OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Agosto 2009. Antilde;o tres. Número nueve

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Datos de la revista, agosto 2009, año 3, número 09
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Cuba per se. Cartas de la diáspora

La isla y su cultura observada desde el exilio

 

 

OtroLunes se siente en la obligación de dedicar un espacio especial a este libro. Cuba per se. Cartas de la diáspora, compilación de entrevistas realizada por el periodista cubano Armando Chávez Rivera, publicada por Ediciones Universal este 2009, es uno de esos libros que resultan, indudablemente, imprescindibles, para cualquier estudio sobre la cultura cubana pensada y escrita desde la diáspora.

Cincuenta escritores son entrevistados y el lector tiene 50 mundos bien distintos, confluyendo y gravitando, alejándose y confluyendo, negando y (otra vez) confluyendo con todas esas resonancias que conforman la Cultura Cubana, escrita así, con iniciales mayúsculas.

Cincuenta escritores que, como asegura Armando Chávez Rivera en el prólogo, “rememoran y se apropian del término que juzgan más preciso, desde exiliado, transterrado y expatriado hasta emi­grado o nómada. Se internan todos en una evocación acaso semejante al tiempo. Se remontan a los días de infancia y de adolescencia, las primeras publicaciones, el entramado social, institucional y político de la Isla, y la posterior salida del país en momentos diferentes desde 1959, durante medio siglo. Describen ía Cuba que conocieron, así como sus vivencias en los Estados Unidos, Europa o América Latina. Refieren bene­ficios y contratiempos de marcharse, y de qué manera han continuado trabajando en otro contexto cultural como narra­dores, poetas, ensayistas, dramaturgos, editores y fundadores de revistas y editoriales. Desde esas particulares perspectivas, descubren decisiones, inquietudes y arraigos”.

Estamos convencidos de no estar equivocados si decimos que Cuba per se. Cartas de la diáspora es un libro que debe estar en todas las bibliotecas de quienes se precien de querer saber, entender o estudiar un fenómeno tan complejo.

OtroLunes, a manera de promoción de este libro, ofrece aquí un breve muestrario de las respuestas que dieran diez escritores cubanos a una pregunta que, muchas veces, a lo largo de años, sigue haciéndose, tal vez por lo imprescindible que resulta encontrar (y aplicar de una buena vez) una respuesta.

 

Diversos intelectuales opinan que la cultura cubana es una sola, generada por quienes están dentro o fuera de la Isla. ¿Cuál es su opinión al respecto? Si usted considera que es una sola, ¿en qué aspectos opina que se establece esa unidad y sus diferencias?

Uva de Aragón: Siempre he sostenido que la literatura cubana es una, inde­pendientemente del lugar de residencia de sus escritores. ¿Es que debemos situar a José Martí, por ejemplo, en otra categoría que a Julián del Casal? ¿Es que tiene un valor distinto la obra de Jesús Castellanos, escrita en Cuba, que la de Alfonso Hernández-Cata, diplomático que residió casi toda su vida fuera de la Isla? ¿Podemos dividir en dos la obra de Alejo Carpentier, Guillermo Cabrera Infante y Reinaldo Arenas, de acuerdo con las escritas en Cuba y las que produjeron en el extranjero? Las diferencias y similitudes es algo que habrá que estudiar con la objetividad que trae el paso del tiempo.

 

Manuel Díaz Martínez: La cultura cubana es lo que es dondequiera que se genere. Martí escribió el grueso de su obra en el extranjero, y ya me dirán a qué cultura pertenece esa obra. La cultura no tiene que ver con los puestos fronterizos, sino con la nación.

 

Carlos Espinosa Domínguez: Hay, por supuesto, un tronco común del cual ambas son ramas. Pese a responder a una diáspora extremadamente heterogé­nea, mantiene su unidad en relación con la literatura que se escri­bió y se escribe en la Isla, como si quisiera reafirmar la condición insular y de archipiélago del país. Posee con respecto a aquélla una organicidad, una voluntad de integración, una memoria, una conti­nuidad posible. Y a su vez, presenta, en conjunto, algunos puntos comunes que la singularizan: un rechazo al exceso ideológico, una nostalgia más o menos encubierta, una firme resistencia a la asimi­lación o la amnesia. Un día que parece ya cercano una y otra se han de incorporar, en una tarea de reconstrucción nacional dentro de una tarea mucho mayor. No bastará entonces con corregir los manuales e historias de la literatura: habrá que reescribirlos por completo. Tampoco será una suma mecánica, sino una convergen­cia vital de esas dos fuerzas. El cotejo de ambas dará lugar a expre­siones complementarias de las que, a su vez, saldrá la imagen real de nuestro paisaje literario.

