

Como cada año la Semana Negra de Gijón, el más importante de los eventos del género negro en lengua española, ha concedido sus premios a las mejores obras publicadas durante el año 2008.
El Premio Dashiell Hammett a la mejor novela negra de ficción ha recaído en el español David Torres, por Niños de Tiza, y en el argentino Guillermo Saccomano, por 77. Otorgado por la Asociación Internacional de Escritores Policíacos, el jurado aseguró que ambas novelas eran merecedoras del galardón:
David Torres afirmó que la suya es una novela negra “atípica”: “Intenté rescatar la vida de un barrio de la periferia de Madrid durante la Transición”. Mientras, Guillermo Saccomano ambientó su texto durante los años más difíciles de la reciente historia argentina: la dictadura de Rafael Videla. 77 narra la historia de un profesor homosexual de literatura y denuncia la complicidad de partidos políticos y empresarios con el régimen dictatorial.
El Premio Rodolfo Walsh a la mejor novela de no ficción se lo ha llevado Carles Quilez con Mala Vida. Quilez ha querido realizar “un pequeño homenaje al periodismo de investigación” que, al fin y al cabo, es una de las fuentes de inspiración más importantes para la literatura negra. Precisamente el autor ha recurrido a crímenes y delincuentes que investigó durante su faceta como periodista.
En la categoría de mejor novela histórica, Javier Negrete ha recibido el Premio Espartaco con Salamina, una narración sobre la guerra entre persas y atenienses. Durante la Semana Negra del pasado año Negrete obtuvo el Premio Celsius.
El Celsius 232 del 2009 lleva el nombre de Ismael Martínez Biurrum con Rojo alma, negro sombra, un relato fantástico ambientado en el Madrid actual en el que tres personajes quedan enlazados por un crimen del pasado.
El Memorial Silverio Cañada, a la primera mejor novela negra, se ha otorgado ex-aequo a Willy Uribe con Sé que mi padre decía y al mexicano Rogelio Gedea con Conduciendo un trailer.
Por último, el XXIIconcurso Internacional de Relatos Semana Negra-Ateneo Obrero ha premiado al cubano Rodolfo Pérez Valero por el relato “Dioses y orishas”.