Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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La literatura israelí en el siglo veinte

Mois Benarroch

A principios de los años ochenta formé parte de un grupo de escritores que cursaban en la universidad Hebrea de Jerusalén. Un grupo efervescente de jóvenes en formación que discutían y que rápidamente llegó a la conclusión de que para escribir literatura en hebreo había que leer los textos hebreos del pasado. Desde la Biblia, pasando por el Talmud, el Zohar (dos obras escritas en hebreo y arameo), los textos de Maimonides escritos en hebreo, los cuentos hasidicos, la cábala de Rabbi Yisthak Luria, la poesía de los poetas sefardíes del siglo once y doce, los poemas de Rabbi Yisrael Najara, y todo lo que fue escrito en hebreo en los últimos tres mil quinientos años.

La nueva literatura en lengua hebrea, como parte del movimiento revolucionario que es el sionismo, se planteaba el nuevo judaísmo como una destrucción total del pasado, el mismo himno del estado de Israel que se canta todos los días dice que "un mundo pasado destruiremos hasta sus pilares", el nuevo judío debía deshacerse por completo de todo lo que era diaspórico. Sólo los religiosos leían esos textos, y recuerdo que cuando en esa época le dije a una escritora que debía leer el Talmud, me respondió que eso era un acto "político". Las cosas han cambiado un poco desde aquel entonces, pero no tanto, y muchos escritores tienen muy poca idea de lo que es el hebreo de antes del sionismo. Sería un poco como imaginar un escritor español que no ha leído ni a Cervantes, ni a Quevedo, ni a Lope De Vega. La literatura hebrea moderna se considera a sí misma una rama de la literatura europea, y busca sus raíces en escritores como Shakespeare, Elliot, Dostoievski y Pushkin.

La literatura hebrea moderna empieza a finales del siglo diecinueve con escritores que vivían en Polonia y partidarios de renovar la lengua hebrea. Algunos escritores como Y. L. Peretz y Berdichevski, acabaron sus vidas en Israel y otros en la diáspora. Pero el que marca el punto cero de esta literatura es el poeta Hayim Nahman Bialik, que empezó en la diáspora escribiendo en yiddish y llegó a Israel en los años veinte. Él mismo crea la organización de escritores Hebreos en Tel Aviv y hasta hoy está considerado el poeta nacional de Israel. Es muy importante acentuar la lengua materna de Bialik, porque es en realidad el yiddish la raíz del hebreo literario israelí. Los más importantes escritores de la primera mitad del siglo veinte son escritores que tenían por lengua materna el yiddish. El mejor de todos es el poeta de origen polaco Uri Zvi Gringberg, un poeta casi intraducible, y que se desprende del movimiento laborista sionista para convertirse en un poeta de ultra derecha, cosa que como consecuencia le valió el boicot total de los escritores de su época y hasta hoy en día, de las universidades. Gringberg es un poeta profético, o casi. Es un profeta moderno que utiliza la poesía. Su libro más importante es Rejovot Hanahar, (Las calles del río), escrito en los años cincuentas, y que son coplas por la muerte del judaísmo europeo. Pero ya en los años treinta escribió Gringberg sobre la matanza de judíos que venía hacia Europa, sobre cómo se quemaban judíos, y fue tratado de loco. Desgraciadamente, fue un profeta que tuvo razón. Muy prolífico, en una obra que en partes recuerda a Whitman y en dimensiones recuerda a Neruda. Sus obras completas, que están sido publicadas, incluye más de veinte volúmenes. Se puede tal vez esperar un genio traductor que puede verter su obra a otra lengua, un traductor que todavía no ha aparecido. Probablemente es uno de los mejores poetas del siglo veinte. Tengo la suerte de poder leerlo en hebreo y no creo que podría hacer ninguna lista de los diez mejores poetas del siglo sin incluirlo.

