OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Agosto 2009. Antilde;o tres. Número nueve

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Datos de la revista, agosto 2009, año 3, número 09
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El revolucionario del siglo XXI

 

Jorge Eduardo Benavides

Desde hace ya al menos una década resulta cada vez más difícil encontrarse ya sea en Europa o al otro lado del charco, con esos latinoamericanos o pro latinoamericanos de una izquierda radical, bastante ingenua cuando no absolutamente pesada, intolerante y plagada de lemas que durante años pobló cafetines y tabernas, plazas y mercados de medio mundo. Ya no se les encuentra con tanta facilidad voceando su indignación contra las dictaduras y la corrupción y fragilidad de las democracias que precedieron a aquellas, indignación que por otra parte todos considerábamos justa, pero que ellos parecían asumir como propia y exclusiva, pues casi siempre la panacea para salvar a nuestros países consistía en poner en marcha de una vez por todas la revolución. Y al decirlo, naturalmente, miraban a Cuba.

No, ya no es fácil tampoco defender regímenes como el de Castro, pues supongo que eso que con ligereza y cierta irresponsabilidad se ha dado en llamar las grandes utopías sociales se ha secado o se ha agostado a tal punto que del vigoroso torrente de consignas y euforia proletaria ha quedado apenas un arroyuelo turbio donde abrevan sólo algunos recalcitrantes.  Supongo también que después de tantos, tantísimos años de dictadura salpicando el mapa de Hispanoamérica como un nefasto sarampión de totalitarismo, y luego de esa década de gobiernos democráticos obscenamente corruptos e ineficaces que casi aniquilaron nuestras sociedades, los hispanoamericanos hemos empezado a aprender la lección que bien podría resumirse con la célebre frase de Toynbee: “la democracia no es un puerto, es un barco.” Creo que hemos entendido que detrás del sonido y la furia de todos aquellos eslóganes que sembraron nuestro horizonte social de esperanza, sólo cabía  la contingencia de nuevos regímenes con pretensiones totalitarias, y que los salvadores de la patria siempre son los que ponen a ésta en peligro. La prueba de ello es Hugo Chávez, el caudillo de ínfulas bolivarianas y de verbo encendido que está precipitando al abismo a una Venezuela fracturada y  cotidianamente en pie de guerra, y que se sostiene gracias al petróleo, como bien sabemos todos.

Este tipo de “intelectual revolucionario” que floreció entre los años sesentas y ochentas tuvo gran aceptación justamente aquí, en la Europa más próspera y democrática. También en la España que acababa de salir de la oscuridad del franquismo gracias a una transición en muchos aspectos ejemplar, el “intelectual revolucionario” no tenía inconveniente alguno en brindar por la muerte del dictador —que al parecer no se les terminaba de morir nunca—, entonar aquel pegadizo himno que hablaba de la libertad sin ira, de sentirse orgulloso de su recién estrenada democracia, de horrorizarse con el golpe de Tejero, de oponerse furibundamente a la entrada en la OTAN… y al mismo tiempo aplaudir y defender durante ese mismo tiempo la revolución cubana y los “logros” de la Unión Soviética, cosa que resultaba bastante paradójica y puede ser atribuible a aquella ingenuidad que hizo que muchos fueran incapaces de mirar los atropellos del dictador cubano y que disculparan con benevolencia los abusos y las injusticias de la desaparecida Unión Soviética. No sabían, afirman. El contexto histórico era distinto, explican. Y habrá que creerles. Allá cada uno con su conciencia. Pero al cabo de tantas zafras y periodos especiales cubanos, ahora que hasta el más obtuso defensor de aquel Gulag, no puede mirar la escombrera social, económica y moral que dejaron las sucesivas momias del politburó moscovita sin enrojecer, ya no resulta paradójico ni disculpable que todavía existan en la Europa bien pensante y democrática del siglo XXI estos intelectuales revolucionarios que tanto daño nos han hecho, alimentando la creencia de que lo que era bueno para Europa –la democracia, la alternancia en el poder, el mercado— no lo era para Latinoamérica, continente en plena formación, tierra fértil para revoluciones sangrientas, experimentos sociales y líderes carismáticos y mesiánicos, de preferencia vestidos de verde oliva, y que parecían escapados de una pesadilla —o más bien de un sueño…— de Gabriel García Márquez.

Ya sé que esto no es nada nuevo y que se ha dicho mil veces. Pero lo novedoso es el contexto histórico, como dirían ellos mismos: en una Europa cuyos gobiernos —sean  de izquierdas o de derechas— son capaces de ir a guerras por motivos económicos, negociar con dictadores, tenderles la mano a autócratas con petróleo, y todo ello sin que les tiemble el pulso, somos los ciudadanos los que tenemos la responsabilidad de actuar, de protestar, de manifestarnos y movilizarnos de manera efectiva y eficaz contra los atropellos y contra el cinismo de nuestros gobiernos. No me hago ilusiones: no será mi gobierno quien me defienda, sino yo y mis adversarios, es decir todos aquellos quienes defendemos la democracia participativa y responsable, todos aquellos que defendemos la absoluta libertad de ideas y rechazamos cualquier forma de dictadura. Por eso resulta tan indignante lo recalcitrante de estos revolucionarios vestidos de coronel Tapiocca, de esta resistencia de cine club que sigue justificando a un dictador como Fidel Castro y a un autócrata plebiscitario como Hugo Chávez, aunque con toda seguridad ni a uno ni a otro los querrían mandando por estos pagos. ¿Se imaginan aquí preparando la sucesión del hermano del Comandante Zapatero o del sub comandante Rajoy? ¿A Blas Piñar manejando el país gracias a un programa llamado Aló presidente? Dios nos asista. Sería tirar por tierra todo lo conseguido hasta el momento. Por fortuna, muchos amigos escritores e intelectuales hispanoamericanos que vivimos aquí, que defendemos la democracia y estamos juntos en el proyecto social de una España moderna sin la sombra del franquismo y la lacra del terrorismo, hemos encontrado a otros tantos españoles que defienden y apoyan una idea similar para Hispanoamérica. Y que nos miran de igual a igual, y no como unos pobres infelices merecedores de un dictador o de un aprendiz de dictador.


