Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

Logotipo de La revista Otro lunes
Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
otrolunes.com >> Sumario >> Unos Escriben

La lengua libre en la boca

Sergio Ramírez
Escritor

La libertad de expresión es parte del tejido vivo —huesos, piel, nervios— del sentido general de la libertad, y anoto la necesidad de la redundancia. “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre; por libertad así como por la honra, se puede aventurar la vida y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres", dice don Quijote cuando viene de abandonar junto a su escudero Sancho los dominios del duque, ejemplo cabal este personaje de la corte de los abusos y las insensibilidades del poder.

Es una frase ésa de Don Quijote mil veces repetida. La filosofía verdaderamente ética es la filosofía de la libertad, y ya Cervantes lo había aprendido de otro trasgresor, Erasmo, quien había escrito, con humor y alegría, el primer elogio de la locura un siglo atrás. El Quijote no es sino un nuevo elogio de la locura, donde al humor se suma la pesadumbre, y alegría y melancolía se dan la mano, pero signadas por la libertad.

Para Erasmo no hay humanismo sin tolerancia, y son los intolerantes, dueños de la verdad absoluta, los que siempre acusan de herejes a quienes no piensan igual.  “Hay asuntos sobre los cuales es más sabio permanecer en la duda…antes que proclamar verdades”, nos dice. El poder que quiere meter en cintura la libertad de palabra, parte de la creencia absoluta de que lo sabe todo, sabe la que conviene a los demás,  y olvida la regla de  la duda, que es la regla de la tolerancia, y olvida la regla de Sócrates: saber nada más que no se sabe nada más.

La libertad de palabra es sustancial a la mutabilidad del pensamiento como herramienta de la mutabilidad del espíritu. La lengua libre en la boca es lo que define la edad de la razón, que comienza con Giordano Bruno quemado en la hoguera, y se extiende hasta Voltaire, perseguido por las monarquías y retirado en Ferney, a un paso de la raya fronteriza de Francia con Ginebra, listo a huir de la policía política del rey Luis XV, que no le daba tregua. Entre los dos, una sola edad de renacimiento ilustrado, o ilustración renacentista. Una sola edad de las luces, y de la razón, y de la duda, contra todas la imposiciones del silencio, de la censura, de las verdades teologales, de la autoridad emanada de las tinieblas.

Quien busca regular, o dominar, o recortar la libertad de palabra, niega la duda, y se atiene a las certezas oficiales.  De la tragedia, a la comedia. "Comprendo que la duda no es un estado muy agradable pero la seguridad es un estado ridículo", dice Voltaire. Y la premisa revivida de Montaigne: "¿Qué sé yo?", se alza en contra de la petulancia de la otra, "¡qué no sabré yo!". “¡Qué no podré ordenar yo!” Cuando se llega a ser dueño de la verdad absoluta, el mundo se detiene en la locura de las ausencias, como temía Erasmo.

En esta entrada del nuevo siglo, la lucha entre el dogma y la libertad de pensamiento sigue pendiente. Los temores sobre la verdad absoluta son más modernos que nunca cuando todas las preguntas de la filosofía regresan a buscar el verdadero sentido del humanismo, que es el ser humano, soterrado antes bajo el culto del estado, después bajo el culto del mercado, y ahora, otra vez, amenazado por la resurrección de los proyectos mesiánicos que apartan todo a su paso depredador. Tomismo contra humanismo, ideología contra razón, verdad sabida contra verdad por aprender.  Es lo que afirma mi maestro Mariano Fiallos Gil en su ensayo El humanismo beligerante (1958): “si de acuerdo a Protágoras el hombre es la medida de todas las cosas, eso significa que en todo hombre varía el criterio de la verdad. La verdad que es relativa y variable, según las circunstancias, y el tiempo y el espacio en que se está colocado.”

