

OtroLunes se siente en la obligación de dedicar un espacio especial a este libro. Cuba per se. Cartas de la diáspora, compilación de entrevistas realizada por el periodista cubano Armando Chávez Rivera, publicada por Ediciones Universal este 2009, es uno de esos libros que resultan, indudablemente, imprescindibles, para cualquier estudio sobre la cultura cubana pensada y escrita desde la diáspora.
Cincuenta escritores son entrevistados y el lector tiene 50 mundos bien distintos, confluyendo y gravitando, alejándose y confluyendo, negando y (otra vez) confluyendo con todas esas resonancias que conforman la Cultura Cubana, escrita así, con iniciales mayúsculas.
Cincuenta escritores que, como asegura Armando Chávez Rivera en el prólogo, “rememoran y se apropian del término que juzgan más preciso, desde exiliado, transterrado y expatriado hasta emigrado o nómada. Se internan todos en una evocación acaso semejante al tiempo. Se remontan a los días de infancia y de adolescencia, las primeras publicaciones, el entramado social, institucional y político de la Isla, y la posterior salida del país en momentos diferentes desde 1959, durante medio siglo. Describen ía Cuba que conocieron, así como sus vivencias en los Estados Unidos, Europa o América Latina. Refieren beneficios y contratiempos de marcharse, y de qué manera han continuado trabajando en otro contexto cultural como narradores, poetas, ensayistas, dramaturgos, editores y fundadores de revistas y editoriales. Desde esas particulares perspectivas, descubren decisiones, inquietudes y arraigos”.
Estamos convencidos de no estar equivocados si decimos que Cuba per se. Cartas de la diáspora es un libro que debe estar en todas las bibliotecas de quienes se precien de querer saber, entender o estudiar un fenómeno tan complejo.
OtroLunes, a manera de promoción de este libro, ofrece aquí un breve muestrario de las respuestas que dieran diez escritores cubanos a una pregunta que, muchas veces, a lo largo de años, sigue haciéndose, tal vez por lo imprescindible que resulta encontrar (y aplicar de una buena vez) una respuesta.
Diversos intelectuales opinan que la cultura cubana es una sola, generada por quienes están dentro o fuera de la Isla. ¿Cuál es su opinión al respecto? Si usted considera que es una sola, ¿en qué aspectos opina que se establece esa unidad y sus diferencias?
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Uva de Aragón: Siempre he sostenido que la literatura cubana es una, independientemente del lugar de residencia de sus escritores. ¿Es que debemos situar a José Martí, por ejemplo, en otra categoría que a Julián del Casal? ¿Es que tiene un valor distinto la obra de Jesús Castellanos, escrita en Cuba, que la de Alfonso Hernández-Cata, diplomático que residió casi toda su vida fuera de la Isla? ¿Podemos dividir en dos la obra de Alejo Carpentier, Guillermo Cabrera Infante y Reinaldo Arenas, de acuerdo con las escritas en Cuba y las que produjeron en el extranjero? Las diferencias y similitudes es algo que habrá que estudiar con la objetividad que trae el paso del tiempo.
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Manuel Díaz Martínez: La cultura cubana es lo que es dondequiera que se genere. Martí escribió el grueso de su obra en el extranjero, y ya me dirán a qué cultura pertenece esa obra. La cultura no tiene que ver con los puestos fronterizos, sino con la nación.
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Carlos Espinosa Domínguez: Hay, por supuesto, un tronco común del cual ambas son ramas. Pese a responder a una diáspora extremadamente heterogénea, mantiene su unidad en relación con la literatura que se escribió y se escribe en la Isla, como si quisiera reafirmar la condición insular y de archipiélago del país. Posee con respecto a aquélla una organicidad, una voluntad de integración, una memoria, una continuidad posible. Y a su vez, presenta, en conjunto, algunos puntos comunes que la singularizan: un rechazo al exceso ideológico, una nostalgia más o menos encubierta, una firme resistencia a la asimilación o la amnesia. Un día que parece ya cercano una y otra se han de incorporar, en una tarea de reconstrucción nacional dentro de una tarea mucho mayor. No bastará entonces con corregir los manuales e historias de la literatura: habrá que reescribirlos por completo. Tampoco será una suma mecánica, sino una convergencia vital de esas dos fuerzas. El cotejo de ambas dará lugar a expresiones complementarias de las que, a su vez, saldrá la imagen real de nuestro paisaje literario.
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Abilio Estévez: Decir que la cultura cubana es una sola, escriba donde se escriba, me parece obvio y afirmarlo me hace sentir tan ingenuo como ruborizado. Recuerdo la frase de Gastón Baquero: "la geografía múltiple de la Isla". También recuerdo un hermoso título (y no sólo un título) de Antonio José Ponte: Cuentos de todas partes del imperio. Cuba ha dejado de ser una isla, o un archipiélago (para hablar con propiedad). Cuba es acaso una de esas islas encantadas de las que hablaba Hermán Melville. Es un designio, una sensibilidad, una aspiración siempre insatisfecha, y quizás, aunque esto suene tremendo, un destino, un raro destino. ¿Qué más da si el escritor cubano escribe en Manhattan, en México o en Myanmar (¿habrá algún escritor cubano en Myanmar?), si está apegado, un poco por voluntad propia y otro poco porque es inevitable, a una tradición? Francisco Moran, por poner un ejemplo, es uno de los escritores que con mayor pasión y obstinación (una obstinación que, hasta donde sé, ya lleva treinta y seis años) se ha acercado a la figura de Casal. ¿Qué importa que viva en Dallas, Texas? Entiendo que es ese participar de una tradición lo que establece la unidad. Y las diferencias estarán dadas, supongo, no tanto por el hecho de vivir en uno u otro lugar como por la sensibilidad de cada quien y la relación que establezca, por obligación o por querencia, con esa tradición.