En la prosa, tenemos a Shmuel Yosef Agnon, premio Nóbel de Literatura 1966, que también nació en Polonia y escribió primero en alemán y después en hebreo. Su obra esta anclada en el sionismo y en la transición del judío de la diáspora a Israel. Pero es sobre todo una proeza nunca acercada de la lengua hebrea. Lo cual también la convierte en una obra mal traducida, porque sin la lengua hebrea, una lengua literaria que influencio a todas las generaciones de escritores israelíes hasta el día de hoy, lo que queda en lenguas extranjeras son cuentos que no sobrepasan el cuento hasidico, o la literatura yidish. A veces Agnon ha sido comparado con Kafka, y tal vez sin el sionismo se hubiese convertido en un escritor judío europeo.

De esto llegamos a otra singularidad de la literatura israelí. El lector israelí lee muy pocos escritores judíos de la diáspora. Eli Wiesel, Imre Kertesz, Primo Levi, Philip Roth o Benard Malamud, a pesar de haber sido traducidos extensamente son escritores poco leídos, y que casi no han influenciado en la literatura israelí. Se los consideran judíos no salvados por el sionismo y diaspóricos. Basta con decir que Wiesel me gusta para que mi interlocutor se ponga rojo de ataques contra su literatura y su persona. Por esa misma razón el inmigrante es un desconocido de la literatura israelí. A pesar de que Israel es una tierra de inmigrantes, el inmigrante que llega a Israel tiene un nombre especial, es un Oleh, uno que sube a la tierra de Israel. El que se va de Israel es un Yored, el que se baja de Israel. Un inmigrante es alguien que emigra de Francia a Australia, pero no un judío que llega a Israel. Personalmente fuí atacado por algo que en el año 1994 no entendía cuando publiqué mi primer libro Coplas del Inmigrante, a causa del simple hecho de haber utilizado la palabra prohibida.

Agnon es la mayor influencia en los escritores más conocidos fuera de Israel: Amos Oz, A.B. Yehoshua, David Grossman, Meir Shalev y otros. Parte de la obra de estos escritores es responsable de un razonamiento y una justificación del sionismo. Todos ellos forman parte de partidos de izquierda y siempre han estado metidos en la política. Como reacción, casi normal, en los años ochenta se empezó a escribir una literatura apolítica, urbana, por escritores jóvenes que nunca se han identificado políticamente. Los más conocidos son dos escritores del absurdo, Etgar Keret y Orli Castel Bloom. Asimismo, prolifera desde estos años una literatura de mujeres que se podría escribir en cualquier gran ciudad, como la que hacen Tsruya Shalev y Shifra Horn sobre la mujer que se libera cuando llega a la edad de cuarenta años, ya sea de su marido o del mundo religioso, o de su trabajo, y elige un camino independiente.

Empero, hay que tener en cuenta que hasta 1975, aproximadamente, el género más importante de la literatura israelí era la poesía. Los libros de poetas como Natan Zach o Yehuda Amijai se vendían en 20,000 y 30,000 ejemplares, poetas menos famosos vendían fácilmente 5,000 ejemplares. Los poetas eran voces oídas y discutidas. Eran iconos culturales. El grupo que da el paso más importante en la poesía israelí, data de los años 50, y se llama "la generación del país". Este grupo incluye a Zach, Amichai, y David Avidan, y se pronuncia a favor de una poesía más personal y menos vinculada al sionismo, una poesía íntima y no nacionalista.

Todo esto sigue cambiando y cambiará. Los libros de poesía son ya casi inexistentes en las librerías, y desde hace unos años se ha creado un mercado de libros, pequeño para un país de menos de seis millones de habitantes, en el cual, además, casi la mitad no leen el hebreo. En este mercado pequeño hay novelas de las que llegan a venderse cien mil ejemplares. La literatura ha ganado en cantidad, se publica una novela nueva al día, o sea, casi 400 al año, pero es difícil ver la calidad. La literatura sigue siendo derivativa de la europea y americana (ya sea del sur o del norte) y se ha perdido un hilo conector. Hoy, como en casi todo el mundo, se escribe de todo, desde las novelas policíacas de Batía GAR hasta la novela femenina, pasando por la prosa gay, o étnica de todas las 100 etnias que componen la sociedad israelí, o la novela sobre los religiosos escritas sobre todo por mujeres.

