

«Jaime Suchlicki es profesor de Historia y Estudios Internacionales, ocupa la Cátedra Emilio Bacardí Moreau y dirige el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami. Fue Director Ejecutivo del Centro Norte-Sur y editor del prestigioso Journal of Interamerican Studies and World Affairs. Actualmente es el editor para Latinoamérica de Transaction Publishers. Autor de Cuba: from Columbus to Castro (1997), ahora en su cuarta edición; de México: from Montezuma to NAFTA (1998), y editor con Irving L. Horowitz de Cuban communism (1999). Es un respetado consultor del sector privado y público en asuntos de Cuba y Latinoamérica.
Esta entrevista se realizó en Madrid, a raíz del seminario Cuba: ¿Sucesión o Transición?, organizado por El proyecto sobre la transición en Cuba, del cual Jaime Suchlicki es director. En aquel momento Fidel Castro aún no había cedido la presidencia a su hermano Raúl y éste no había emprendido los tímidos cambios que hoy conocemos, sin embargo las respuestas del señor Suchlicki tienen una vigencia tan meridiana que Otrolunes se congratula de ofrecerla a sus lectores.»
Creo que la sucesión en Cuba ya ha ocurrido. Raúl Castro y las fuerzas armadas controlan el sesenta y cinco por ciento de la economía y manejan las operaciones diarias de la Isla. Fidel Castro interviene sobre todo en las relaciones exteriores, pero la política doméstica la manejan Raúl Castro y las fuerzas armadas. Una vez que desaparezca Fidel Castro creo que la sucesión ya está andando y será muy sencillo, Raúl se quedará como jefe de las fuerzas armadas, nombrará algún secretario general del partido y a algún civil como presidente del país y Cuba comenzará a funcionar a partir de ahí.
La transición va a ser lenta y difícil, y la sucesión ya ha sido y está ocurriendo.
Yo quisiera una transición acelerada, no una transición lenta tipo China o Vietnam. Los exilados pueden acelerar el proceso de transición mandando información a Cuba, y los cubanos residentes en la Isla pueden ejercer cierta presión interna. Pero a mí me preocupa la posición de esperar a que Fidel se muera para que haya una transición en Cuba. Creo que el proceso debe comenzar ya, el cubano tiene que empezar a pensar cómo va a desarrollar los eventos ahí y no esperar a que se muera Fidel y ver después qué vamos hacer. Y este es el mensaje que yo le doy al exilio, no podemos esperar a que Fidel se muera para pensar, hay cosas que se puedan hacer, como influenciar al gobierno americano para que ponga TV Martí en el aire, que Radio Martí se escuche en la Isla, o incrementar los contactos entre los cubanos del exilio y los residentes en Cuba, ya sea por medio de viajes o el envío de información.
Desafortunadamente, de la forma que se percibe hasta ahora la transición en Cuba, es el modelo chino. Pero un modelo chino todavía más limitado y controlado que el de China. Las fuerzas armadas cubanas han estudiado ese modelo, han visitado China, militares chinos han estado en Cuba, y es el modelo que vislumbran como posible.
Que este proceso de acelere, depende de la existencia de facciones dentro de las fuerzas armadas con una visión diferente del cambio. Pero en estos momentos, las fuerzas armadas tienen el modelo chino muy limitado como proyecto. Creo que Raúl ni siquiera desea el modelo chino y que intentará evitarlo.
No veo el colapso total del sistema como una opción posible. Hemos estudiado todas las transiciones y ésta me luce la menos probable, pues tendría que deteriorarse el sistema a tal punto que muerto Fidel, estas instituciones se desmiembren. Y esto no debe ocurrir, en parte por las fuerzas armadas, por la seguridad del estado y por el funcionamiento del partido comunista. No veo un colapso institucional en Cuba. Estamos hablando de todos los cubanos lanzándose a la calle para derrocar al sistema. Por lo tanto será un proceso muy lento.
