OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Agosto 2009. Antilde;o tres. Número nueve

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Datos de la revista, agosto 2009, año 3, número 09
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Noches de blanco papel

 

Arturo Parrondo

Portada del libro Noches de blanco papel

Noches de blanco papel (Huacanamo, 2008) es el título que recoge la poesía completa de Roger Wolfe entre 1986-2001. El libro viene a cubrir un vacío editorial (al margen de antologías o recopilaciones parciales) esperado por público y crítica. Desde que apareciera con éxito, hace ya diecisiete años, Días perdidos en los transportes públicos (Anthropos, 1992), a nadie se le escapa que cuenta con una legión de lectores que esperan ávidos cualquier título, bien sea poesía, narrativa, o sus libros de “ensayo-ficción”.

La crítica intentó a principios de los noventa etiquetar la obra de Wolfe. Los juicios, casi siempre simplificadores, encasillaban su poesía en un supuesto “realismo sucio” del que el autor siempre ha renegado, y destacaban el coloquialismo, registro avulgarado y marginalidad de su poesía. Los nombres de escritores americanos como Bukowski o Carver se le han aplicado de manera más o menos sistemática a la hora de valorar cada uno de sus libros, reduciendo, a MI juicio, el valor y alcance de su poesía.

Acabada la década, otra parte de la crítica, más acertada, se divide entre los que llaman a su poesía “neorralismo” y entre los que consideran la obra de Wolfe el punto extremo de la “poesía de la experiencia”, en virtud de la radicalización con la que utiliza los elementos antipoético (Juan Miguel López Mérino, “Sobre la presencia de Roger Wolfe en la poesía española (1990-2000)” y revisión del marbete “realismo sucio”).

Hay dos aspectos que me gustaría destacar aquí, sin ánimo de ser exhaustivo. El primero es el pensamiento de Wolfe; éste se fragua en sus primeros libros, recorre toda su obra y la dota de coherencia. El segundo es el estilo (entiéndase en sentido amplio, una mezcla de recursos formales y motivos). Se encuentra estrechamente relacionado con el anterior en cuanto a portador de ese pensamiento a través de la voz poética. Éste varía y al mismo tiempo es absolutamente reconocible en cada una de sus obras.

Wolfe encarna al hombre que escribe sobre la realidad y sus circunstancias (“Mi trabajo es constatar lo obvio” dice Wolfe en uno de sus poemas). La representación sin maquillaje de esta realidad urbana (en absoluto idealizada) sin escatimar ningún aspecto desagradable, lleva a un hondo pensamiento filosófico cercano al nihilismo en el que el poeta lo niega todo, arremete contra todo y se ríe de todo. Los grandes temas consagrados por la literatura como el amor, el paso del tiempo y muy significativamente la muerte se encuentran también en su obra, pero siempre supeditados a esa anodina realidad urbana, de acciones rutinarias, en la que nos encontramos todos atrapados. Aquí se encuentra la grandeza de Wolfe; su mirada nos saca de nuestra alienación cotidiana y nos enfrenta a nuestra existencia. Lo transmite con fuerza y nos emociona (“Mis poemas son como susurros (o a veces, por qué no, gritos) al oído del lector; confidencias reales, absolutamente creíbles, literarias también”, dice en Hay una guerra, 1997).

En cuanto a la evolución de su estilo, hay que tener en cuenta el modo de componer de Wolfe: “Yo no escribo libros cíclicos, de ésos que empiezan y acaban, sino que me limito a ir echando cosas dentro hasta que hay suficiente papel para justificar la publicación de un libro más o menos estándar” (entrevista de Jaime Priede, La voz de Asturias, 16-01-92). Sus palabras ejemplifican muy bien el proceso de creación de sus obras; no existe una delimitación preconcebida desde el punto de vista temático o formal entre sus libros.

El libro que recoge su poesía completa comienza con Diecisiete poemas (1986). Como en muchas primeras obras de grandes poetas, todavía no se muestra esa voz tan personal que aparecerá con fuerza seis años después. Influenciado por la poesía inglesa, abunda la descripción de paisajes y el verso libre que caracterizará toda su poesía (algunos son sonetos sin rima; estrofa que no volverá emplear). En sus dos siguientes poemarios, Días perdidos en los transportes públicos (1992) y Hablando de pintura con un ciego (1993) irrumpen algunas de las características formales que son constantes en su poesía: el coloquialismo, la narratividad y el humor.

Respecto al uso del registro coloquial dice el propio autor: “La poesía debe descubrir cosas, pero no con grandes palabras, sino con las que están gastadas por el uso” (El Comercio, 13-04-93). Toda una declaración de intenciones para un poeta que ha explorado casi todas las posibilidades del habla y que llega a su extremo con la publicación en 1998 de Cinco años de cama. Aquí nos encontramos con una sección titulada “Perogrullo dixit” en la que el escritor emplea todo un abanico de registros posibles: gitanismos, acentos peninsulares, voces extraídas de la delincuencia… Todo para dar cuenta de un mundo insolidario y violento. El empleo de un lenguaje cercano, coloquial, eminentemente comunicativo, hay que entenderlo dentro de su estética. Wolfe rechaza toda poesía que se encuentre encorsetada en la retórica; puesto que la realidad que él pretende retratar es antipoética, empleará los recursos menos consagrados por la poesía.

El humor es otra constante en la poesía de Wolfe. Desde la ironía hasta el sarcasmo, es un elemento que cumple una función fundamental; tomar distancia y reírnos de nosotros mismos cuando no hay escapatoria posible al sinsentido de la vida. Socarrón y expresivo en sus primeras obras, se vuelve más crudo y visceral en Arde Babilonia (1994) y Hablando de pintura con un ciego (1996).