Hay en la historia, de acuerdo a los momentos dados, verdades insurgentes que se oponen a las verdades establecidas. Es cuando las utopías triunfantes reclaman todas las respuestas y dejan vacías las preguntas, y se impone la razón del ideal, más que el ideal de la razón.  Es lo que ocurre al triunfo de las revoluciones. La polaridad entre la utopía llena de gracia, versus la realidad llena de defectos, elimina la escogencia múltiple; y entonces la verdad insurgente adquiere poder transformador al amparo de la utopía triunfante, y al volverse verdad dominante se convierten en verdad absoluta. El mundo en llamas es una verdad, por sí misma intolerante. Pero de todas maneras, se trata de un fulgor precario. Cuando los fuegos del primer momento de una revolución se apagan, se apaga también el prestigio de la intolerancia, y todo se vuelve luego un juego burocrático en el que los antiguos ardores son sustituidos por los trámites.

En aquel primer momento, la certeza desprecia la duda, que pierde la naturaleza dialéctica de prueba y error que Protágoras le da. La duda es vista entonces no como método de la razón, o sentido de la razón,  sino como vacilación cobarde. Pero sólo ocurre con las revoluciones, no hay otro contexto en que la duda pueda ser abolida. Son fenómenos excepcionales, que se van y no vuelven nunca, o regresan muy de cuando en cuando, con su cauda encendida. Porque las revoluciones no son fenómenos sistemáticos bajo plazos y reglas preestablecidas, montados sobre la regularidad que la democracia acuerda a los procesos electorales, ni tampoco se improvisan en las urnas.

Pero no porque lo sepamos se rompe el molde del dogma. Un dogma vuelve siempre a sustituir a otro. El pensamiento de Fiallos Gil, tan contemporáneo, nos llama siempre a apropiarnos de la libertad crítica, y a rechazar todas las imposiciones que pesan sobre el ser humano, así provengan, dice, de "entidades abstractas, ya se llamen sociedad, estado o clase, y peor aún, sacrificándolo todo a ideas absolutas denominadas la justicia, la verdad, la belleza o el bien". Si no debemos caer bajo la égida de ninguna idea de belleza absoluta, o  idea absoluta de justicia, menos debemos someternos entonces a una idea absoluta de verdad política.

Nadie puede arrogarse la potestad de elaborar un manual de conducta de información desde el poder, ni menos la terrible potestad de separar las aguas del bien y el mal, que corren revueltas en el cauce de la vida. Esa coincidencia concurrente de que habla Cervantes en el Persiles: “parece que el bien y el mal distan tan poco el uno del otro, que son como dos líneas concurrentes, que aunque parten de apartados y diferentes principios, acaban en un punto”.

La única manera en que un ciudadano puede disfrutar del derecho a la información, que es un derecho inalienable suyo, es desde el espacio inviolable de su propia independencia de criterio, y de la independencia de criterio de quien le informa. El estado tiene el derecho de informar a través de sus propios medios, pero dentro de un espacio compartido, y no distorsionado por las imposiciones del poder contra los demás: presiones económicas, control de materias primas e insumos, terrorismo fiscal, discriminación en las asignaciones de la publicidad gubernamental; y peor, a partir de allí, de leyes restrictivas a la libertad de expresión, que pretenden establecer lo que es bueno y conveniente para la sociedad y para el individuo, o lo que no es conveniente para el propio estado. Lo que es contaminado, o lo que es puro.

La libertad de expresión sólo debe depender de las disposiciones constitucionales que la garantizan de manera explícita, y de las leyes ordinarias que regulan los derechos del individuo a su privacidad, integridad y honra.  Y del otro lado, el derecho ciudadano de saber, es también inalienable, y lo es, por tanto, el derecho a la información pública, porque el peor enemigo del estado de derecho es el secreto, cuando todo se trama y se fragua en la oscuridad, de espalda a los ciudadanos, en una permanente conspiración de sombras.

Si la ausencia de leyes reguladoras o restrictivas de la libertad de palabra es lo que define el espacio de independencia frente al poder de los medios de comunicación, y de quienes se expresan a través de ellos, ese espacio de independencia está definido también por el hecho de que los criterios oficiales acerca de la información no se transformen en instrumentos coercitivos, que distorsionen o corrompan la función de los medios y de los periodistas.  Cada gobierno traza sus propias estrategias de comunicación, que pueden funcionar o no, dice el periodista nicaragüense Danilo Aguirre Solís, pero la estrategia comunicativa del gobierno no puede pasar a ser la política informativa de los periodistas.

