener la leche cortá, siempre hay alguien o algo que te corta la leche, te jode el día, te empinga. En ese sentido mi padre era como un síntoma nacional de la enfermedad del país: el pobre hombre siempre estaba cabrón, cabreao...
Imagen de portada:
"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)
Lorenzo Mena