

Todo lo que veo a mi alrededor es el mundo de cabeza y es tanto que necesitaría otro espacio solamente para enumerarlo. Antonio López, un pintor mediocre consagrado por lo políticamente correcto ha dicho que está hasta las narices de Picasso, yo he vuelto a visitar el Museo Picasso de París esta vez en el Reina Sofía y me ratifico en lo dicho sobre López. Thomas Beatie, un transexual que saltó a los periódicos al quedar embarazado por amor y gracia de la tecnología ha parido una hermosa niña, ¡viva lo políticamente incorrecto! Cubanos del exilio convocaron una protesta digital para colapsar el periódico oficial granma.com presionando una tecla de los ordenadores como en el teorema de los infinitos monos durante la eternidad (supuestamente el tiempo que oficialmente le queda a Castro), y yo me he reído hasta partirme. Y los cubanos de dentro, con la venia de su nuevo presidente, empiezan a tener derecho a comprar teléfonos móviles y ordenadores (sin comentarios), mientras los optimistas inveterados están que no caben de alegría porque ven en esto una vez más el principio del fin. Ya digo, el mundo está de cabeza.
Aquí mismo, en España —madre patria de tantas cosas buenas, inmigrantes y naturales incluidos— el Gobierno socialista que se ha propuesto oir cualquier reivindicación que huela a izquierdismo, podría aprobar una ley que equipare en derecho a los chimpancés con los humanos haciendo caso de la campaña reivindicativa que recorre Europa; y luego, nadie sabe, un día podría proclamarse también la igualdad de derechos para los roedores con quienes compartimos gran parte del genoma. Así que dentro de poco el Congreso podría estar lleno de simios exigiendo un trozo de la tarta política, aunque ya algunos habrá por crear un ministerio de Igualdad que, dígase lo que se diga, en realidad dedicará su presupuesto a hacer en lo social lo que la tecnología médica moderna logró en Thomas Beatie: igualar a hombres y mujeres. Hasta hace poco los expertos en ingeniería social y los ideólogos sociales ignoraban que la igualdad no era un problema social, de clase o poder adquisitivo, sino de sexos. ¿A que es genial?
No se sorprendan, el mundo está al revés. Si hablamos de igualdad de género, ese talismán de los ideólogos de género, no haría falta un ministerio ya que dentro de poco nada tendrán que igualar. Ya vamos estando muy igualados, a tal punto que si vas a buscar trabajo hay quien llega a preguntarte si eres gay para dártelo. Es cierto, y si no miren las televisiones en las que se exhibe el género. Es así, la sociedad se va afeminando y me parece bien, ya era hora: los hombres se depilan, sacan las cejas y se ponen pendientes, si dices un elogio a una colega o le cedes el asiento te llaman machista, y una ministra, la de Igualdad, propone cambiar el género a las palabras, que eso si es el colmo. Pero lo discutible no es que suceda, sino que un Gobierno socialista creído de su mesianismo social anclado en una estrategia de marketing político muy estudiado y eficaz, esté centrando como objetivo de su política social lo que debía ser parte de ella. Por otro lado, la justicia social entendida a través de los ojos de grupos estructurados por la reivindicación de derechos negados por costumbres y políticas atávicas puede conducir a otro tipo de discriminación.
Sí, el mundo está de cabeza, y en tiempos de crisis —¡santa palabra que el gobierno no quiso oir hasta que el agua le llegó a las orejas!— los gobiernos, ya sean de izquierda o derecha, amparan su incapacidad en lo políticamente correcto y demagógico que es "lo social", o sea, lo socialmente correcto. Sin ir más lejos y salvando las distancias Franco lo hizo en España. En Cuba eso es un dogma y también todo está de cabeza, sólo que desde hace tiempo, allí la hija del nuevo presidente, que puede ser homófobo como cualquier jefe de ejercito latinoamericano que se respete, encabeza la cruzada ideológica del género y de momento muchas locas se ponen el uniforme. Evidentemente, como en cualquier lugar de este mundo al revés, el movimiento a favor de las libertades de género son una fuerza política considerable que puede ser absorbida, desprovista de su alteridad y por tanto anulada. Por ejemplo, me quedo de piedra cuando veo a tanto gay desposándose, asumiendo la consagración del matrimonio del que antes fue ángel caído, ahora entronizado. ¡Hay que ver!
