OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Agosto 2009. Antilde;o tres. Número nueve

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Datos de la revista, agosto 2009, año 3, número 09
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Gastón Baquero: un recuerdo familiar

 

Regimio Ricardo Pavón

El lenguaje otorga el ser a las cosas dice Heidegger. Y el lenguaje que se vuelve a sí mismo para abrirse al límite donde ya no hay nada por decir, es la palabra, la escritura del silencio. ¿Pero qué queda por decir más allá del lenguaje, cuál palabra atraviesa el silencio para soportar el habla posible?

Considerado entre los más importantes poetas de habla hispana del siglo XX, Gastón Baquero (Banes, 4 de mayo de 1914 – Madrid, 15 de mayo de 1997) es el creador de una obra lírica de grandes valores pero poco difundida, entre las que se pueden mencionar: Poemas (1942); Saúl sobre su espada (1942); Memorial de un testigo(1966); Magias e invenciones (1984) y Poemas invisibles (1991). Alejado de los sucesos literarios, Baquero se convirtió para las nuevas generaciones en una especie de sacerdote del rito sagrado de la poesía.

Había sido candidato al Premio Cervantes, finalista del Premio Príncipe de Asturias de las Letras y del Gran Premio Reina Sofía que anualmente concede el Patrimonio Nacional de España en la Universidad de Salamanca.

Desde su temprana adolescencia en su pueblo natal, dio muestras de una vocación irreductible, en una entrevista relató: “No guardo memoria de cuando comencé a escribir, en secreto, naturalmente, enseñándole únicamente a la tía de los poemas aquellas cositas. Tendría once o doce años – antes de ir para la capital – cuando mi confidente y quía me dijo: “Vamos a copiar eso en la libreta grande, porque me ha gustado mucho. Léemelo despacio”. Y desarrugando un pequeño papel que estrujaba entre las manos, muy avergonzado y titubeante, leí para ella lo que había escrito sin saber bien por qué”.1

En otra, ha referido su “instintiva tendencia” a transformar la realidad: “Pasaba un río por el centro del pueblo. Era un río con la menor cantidad posible de río que se haya visto, pero hablábamos de él como de alguien que de tiempo podía dar la sorpresa de convertirse en caudaloso y peligrosísimo. La verdad es que queríamos los muchachos tener un río importante y magnificábamos aquel hilillo de agua verdosa”.2

Una noche soñó que en aquel río de leyenda (el río Banes), se había ahogado la niña más bonita del pueblo, esa vivencia onírica se tradujo en Elegía (o Niña Muerta).

El entorno familiar también fue decisivo en la formación del poeta: “En mi casa se leía mucho. Recuerdo que había un libro que rodaba por aquí y por allá, y los muchachos lo cogíamos para divertirnos con las cosas que decía. Ese libro era Don Quijote. Así que yo leí El Quijote, digamos, en vivo. Lo leía para divertirme: mira a Sancho lo que dice. Sancho se hizo para mí un amigo personal, un juguete, un compañero, lo cual creo es el mejor destino para un libro, convertirse para los niños en un amigo”.3

Entre esos muchachos, que compartieron su infancia y primera juventud, estaba Ebert José Baudín Vázquez (Banes, 21 de abril de 1915 – 17 de noviembre de 1994), hermano menor de Fredesvinda, madre de los mellizos Ida y Gastón. De modo que aquel tío, casi un año menor que sus sobrinos, compartió las primeras experiencias vitales en el humilde hogar.

Muchos años después, en ese mismo lugar, este hombre sitiado por la muerte, con dificultades para expresarse con la acostumbrada elocuencia, disfrutó el ejercicio de la memoria:

– “Te voy a decir una cosa de Gastón que tal vez muy pocos conozcan” – me dijo.

– Es una curiosidad, ¿a que no te imaginas cuál es el dulce que más le gusta a Gastón? – Pues, el turrón de coco, ese dulce casero, tan sencillo, casi vulgar en el que uno nunca repara – Cuando yo lo visitaba a él y a mi hermana, en La Habana, siempre le llevaba, porque me lo pedía. El turrón de coco es su dulce preferido”.

Pero este no sería el único secreto o dato curioso que Baudín relatara sobre el gran poeta cubano.

