«Sí, la guerra viene arrollando sobre Berlín.
De pronto se le pasa a una por la mente que es primavera.
Sólo los pájaros desconfían de este abril.»
Una mujer en Berlín
Anónima
Anagrama, 2013
Casi un poema compuesto por distintas frases que aparecen en la página 19, la primera página de la historia. Casi un poema porque la guerra no acepta versos. No ahora, ni entonces. La guerra no admite lo que es bello porque duele y bastante dolor había ya en trincheras, refugios y campos de concentración. Bastante dolor en perder a tu bebé porque no te queda leche, porque tu cartilla de racionamiento está sellada, porque la panadería o la carnicería han saltado por los aires y con ellas los huesos de los otros. La guerra no admite poesía porque «sólo los ojos tienen vida» y no hay que llamar al mal tiempo. La guerra es, en sí, lo sabemos, la tormenta. Tras ella no hay calma, aunque sí pequeños ratos de recreo. Para ellos, los rusos, los enemigos, las violaciones, los saqueos, la matanza. Para ellas, las duras, las alemanas, la fuerza, la obligada supervivencia, la crueldad de su especie. ¿Qué queda en una guerra? Queda padecer la historia. Leer más…






