


Jaime Baylys (sic) es un escritor que trabajaba –o finge que trabaja-- en la televisión para poder ganar tiempo y dedicarse a escribir. Tiene dos hijas preadolescentes, una ex mujer bastante conservadora, una ex suegra que lo odia, un novio argentino, delicado, maniático y con el que siempre vive situaciones turbulentas, pasionales, mientras recorre Miami, Lima y Buenos Aires. Pero sobre todo se muere de frío: ya sea en la tropical Miami, en la húmeda Lima o en la climatológicamente extrema Buenos Aires, Jaime se muere de frío y no basta con los muchos calcetines que se ponga, las chompas y los abrigos que use, los calefactores que roba, compra y deja en hoteles de medio mundo. Y quizá este detalle anómalo y algo esperpéntico sea la clave para entender que bajo la lisa, superficial, evanescente vida de presentador famoso y novelista conocido, bulle una terrible soledad, una tensa trama de conflictos morales, personales y sociales que van dándole a esta estupenda historia un fondo mucho más complejo de lo que a primera vista pueda parecer.
Baylys se muere de frío y no hay dinero, poder, fama, amor o amistad en el mundo que lo alivie de este extraña incomodidad y que el narrador ha sabido dosificar durante las más de cuatrocientas páginas de la novela de tal manera que nunca parece un hecho alarmante o puntual sino una incomodidad alojada como un sordo rumor, un ruido de fondo que distorsiona la aparición de los personajes que giran en torno al protagonista y los somete así a su influjo. Ese hombre aterido por la soledad y que observa el mundo con la minucia aterradora de un entomólogo resulta pues un personaje complejo no tanto por sus contradicciones sino por la solidez de su desencanto, por la dificultad que tiene el lector para calificarlo de una manera u otra. Como la persistencia de su frío constante, el personaje es incapaz de encontrar la paz de espíritu que busca casi sin darse cuenta. Por momentos es conmovedor, por otros momentos es espantosamente frívolo o cruel, incapaz de no hacerle daño a quienes quiere, y por otro lado es valiente y mucho menos pusilánime de lo que se dice él mismo constantemente.
El Canalla sentimental es sin duda una de las mejores novelas del peruano Jaime Bayly, que ya ha publicado algunas ficciones de fuste como Los últimos días de la prensa, o La Noche es virgen, entre otras, que desde la aparición de No se lo digas nadie en 1994 han dado cuenta de la evolución personal de sus muchos heterónimos, pues a nadie se le oculta que el escritor más que ser un modelo para la construcción de sus personajes ha sido la excusa para una compleja evasión de la incómoda mirada ajena. Narrador de prosa limpia, precisa y muy solvente, Bayly ha construido en El canalla Sentimental una dolorosa crónica del desamor y la soledad, pero sin elevar el tono de voz, sin reconvención moral, ni enfado ni mucho menos victimismo. Más bien con mucho humor y agudeza, lo que hace de su lectura una experiencia singular y placentera. En ese sentido resulta una novela impecable. Pero no nos llamemos a equívoco: Bayly ha hecho de sus novelas en general, y particularmente de esta, un singular rescate del cinismo, que maneja con precisión y eficacia: la novela tiene páginas brillantes, rotundas, llenas de un humor sulfúrico o de una ternura elegante, con un protagonista colmado siempre de provocación y de un extraño afán autodestructivo que, paradójicamente, es lo que seguramente lo preservará de su olvido.
(Arequipa, 1964) estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima, ciudad donde trabajó dictando talleres de literatura, y posteriormente como periodista radiofónico, como jefe de Redacción de los noticieros de Antena Uno Radio, donde además llevaba un espacio cultural. Desde 1991 hasta el 2002 vivió en Tenerife, donde colaboró con el suplemento dominical de Diario de Avisos y también como jefe de redacción de Siglo XXI. Ha colaborado con revistas literarias como Renacimiento y los suplementos culturales Babelia, de El País, y Caballo Verde, de La Razón, así como con diversos medios de su país. Ha publicado Cuentario y otros relatos (Okura ed., Lima, 1989) y las novelas Los años inútiles (Alfaguara, Madrid, 2002) y El año que rompí contigo (Alfaguara 2003). Ha sido finalista en la Bienal de Cuentos de COPE en 1989 y también en la del certamen de cuentos NH (España) del año 2000, en el Premio Tigre Juan de 2003 y en el Rómulo Gallego de ese mismo año. Ha sido Premio Nuevo Talento FNAC en 2003.