“Gastón nació en esta casa de la calle 3a Norte, número 38, que hoy se llama Presidente Zayas y tiene el número 1110. El padre se llamaba José María Baquero Prieto, era de La Habana pero trabajaba en ese entonces de telegrafista en el correo de Banes; fue cuando él y mi hermana Fredesvinda se conocieron y después vino una etapa de noviazgo y se casaron. Ida y Gastón eran mellizos, nacieron el 4 de mayo de 1914, aquí mismo, en ese cuartico que se ve ahí, viejo y destartalado. Hay algo curioso, y es que en este caso tío y sobrinos éramos de la misma edad y nos criamos en la misma casa, compartiendo todos los juegos y aventuras de la infancia. Puedo decirte que entonces fue una relación de hermanos, todavía más cercana afectivamente, por ser mi padre quien se hiciera cargo de la crianza y educación de ellos cuando sobrevino la separación de mi hermana con su padre.

“Así las cosas, cuando ya estuvimos de ir a la escuela aprendimos la “cartilla” (que así se llamaba entonces) con Ana Sánchez, después asistimos a la escuela pública de la calle 6a Norte, allí aprendimos a leer y escribir con Margot Marrero; Gastón también fue alumno de Cachí de la Rosa, que era un maestro de instrucción pública muy bueno. Tengo que decirte que las instituciones de enseñanza de Banes eran excelentes, de un rigor y prestigio tremendos, aún las escuelas públicas.

“Gastón era un discípulo muy apreciado y respetado por sus maestros, en realidad ellos se mostraban muy considerados con él, opino que sería por su inteligencia y aplicación, porque desde esa etapa le gustaba leer mucho, con mucha formalidad; leía El Quijote, Los Miserables, que recuerde ahora, leía libros de poesía que en casa siempre hubo, libros que yo ni los miraba porque en esa edad lo que debía leer eran cuentos infantiles, no esa literatura. Ahora bien, yo, como muchacho de mi edad al fin, no observé, tal vez no tuve ese poder de observación para ver algo excepcional en él, no te puedo decir que diera muestra de esa capacidad y talento que después desarrolló. Nunca lo vi escribiendo poesías o algo así, solo esa avidez por la lectura, eso sí, en cada momento, en cada oportunidad que tenía aprovechaba para leer esos libros fundamentales, y todo lo que se encontrara a su paso. Yo creo que la primera vez que yo vi un ejemplar de El Quijote lo vi en sus manos. En realidad, en esa etapa la lectura no me atraía como después.

“Yo le voy a hablar con franqueza, mi padre, (que de pronto se vio a cargo de dos hijos más, Gastón e Ida), era un hombre pobre, que tenía que trabajar muy duro para mantenernos, y era lógico que no podía, en esa situación, proporcionarnos una instrucción mayor, por eso cuando Gastón era ya un muchachón lo envió a estudiar con el poeta y maestro Luis Augusto Méndez4, para que aprendiera algún oficio que en aquella escuela pública se impartía; a mí me parece que esa enseñanza tan rigurosa y a la vez sensible, fue muy importante para la formación de su carácter y de la vocación que desarrollaría después. Así tuvo que estudiar y trabajar, trabajos de muchacho, sabe: fue repartidor del periódico El Heraldo de Banes, que dirigía Ramiro Sánchez. También fue dependiente en una tienda de un señor llamado Jesús Bayard, donde tenía que irse por ahí, por el campo, de vendedor ambulante de mercancía y retacería; por lo demás, fue un adolescente como otros, participaba en nuestros juegos y travesuras, eso si, aunque no era un muchacho taciturno, si tuvo siempre esa dedicación a la lectura y un carácter muy sensible y voluntarioso. De esa etapa Gastón tiene un recuerdo que lo lleva en su cuerpo: haciendo ejercicios en una anillas de acrobacia que mi hermano Sixto tenía colgadas en un árbol del patio, se cayó y se fracturó los brazos, eso lo recuerdo muy bien.

A propósito, mi hermana le pidió a Sixto que llevara a inscribir al muchacho, eso entonces era así no se inscribían los niños cuando nacían sino después, cuando necesitaban ir a la escuela o lago así; él lo llevó, pero se le ocurrió decir que el lugar de nacimiento era La Habana, eso usted sabe se anota lo que diga la persona y no se comprueba nunca, ni a nadie le interesa, hasta que suceden cosas así, entonces quedó como nacido en La Habana. Pero eso es un disparate aquí nacieron los dos y son mellizos, ida y Gastón. Ella si está inscrita aquí en Banes y todo lo demás lo demuestra, fue un error.

