


Leer la novela de Esther Andradi Berlín es un cuento (2007: Alción Editora, Argentina) es recorrer la historia moderna de una ciudad como Berlín, pero no la historia oficial o marginal, la historia del centro o de la periferia, pero sí la historia de una Novelista o de una incipiente escritora, Bety, que se ha propuesto escribir una novela porque tiene la certeza de poder contar una historia, es decir, el cuento – que es terreno de la fábula – se convierte en historia de unos personajes que viven "en" y "fuera" de la historia de una ciudad que está a punto de abrir un nuevo capítulo histórico: la caída del muro de Berlín. La voz narradora en la novela, que se descubre con y a través de Bety, una argentina que llega a Berlín enamorada de Jan, un alemán que había conocido en Perú, se pregunta ¿Desde dónde contaría ella la historia?
Solo esta pregunta sobre el lugar de la enunciación proyecta, entonces, la conquista del lugar propio en un mundo que está cambiando vertiginosamente. Pero no es un lugar único, centralizado, pues la Novelista nos revela múltiples lugares, fragmentados, no solo espaciales, sino también humanos que se entrecruzan en su memoria de exilio, de destierro (por haber llegado primeramente al Perú por la dictadura militar): Argentina, Perú, Berlín. Lugares que, como dice la Novelista, están vinculados por un corredor invisible que conecta esa aparente caos de situaciones, diálogos y personajes que aparecen y desaparecen. El amor de Bety hacia Jan, un amor que no termina realizándose, es la ventana por la cual descubrimos también el Berlín de los años ochenta, exactamente el Berlín Occidental, la ciudad dividida en varias zonas de ocupación (francesa, norteamericana, inglesa), la ciudad "rebelde", "inconformista", "alternativa", "caótica", donde los jóvenes alemanes se refugiaban para escapar del servicio militar/civil alemán y llevar una vida más allá del provincialismo alemán . Efectivamente, paradoja de la historia, precisamente la ocupación de los países occidentales que se criticaban por ser pretendidamente libres y democráticos sobre Berlín Occidental, una ciudad especializada en vivir del subsidio estatal, permitía a esta juventud soñar su utopía rebelde, ser anarquistas y revolucionarios. Además, por la perfecta lucidez de la Novelista, respiramos también la atmósfera asfixiante y estrecha de una generación que había creído descubrir en la comunidad de vivienda un estilo de vida que no fuera convencional. Porque si de convencionalismos se trata, la novela Berlín es un cuento no pierde esfuerzos para revelar el convencionalismo mochilero de esa generación de europeos jóvenes que veían en América Latina el terreno propio para cumplir sus pequeños sueños de rebeldía con unos personajes que, como Jan, era hasta incapaz de parar la olla, aparte de que para el amor era un verdadero mutilado de primera categoría, de Sigrid, la enfermera, que había disfrutado tener éxito en los mercados populares de Lima y hasta de Charlie que, a pesar de su capacidad solidaria infinita, se había abandonado a las caricias de una mujer thailandesa que apenas podía hablar el alemán, es decir, condenada al autoritarismo conyugal y patriarcal.
A diferencia de la generación del sesenta y ocho que había creído que con tan solo decir al poder hay que destruirlo, el poderse desmoronaría frente a sus pies, y de esta generación de alternativos, de caóticos y de muchachas tejiendo que se alimentaban a punta de comida de pájaros – cereales y productos biológicos – por creer que lo recién era más saludable y original, la voz de la Novelista no imprime ningún programa, un proyecto, aparte de escribir una novela, que es la voz de un momento histórico acercándose a su final. Tras la caída del muro de Berlín, la Novelista en el último capítulo cierra los ojos y se acuerda para entregarnos una novela propia, contada desde el lugar de la memoria narradora, único lugar dónde ella podría contar la historia que cruza países y continentes.
(Ciudad de Panamá, 1961) Es licenciado en Sociología por la Universidad de Panamá y doctor en Sociología y Filosofía por la Universidad Libre de Berlín. Ha sido docente de sociología y culturas latinoamericanas en la Universidad de Panamá, en la Universidad Libre de Berlín, la Universidad de Potsdam y, actualmente, labora en la Universidad Europea de Viadrina Frankfurt/Oder. Ha sido becario del DAAD (Asociación Alemana de Intercambio Académico), del Senacyt (Senado Nacional de Ciencia e Investigación). Es investigador asociado del CELA (Centro de Estudios latinoamericanos Justo Arosemena), Panamá, y es miembro del consejo científico de la Revista Intercambio del CIICLA (Centro de Investigación en Identidad y Culturas Latinoamericanas), Costa Rica. Pertenece al grupo literario panameño Letras de Fuego. Con su trabajo de doctorado Los dioses del Caribe abandonan el museo (Panamá: 1997) estudió comparativamente la literatura cubana y haitiana entre los años veinte y treinta del siglo XX. Aparte de sus ensayos académicos, sus obras literarias incluyen poesía con Matamoscas (Berlín: 1997) y las novelas Recuerdo Panamá (Madrid: 1998, Panamá: 2005), Sueño Americano (Barcelona: 1999) y ¿De qué mundo vienes? (Panamá, 2009). Cuentos suyos han sido incluídos en antologías y traducidos en Panamá, Berlín, Buenos Aires y Londres. Obtuvo el Premio Ricardo Miró en la sección ensayo (2007) con la obra Filosofía de la Nación Romántica (1930-1960). Reside en Berlín.