Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
otrolunes.com >> Otra Opinión >> Columna de Edmundo Paz Soldán

Clarice Lispector

Edmundo Paz Soldán

Cada vez que visito España me encuentro con la grata novedad de un libro que no conocía de Clarice Lispector. Esta vez, en los escaparates de una librería de El Escorial, me sorprendió La ciudad sitiada, una de sus novelas menos conocidas. Siruela, que comenzó a publicar su obra seis años atrás, se ha dado cuenta del lugar icónico rápidamente alcanzado por Lispector, y ahora, en el nuevo libro, se anima a poner en la portada, simplemente, una foto de ella. Ya hay siete libros de Lispector en el catálogo de Siruela. Y pensar que, a principios de los noventa, cuando me la recomendaron por primera vez, debí leer La pasión según G.H. en inglés…

La filósofa Hélène Cixious intentó capturar la esencia de Lispector a través de comparaciones: "Si Kafka fuera una mujer; si Rilke fuera una escritora brasileña judía nacida en Ucrania; si Rimbaud hubiera sido una madre, y hubiera llegado a cumplir cincuenta años, si Heidegger hubiera sido capaz de dejar de ser alemán… En este ambiente escribe Lispector". Gregory Rabassa, su traductor al inglés, tampoco escatima superlativos: "Sus ojos azules parecían salidos de La montaña mágica… Era una persona poco común, se parecía a Marlene Dietrich y escribía como Virginia Woolf".

Lispector se ha ganado con creces su fama de mujer enigmática y misteriosa. Antonio Callado la definió como "una extranjera en la tierra". Clarice nació como Hala Lispector el 10 de diciembre de 1920 en Tchechelnik, un pueblito perdido en Ucrania, de donde eran sus padres judíos, Pinkouss y Mania. El nacimiento ocurrió cuando los padres habían iniciado su viaje de emigración a América. Los esperaban en Maceió, Brasil, la hermana de Mania y su marido, que habían conseguido una "carta de llamada" para ellos. Los padres cambiaron sus nombres: Hala pasó a llamarse Clarice.

Clarice y sus dos hermanas mayores fueron educadas en la religión judía; la ausencia explícita de temas y personajes judíos en su narrativa es motivo de debate. Algunos críticos sugieren que esto se debió al intento de Clarice de asumirse como brasileña sobre todas las cosas; otros, más bien, encuentran en su obra, de manera algo forzada, referencias a la Kabala. En cuanto a la lengua, Clarice de niña sólo habló el portugués (luego aprendería el francés y el inglés, pero no la lengua materna), aunque estudió hebreo y yidisch en el colegio. Su portugués lo hablaba como una extranjera, lo cual confundía a la gente: decían que pronunciaba la "r" como una francesa.

La familia de Clarice pasó por dificultades financieras; al padre le costaba encontrar trabajo, y la madre se había quedado paralítica (fallecería en 1930). La familia debió mudarse, en 1925, a Recife, y luego, en 1934, a Rio de Janeiro. Clarice mostró aptitudes literarias desde temprano. A los diez años escribió una obra teatral. En 1940 publicó su primer cuento, "Triunfo". Esa época comenzó a trabajar como periodista en la Agencia Nacional, y a escribir su primera novela, Cerca del corazón salvaje. La novela sería publicada en 1944 y recibida con grandes elogios por la crítica, sorprendida por la juventud de la autora y por su estilo modernista, tan alejado del tradicional realismo de la literatura brasileña. Aunque se mencionan a Joyce y Woolf como influencias principales, por su intento de concentrarse en el fluir de la conciencia, en las pulsiones primordiales que se agitan antes de que el intelecto las racionalice —"Cerró los ojos un momento, permitiéndose el nacimiento de un gesto o de una frase sin lógica. Hacía siempre esto, confiaba en que en el fondo, debajo de la lava, hubiera un deseo dirigido ya hacia un fin"—, Lispector decía sentirse más cercana a Dostoievski..

En 1943, Lispector se casó con Maury Gurgel, quien iniciaría pronto una exitosa carrera diplomática. Desde 1944 hasta 1959, la pareja vivió en el extranjero. Durante esos años, nacieron sus dos hijos y comenzó su proyección internacional: la editorial francesa Plon publicaría Cerca del corazón salvaje en 1954.

Clarice se divorció en 1959 y volvió ese mismo año al Brasil. En 1960, publicó Lazos de familia, que el escritor Erico Veríssimo consideraría "el mejor libro de cuentos publicado en Brasil desde Machado de Assis". La verdadera consagración llegaría en 1964, al publicarse su obra maestra, La pasión según G.H. Las ventas, sin embargo, no la acompañaron. Clarice continuó con colaboraciones periodísticas y traducciones (tradujo, entre otros, a Agatha Christie y Oscar Wilde).

En septiembre de 1966, Clarice se durmió mientras fumaba un cigarrillo en su apartamento en Leme (Rio de Janeiro). Sufrió quemaduras graves en la mano derecha, la que usaba para escribir. Se convirtió en una reclusa. Sin embargo, paradójicamente, esta es la época en que el gran público comienza a conocerla de veras gracias a que, en 1967, los problemas financieros la obligan a aceptar escribir una columna semanal en el Jornal do Brasil. Sus crónicas, escritas entre el 67 y el 73, han sido recopiladas en libro bajo el título Revelación de un mundo (Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2004) y la muestran como una escritora en diálogo con gente humilde como taxistas y empleadas, capaz de recibir en su casa a lectores conmovidos por sus crónicas. En sus crónicas se encuentran frases con toda la intensidad de su estilo: "Saudade es un poco como hambre. Sólo ocurre cuando se come la presencia. Pocas veces la saudade es tan profunda que la presencia es poco: se quiere absorber a la otra persona toda".

Clarice Lispector falleció el 9 de diciembre de 1977. Fue una muerte sorpresiva, aunque luego se descubriría que tenía cáncer en los ovarios. Sus restos están enterrados en el cementerio judío de Río de Janeiro. La obra que dejó, poblada de mujeres sensibles de clase media, frustradas por su entorno pero a la vez libres interiormente, muy sensibles y perceptivas, es cada más más actual, más novedosa. La escritora brasileña más importante del siglo XX es una asignatura pendiente y necesaria hoy. Gracias a Siruela, nos hemos quedado, por suerte, sin la excusa de decir que sus libros no se encuentran.

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