Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Poemas

Jesús J. Barquet

Jes&us J. Barquet

Sin fecha de extinción

Marte

"sobre una idea de Virgilio y para J. Ernesto"

Sobre los verdes prados
yacen
destrozados o exhaustos por la metralla
centenares de cuerpos anónimos que hubiera
integramente amado: muslos, penes y glúteos
y perfiles y bíceps de antaño orgullo
ahora en corrosión irreversible,
soberbios desperdicios, pestilentes
de albañal que mi mano habría
otrora con paciencia y furor febril
acariciado.
Un joven cuerpo asoma, sin embargo, intacto
entre las ruinas: una piel tersa y sabia
bañada de resina, turgente en su frialdad y hedor
a muerte y chamusquina;
un cuerpo virgen bien armado que nunca
conoció varón pero sí guerra,
un salvado manjar para alimento
de algún dios igualmente promiscuo
y caricioso.

-Con la mano en el pecho, duerme al sol No respira
Arthut Rimbaud

Los meninos

Son tres niños del país invadido.
Dos miran sonrientes al soldado invasor.
El tercero mira, sin sonreír, a la cámara.
Y yo aquí mirándolos a los tres.

Exilio

Exilio
es llegar a entender
que el día que tanto esperamos
no será más que una noticia
encapsulada entre dos comerciales
de Pepsi y Tylenol.

—quienes surcan la mar mudan de cielo, pero no de alma
Horacio

Destino manifiesto

No sabíamos que la isla
aun tan llena de gracia
podía llegar a ser básicamente un juguete
en las infieles manos de un herodes,

ni que su historia
se acabaría clavando en nuestros labios como una cruz
que, por salvarnos,
nos expulsó de sus costas y aún expía
sola en su piel
algún longevo inexcusable
destino manifiesto.

—Y entretanto iremos unos al África abrasada, otros a la Escitia
y al impetuoso Oaxes de Creta, y a la Bretaña, apartada de todo
el orbe; y ?quién sabe si volveré a ver, al cabo de largo tiempo,
los confines patrios?
Virgilio

Reposo de guerreros

En el pináculo grave de sus edades
duermen juntos, respiran los guerreros
el mismo estro vital, la misma furia
por destruir lo que no deben
fuera o dentro de sí,
pero el miedo los lleva a ser valientes
y habitar cada noche un mismo sueño húmedo
por las duchas compartidas,
los torsos y espaldas esplendentes,
La toalla flor de piel
contorneando un instinto, una mirada
acusadora.
Cae la noche, la tensión
—es posible en plena guerra—se relaja.
Piel en flor se abre a la ventura.

(Alguien vigila afuera, impide
cualquier interrupción enemiga.)
El sueño asalta adentro a los dormidos,
desata ligaduras, destina sirgadores
a cada albatros ebrio que pierde su camino.
Los chicos siguen juntos
durmiendo, respirando
una misma agitada muda complicidad
por su entrega
a cierto dios armado hasta los dientes.
Es la noche
y los antiguos miedos se erigen ya sin miedo
hasta esparcir su nieve entre las cúspides
más altas de la edad.

Desde su Olimpo el dios los observa envidioso
por no poder estremecerse como ellos:
si mortal, a todos amaría sin perjuicio
de la paz y la vida,
pero ser inmortal lo obliga
a su venganza.

—¡Yo me estremeciera si mi ser inmortal no lo impidiera!
José Joaquín de Olmedo

El mantenimiento de las tropas en campamentos y alojamientos incluye actividades ajenas a la utilización de las fuerzas armadas propiamente dichas. Si consideramos esas fuerzas emocionales que son motivadas por el peligro y la hostilidad como inherentes a la guerra, no excluir de su influencia todas las restantes sensaciones que se suscitan en el hombre de su vida (Karl ven Clausewitz). Según Sobre el amor, el amor por los muchachos se introdujo subrepticiamente en los gimnasios, merced a que los jóvenes se desvisten y se desnudan. Empezó por acariciar sólo y abrazar inocentemente a los muchachos, luego tomó alas y poco en las palestras [y los campamentos] y ya nadie puede contenerlo. Niega el placer porque siente vergüenza y miedo; pero como necesita un pretexto honesto para acercarse a los bellos jóvenes, lo encuentra en la amistad y en la virtud. Se cubre de polvo en [o de metralla en el campo de batalla], toma baños fríos, frunce el ceño, por temor finge en público dedicarse a la filosofía y a estados serios [tales como la defensa de 1a a democracia .,,¡dental y la seguridad internacional]. En cambio, cuando llega la dad de la noche, dulce es la cosecha, cuando el guardián está ausente (Plutarco). No naciones más belicosas y viriles se hallan entre lo más dado al amor por los mucha‑
también los grandes héroes de antaño Melanipo. Aquileo, Hércules, Epaminondas…Todos ellos viven bajo el influjo del dios Marte (o Ares e incluso Shangó ). el diametralmente a Amor, Marte gobierna los impulsos agresivos, el valor, la violencia.