 

Abilio Estévez: Decir que la cultura cubana es una sola, escriba donde se es­criba, me parece obvio y afirmarlo me hace sentir tan ingenuo como ruborizado. Recuerdo la frase de Gastón Baquero: "la geografía múltiple de la Isla". También recuerdo un hermoso título (y no sólo un título) de Antonio José Ponte: Cuentos de todas partes del impe­rio. Cuba ha dejado de ser una isla, o un archipiélago (para hablar con propiedad). Cuba es acaso una de esas islas encantadas de las que hablaba Hermán Melville. Es un designio, una sensibilidad, una aspiración siempre insatisfecha, y quizás, aunque esto suene tre­mendo, un destino, un raro destino. ¿Qué más da si el escritor cuba­no escribe en Manhattan, en México o en Myanmar (¿habrá algún escritor cubano en Myanmar?), si está apegado, un poco por volun­tad propia y otro poco porque es inevitable, a una tradición? Fran­cisco Moran, por poner un ejemplo, es uno de los escritores que con mayor pasión y obstinación (una obstinación que, hasta donde sé, ya lleva treinta y seis años) se ha acercado a la figura de Casal. ¿Qué importa que viva en Dallas, Texas? Entiendo que es ese par­ticipar de una tradición lo que establece la unidad. Y las diferen­cias estarán dadas, supongo, no tanto por el hecho de vivir en uno u otro lugar como por la sensibilidad de cada quien y la relación que establezca, por obligación o por querencia, con esa tradición.

 

José Kozer: En efecto, considero que la cultura cubana es una sola, sólo que no es unívoca ni excluyente. Lo que hay que mirar más allá de una unidad (concepto que puede peligrosamente acabar en una abs­tracción retórica) es la diversidad ingente que desemboca en uni­dad. Es decir, las contribuciones de todos los intelectuales cubanos a la impresión abarcadura de unidad. Por poner un ejemplo extre­mo, esa cultura unitaria participa a la vez de la voz de Nicolás Gui­llen y de la voz de Lezama: dos poetas que apenas tienen algo en común y que sin embargo ayudan, desde sus individualidades creadoras, desde sus radicales escrituras, a conformar la unidad de la cultura cubana.

 

Eduardo Manet: Indiqué lo de la "francofonía" a propósito. Y es el mismo problema que tenemos con la noción de comunidad. Creo que si se escribe en español sea fuera o dentro, se trata de una misma litera­tura.

Señalo un caso extraño y, en cierta medida, divertido: hay un José María Heredia, poeta en español venerado aún en Cuba; y está su primo, José María de Heredia, con plaza en París con su nom­bre, poeta en francés e ignorado en Cuba. Extraño. La inspiración del Heredia de París podía ser cubana. Es mi caso, escritor francés que escribe sobre Cuba. Esa es la diferencia.

De lo contrarío: son las diferencias de personalidades, de es­tilo. Nada más lejos de Alejo Carpentier que Cabrera Infante, nada más lejos de Leonardo Padura que Zoé Valdés, Et alors? Cuando se hacen páginas sobre la literatura cubana, se les pone juntos.

 

Pío Serrano: Insisto. Creo que la cultura cubana es una sola, escríbase en Cuba o en las múltiples islas que habitan los cubanos por el mun­do. Por otra parte, esta es una tradición nuestra. Todavía hay quien pierde el tiempo discutiendo si Gertrudis Gómez de Avellaneda es cubana o española. Piénsese en la condesa de Merlín, Cirilo Villa-verde, el propio José Martí; o más cercanamente, en Alejo Carpen-tier o en Alfonso Hernández-Cata, quienes escribieron la mayor parte de su obra fuera de Cuba. Esa exterioridad, esa capacidad de alzarse lo cubano en la distancia es una característica muy propia del cubano. ¿Dónde hay una esencia más cubana, en el Martí de Nueva York que sueña su tierra lejana o en el Julián del Casal habanero que sueña el paisaje ajeno y distante?

 

Nivaria Tejera: ¿A qué se llama cultura cubana? A no ser que sea a los deri­vados del clima y herencias afroespañolas que desembocan en un folclore más o menos rico e interesante para la distracción del inte­lecto. La cultura cubana es una sola si se la cultiva de manera ombliguística, en cuyo caso la unidad o diferencias dependen de la mayor o menor capacidad de quienes la abordan, de sus interpreta­ciones, pero estimo que esa cultura se enriquece si aglutina los componentes de las otras culturas que animan y representan el universo al que pertenecemos por entero. Me atrevo a asegurar que José Martí y José María Heredia fueron cubanos porque su acto y modo de escribir los distinguieron más que por su nacimiento en el país. Pienso que cada uno de nosotros posee combinaciones parti­culares de escasas afinidades con otros seres, acaso con ninguno, y es ese yo el que hay que cuidar, ese microbio que no para de ten­tarnos, que se reproduce como los hongos, que no muere sin antes consumimos. Esa batalla ya la empecé en la Isla rechazando tanta melosidad nacional (que ahora sublima cierta literatura cómoda), llámese ella sol, sudor erótico, arroz con frijoles o jineteras caderas en tic-tac: esas trasnochadas caricaturas promo-turísticas que pro­clama el régimen para enmascararse y sobrevivir. ¿Por qué noso­tros, con la indolencia narcisista en la que a veces nos mecemos, pretendemos asimilarnos a esa única Historia? Creo que es en re­chazo a ese yo único que el escritor evoluciona. Y ese rechazo constituye su real exilio.