Hay muchas lecciones que aprender de los países de Europa oriental, pero en un proceso de transición real. Por ejemplo, los tratamientos a la propiedad, la creación de un sistema judicial, la reorganización de la economía. Se puede aprender mucho, pero debe existir en Cuba un gobierno provisional que quiera hacer cambios o un gobierno que diga sí, va a haber una transición y qué podemos hacer para lograrlo.
En España y Chile las transiciones ocurrieron dentro de un proceso de mejoría económica de los países. En Cuba hay que reorganizar la economía totalmente, hay que privatizar industrias, crear una empresa privada, analizar el problema de las propiedades que fueron confiscadas. Tenemos problemas mucho más profundos que en Chile o España.
Tenemos que hablar de dos tipos de propiedad. Una, las propiedades comerciales: refinerías, fincas, fábricas, y luego la vivienda. Para las propiedades comerciales hay que crear un sistema basado en la propiedad privada y en el respeto a esa propiedad. Cualquier gobierno futuro en Cuba tiene que mirar el problema de las propiedades como una necesidad de crear confianza en la empresa extranjera y nacional, porque el cubano tiene que ser empresario en Cuba, porque si no, no va a funcionar. Por lo tanto ese gobierno tiene que pagar por las propiedades que se confiscaron, devolvérselas a aquellos que quieran trabajarlas o buscar una forma de compensar a esa persona. No estoy hablando de que se pague en el momento bonos de veinte o treinta años. Hay modelos que se han usado en Europa oriental para resolver este problema.
De las casas no se puede sacar a la gente, pero hay que explicarle al que está ocupando una casa perteneciente a otro propietario, que en cinco o diez años va a tener que entregársela a su dueño original. Y en este proceso el estado tiene que crear propiedades, y el inquilino tendrá que pagar un alquiler durante ese período. Existen una serie de medidas de solución a este problema, porque no creo que muchos cubanos del exilio quieran ir a recobrar sus casas, ni a matar o sacar gente de ellas. Esto es una propaganda falsa del gobierno cubano. Aunque sí hay personas interesadas en recuperar sus propiedades o que les paguen por ellas. Y habrá que crear un sistema justo donde se paguen las propiedades a razón de su valor en el momento en que fueron confiscadas y el pago sería en períodos, supongamos, de diez a veinte años.
Eso tendría que hacerlo un nuevo gobierno dispuesto a crear las condiciones necesarias para mejorar el país.
Depende del nuevo gobierno que surja en Cuba. Mi posición es que por un período transitorio debe mantenerse este sistema, pues no se puede cambiar radicalmente de la noche a la mañana. Y en un proceso de varios años, empezar a crear una medicina y una educación privadas, y tratar de reducir el gasto público.
Existen varios modelos a seguir, pero el modelo donde el estado pague por todo, no funciona. Este modelo bancarrota cualquier estado y no se va poder hacer.
Ése es el problema principal que tendrá Cuba en el futuro, qué hacer con las fuerzas armadas, cómo sacarlas de la economía, devolverlas nuevamente a los cuarteles, cómo reducir su poder. Pues recordemos que Cuba, como muchos países latinoamericanos, tiene una fuerte tradición militarista y durante sus cortos cincuenta años como República pasó por varias dictaduras militares. Por lo tanto, habrá dificultades en crear un ejército neutral, pequeño. Cuba no necesita unas fuerzas armadas enormes. Más bien, como Costa Rica, necesita una policía a un ejército.
De los Estados Unidos, si hay un gobierno que abra las puertas a los cubanoamericanos, muchos de ellos van a ir a invertir, a trabajar, a visitar o a comprar alguna propiedad en Cuba. Pero no será una cantidad numerosa la que quiera vivir en Cuba.
Sin embargo, sí habrá una fuerte ola migratoria de la Isla hacia fuera. En parte, porque resultará muy difícil controlar las fronteras; en parte, porque la gente querrá ir a otros países, entrará en los Estados Unidos o procurará salir por todos los medios de la Isla. Y existirán, como ahora, dos tipos de emigración, una legal y otra ilegal, pero en cantidades mucho mayor. Porque hay muchas personas que no quieren pasar por el proceso de reconstrucción social en Cuba.