El libro de los héroes (solo de cubanos)

La primera carga al machete

A caballo, desnudos, con su mejor machete
en mano, cientos de negros esclavos
buscan fundar sobre el cuerpo del otro
una nueva nación, una noctivaga
sensibilidad que nos recupere la Historia

Mella (según la foto de Tina Modotti)

Así, de perfil, ¡qué importa
que fundaras partidos inservibles
y reverberaras en la historia y la vagina
irredenta de Modotti!
Así, de perfil, tu imagen
de apolo deshollinador de tanta
fealdad cotidiana, esa mitad
de tu rostro de atleta que su cámara fijó,
de macho legendario ensimismado paseándo‑
se por nuestros libros de texto y por la épica
insular de Lezama, ¡cómo no iba
a provocar en mí
adoración y dolor a la vez!,
ahora que sólo eres
una pérdida ilustre
y no un férvido amante ejercitando
sobre mi cama su mejor
praxis

Advertencia

Compañeros, no hace falta —dijo una vez Roque
con razón— llamarnos "camaradas" todo el tiempo,
en especial si no ha habido una cama por medio

Bolívar

Qué pena no tomaras
un crucero en La Guaira
que te llevara hasta Cuba,
cuando nadie por allá te quería
Habríamos sabido recibirte
como te merecías:
con los brazos abiertos y las sábanas
de la Isla tendidas a tus piernas
Que por acá siempre estamos dispuestos
a un viril arrebato
de machetes en mano

Niños héroes

¡Para qué esperar más
años, las arrugas, la flacidez,
Lanzaos ya
sin bandera
ni disciplina
ni heroicidad.
Que voy desde aquí abajo imaginando
cómo también libraros de la virginidad.

Guiteras

¿En cuál closet guardabas
ese saquito blanco
de todas tus fotografías
y ese celo extremado
por la jornada mínima de ocho
pulgadas?

Ché Guevara

No sé. Quizás si te afeitaras,
te quitaras la boina (¡esa dichosa
estrellita!), te cortaras el pelo y no trabajaras
tanto "para el futuro"..
Pero entonces no serías el Che
sino un amante más a mi costado
y este poema no habría sido igual
de asepsia e imposibilidad.

Abel

Le sacaron los ojos porque veían
que gozaba
con las otras torturas.

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"Omidiero" (detalle)

Ramón Alejandro

Sumario

Este Lunes

Cien años de soledad cuarenta años después

Roberto González Echevarría

Cuba: la transición o el desastre

Carlos Alberto Montaner

La inconstitucionalidad de la ley cubana de confiscaciones

Héctor Ávalos Sardiñas

De la intolerancia, la chabacanería y el despotismo: Indagación de lo cubano

Narciso Hidalgo

Análisis sobre situaciones y problemáticas en la Cuba de hoy

Félix Sautié Mederos

¿Será pronto el español la segunda lengua oficial de los Estados Unidos?

Leonel Antonio de la Cuesta

Memorias del Desarrollo, de Edmundo Desnoes

Jorge Camacho

Costa Rica existe

Rodrigo Soto

Soñar con tigres. Guillermo Cabrera Infante en la memoria

Luis Agüero

José Lezama Lima y el asombro de lo invisible

Manuel Gayol Mecías

Sobre Miguel Delibes

José Ángel Mañas

El canon digital infama al Estado de Derecho

Víctor Domingo

El nacionalismo también sabe de marketing

Montse Fernández Crespo

El madrugar de otra tele chilena

Julio Suárez Anturi

Tradición y renovación en la narrativa detectivesca infanto juvenil

Joel Franz Rossell

Terapias de un grupo (arte cubano actual)

Omar-Pascual Castillo

Los cambios de pintura de Raúl Castro (Parte I)

León de la Hoz

Otro lunes Conversa

Con Julio Cortázar

Las manos en la máquina de escribir

Con Cundo Bermúdez

El ejercicio de la memoria

Con Jaime Suchlicki

Una transición lenta y difícil

Con Plinio Apuleyo Mendoza

Escribir con sangre de periodista

Con Zoé Valdés

Zoé tal como es

Punto de mira

Las editoriales en el exilio: una balsa de la cultura cubana

Aduana vieja

Betania

Colibrí

La gota de agua

Iduna

Universal

Verbum

Cuarto de visita

La literatura israelí en el siglo veinte

Mois Benarroch

El mar a la hora del eclipse

Novela

Mate Dolenc

Unos escriben

Edmundo Paz Soldán

Otros miran

Ramón Alejandro

Algunos escuchan

La muerte inútil de Jaco Pastorius

Otrolunes presenta a Callemora latin jazz

En la misma orilla

Poemas

JesÚs J. Barquet

Carta abierta a las sombras del pasado

María Elena Cruz Varela

Realidad

Relato

Pablo Díaz EspÍ

Una mariposa

Relato

AndrÉs Neuman

Combinado del Este: Sala de Psiquiatría

Fragmento de novela

Rafael E. Saumell

Los óctuples de Fundora

Relato

Rolando Morelli

Poemas inéditos

Félix Luis Viera

La Canopea del Louvre

Introducción

Hundimiento de la isla

William Navarrete

La agonía de la existencia

Regina Ávila

Guaria

Rodrigo Soto

Recycle

La trompeta de Deyá

Mario Vargas Llosa

Allen Ginsberg en la Habana

José Mario Rodríguez

De lunes a lunes

Biblioteca de Otro lunes

Carta abierta a los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos por las víctimas del huracán Gustav

Librario

Después de la gaviota

José Lorenzo Fuentes

La viajera

Karla Suárez

Paisaje de arcilla

Alejandro Aguilar

Contar es un placer

Emmanuel Tornes Reyes (compilador)

Cuba y Martí en el ojo del huracán

Pedro Ramón

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