La literatura israelí de hoy se abre a un cambio importante. Si todos los nombres citados, y considerados importantes, son de origen europeo (llamados los ashquenazim, o sea judíos oriundos de Polonia y Rusia, y otros países europeos), por los márgenes se ha ido infiltrando uno que otro escritor de país árabe, como Dorit Rabinian, Sami Mijael, Uziel Hazan. Una tendencia que viene desde los años setenta con poetas como Erez Biton y Roni Somek, estos dos son casi los únicos que han llegado a tiradas de miles de ejemplares en los últimos veinte años, años en los que la poesía de nuevos autores se vende en cientos de ejemplares. Como dice Aharon Apelfeld, que es casi el único escritor israelí que ha hecho de la Shoah su tema principal, de estos escritores de origen oriental, vendrá la nueva y potente literatura. Es una literatura que va en contra de la opresión ashquenazi que sigue hasta hoy en día y el concepto de que Israel es un país europeo, cuando más del 65 por ciento de su población no viene de Europa, ni sus padres o abuelos vienen de Europa, así como contra la idea que Israel es una completa ruptura contra todo lo que existió en la diáspora. No nos sorprenderá pues que los dos únicos poetas que han seguido los pasos de Yehuda Halevi en su poesía son dos judíos sefardíes oriundos  del imperio otomano, Shlomo Abayo y el novelista y poeta Amnon Shamosh (más conocido por su novela Michel Ezra Safra y sus hijos). En este grupo cabe destacar al novelista Shimon Balas, nacido en Bagdad, que escribió en árabe antes de pasar al hebreo su novela Y es otro, que relata las memoria de un judío converso al islam en Irak a finales de los años 70 y de la guerra de Irán-Irak. Un libro completamente opuesto a lo que se considera sionismo, y muy criticado por eso cuando se publicó en 1991. El libro que, a pesar de no haberse vendido, ha salido en estos mismos días en una segunda edición al ser considerado por muchos como una obra maestra. Casi todos los autores hasta ahora mencionados han sido traducidos al español, con la excepción de Balas y creo que es un vacío a llenar.

Yo diría como conclusión que la literatura israelí esta todavia en vía de creación, y que sí se está creando una nueva literatura de lengua hebrea. Todavía no ha nacido la generación que se proponga una lectura detallada y profunda de las letras hebreas del pasado, y que pueda conciliar la ruptura sionista con un diálogo con todo el pasado de la lengua. Por el momento los mejores autores han sido escritores que nacieron fuera de Israel (como lo es Agnon, Amijai, Gringberg, Zach, Apelfeld, Balas...)  y por lo tanto se puede considerar su literatura como una literatura entre la diáspora y el nuevo judío. Pero ya hay varias voces, como las de  Ami Dvir, Yarón Avitov, Yosi Sukari, y Sami Shalom Chitrit,  que están encontrando ese camino. Creo que a esa nueva literatura le falta una generación.


Moshe Benarroch

Nació en Tetuán, Marruecos en 1959. A los trece años emigra con sus padres a Israel y desde entonces vive en Jerusalén. Empieza a escribir poesía a los quince años, en ingles,  después en hebreo, y finalmente en su lengua materna, el castellano. Publica sus primeros poemas en 1979. En los años 80 forma parte de varios grupos de vanguardia y edita la revista Marot. Su primer libro en hebreo aparece en 1994, titulado Coplas del inmigrante. Publica también dos libros de cuentos,  varios libros de poemas en hebreo, inglés y español, y tres novelas. Sus poemas y cuentos han sido traducidos a 10 lenguas.

En 2005 la editorial LF publica su novela Lucena (traducida del hebreo por Roser Lluch Oms) En el 2008 Destino publica la novela En las puertas de Tánger.

Más información en: http://www.authorsden.com/moshebenarroch

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