 

Carlos Victoria: Creo que sólo hay buena literatura cubana y mala literatura cubana. Esa es la unidad y esa es la diferencia.

 

Zoé Valdés: La cultura cubana es diversa, decir que es una sola es empo­brecerla. Existe una cultura de adentro y otra del exilio. La de adentro tiene que soportar la censura y la autocensura, y la del exi­lio generalmente no. Por eso me interesa más la del exilio, en arte, me refiero siempre al arte. Hay esa cultura cubana tradicional de la comida, de las costumbres, de la vida en toda su plenitud, salvada por el exilio. Y hay la infracultura de la pobreza, del discurso cas­uista, de las consignas y de la represión. Es también una forma nueva de vida o de subvida creada por el castrismo. A eso no le llamo yo cultura.

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Sumario

Este Lunes

El revolucionario del siglo XXI

Jorge Eduardo Benavides

El cine cubano sale de viaje

Alfredo Antonio Fernández

El tango y Gardel en la obra de Gabriel García Márquez

Luciano Londoño

La imago

Manuel Gayol Mecías

La palabra del silencio. Notas sobre la escritura de los límites

Arturo González Dorado

«Mariconerías» de Estado: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana

Frances Negrón-Muntaner

Gastón Baquero: un recuerdo familiar

Remigio Ricardo Pavón

1967 y la infancia peligrosa

Patricia Suárez

Unos escriben

Sergio Ramírez

Otros miran

Daniel Mordzinski

OtroLunes conversa

con Antonio Álvarez Gil

“No escribo contra nada ni contra nadie”

con Jorge Majfud

“Calataid es el ejemplo descarnado del patriotismo…”

con Mariela Varona

“Soy una mujer que no acepta la realidad”

con Javier Sáez de Ibarra

“No sé si tengo un estilo, pero sí una intención”

con Ramón Cote Baraibar

“La memoria es como otro brazo, como otra pierna”

con Jon Lee Anderson

“No quiero, simplemente informar y/o entretener...”

con Ana María Shua y Teresa Andruetto

Escribir para comprender

Punto de mira

Cuba per se. Cartas de la diáspora

La isla y su cultura observada desde el exilio

Botón de muestra

Abilio Estévez, Carlos Victoria, Carlos Espinosa Domínguez, José Kozer, Eduardo Manet, Manuel Díaz Martínez, Nivaria Tejera, Pío Serrano, Uva De Aragón y Zoé Valdés

Cuarto de visita

Con la escritora hindú Sujata Bhatt

En la misma orilla

Hombre de negro

Carlos Manuel Torres Guerrero

El muchacho inglés

José Luis Muñoz

Brindis (Fragmento)

León Viera

Expreso Habana-Amstelven

Yoss

La marmita, de Poesía

La marmita. De poesía y poetas

Alberto García-Teresa

Poemas

Antonio Martínez I Ferrer

Poemas

Juana Vázquez Marín

Tres poemas inéditos

Dolan Mor

Kora, de Rogelio Guedea (reseña)

Ernesto García López

Noches de blanco papel, de Roger Wolfe (reseña)

Arturo Parrondo

De tu olor y mis miedos, de Mara Romero (reseña)

Alberto García-Teresa

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

Guillermo Cabrera Infante. Un clásico de la literatura hispanoamericana

Rita Indiana Hernández y la alucinación de la modernidad

Roberto Fernández Retamar y su Caliban

Espido Freire y la rebeldía contra el silencio

Recycle

Cartas de Mijail Bulgakov a I. V Stalin

La generación extraviada

Ángel Santiesteban

De lunes a lunes

Premios de la XXII Semana Negra de Gijón, 2009

Premio Novelpol al prolífico escritor argentino Carlos Salem

La Academia Norteamericana de la Lengua España convoca al Premio 2010 de Novela

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Berlín es un cuento

Esther Andradi

El vendedor de pasados

José Eduardo Agualusa

Mirar el agua

Javier Sáez de Ibarra

Espejo de tres cuerpos

Odette Alonso Yodú

El canalla sentimental

Jaime Bayly

Heinz Luning and Nazi Espionage in Latin America: Hitler’s Man in Havana

Thomas D. Schoonover

Poeficcionario. Antología

Edgar Allan Poe

Elementos de Teoría Constitucional. Una propuesta para Cuba

Ricardo Manuel Rojas

Cristo del alma

Alfredo Pérez Alencar

Stradivarius Rex

Román Piña

El jardín de ajenjo

Francisco Balbuena

Ensayos

Natalia Ginzburg

Qué bueno baila usted

Faisel Iglesias

Ojos de agua

Domingo Villar

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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