Yo mismo no dejo de animarme a ayudar a poner este mundo de cabeza y he propuesto un golpe de Estado en Cuba para colocar las cosas en su sitio. No tiene porqué ser sangriento, ni tiene porqué conducir a una guerra civil si se hace en el momento adecuado y con las fuerzas de la inteligencia militar y la Seguridad, que no habrán dejado de ser inteligentes aún después de haber sostenido al régimen durante estos años. No obstante, creo que el trauma podría evitarse si la operación estuviera comandada por una salida del armario multitudinaria dirigida por la hija del presidente, algo muy fashion con trajes verde olivo revestidos de lentejuelas y plumas multicolores. Creo que entonces y como nunca antes el Gobierno socialista español apoyaría diligentemente desde su ministerio de Igualdad unas "erecciones" libres y democráticas de todos los miembros y "miembras" de la sociedad, así como la estabilidad del país con todos y para el bien de todos. Gracias a Dios el mundo se endereza poniéndose de cabeza. Amén.
Por
Uriel
Quesada
Con el tiempo y la experiencia he desarrollado cierta habilidad para percibir el momento en que asuntos de género se intersecan con formas de poder, especialmente si en ese cruce saltan chispas de discriminación u homofobia.
Por
Amir
Valle
Me mira y me dice que su padre murió creyendo que los tiempos de Hitler fueron mejores. Un disparate, piensa ella, y yo me digo, sin comentárselo, que es mucho más que un disparate, casi como una blasfemia, o un crimen. Su padre, confiesa, es uno de esos muchos alemanes y personas de otras partes del mundo que pretenden desconocer el holocausto nazi.
Por
Alejandra
Costamagna
La compañía catalana del Teatro Lliure acaba de estrenar en Chile 2666, basada en la monumental novela póstuma de Roberto Bolaño. ¿Qué hacer con las 1125 páginas del libro? ¿Cómo resumir las cientos de microhistorias contenidas en las cinco partes de la novela? ¿Cómo trasmitir la perfección que a ratos alcanzan los fragmentos [...]
Por
Elidio la torre
lagares
Esta novela celebra la muerte y los muertos —y un cadáver es un cadáver es un cadáver— como una inevitabilidad de la vida. Aquí todo caduca: los sueños, la realidad, el amor, el sexo, la vida y los actos.
Por
Edmundo
Paz Soldán
La filósofa Hélène Cixious intentó capturar la esencia de Lispector a través de comparaciones: "Si Kafka fuera una mujer; si Rilke fuera una escritora brasileña judía nacida en Ucrania; si Rimbaud hubiera sido una madre, y hubiera llegado a cumplir cincuenta años, si Heidegger hubiera sido capaz de dejar de ser alemán… En este ambiente escribe Lispector".
Por
Ladislao
Aguado
Mi país no existe. Existe, eso sí, una isla llamada Cuba y avecindada en las aguas poco clementes del Mar Caribe. Por lo demás, cualquier trámite no pasa de ser un asunto más entre la geografía y yo.
Por
León
de la Hoz
Sí, el mundo está de cabeza y en tiempos de crisis —¡santa palabra!— los gobiernos, ya sean de izquierda o derecha, amparan su incapacidad en lo políticamente correcto y demagógico que es "lo social". Sin ir más lejos y salvando las distancias Franco lo hizo en España. En Cuba eso es un dogma y también todo está de cabeza, sólo que desde hace tiempo...