


Edgar Allan Poe cumplió en enero de este año doscientos años y el mundo se puso a celebrarlo como mejor pudo. Como suele suceder cuando se festeja a un genio nadie recordó al otro Poe grotesco, alcohólico, drogadicto y de poemas infames que han sido criticados duramente por otros grandes escritores, incluyendo ese poema cursi incluso para la época que es “Annabel Lee”, que también aparece en la antología que reseñamos. Poeficcionario rinde homenaje merecido a ese monstruo de la narrativa de todos los tiempos que vio como nadie que se podía vivir de escribir, que lo que escribía no tenía que estar reñido con el gusto del público y la calidad, y que la literatura debía huir de todo tópico moralista o ejemplarizante como sucedía en su época. Esa suma más un exquisito talento para crear ambientes le convierten en el primer narrador moderno de enorme influencia en la mayoría de los grandes escritores del siglo veinte.
Poeficcionario es una antología organizada por Ediciones Irreverentes con los relatos de Poe que incluye además como excepción los poemas “Annabel Lee” y “El cuervo”. El prólogo es de Luis Alberto de Cuenca y las ilustraciones de Aubrey Beardsley. La idea del homenaje es formidable. Junto a los relatos y los dos poemas de Poe se han adosado respectivas narraciones de escritores actuales que van formando su propia réplica como en un espejo. Los escritores acompañantes de Poe son Miguel Ángel de Rus, Sasi Alami, Raúl Hernández Garrido, Santiago G. Tirado, Alicia Arés, Juan Patricio Lombera, José Manuel Fernández Argüelles, Francisco Legaz, Manuel Villa-Mabela, Álvaro Díaz Escobedo, Javi J. Palo, Isaac Belmar y Vicente Castro. Lamentablemente la editorial no incluyó una breve ficha de presentación de los autores, que hubiera sido necesaria.
Tampoco la editorial, quizá haciendo honor a su nombre, se esfuerza de redactar una nota de contraportada a la medida de su proyecto y se limita a repetir mal a Luis Alberto de Cuenca. Después de tan despampanantes palabras sobre los autores abrí con avidez y no sin cierta incredulidad los cuentos que no eran de Poe y confieso mi decepción. Falta tijera en los relatos, o sea, oficio. Poe fue un gran manipulador de la sensibilidad y el gusto de los lectores como sólo lo podía hacer un genio y por eso su obra perdura y es pauta para generaciones de escritores. Ahora bien, escribir teniendo como pie obligado algunos de los textos transcendentes de la historia literaria del mundo no es un juego para niños, si no lo vemos precisamente como un juego y lo planteamos así entonces suceden estas caricaturas. En el fondo así lo veía Poe, un juego.
Creo que las pretensiones de la editorial no superan el esfuerzo. No se puede ser irreverente sin saber serlo porque podemos parecer burdos. Una excelente idea malograda por sus propios creadores. Sin embargo ahí quedan los relatos de Poe relumbrando sobre la tapa del libro, negra como la noche. Y el propio Poe desde su tumba encendiendo doscientas velitas para quitarse el miedo a tanta irreverencia.