Jorge Eduardo Benavides

(Arequipa, 1964) estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima, ciudad donde trabajó dictando talleres de literatura, y posteriormente como periodista radiofónico, como jefe de Redacción de los noticieros de Antena Uno Radio, donde además llevaba un espacio cultural.   Desde 1991 hasta el 2002 vivió en Tenerife, donde colaboró con el suplemento dominical de Diario de Avisos y también como jefe de redacción de Siglo XXI. Ha colaborado con revistas literarias como Renacimiento y  los suplementos culturales Babelia, de El País, y Caballo Verde, de La Razón, así como con diversos medios de su país. Ha publicado Cuentario y otros relatos (Okura ed., Lima, 1989) y las novelas Los años inútiles (Alfaguara, Madrid, 2002) y El año que rompí contigo (Alfaguara 2003). Ha sido finalista en la Bienal de Cuentos de COPE en 1989 y también en la del certamen de cuentos NH (España) del año 2000, en el Premio Tigre Juan de 2003 y en el Rómulo Gallego de ese mismo año. Ha sido Premio Nuevo Talento FNAC en 2003.

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Sumario

Este Lunes

El revolucionario del siglo XXI

Jorge Eduardo Benavides

El cine cubano sale de viaje

Alfredo Antonio Fernández

El tango y Gardel en la obra de Gabriel García Márquez

Luciano Londoño

La imago

Manuel Gayol Mecías

La palabra del silencio. Notas sobre la escritura de los límites

Arturo González Dorado

«Mariconerías» de Estado: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana

Frances Negrón-Muntaner

Gastón Baquero: un recuerdo familiar

Remigio Ricardo Pavón

1967 y la infancia peligrosa

Patricia Suárez

Unos escriben

Sergio Ramírez

Otros miran

Daniel Mordzinski

OtroLunes conversa

con Antonio Álvarez Gil

“No escribo contra nada ni contra nadie”

con Jorge Majfud

“Calataid es el ejemplo descarnado del patriotismo…”

con Mariela Varona

“Soy una mujer que no acepta la realidad”

con Javier Sáez de Ibarra

“No sé si tengo un estilo, pero sí una intención”

con Ramón Cote Baraibar

“La memoria es como otro brazo, como otra pierna”

con Jon Lee Anderson

“No quiero, simplemente informar y/o entretener...”

con Ana María Shua y Teresa Andruetto

Escribir para comprender

Punto de mira

Cuba per se. Cartas de la diáspora

La isla y su cultura observada desde el exilio

Botón de muestra

Abilio Estévez, Carlos Victoria, Carlos Espinosa Domínguez, José Kozer, Eduardo Manet, Manuel Díaz Martínez, Nivaria Tejera, Pío Serrano, Uva De Aragón y Zoé Valdés

Cuarto de visita

Con la escritora hindú Sujata Bhatt

En la misma orilla

Hombre de negro

Carlos Manuel Torres Guerrero

El muchacho inglés

José Luis Muñoz

Brindis (Fragmento)

León Viera

Expreso Habana-Amstelven

Yoss

La marmita, de Poesía

La marmita. De poesía y poetas

Alberto García-Teresa

Poemas

Antonio Martínez I Ferrer

Poemas

Juana Vázquez Marín

Tres poemas inéditos

Dolan Mor

Kora, de Rogelio Guedea (reseña)

Ernesto García López

Noches de blanco papel, de Roger Wolfe (reseña)

Arturo Parrondo

De tu olor y mis miedos, de Mara Romero (reseña)

Alberto García-Teresa

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

Guillermo Cabrera Infante. Un clásico de la literatura hispanoamericana

Rita Indiana Hernández y la alucinación de la modernidad

Roberto Fernández Retamar y su Caliban

Espido Freire y la rebeldía contra el silencio

Recycle

Cartas de Mijail Bulgakov a I. V Stalin

La generación extraviada

Ángel Santiesteban

De lunes a lunes

Premios de la XXII Semana Negra de Gijón, 2009

Premio Novelpol al prolífico escritor argentino Carlos Salem

La Academia Norteamericana de la Lengua España convoca al Premio 2010 de Novela

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Berlín es un cuento

Esther Andradi

El vendedor de pasados

José Eduardo Agualusa

Mirar el agua

Javier Sáez de Ibarra

Espejo de tres cuerpos

Odette Alonso Yodú

El canalla sentimental

Jaime Bayly

Heinz Luning and Nazi Espionage in Latin America: Hitler’s Man in Havana

Thomas D. Schoonover

Poeficcionario. Antología

Edgar Allan Poe

Elementos de Teoría Constitucional. Una propuesta para Cuba

Ricardo Manuel Rojas

Cristo del alma

Alfredo Pérez Alencar

Stradivarius Rex

Román Piña

El jardín de ajenjo

Francisco Balbuena

Ensayos

Natalia Ginzburg

Qué bueno baila usted

Faisel Iglesias

Ojos de agua

Domingo Villar

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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