Cuando Gastón tenía unos catorce o quince años, su padre que ya trabajaba en La Habana como traductor de cables en el Diario de la Marina, habló con Sixto, mi hermano mayor, y le dijo que quería llevarse a Gastón con él para darle una instrucción, una educación superior, para “hacerlo un hombre”, en una palabra, pero mi hermana, que no tenía muy buenas relaciones con su exmarido, se negó, entonces mi hermano le dijo: “No. Él es su padre y tiene derecho, él quiere hacértelo un hombre, así que vamos a llevarlo para La Habana”. Y es así como se va de Banes para vivir con su padre en La Habana. Perdía yo al hermano y al amigo de la infancia, aunque ya adultos seguimos conservando estrechas relaciones familiares, yo lo visitaba con regularidad y me quedaba en su casa cuando iba a La Habana.

Ya en La Habana el padre lo puso a trabajar en el Diario de la Marina. Como traductor de cables que era, le enseñó el oficio a su hijo, por eso Gastón domina varios idiomas, aunque nunca ha hecho alarde de eso.

Te voy a hacer una anécdota de aquel momento en que Gastón comienza a abrirse camino en el mundo profesional del periodismo: cuando Pepín Rivero, director y propietario del Diario de la Marina, se enfermó, ya grave, le pidió a su hijo Pepinillo que no dejara ir del periódico a Gastón; parece que Pepín se dio cuenta del talento de Gastón y de las pocas cualidades de su hijo Pepinillo, entonces es cuando ascendió a jefe de redacción, pero en realidad era el director, pues Pepinillo, el pobre, nada más que era el hijo de Pepín Rivero, que sí era un gran periodista.

Te voy a ser franco, yo siempre he sido más conservador que otra cosa, ésa es la realidad, de este ángulo te voy a hablar, y pienso que los seres humanos no nos comprendemos la mayoría de las veces porque no nos queremos comprender, por causa de la soberbia y la intolerancia ciega, de manera que a partir de ahí te puedo decir, además, que Gastón ha sido injustamente valorado, porque él no fue un hombre malo, tuvo sus criterios y convicciones, como las tenemos todos, pero nunca cometió un crimen, ni robó, ni engañó a nadie. Fue un hombre que se dedicó a escribir, es un poeta, y en la poesía no puede haber barbarie, si no, no vale para nada. Conozco algo de las poesías que escribió aquí en Cuba, no te voy a dar la opinión de un conocedor de la poesía, de un especialista, te voy a hablar como lector, y te puedo decir que son unas poesías bellísimas.

Mira, yo conozco poetas que ahora son muy mencionados que iban a verlo porque Gastón tenía influencia en los medios periodístico y excelentes relaciones con intelectuales de otros países. Muchos de ésos que se decían amigos lo atacaron, y después lo han ignorado y han querido silenciar su nombre, por cobardía, supongo. Jorge Mañach sí le tenía un gran aprecio, tendría sus defectos en el orden político, eso a mí no me interesa para nada, lo importante es la calidad humana, y en el aspecto intelectual nadie me puede negar que Mañach era toda una personalidad. Por cierto, un día, almorzando en casa de Gastón, estaba Mañach, y Gastón le dijo que yo era de Banes, entonces hablamos un poco del terruño, y me acuerdo que en medio de la conversación Mañach nos dijo: “Ustedes pueden vivir convencidos que en Banes es donde mejor se habla el español en Cuba”, y después de eso publicó un articulo en Bohemia que tenía como título algo así como “Qué cultos son estos analfabetos”, refiriéndose a nosotros, los guajiros de Banes.

Yo, por supuesto, estoy muy orgulloso por los éxitos que Gastón ha tenido, y seguro que serán muchos más, cuando sea valorado como él se lo merece”.

 

Notas del artículo:

1.- Felipe Lázaro: “Conversación con Gastón Baquero”, en: Entrevista a Gastón Baquero, Editorial Betania, Madrid 1998. Pág. 12 – 13

2.- Op.Cit. Pág. 13

3.- Carlos Espinosa Domínguez: “La poesía es magia e invención” Op.Cit. pág. 35

4.- Carta de Gastón Baquero al profesor y amigo Luis Augusto Méndez

 

Carta de Gastón Baquero al profesor y amigo Luis Augusto Méndez

 

El joven que hace unos doce años vive en La Habana y ha publicado sus dos primeros libros, con poemas medulares para el devenir de la poesía cubana, como “Palabras escritas en la arena por un inocente” y “Saúl sobre su espada”, aún no olvida “los afectos del terruño”.

