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El inglés no es la lengua oficial de ese Estado federal que comúnmente llamamos los Estados Unidos o la Unión Americana. Al menos no en el entorno propiamente federal. Ni la Constitución de este país de 1787, ni su antecesora, la Constitución confederal de 1777, ni siquiera la adoptada por los Estados que se separaron de la Unión durante la Guerra Civil de mediados del siglo XIX, estatuyeron sobre una lengua oficial. Además, no existe ni nunca ha existido una entidad que determine la política lingüística de la nación.1 Todo esto sorprenderá a muchos aunque hay que recordar que en España, por ejemplo, no se declaró la oficialidad del castellano hasta la Constitución de la Segunda República Española de 1931.2 En los Estados Unidos muy recientemente se ha empezado a discutir el problema de la oficialidad del inglés. En menester señalar que todo lo empezaron indirectamente los cubanos de Miami en 1973. Pero bueno, me parece necesario aclarar ciertos conceptos y precisarlos. Vayamos por partes, como dirían los escolásticos.
Todo Estado moderno3 tiene de jure o de facto una lengua4 (o varias) con la cual se comunica con sus ciudadanos o súbditos5 y con la Comunidad Jurídica Internacional. A esa lengua, idioma o habla se le llama lengua oficial. La misma puede ser la única o coexistir con otras habladas por grupos importantes en el país. Esas lenguas se denominan lenguas nacionales si se hablan en la mayor parte de la nación, o lenguas regionales, si se concentran en una sección o parte del propio Estado. Por ejemplo, en Suiza hay tres lenguas oficiales: el alemán, el francés, y el italiano y una lengua nacional, el rético o retorromano. Todas las disposiciones federales se publican en los tres idiomas oficiales y todos los funcionarios del gobierno central deben poseer esas tres lenguas.
Ahora bien, hay Estados que no creen necesario declarar explícitamente cuál es su lengua oficial; otros lo hacen de forma indirecta o por vía de referencia. Normalmente las declaraciones surgen cuando se habla más de una lengua. Hay casos en que las regulaciones son detalladas, como por ejemplo en Bélgica y Canadá.6 Sentadas estas bases, volvamos a los Estados Unidos.
En la conquista y colonización de lo que hoy constituye el territorio continental de ese país intervinieron cinco naciones europeas: España, Francia, Holanda, Inglaterra y Suecia.7 Alemania como tal no existía en aquella época8, aunque, como se verá, los germanoparlantes hicieron sentir su presencia más tarde.
Los ingleses, como es sabido, fundaron trece colonias en el siglo XVII a lo largo de la costa este del país. Esta franja se la disputaron España por el sur con la Florida y Francia por el norte con la Acadia. Al momento de la Guerra de Independencia el inglés no era la única lengua europea de uso común en las trece colonias. En los actuales territorios de Pensilvania y parte de Nueva Jork había numerosos colonos de lengua alemana que utilizaban ese idioma para todas las actividades humanas, desde el comercio hasta la religión. Benjamín Franklin criticó en una carta la falta de asimilación de los alemanes9. Estos colonos llegaron a pedirle al Congreso Continental que se tradujeran todas las leyes federales al alemán10. Es necesario hacer constar que las escuelas bilingües en los Estados Unidos no las iniciaron los hispanos, sino los alemanes. El alemán siguió siendo una importante lengua regional durante el siglo XIX. Había bibliotecas, iglesias y organizaciones de ayuda mutua para los alemanes que empleaban su lengua hasta para ciertos documentos jurídicos. El 25 por ciento de la población de los susodichos Estados era alemana, idioma que se empleaba públicamente. Sin embargo, las dos guerras mundiales del siglo XX liquidaron su influencia y difusión y hoy en día los estudios germánicos están muy por debajo de los hispánicos y los franceses en los centros de enseñanza de los Estados Unidos. El uso público del alemán está limitado a ciertas comunidades religiosas como los menonitas y los amish.