Aunque la narratividad es un elemento constante en sus piezas, no hay que olvidar que se alterna frecuentemente con otros poemas descriptivos que son más apropiados para la meditación o el pensamiento. Respecto a la narratividad, el sujeto enunciador del mensaje poético (no hay que confundirlo con el autor, aunque en el caso de Wolfe la línea que separa a ambos es muy frágil), se configura, como hemos mencionado antes, en un hombre urbano y la realidad que le circunda. Si en los primeros libros nos encontramos con un hombre situado espacialmente en la noche (bares, alcohol…), a partir de Arde Babilonia asistimos a las reflexiones de un escritor y traductor, sus problemas domésticos, creativos o con las editoriales (Véase “El oro del planeta”, de Cinco años de cama, 1998). Hay que destacar ese otro registro poético, el del tono meditativo de “La última noche en la tierra”, donde se reflexiona sobre el fin de la existencia, de algunos poemas de El arte en la era del consumo, u otros piezas recuperadas de 1987, donde la reflexión sobre el tiempo se une a la imagen de la lluvia cayendo en la ciudad.

Muchos críticos vieron en Días perdidos en los transportes público la obra que sacaba del estancamiento a la “poesía de la experiencia”, entonces totalmente hegemónica. Hoy, cualquiera que se acerque a la poesía más reciente intuye que la influencia de Wolfe se encuentra presente en numerosos poetas. Ahora bien, es difícil calibrar esta influencia en una obra que se está fraguando en este momento y que cuenta con numerosas voces. En todo caso, llama la atención que muchos poetas se hayan quedado en la superficie de los poemas de Wolfe y hayan adoptado únicamente un registro vulgar (empleo de palabras malsonantes) o el tratamiento de ciertos motivos que no estaban consagrados en la literatura española (bares, noche, alcohol…).

Una reflexión del autor acerca de la creación literaria ejemplifica bien esto último: “Lo que tiene que ser tuyo es la mirada. En fin, para qué dar más explicaciones. Si tu alma está en lo que escribes, se nota. Salta. Atrapa. Golpea, reduce, transforma –y con un poco de suerte– humaniza al lector. Todos sabemos de qué se trata” (¡Que te follen, Nostradamus!, 2001).

 

Noches de blanco papel
Roger Wolfe
512 páginas
Barcelona
Huacanamo
Octubre de 2008
ISBN: 978-84-936093-1-3

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Sumario

Este Lunes

El revolucionario del siglo XXI

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El cine cubano sale de viaje

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El tango y Gardel en la obra de Gabriel García Márquez

Luciano Londoño

La imago

Manuel Gayol Mecías

La palabra del silencio. Notas sobre la escritura de los límites

Arturo González Dorado

«Mariconerías» de Estado: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana

Frances Negrón-Muntaner

Gastón Baquero: un recuerdo familiar

Remigio Ricardo Pavón

1967 y la infancia peligrosa

Patricia Suárez

Unos escriben

Sergio Ramírez

Otros miran

Daniel Mordzinski

OtroLunes conversa

con Antonio Álvarez Gil

“No escribo contra nada ni contra nadie”

con Jorge Majfud

“Calataid es el ejemplo descarnado del patriotismo…”

con Mariela Varona

“Soy una mujer que no acepta la realidad”

con Javier Sáez de Ibarra

“No sé si tengo un estilo, pero sí una intención”

con Ramón Cote Baraibar

“La memoria es como otro brazo, como otra pierna”

con Jon Lee Anderson

“No quiero, simplemente informar y/o entretener...”

con Ana María Shua y Teresa Andruetto

Escribir para comprender

Punto de mira

Cuba per se. Cartas de la diáspora

La isla y su cultura observada desde el exilio

Botón de muestra

Abilio Estévez, Carlos Victoria, Carlos Espinosa Domínguez, José Kozer, Eduardo Manet, Manuel Díaz Martínez, Nivaria Tejera, Pío Serrano, Uva De Aragón y Zoé Valdés

Cuarto de visita

Con la escritora hindú Sujata Bhatt

En la misma orilla

Hombre de negro

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Brindis (Fragmento)

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Expreso Habana-Amstelven

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La marmita. De poesía y poetas

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Poemas

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Tres poemas inéditos

Dolan Mor

Kora, de Rogelio Guedea (reseña)

Ernesto García López

Noches de blanco papel, de Roger Wolfe (reseña)

Arturo Parrondo

De tu olor y mis miedos, de Mara Romero (reseña)

Alberto García-Teresa

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

Guillermo Cabrera Infante. Un clásico de la literatura hispanoamericana

Rita Indiana Hernández y la alucinación de la modernidad

Roberto Fernández Retamar y su Caliban

Espido Freire y la rebeldía contra el silencio

Recycle

Cartas de Mijail Bulgakov a I. V Stalin

La generación extraviada

Ángel Santiesteban

De lunes a lunes

Premios de la XXII Semana Negra de Gijón, 2009

Premio Novelpol al prolífico escritor argentino Carlos Salem

La Academia Norteamericana de la Lengua España convoca al Premio 2010 de Novela

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Berlín es un cuento

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El vendedor de pasados

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Espejo de tres cuerpos

Odette Alonso Yodú

El canalla sentimental

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Heinz Luning and Nazi Espionage in Latin America: Hitler’s Man in Havana

Thomas D. Schoonover

Poeficcionario. Antología

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Elementos de Teoría Constitucional. Una propuesta para Cuba

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Cristo del alma

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El jardín de ajenjo

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Ojos de agua

Domingo Villar

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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