Este es un tema muy delicado y no me gustaría dar consejos. Pero creo que habrá que darle libertad al que quiera salir, no se puede mantener dentro del país a alguien que no quiere estar en él. Pero también el proceso de transición tiene que proveer de empleos y oportunidades de negocio, de prosperidad rápida al cubano que reside en la Isla, para que esa emigración no continúe. Si el pueblo ve que se produce una transición rápida y que las circunstancias comienzan a mejorar con prontitud, dirá "vamos a esperar, vamos a ver cómo esto funciona". Pero si la gente ve que la transición es lenta, que no ocurre nada, que se generan problemas inflacionarios, deterioro económico; pues tendremos a uno o dos millones de cubanos saliendo de la Isla.
Será la oleada migratoria más grande que se produzca en Cuba.
Considero que los funcionarios, los burócratas que están en el poder, van a continuar. Como demuestra la experiencia de Rusia y otros países, se convertirán en los futuros empresarios y funcionarios del nuevo gobierno. Hay que aprovechar la experiencia y el conocimiento que ellos poseen. Ahora, hay que distinguir bien entre los que han abusado del pueblo, los que han robado y los que han cometido delitos o actos de sangre y los que no. Y entre estos últimos, los que tengan la capacidad, pues claro que participarán.
De otra parte, se hace necesario reestructurar el sistema educacional, reentrenar a los maestros, cambiar a profundidad los medios de comunicación, entre otras medidas urgentes.
Cuba no es Singapur, comparando una isla con otra. Pero Cuba puede ser un país que se convierta en un gran exportador de frutas y vegetales al mercado de los Estados Unidos, que desarrolle la industria turística, la de biotecnología y farmacia, que mejore sus niveles de exportación de ron y tabaco. Las reservas de petróleo del norte de la Isla pueden permitir que al menos Cuba se autoabastezca energéticamente y en sus cuatro refinerías se procese petróleo de los Estados Unidos, de Venezuela o de otros países. Cuba puede convertirse, no en un fenómeno, pero sí en un país bastante próspero y ocuparse de las necesidades de su población.
Definitivamente. Esta circunstancia crea una dimensión muy distinta, porque mucho de las personas que pensaban en la transición, pensaban en ella como un proceso mucho más difícil, sin ayuda exterior, donde las presiones sociales serían muy grandes. Hablando por supuesto de una transición lenta, como el ejemplo de China.
Ahora, con la ayuda del gobierno de Hugo Chávez, muchos analistas creen que la transición se podrá manejar mucho más fácil, sin demasiada tensión socioeconómica en el país.
De otra parte, esta circunstancia de ascenso de la izquierda latinoamericana a los gobiernos, le confiere a Cuba una proyección internacional que la Revolución había perdido y o por los menos, estaba ya deteriorada. Está el peligro también, de que en algún momento durante la transición, los Estados Unidos levanten el embargo, que no bloqueo, y esto ayude al gobierno futuro y por lo tanto demore el cambio.
Chávez es un factor negativo para una transición rápida en Cuba. Para una más lenta, su aporte económico, ayudaría a ese régimen a mantenerse en el poder y a sortear de alguna manera el proceso que atraviesa.
Este proyecto comienza en el año 2002 con fondos del USAID (United State Agency for International Development), con el objetivo de estudiar las transiciones ocurridas en el siglo XX y proveer de una serie de ideas y sugerencias a la reorganización de una Cuba futura. Pero esto no significa que nosotros le impongamos al pueblo, al futuro gobierno cubano, la manera de afrontar la transición. Nosotros ofrecemos soluciones a problemáticas según las experiencias de otros países como alternativas a las circunstancias nacionales. Para ello hemos confeccionado cuarenta y cinco estudios de este tipo.
Aparte de esta labor, realizamos una serie de trabajos más pequeños donde analizamos la situación interna, la política exterior de Cuba y los distribuimos a nivel mundial. A su vez creamos una serie de bancos de datos de información sobre Cuba, leyes, tratados comerciales, inversiones extranjeras, por ejemplo. Es nuestra contribución a ese mañana que se nos avecina.
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