Con el advenimiento de la independencia el inglés era prácticamente la única lengua europea hablada en común en los Estados Unidos, con bolsones de español francés y sueco. Quizás por eso, entre otras cosas, no se creyó necesario declararla lengua oficial. De hecho lo era.
Los primeros problemas de política lingüística se iniciaron con la expansión de la nueva nación hacia el sur y el oeste. En 1803 Thomas Jefferson compró la Louisianne 11. Aquí hubo que enfrentar por primera vez el problema lingüístico pues obviamente la lengua del territorio era el francés. Luisiana tuvo que adoptar el inglés en 1807 a fin de ser admitida dentro de la Unión Americana.
Sin embargo la cultura francesa continuó influyendo a través del sistema de derecho privado general. Actualmente este Estado es el único que no utiliza el Common Law System, o sistema de derecho angloamericano.
La anexión de los territorios cedidos por Méjico en 1848 replanteó el problema de la política lingüística a seguir. La guerra había finalizado con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo. En los artículos IX y X de ese instrumento se garantizaba el respeto a la cultura mejicana y por supuesto se consideraba el idioma español como parte esencial de dicha cultura. En las constituciones estatales de California y Nuevo Méjico se estableció una especie de cooficialidad entre el inglés y el español. La extensión de dicha cooficialidad varió en función del número de mejicanos que habitaban en los distintos territorios y su fuerza política y económica. Donde mayor importancia alcanzó fue en Nuevo Méjico. Allí la mitad de los habitantes eran hispanos. Se autorizó a emplear el español en la legislatura estatal aunque mediante intérpretes. Igualmente se establecieron escuelas bilingües y se dispuso que las leyes y otras ordenanzas se publicaran en los dos idiomas. Sin embargo, a medida que el número de hispanohablantes fue disminuyendo y aumentó el de los anglos, las disposiciones favorables al español y a lo hispano fueron desapareciendo con el tiempo. Hoy en día es en Nuevo Méjico donde más influencia hispana existe. En su territorio todavía hay la obligación legal de publicar en español ciertos documentos relativos a algunas transacciones comerciales. De hecho es un Estado bilingüe. Su gobernador actual, Bill Richardson, hijo de padre anglo y madre mejicana, es un precandidato a la nominación a la presidencia de la Unión por el Partido Demócrata.
Entre 1848 y 1898 aparece un nuevo factor que se mezcla al habla. Se trata del problema de la inmigración. El destacado periodista estadounidense Richard Brookhiser ha dicho:
"Los Estados Unidos siempre ha sido una nación de inmigrantes, pero siempre ha sido también ambivalente en relación con ellos"12. Ya en el siglo XVIII, en 1798, el presidente Adams sancionó y promulgó la Ley de Extranjeros (Alien Act) que facultaba al presidente para expulsar del país a los extranjeros "peligrosos".
Más adelante, en 1844, se produjeron motines contra la presencia de irlandeses y alemanes católicos. A mediados de los años 50, se organizó una sociedad secreta los Know Nothing (No sé nada) dedicada a la persecusión de los inmigrantes católicos. Más adelante reaparecería con el tristemente célebre Ku Kux Klan, enemigo declarado no sólo de los católicos sino también de los judíos y los negros. En 1882 se excluyó a la inmigración china, exclusión que de manera más solapada se extendió a los japoneses en 1907. A finales del XIX apareció el movimiento llamado Americanization, basado en la teoría del Melting Pot o Crisol de Razas.13
Según esta teoría los inmigrantes tenían que desprenderse de sus peculiaridades culturales y "derretirse" espiritualmente para fundirse en la nueva cultura. Esta era la llamada cultura WASP (White, Anglosaxon, Protestant), o sea, blanca, anglosajona y protestante. Detengámonos ahora en los albores del pasado siglo y volvamos a las guerras de conquista de ese período.