Un lamentable suceso: el fallecimiento del pequeño hijos del profesor y amigo Luis Augusto Méndez lo impresiona, y pasada la primera conmoción, le escribe la siguiente carta. En ella expone con sorprendente madurez sus ideas acerca de un tópico tan caro a la filosofía, y sobre el destino de la niñez en el injusto e imprevisible mundo en que vive. Pensamientos que manejará a través de su obra poética y ensayística como fundamento de su cosmovisión del destino humano en el universo.

Por esa experiencia de íntima sinceridad ante el dolor del amigo, la misiva posee además, ese valor de documento familiar que de algún modo lo vinculan a su patria chica. En ella se han respetado contenido y estructura. Las palabras ininteligibles están señaladas con puntos suspensivos entre paréntesis.

 

La Habana, Julio de 1942

 

Sr: Luis Augusto Méndez.
Banes.
Oriente.

 

Mi inolvidable profesor y amigo:

No necesito dar a usted excusas rituales acerca de mi silencio para usted en los instantes en que más se aprecia la comunicación con los otros seres. Creo usted sabrá, a despecho de mi silencio, cuanto comprendo y comparto el sufrimiento permanente que es el mundo para el hombre, sabemos que ante una muerte prematura, muerte hiriendo a lo frágil y tierno, pienso lo más sabio y obligado sea el silencio. Porque de un lado (…) cabrá a nuestro hijo, su fulgurante vida, su misión esplendorosa. Pero del otro lado, del más fiero y seguro e invencible la (…) estable permanencia sobre una tierra hostil, hostil desde la raíz hasta el cielo… No hay que sonreír ante la muerte. Pero hay que mirarla en silencio como a liberadora, como a Madre benigna, aún en el caso de que lo que muera sea nuestra ilusión mayor, la culminación misma de nuestro destino. Yo vivo lleno de piedad por los niños. Nada me parece más enigmático que esto de ponerles así como pequeños cristales, expuestos a todas tormentas y daño de los hombres. Los quiero tanto, que no quisiera su existencia. Cuantas veces oigo de un niño que nos llega, y veo sonreír en derredor suyo, me pregunto si soy la negación de los sentimientos. Porque veo detrás de su nacimiento, presidiéndolo sin piedad hasta la muerte, todo ese mundo extraño, que exige tanto ardor e impiedad para habitarlos. Y no es que reproche a nadie dar vida: es que sé lo que significa vivir. Los sabios más sabios de hoy nos hablan de la “imprevisibilidad radical de la existencia”. Sembramos un fruto que acaso sea devuelto desde lo profundo de la tierra con forma mortal. No sabemos que camino tomará aquél para quien quisimos forjar el más recto y limpio camino. No sabemos cuán sombría llegará a ser la vida de aquél para quien la soñamos luminosa y tersa. Que el hijo sale de nuestras manos a un mundo ciego, a un mundo que marcha a tientas por entre la sombra del cielo. Sé que no es de buen cristiano sellar la muerte a la manera de Sócrates con un voto de gracias. Ni es tampoco de padre, tampoco de condición humana, hacerse a la idea de que la muerte es el refugio único que brinda la existencia. Pero si de algo ha de servirnos el haber entregado la vida a la vigilia dolorosa que es vivir bajo especie de espíritu y no bajo especie de instinto cuando ese algo es la conciencia muda, cierta, eterna, de que la muerte es la forma primera del nacimiento, la forma matriz de la verdadera vida.

