


Cuando el liberto habanero fue a visitar a su pariente por sangre de nación, el Rey de Santa Isabel de las Lajas, ta Ramón Gundo Moré, llevaba dos palitos en las manos. Inútiles le debieron parecer al alto dignatario aquellos graciosos instrumentos, dizque músicos, acostumbrado como estaba, generación tras generación, a llamar al espíritu de sus ancestros y dioses con tambores construidos con duras maderas y cueros de chivo curados al sol.
Sin embargo, el liberto José Manuel Peralejos de los Gundo, un mulato de espalda cuadrada, piernas fáciles y espíritu licencioso, ataba su sentido musical a aquella profunda voz que sentía desde que estaba en el vientre de su madre, brotando del fondo marinero de la bahía de San Cristóbal de La Habana. Era un eco vegetal que escondía un tiempo de vez en vez con cierta persistencia, dividiendo el compás.
—¡Son gotas de madera! —dijo Federico García Lorca al escucharla bordeando aquel ritmo de semillas secas, cuando pasó por La Habana rumbo a Santiago de Cuba en su coche de aguas negras.
—A veces no sé si la Clave canta o llora —contestó la anfitriona del andaluz, la poeta que se exilió en su propia patria hasta la muerte.
—¡Tiene algo de gitana!
—Y de negro.
—Los gitanos también son negros.
La Clave no hablaba en lenguas viejas ni sabía de brujerías, por eso nunca iba a las fiestas del santo. No vino de España con los hombres de mar. La estridencia de las castañuelas la irritaba y la voz trebejosa de las tejoletas le resultaba desabrida e inconsistente. No quedó como elemento sobreviviente de aquellos seres de piel aceitunada a los que la benevolencia del clima les permitía andar sencilla y naturalmente como si todo el cuerpo fuera la cara, y que Cristóbal Colón, el más iluminado de los almirantes de antaño, cuando buscaba nuevas rutas para el comercio, los llamó indios, con la ignorancia de creer que Haití era Cipango y que Cuba era la China, y que los moradores de Japón y China eran los habitantes del país de las vacas sagradas.
Había nacido en medio de la Bahía, vigilada y protegida por la Virgen de Regla, en aquel nido de barcos azucareros, de las manos, de las entrañas de los condenados a remar, de los negros de carga y descarga del muelle, de los esclavos descascaradores de troncos, de los mulatos carpinteros y libertos ebanistas. Por eso su canción doliente a veces tomaba la distancia del forastero. Otras, evocaba la soledad de las celdas, el alma bagarina, la pena de los condenados, el dolor y el ansia de libertad de los sometidos a latigazos.
Así empieza la biografía novelada que narra la vida del sonero más importante de la historia: Bartolomé Maximiliano, "El Benny", Moré, obra del escritor cubano Faisel Iglesias. Con una prosa llena de emoción y poesía, el autor describe el desarrollo musical de "El Benny", desde su humilde infancia, hasta sus años de fama y su muerte. Qué bueno baila usted es también una historia de la música cubana y de su instrumento protagónico: la Clave. Un libro indispensable para entender, y disfrutar, los orígenes del ritmo que ha inspirado un sinnúmero de nuevos estilos y bailes.
El cubano Faisel Iglesias nació en el pueblo de Pilotos, Pinar del Río, en 1953. Abogado, periodista y escritor, sus ensayos han visto la luz en Cuba, España, Estados Unidos y Puerto Rico. En 1991 la revista Letras Cubanas publicó parcialmente su novela El olor de la tierra. La novela fue presentada en la Feria Internacional del Libro, en Miami, en 1996. Ha sido reconocido internacionalmente por su labor en defensa de los derechos humanos, y en la actualidad vive y trabaja como abogado en Puerto Rico.
Qué bueno baila usted
Paperback: 210 pages
Publisher: CBH Books; First edition (April 1, 2009)
ISBN-10: 1598350943
ISBN-13: 978-1598350944