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José Kozer: En efecto, considero que la cultura cubana es una sola, sólo que no es unívoca ni excluyente. Lo que hay que mirar más allá de una unidad (concepto que puede peligrosamente acabar en una abstracción retórica) es la diversidad ingente que desemboca en unidad. Es decir, las contribuciones de todos los intelectuales cubanos a la impresión abarcadura de unidad. Por poner un ejemplo extremo, esa cultura unitaria participa a la vez de la voz de Nicolás Guillen y de la voz de Lezama: dos poetas que apenas tienen algo en común y que sin embargo ayudan, desde sus individualidades creadoras, desde sus radicales escrituras, a conformar la unidad de la cultura cubana.
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Eduardo Manet: Indiqué lo de la "francofonía" a propósito. Y es el mismo problema que tenemos con la noción de comunidad. Creo que si se escribe en español sea fuera o dentro, se trata de una misma literatura.
Señalo un caso extraño y, en cierta medida, divertido: hay un José María Heredia, poeta en español venerado aún en Cuba; y está su primo, José María de Heredia, con plaza en París con su nombre, poeta en francés e ignorado en Cuba. Extraño. La inspiración del Heredia de París podía ser cubana. Es mi caso, escritor francés que escribe sobre Cuba. Esa es la diferencia.
De lo contrarío: son las diferencias de personalidades, de estilo. Nada más lejos de Alejo Carpentier que Cabrera Infante, nada más lejos de Leonardo Padura que Zoé Valdés, Et alors? Cuando se hacen páginas sobre la literatura cubana, se les pone juntos.
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Pío Serrano: Insisto. Creo que la cultura cubana es una sola, escríbase en Cuba o en las múltiples islas que habitan los cubanos por el mundo. Por otra parte, esta es una tradición nuestra. Todavía hay quien pierde el tiempo discutiendo si Gertrudis Gómez de Avellaneda es cubana o española. Piénsese en la condesa de Merlín, Cirilo Villa-verde, el propio José Martí; o más cercanamente, en Alejo Carpen-tier o en Alfonso Hernández-Cata, quienes escribieron la mayor parte de su obra fuera de Cuba. Esa exterioridad, esa capacidad de alzarse lo cubano en la distancia es una característica muy propia del cubano. ¿Dónde hay una esencia más cubana, en el Martí de Nueva York que sueña su tierra lejana o en el Julián del Casal habanero que sueña el paisaje ajeno y distante?
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Nivaria Tejera: ¿A qué se llama cultura cubana? A no ser que sea a los derivados del clima y herencias afroespañolas que desembocan en un folclore más o menos rico e interesante para la distracción del intelecto. La cultura cubana es una sola si se la cultiva de manera ombliguística, en cuyo caso la unidad o diferencias dependen de la mayor o menor capacidad de quienes la abordan, de sus interpretaciones, pero estimo que esa cultura se enriquece si aglutina los componentes de las otras culturas que animan y representan el universo al que pertenecemos por entero. Me atrevo a asegurar que José Martí y José María Heredia fueron cubanos porque su acto y modo de escribir los distinguieron más que por su nacimiento en el país. Pienso que cada uno de nosotros posee combinaciones particulares de escasas afinidades con otros seres, acaso con ninguno, y es ese yo el que hay que cuidar, ese microbio que no para de tentarnos, que se reproduce como los hongos, que no muere sin antes consumimos. Esa batalla ya la empecé en la Isla rechazando tanta melosidad nacional (que ahora sublima cierta literatura cómoda), llámese ella sol, sudor erótico, arroz con frijoles o jineteras caderas en tic-tac: esas trasnochadas caricaturas promo-turísticas que proclama el régimen para enmascararse y sobrevivir. ¿Por qué nosotros, con la indolencia narcisista en la que a veces nos mecemos, pretendemos asimilarnos a esa única Historia? Creo que es en rechazo a ese yo único que el escritor evoluciona. Y ese rechazo constituye su real exilio.
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Carlos Victoria: Creo que sólo hay buena literatura cubana y mala literatura cubana. Esa es la unidad y esa es la diferencia.
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Zoé Valdés: La cultura cubana es diversa, decir que es una sola es empobrecerla. Existe una cultura de adentro y otra del exilio. La de adentro tiene que soportar la censura y la autocensura, y la del exilio generalmente no. Por eso me interesa más la del exilio, en arte, me refiero siempre al arte. Hay esa cultura cubana tradicional de la comida, de las costumbres, de la vida en toda su plenitud, salvada por el exilio. Y hay la infracultura de la pobreza, del discurso casuista, de las consignas y de la represión. Es también una forma nueva de vida o de subvida creada por el castrismo. A eso no le llamo yo cultura.