


Sé que ahora entrarás:
Tu ausencia te convoca.
Como quien conoce el espacio
entre el vacío y su centro,
llegas,
vacías una sombra engrandecida y soñolienta
en el molde solitario de mi cuerpo
asomado hacia el sueño,
y esperas
una señal mía anunciándote
que he vencido el temor
y acepto esta llegada,
para entonces avanzar
sabiamente tu mano por mi piel
que siento torpe y mía,
si dulce tuya,
hasta ajustarte
como el oro que se funde en las fraguas del amor
al golfo, abismo, embalse
que te ciñen mis brazos
y
Hacerte físico allí,
desafiantemente físico como el eco que regresa
a sellarnos los labios con el gesto de un beso.
Y duermo entonces, te duermes
hasta el alba, junto a mí,
contigo, en mí,
como si no hubiera otras llaves
con que encerrar la ausencia
y vencer la textura de la espera.
Una hendidura por henchir
Una desconocida posibilidad
buscando hacerse imposible.
Una piel firme y desafiantemente ajena
a la que no podemos
ni queremos-
renunciar.
Algo hecho alguien exigiendo
nuestros ojos y el tacto.
Un sexo rebosante de placer
que se nos acerca a los labios.
El límite donde parece presidir
lo ilimitado.
Un formulario a llenar
con las señas más particulares.
Un salvoconducto a veces.
Otras una condena.
Siempre un misterio que resulta ser
nuestra única certeza:
esta segura resistencia
contra la página en blanco.
Arrepentirse, suceder,
medir el tiempo por la soledad y sus camisas,
representar un árbol que está de pie y dormita,
ir al amor como quien no espera nunca regresar, ser
sin ser visto, estar
sin que nuestro cuerpo reemplace
la vacía presencia del aire,
no llegar siempre al final,
cerrar dos puertas inversas,
tirar la llave y la razón
y ver
si sólo así es posible comenzar,
comprender.
"entremos más adentro en la espesura"
San Juan de la Cruz
Muy sencillo:
coges dos troncos
de madera y los cruzas
en tus labios.
Lo más difícil es
a veces
conseguir la madera.
Lo más riesgoso,
contraer la enfermedad.
Pero confiemos:
no hay ciencia o creencia
que no cuente
con su cuota de fe,
aun desde el más áspero
abandono.
Yerba
sobre la herida.
Venda
estéril y blanca
sobre la dolorosa
sutura o luxación.
Unas goticas un poco ácidas tal vez
sobre la inflamación de los ojos
o algún tabique interior.
Asimismo una fuerte
pócima o loción
basta para otros males.
Pero ya no habrá nada
para volver a entregarnos
como dos sátiros o ángeles
vagabundos,
sin preguntarnos los nombres
a lujuria y deshora.
Nada para volver a recibirte
con gozoso descuido en mi interior
y hacer orgiástico nido en la esperanza.
Todo ha quedado en manos
del azar y su virus
aguafiestas:
la sin igual espesura convertida
en cruzada de terror.
"Salto. Dicha grande"
José Martí
Nada:
ni un vacío
donde el cuerpo se llene.
Apenas lo logro
decir: las palabras
no conocen su aroma.
Pero algo
tiene que haber
aunque sea en desorden.
Vuelvo
sobre mis pasos,
corrijo mi memoria:
No soy
sino yo desde mí
aun siendo otro.
Busco
afuera y me lanzan
adentro.
Busco
adentro y me lanzan
afuera.
Intento
repetir, pero
lo he olvidado:
Soy
anfitrión sin
invitados.
Me asiento
donde me sienta
yo mismo.
E igual
sigo siendo: nada
ni nadie.
En la frontera
de mi piel quedo,
sin salto.
"Hora es de entrar, escucha, en el silencio"
Eliseo Diego
No pude entrar
y ya busco
la salida.
Otros hay
como yo,
pero no me conozco.
Diga yo blanco,
ellos negro,
ambos decimos lo mismo.
Todo
se expresa
sin palabras.