Porque todo periodismo oficialista, que calla o que miente en nombre del poder, primero que nada está destinado a vegetar en la incuria, lejos de la credibilidad del público que es el que, al fin y al cabo, certifica el alcance y la profundidad de la información. “Que las obligaciones de las recompensas, de los beneficios y mercedes recibidas, son ataduras que no dejan campear el ánimo libre”, dice Don Quijote a Sancho. Y luego, ese periodismo está destinado al olvido. No se crean lectores ni radioescuchas, ni televidentes, afiliándose a los gustos, preferencias, o conveniencias del poder político, de cualquier color ideológico que éste sea.


Sergio Ramírez

(Nicaragua, 1942), Cuenta con una larga trayectoria cultural y política en su país donde ha fundado editoriales, universidades y ha sido Vicepresidente de su país. Algunos de sus libros, son: Charles Atlas también muere (cuentos, 1976), ¿Te dio miedo la sangre? (novela, 1978), finalista del Premio Latinoamericano de Novela Romulo Gallegos; Castigo divino (novela, 1988), Premio Hammett en 1990; Adiós muchachos (memorias, 199); Margarita, está linda la mar (1998) Premio Internacional de novela Alfaguara; Catalina y Catalina (cuentos, 2001); Sombras nada más (novela, 2002); Señor de los tristes (ensayo, 2006); El reino animal (relatos, 2006); Tambor olvidado (2007)

Otra Opinión

Visiones

Por
Uriel
Quesada

Locas criminales

Con el tiempo y la experiencia he desarrollado cierta habilidad para percibir el momento en que asuntos de género se intersecan con formas de poder, especialmente si en ese cruce saltan chispas de discriminación u homofobia.

Palabras de revés

Por
Amir
Valle

Cara a cara con Nuremberg y Ernesto Cardenal

Me mira y me dice que su padre murió creyendo que los tiempos de Hitler fueron mejores. Un disparate, piensa ella, y yo me digo, sin comentárselo, que es mucho más que un disparate, casi como una blasfemia, o un crimen. Su padre, confiesa, es uno de esos muchos alemanes y personas de otras partes del mundo que pretenden desconocer el holocausto nazi.

Sin embargo

Por
Alejandra
Costamagna

Las muertes de Bolaño

La compañía catalana del Teatro Lliure acaba de estrenar en Chile 2666, basada en la monumental novela póstuma de Roberto Bolaño. ¿Qué hacer con las 1125 páginas del libro? ¿Cómo resumir las cientos de microhistorias contenidas en las cinco partes de la novela? ¿Cómo trasmitir la perfección que a ratos alcanzan los fragmentos [...]

Resistencias

Por
Elidio la torre
lagares

Los muertos de Marta

Esta novela celebra la muerte y los muertos —y un cadáver es un cadáver es un cadáver— como una inevitabilidad de la vida. Aquí todo caduca: los sueños, la realidad, el amor, el sexo, la vida y los actos.

Carta desde el norte

Por
Edmundo
Paz Soldán

Clarice Lispector

La filósofa Hélène Cixious intentó capturar la esencia de Lispector a través de comparaciones: "Si Kafka fuera una mujer; si Rilke fuera una escritora brasileña judía nacida en Ucrania; si Rimbaud hubiera sido una madre, y hubiera llegado a cumplir cincuenta años, si Heidegger hubiera sido capaz de dejar de ser alemán… En este ambiente escribe Lispector".