Efectivamente, a finales del siglo XIX se volvió a plantear el problema lingüístico. En 1898 estalló la guerra entre España y los Estados Unidos. Como resultado de la misma la Unión Americana recibió a título de botín de guerra las islas Filipinas, Guam y las Ladronas o Marianas en el Pacifíco y la isla de Puerto Rico en el Caribe. Desde el primer momento la política del Gobierno federal fue implantar el inglés como lengua de esos territorios. Triunfaron en Asia pero fracasaron en las Antillas. Por más de 100 años la guerra lingüística ha perdurado en Puerto Rico. Muy largo sería contar los pormenores de esta lucha en la que el pueblo de Puerto Rico ha mantenido contra viento y marea su identidad hispánica. Hoy en día esa isla es oficialmente bilingüe, como también lo es Hawai, otra de las tierras conquistadas por los Estados Unidos en la misma época.
Como ya se dijo, a partir del XIX el problema lingüístico se unió al de la inmigración. A través de ese siglo el Congreso de los Estados Unidos no había contemplado a los hispanos dentro de los parámetros migratorios. Es decir, no había cuotas para los nacidos en el Nuevo Mundo. En 1965 esto cambió. Se estableció una cuota de 120,000 latinoamericanos al año la cual pronto se vio desbordada. Ello coincidió con la existencia entre 1954 y 1968 del Civil Rights Movement liderado por el Rev. Martín Luther King Jr., movimiento que reivindicó los derechos cívicos y las libertades públicas que se habían negado a los negros americanos después de la Guerra Civil, a pesar del triunfo de los estados del Norte. Ya en 1960 había sido elegido a la primera magistratura de la nación, John F. Kennedy, un católico de origen irlandés, con la cual se rompió el monopolio WASP en la presidencia de la Unión.
Todos estos factores dieron origen a un clima de multiplurarismo cultural que se extendió a las demás minorías. Así en 1968 se aprobó la Bilingual Education Act (Ley de Educación Bilingüe) encaminada a propiciar el aprendizaje de la lengua inglesa entre los inmigrantes, a la vez que también propiciaba el mantenimiento y desarrollo de las correspondientes lenguas maternas entre los estudiantes monolingües cuyo idioma original no fuera el inglés.14 En 1979 se dictó la Ley de Intérpretes Federales, a tenor de la cual el Gobierno federal debía poner un intérprete profesional a la disposición de los encausados que no dominaran plenamente la lengua inglesa. En la década de los 80, se facilitó la publicación en idiomas extranjeros de diversos documentos oficiales como las boletas electorales, los exámenes para los permisos de conducción de vehículos, los documentos de la Seguridad Social y un larguísimo etcétera. También se establecieron muchos servicios gubernamentales en español y otras lenguas.
Este avance del español hizo crisis en la ciudad de Miami, en la Florida. A partir de 1959 esta ciudad, fundada en 1896, cambió su faz. De una pequeña ciudad cuya población aumentaba en el invierno con los forasteros del norte que venían huyendo del frío y disminuía en la primavera, se convirtió en una gran metrópoli gracias a los cubanos exiliados que llegaron por oleadas huyendo del comunismo castrista. Las primeras incluían predominantemente a personas de la clase alta, medio alta y media. En general eran blancos, bien educadosy algunos sabían ya el inglés. Tras el fiasco de la invasión de Bahía de Cochinos (1961) y la Crisis de los Misiles (1962) los cubanos comprendieron que se enfrentaban a un largo exilio. Los nuevos habitantes de Miami recibieron una ayuda masiva del gobierno norteamericano y de muchas instituciones privadas, especialmente las religiosas. Los exilados comenzaron a trabajar incesantemente y gracias al pluriempleo, el control de la natalidad y la incorporación femenina a la fuerza laboral lograron capitalizar y hacer inversiones rentables. Además aunaron lazos con los países latinoamericanos cuyo turismo e inversiones aumentaron sustancialmente. Con el paso de los años muchos se naturalizaron y han llegado a constituir una fuerza política importante en los Estados Unidos.15
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