Nada
hay sin haber sido primero
en la imaginación.
Una hoja
de papel es mayor
que el universo.
Ensúciala, mánchala, escríbela:
táchala, rómpela,
tírala.
Borrar no es
solución: se volvería a
escribir.
El resto es
innombrable:
por eso lo nombro aquí.
Y ahora que entré
no busco
la salida.
Con breve trazo voy
colmando este vacío
de la página en blanco.
Me tienta su imantada
vaciedad, el riesgo
de mi mano pretendiendo
colmar vacío con vacío.
Me tienta este coraje
de apostar en el juego
verbal lo que no tengo
y lo que sé nunca tendré:
espacio, hacienda.
Mas renunciar a este riesgo
dejará —intuyo— el sabor
de morir
segunda muerte en el cuerpo,
segunda vez en la muerte.
Con breve trazo voy
alejando mis muertes
sucesivas.
o naufragué?, le pregunto
a un compatriota en harapos
y aferrado a un tablón.
"para manolo, al partir"
Esto,
eso
que sobrevuelo
desde el Pacífico inhóspito hasta el Golfo acogedor es hoy por hoy
—no lo fue ayer, no sé mañana—
mi patria:
montañas, desiertos, depredadoras nieves,
ríos inmensos obligando a construir
innumerables puentes, grandes ciudades de ilusión
mas sin furia, objetos y máquinas sin fin, colores
diversos que recombinar cada día...
no logran
sin embargo reemplazar
—ni como consuelo imitar—
una breve tarde habanera escapando de la lluvia y
besándonos premonitoriamente quizás
en todos los andenes.
"Aquí vislumbro campo, y viviré"
José Martí, New YorkHe
He venido a quedarme detenido,
fijo en el aire, que no pasa,
en un espacio donde no me reconozco
sino por negación,
Esas montañas
no serán nunca los Andes, esas arenas
nunca serán el Sahara, ese río
aunque sucio también y mal interpretado
jamás será el Almendares, ni yo —este lugar que constituye mi cuerpo—
podrá hacerme ser aquí
el que una vez era.
Algo
que hoy sólo puedo concebir como un viaje
por mares y ciudades e historias
me ha depositado aquí sin yo haberío esperado,
en un aquí que únicamente me afirma
por negación.
He visto varias veces
las fotos
de una vieja ciudad que hoy está dividida.
He visto su tranvía una vez deambular
por ambos lados,
un puente simple, de madera, abierto
para pasear sobre el río
que en vez de cicatriz era entonces lazo
de vida.
Miro esas fotos y pienso en mi antiguo país
y en mi gente de hoy,
divididos.
Me siento a pensar el universo
a veces, cuando cae la tarde
y el cielo se deshace en cambiantes amarillos y rojos gutierreznajerianos.
Coloco el butacón más blando
junto al cristal de la ventana
y dejo a mi vista perderse en los colores
y formas de un diseño mayor que
nada, creo yo, me reclama.
Pienso el universo sin tener un motivo
y mucho menos un propósito aparente.
Me acomodo y protejo con un libro
—en caso de tedio y deseos de leer—
que no abro, con una pluma
que sola en mis dientes se recrea
poniendo música al paseo
incansable
de mis ojos
por esa piel mejor que se amulata
unos minutos después.
En éxtasis, nocturno, detrás de la ventana,
enciendo alguna luz que me ayude a
seguir pensando el universo:
La noche
cae
totalmente
por su peso y dos o tres estrellas rielar en su mar.
Las
veo parpadear
mas
parpadeo yo y se me pierden
dentro de un cosmos que para mí ya es oscuro.
Quizás —pienso— me estén ahora, sin yo verlas, mirando:
viendo mi luz artificial, el butacón
plausible, mi libro sin abrir, el cristal
antiséptico, mi necia pluma entre los dientes,
y se hayan puesto con algún motivo
pan mí inescrutable
a pensar la humanidad.
Parpadeo otra vez y reaparecen.
Parpadeo una vez más y ya no están.
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