De estas cosas no puedo hablar sino muy de tarde en tarde, y cuando sé que van a descansar sobre un corazón valeroso como el suyo. Hemos de vivir ante todos, ante los otros, como si creyésemos que la existencia es ese mundo exterior que la sociedad nos brinda y a cuya existencia se nos obliga. Pero ante nosotros mismos, puestos a solas con Dios, hemos de vivir sabiendo que es sombra todo lo que nos envuelve, y que sólo de sombras estamos hechos, y que sólo es sombra lo que hacemos. Sé que todas estas cosas que le digo están de más tratándose de usted. Usted ha sufrido mucho, ha conocido el silencio largo y denso que dan las estrellas, ha cargado con el peso de la vida, lleno de heroísmo y de bondad. Yo lo recuerdo, sereno y enérgico, disfrazando su dulzura para hacer mejor el bien y para que no se confundiese su voluntad de amor. Usted no necesita, y menos de mí, palabras de consuelo. Creo haber visto alguna vez entre sus libros, junto al enorme Montaigne, al enorme Pascal. En algún sitio éste dice aquello de que el hombre es la más débil caña del universo. Todo puede contra él, y él no puede contra nada. La más pequeña gota de agua puede destruirlo. Pero él sabe que muere, tiene ante la naturaleza esta sabiduría, y con ella está por encima de  la naturaleza (que) ha de destruirle, pero que él tiene a mano la forma de vencerla; evitando que esa muerte sea un acto de justicia. Unamuno resumió toda esa doctrina de Senancour diciendo: “Vivid de tal suerte que, el morir, sea para vosotros una suprema injusticia”… ¿Pero adónde voy, como me extravío yendo de libro en libro, si lo que quiero es simplemente, decir a usted lo que ya le he dicho al comenzar?

Tenga mi mano de amigo y crea que todo cuanto le he dicho me brota corazón afuera por tratarse de quien, como usted, es uno de los recuerdos más hermosos de mi vida. Dios ponga su paz sobre usted, como la ha puesto ya misericordioso sobre su hijo, dado ya a la paz y al silencio que nadie ni nada pueda conturbar. Escríbame, y no me considere lejos de usted. Estoy siempre junto a quienes quiero y usted es de ésos. Salúdeme a María. Exprésele, si lo considera justo, cuanto he expresado a usted aquí.

Le abraza fuertemente,
su amigo eterno,

 

Gastón.


Regimio Ricardo Pavón

(Banes, 1954) Miembro de la UNEAC. Escritor, crítico de arte y literatura. Especialista de los Medios de Comunicación. Obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Cultural en 1997. Trabajos suyos han aparecido en publicaciones periódicas como Ámbito, Diéresis, La luz, Quehacer y Letras Cubanas. Es coautor del libro Gastón Baquero: un recuerdo familiar, publicado en España.

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Sumario

Este Lunes

El revolucionario del siglo XXI

Jorge Eduardo Benavides

El cine cubano sale de viaje

Alfredo Antonio Fernández

El tango y Gardel en la obra de Gabriel García Márquez

Luciano Londoño

La imago

Manuel Gayol Mecías

La palabra del silencio. Notas sobre la escritura de los límites

Arturo González Dorado

«Mariconerías» de Estado: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana

Frances Negrón-Muntaner

Gastón Baquero: un recuerdo familiar

Remigio Ricardo Pavón

1967 y la infancia peligrosa

Patricia Suárez

Unos escriben

Sergio Ramírez

Otros miran

Daniel Mordzinski

OtroLunes conversa

con Antonio Álvarez Gil

“No escribo contra nada ni contra nadie”

con Jorge Majfud

“Calataid es el ejemplo descarnado del patriotismo…”

con Mariela Varona

“Soy una mujer que no acepta la realidad”

con Javier Sáez de Ibarra

“No sé si tengo un estilo, pero sí una intención”

con Ramón Cote Baraibar

“La memoria es como otro brazo, como otra pierna”

con Jon Lee Anderson

“No quiero, simplemente informar y/o entretener...”

con Ana María Shua y Teresa Andruetto

Escribir para comprender

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La isla y su cultura observada desde el exilio

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Con la escritora hindú Sujata Bhatt

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Alberto García-Teresa

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A cargo de Luis Rafael

Guillermo Cabrera Infante. Un clásico de la literatura hispanoamericana

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Roberto Fernández Retamar y su Caliban

Espido Freire y la rebeldía contra el silencio

Recycle

Cartas de Mijail Bulgakov a I. V Stalin

La generación extraviada

Ángel Santiesteban

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Premio Novelpol al prolífico escritor argentino Carlos Salem

La Academia Norteamericana de la Lengua España convoca al Premio 2010 de Novela

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Heinz Luning and Nazi Espionage in Latin America: Hitler’s Man in Havana

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Poeficcionario. Antología

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Elementos de Teoría Constitucional. Una propuesta para Cuba

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