

Siempre me ha fascinado el lenguaje, y la posibilidad de dar a conocer mi visión del mundo a través de las palabras.
La vida académica me ha permitido conocer mi tradición, y me permite vivir en un lugar donde los libros y la escritura son importantes. A la vez, claro, un académico lee de manera muy diferente a un escritor, una cosa es leer un libro para enseñarlo o discutirlo, otra para ver cómo funciona y así robar sus secretos para la propia escritura. He aprendido a tener una relación esquizofrénica con la literatura.
El problema de nuestros países, para el escritor, es la falta de una infraestructura que permita desarrollar su carrera. No es suficiente la vocación, el talento; también se necesita de un apoyo que permita que ese talento se desarrolle. En nuestros países el escritor está un poco huérfano.
Tiene escritores notables a los que les falta ese apoyo del que hablaba antes para ser conocidos en el exterior. La nueva generación, la de escritores nacidos en los setenta, en los ochenta, no desmerece en nada a la de sus pares en el resto del continente; Rodrigo Hasbún, Maximiliano Barrientos, Giovanna Rivero, Wilmer Urrelo, son escritores que ojalá pronto sean más conocidos.
Bolivia es un país de convulsiones cíclicas. Igual, no hay que darse por vencido. El desafío, hoy, es encontrar líderes capaces de tender puentes entre los inmensos abismos que existen en el país y que lo separan a nivel de razas, clases, regiones.
Es una relación perversa. Han sido pocos los intelectuales capaces de desarrollar una concienca crítica y mantenerse alejados del poder; la norma ha sido la fascinación, o algo más complicado todavía, la crítica al mismo tiempo que la fascinación.
Sí, por el poder como tema, por las personas que pululan en torno a él; me interesa explorar los mecanismos del poder en nuestras sociedades, desmontar su forma de funcionamiento. No me interesa estar cerca del poder ni me han llamado la atención los cargos públicos.
No lo sé. Quizás. Me interesaba el tema de la responsabilidad personal, de la posibilidad de redención. En ese sentido, no se trata de un idealismo proyecto a todos, sino que se concentra específicamente en un personaje, en el narrador. Por otro lado, la visión de la palabra en su relación con el poder es más bien negativa en la novela; el escritor de discursos se da cuenta de los límites de la palabra, de la imposibilidad de cambiar la realidad sólo a partir de discursos.
Nuestro mal endémico ha sido no buscar soluciones a los problemas estructurales. Nos hemos especializado en encontrar salidad que nos hacen ganar tiempo, algunos meses, pero a la corta o a la larga tenemos que enfrentarnos con todas aquellas cosas pendientes que no hemos solucionado.
Necesitamos aprender a reconocer al otro como un semejante, a no desconfiar de él, a respetarlo. A veces hemos pensado que la modernidad del continente sólo pasa por el desarrollo económico, y nos hemos olvidado que lo más importante es la superación de los prejuicios. La modernidad debe ser sobre todo mental; cuando eso ocurra, recién podremos pensar en la posibilidad de un continente diferente.
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Uriel
Quesada
Con el tiempo y la experiencia he desarrollado cierta habilidad para percibir el momento en que asuntos de género se intersecan con formas de poder, especialmente si en ese cruce saltan chispas de discriminación u homofobia.
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Amir
Valle
Me mira y me dice que su padre murió creyendo que los tiempos de Hitler fueron mejores. Un disparate, piensa ella, y yo me digo, sin comentárselo, que es mucho más que un disparate, casi como una blasfemia, o un crimen. Su padre, confiesa, es uno de esos muchos alemanes y personas de otras partes del mundo que pretenden desconocer el holocausto nazi.
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Costamagna
La compañía catalana del Teatro Lliure acaba de estrenar en Chile 2666, basada en la monumental novela póstuma de Roberto Bolaño. ¿Qué hacer con las 1125 páginas del libro? ¿Cómo resumir las cientos de microhistorias contenidas en las cinco partes de la novela? ¿Cómo trasmitir la perfección que a ratos alcanzan los fragmentos [...]
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Elidio la torre
lagares
Esta novela celebra la muerte y los muertos —y un cadáver es un cadáver es un cadáver— como una inevitabilidad de la vida. Aquí todo caduca: los sueños, la realidad, el amor, el sexo, la vida y los actos.
Por
Edmundo
Paz Soldán
La filósofa Hélène Cixious intentó capturar la esencia de Lispector a través de comparaciones: "Si Kafka fuera una mujer; si Rilke fuera una escritora brasileña judía nacida en Ucrania; si Rimbaud hubiera sido una madre, y hubiera llegado a cumplir cincuenta años, si Heidegger hubiera sido capaz de dejar de ser alemán… En este ambiente escribe Lispector".
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Ladislao
Aguado
Mi país no existe. Existe, eso sí, una isla llamada Cuba y avecindada en las aguas poco clementes del Mar Caribe. Por lo demás, cualquier trámite no pasa de ser un asunto más entre la geografía y yo.
Por
León
de la Hoz
Sí, el mundo está de cabeza y en tiempos de crisis —¡santa palabra!— los gobiernos, ya sean de izquierda o derecha, amparan su incapacidad en lo políticamente correcto y demagógico que es "lo social". Sin ir más lejos y salvando las distancias Franco lo hizo en España. En Cuba eso es un dogma y también todo está de cabeza, sólo que desde hace tiempo...