


Ojos de agua no es sólo una novela policiaca. Es una novela magnífica. Y una novela gallega, en concreto viguesa, donde la ciudad, con su extraña orografía y sus desmanes arquitectónicos, funciona como un personaje más.
Es magnífica a pesar de ser genuinamente negra, apegada a los patrones y los tópicos del género: por ejemplo por el juego de contrastes entre dos detectives antagónicos. Uno, Leo Caldas, reflexivo, amante del buen vino y con una tormentosa, a la par que delicada, vida sentimental, otro, Rafael Estévez, salvaje, de gatillo fácil, pura fuerza e irreflexibidad. También aparece el amor por la bebida –aunque en este caso el vaso de whisky quede sustituido por la taza de vino gallego- y el jazz y su leyenda maldita, omnipresente desde la primera página.
Leo Caldas, a buen seguro, protagonizará nuevas novelas, ya que es un personaje matizado –su presencia pública como locutor de radio es sumamente original- y muy humano. Su capacidad deductiva resulta sobresaliente, pero no es digna de un superhéroe. “Ojos de agua” bebe de dos fuentes: la novela europea negra más moderna, representada por ejemplo por Fred Vargas, y la novela clásica americana. No en vano, la turbulenta aparición de las élites económicas remite al mejor Chandler.
¿Por qué es una buena novela? En primer lugar por su absoluta verosimilitud. Es posible que los fundamentos de medicina forense que utiliza sean inexactos pero - lo único importante para una novela- resultan plenamente creíbles. En segundo lugar por su perfecta escritura, definida por un ritmo que nunca decae, por una división en capítulos breves y punzantes, cuyos puntos de partida sorprenden pero no desorientan y por una capacidad expresiva notable, que le permite dibujar y describir con nitidez el entorno abigarrado de Vigo, poblado de las sombras que siempre atenazan la vida de cualquier ciudad pequeña. Mención aparte merecen los diálogos, imprescindibles en cualquier novela negra que se precie. Tienen las dimensiones adecuadas y cada personaje posee un registro levemente distinto, absolutamente engarzado con su carácter y totalmente reconocible. Durante los tres primeros cuartos la cohesión es perfecta. Los personajes, principales y secundarios, y las subtramas se entrecruzan con precisión absoluta. Sólo en la parte final roza la confusión. La causa es la aceleración en la formulación de las hipótesis, que se suceden con demasiada velocidad, casi solapándose.
Otro factor diferencial, antes indicado, y que contribuye a que no sea solo una novela negra, es la perfecta descripción del alma gallega. “Ojos de agua” describe la ambigüedad y sus causas, la dificultad de los extraños para convivir con las peculiaridades de Galicia y, sobre todo, su paisaje, perfecto correlato del protagonista. Un paisaje que aún mantiene la belleza, pese a las atrocidades que ha debido y debe soportar. Ojos de agua hace albergar grandes esperanzas respecto del porvenir de su autor y de su detective, ese perspicaz gastrónomo llamado Leo Caldas.
Nacido en Madrid. Licenciado en Derecho. Máster en Edición y en Creación Literaria. Autor del libro de relatos Pendiente y del manual de técnicas de escritura Cómo escribir un relato y publicarlo. Profesor de la Escuela de Letras en cursos de relato, narrativa y lectura profesional. Lector, editor y corrector en numerosas editoriales. Miembro del colectivo La tormenta en un vaso. Colabora con el diario ABC y con numerosos blogs y publicaciones. Es creador del blog http://www.lalinearecta.blogspot.com.