

Guillermo Cabrera Infante nació en el poblado de Gibara, provincia de Holguín, en 1929, y a los doce años se produce su primera emigración, hacia la Ciudad de La Habana, que sería desde entonces escenario de su amplia producción narrativa. Publicó varios relatos en revistas y periódicos desde la década de 1950 y su primer libro de cuentos Así en la paz como en la guerra (1960) poco después del triunfo de la Revolución Cubana de 1959, que marcaría su obra y su existencia.
Dentro de la línea realista de la literatura en Cuba, su narrativa supone un ascenso hacia temas y abordajes de tipo “duro”, en el lenguaje y en los asuntos, en la técnica y en la caracterización sicológica de los personajes. Es notable el influjo que ejerce sobre su estilo la literatura de Joyce, Lawrence, Hemingway, Faulkner, Miller, el cine, las novelas policíacas y la novela negra. Tempranamente, en 1953, anotó el crítico y profesor Salvador Bueno en relación con la prosa de Cabrera Infante: “Los cuentos de este joven escritor están colocados en la estela de los últimas realizaciones narrativas de la literatura norteamericana.”
La descripción minuciosa de ambientes marginales o nocturnos y el esmerado tratamiento sicológico de sus personajes, son constantes expresivas en su obra. Con la novela Tres tristes tigres (1965) alcanza reconocimiento internacional y la consolidación de su estilo, donde el trabajo lingüístico, la experimentación con técnicas narrativas, las mudas espaciales y temporales, así como la influencia del lenguaje cinematográfico, resultan en una literatura original y retadora.
En sus novelas y cuentos, Cabrera Infante presenta los temas del racismo, el machismo y los prejuicios sociales y religiosos de una sociedad cubana que conoció desde su adolescencia en los barrios marginales de La Habana. Esta Ciudad, adversa, selvática, entrañable, vívida o evocada desde la distancia de su exilio, es una de las obsesiones de su narrativa, junto a la búsqueda de la mujer ideal, erótica, paradigma de su machismo cultural y objeto de su deseo. El crítico Harold Alvarado Tenorio argumentó a propósito: “Cabrera Infante ha rechazado sus vínculos con Henry Miller. Pero es difícil dejar de pensar en el modelo, así el resultado final sea diferente. Si para Miller la mujer debe describirse por la virtudes de su sexo: “la supercoño, la coñoventrilucuo, la coñometafísica, la coñopensante, la coñoanonimato, la coñomaleta, etcétera, para Cabrera Infante la mujer es un ser fascinante digno de amor.”
Guillermo Cabrera Infante, aun contra su espíritu rebelde y tendente a la marginación, pese a su carácter osco que espantaba a los periodistas y desalentaba a los críticos, gracias a su prosa burilada magistral y pasionalmente, es ya un clásico de la literatura hispanoamericana y por su obra recibió el Premio “Miguel de Cervantes”, el más alto galardón de las letras hispanoamericanas y el más apreciado reconocimiento para los escritores de la lengua española, por llevar el nombre del ingenioso autor de El Quijote. Los cubanos, y creo que todos los hablantes de la lengua de Góngora y Martí, lamentamos su muerte y nos enorgullecemos de contar con su obra, perdurable y luminosa.