Paperback writer

Por
Ladislao
Aguado

Polvo en el viento

Mi país no existe. Existe, eso sí, una isla llamada Cuba y avecindada en las aguas poco clementes del Mar Caribe. Por lo demás, cualquier trámite no pasa de ser un asunto más entre la geografía y yo.

leche cortá

Por
León
de la Hoz

El mundo de cabeza

Sí, el mundo está de cabeza y en tiempos de crisis —¡santa palabra!— los gobiernos, ya sean de izquierda o derecha, amparan su incapacidad en lo políticamente correcto y demagógico que es "lo social". Sin ir más lejos y salvando las distancias Franco lo hizo en España. En Cuba eso es un dogma y también todo está de cabeza, sólo que desde hace tiempo...

Volver arriba
Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

"Omidiero" (detalle)

Ramón Alejandro

Sumario

Este Lunes

Cien años de soledad cuarenta años después

Roberto González Echevarría

Cuba: la transición o el desastre

Carlos Alberto Montaner

La inconstitucionalidad de la ley cubana de confiscaciones

Héctor Ávalos Sardiñas

De la intolerancia, la chabacanería y el despotismo: Indagación de lo cubano

Narciso Hidalgo

Análisis sobre situaciones y problemáticas en la Cuba de hoy

Félix Sautié Mederos

¿Será pronto el español la segunda lengua oficial de los Estados Unidos?

Leonel Antonio de la Cuesta

Memorias del Desarrollo, de Edmundo Desnoes

Jorge Camacho

Costa Rica existe

Rodrigo Soto

Soñar con tigres. Guillermo Cabrera Infante en la memoria

Luis Agüero

José Lezama Lima y el asombro de lo invisible

Manuel Gayol Mecías

Sobre Miguel Delibes

José Ángel Mañas

El canon digital infama al Estado de Derecho

Víctor Domingo

El nacionalismo también sabe de marketing

Montse Fernández Crespo

El madrugar de otra tele chilena

Julio Suárez Anturi

Tradición y renovación en la narrativa detectivesca infanto juvenil

Joel Franz Rossell

Terapias de un grupo (arte cubano actual)

Omar-Pascual Castillo

Los cambios de pintura de Raúl Castro (Parte I)

León de la Hoz

Otro lunes Conversa

Con Julio Cortázar

Las manos en la máquina de escribir

Con Cundo Bermúdez

El ejercicio de la memoria

Con Jaime Suchlicki

Una transición lenta y difícil

Con Plinio Apuleyo Mendoza

Escribir con sangre de periodista

Con Zoé Valdés

Zoé tal como es

Punto de mira

Las editoriales en el exilio: una balsa de la cultura cubana

Aduana vieja

Betania

Colibrí

La gota de agua

Iduna

Universal

Verbum

Cuarto de visita

La literatura israelí en el siglo veinte

Mois Benarroch

El mar a la hora del eclipse

Novela

Mate Dolenc

Unos escriben

Edmundo Paz Soldán

Otros miran

Ramón Alejandro

Algunos escuchan

La muerte inútil de Jaco Pastorius

Otrolunes presenta a Callemora latin jazz

En la misma orilla

Poemas

JesÚs J. Barquet

Carta abierta a las sombras del pasado

María Elena Cruz Varela

Realidad

Relato

Pablo Díaz EspÍ

Una mariposa

Relato

AndrÉs Neuman

Combinado del Este: Sala de Psiquiatría

Fragmento de novela

Rafael E. Saumell

Los óctuples de Fundora

Relato

Rolando Morelli

Poemas inéditos

Félix Luis Viera

La Canopea del Louvre

Introducción

Hundimiento de la isla

William Navarrete

La agonía de la existencia

Regina Ávila

Guaria

Rodrigo Soto

Recycle

La trompeta de Deyá

Mario Vargas Llosa

Allen Ginsberg en la Habana

José Mario Rodríguez

De lunes a lunes

Biblioteca de Otro lunes

Carta abierta a los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos por las víctimas del huracán Gustav

Librario

Después de la gaviota

José Lorenzo Fuentes

La viajera

Karla Suárez

Paisaje de arcilla

Alejandro Aguilar

Contar es un placer

Emmanuel Tornes Reyes (compilador)

Cuba y Martí en el ojo del huracán

Pedro Ramón

Skype MeT!
Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 644 469 467. info@otrolunes.com