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| Ana María Shua | Teresa Andruetto |
Ana María Shua y Teresa Andruetto son dos escritoras argentinas mujeres que nacieron en la misma década y que comparten dentro del oficio algunos géneros como el infantil y la narrativa para adultos. Sin embargo, cada experiencia de vida es diferente. En esta entrevista, entre acuerdos y desacuerdos lograron reconstruir su propio mapa del oficio, el oficio de las dudas: el del escritor.
Las dos pertenecen a la misma generación, una nació en 1951 y la otra en 1954, son escritoras reconocidas y además de escribir narrativa para adultos tienen prestigio en el género infantil. Se trata de dos prolíficas autoras que comparten el campo de la escena nacional e internacional, versátiles porque son capaces de transgredir géneros y muy distintas. No solo por su entorno: Buenos Aires y Córdoba, sino por su estilo, las temáticas que abarcan y su relación con el oficio. La primera es Ana María Shua y nació en Buenos Aires en 1951. La segunda, María Teresa Andruetto, cordobesa por naturaleza es de 1954. Frente a un mismo panorama político y social dado por los gobiernos dictatoriales que alcanzaron hasta la década del `70, ambas autoras hablan sobre la diferencia entre lo urbano y lo rural, la pasión por un oficio difícil y poco reconocido, las elecciones para no abandonar la misión de escribir.
Últimos libros
Las dos acaban de publicar una reedición de sus obras. Ana María vos reunís tu cuentos casi completos en el libro Que tengas una vida interesantepor Emece y Teresa acabas de reeditar por Sudamericana La mujer en cuestión. ¿A qué se deben los títulos?
Ana María Shua (AMS): En mi caso, el título responde a una maldición china y a todo lo que puede tener de bueno una vida interesante, a las ventajas de vivir una vida así porque los cuentos abarcan diversos temas. No están todos sino que hice una selección de los mejores cuentos. Además, no están completos porque pienso seguir escribiendo muchos, muchos más.
María Teresa Anduetto (MTA): La mujer en cuestión nace de una circunstancia personal que puso en evidencia la sensación de que aunque conozca mucho al otro, este es siempre un desconocido. Ahí nació la idea de construir una mujer a partir del relato de otros. Igual que en Lengua Madre, novela que está por editarse, la mujer de mi generación es hablado por otros. Eva, el personaje central, La mujer en cuestión es como un experimento y está puesta para que todos la observemos como si fuéramos entomólogos. A mí me interesaba mucho este registro, esta construcción social hecha de retazos de lo que ha sido una época porque me interesa comprender mi tiempo y si el pasado entra, entra para eso. De ahí, el título.
Comienzos
Aún cada una en un entorno distinto, en una provincia diferente y con cuestiones personales que marcaron su carrera, las dos pertenecen a la misma generación y más tarde o temprano, decidieron ser escritoras. ¿Cómo fueron los comienzos en el oficio?
AMS: Siempre fui una lectora muy apasionada y cuando tuve ocho años empecé a escribir versos gracias a una tía que era abogada. Ella empezó a estudiar Arte escénico y declamación y me recitaba todos los poemas de la lengua castellana como si yo fuera todo su auditorio. Así que ahí empecé y después el camino fue arduo. Aprendí con una profesora en casa que no era de literatura sino de teatro. Como se dio cuenta que no me gustaba que no servía para actuar y que me gustaba mucho escribir, me dio la tarea de escribir un poema por día. Escribí durante dos años estos versos pequeños y después tuve suficiente material para seleccionar. Así, estipulada por esta profesora de teatro, María Estela Fernández, me presenté y gané un premio muy chiquitito para publicar mi primer libro.
MTA: La verdad es que nunca pensé de pequeña que iba a convertirme en escritora: era algo ajeno para mi mundo y para mí. Siempre escribí pero para mí, el escritor tenía que tener una vida genial así que este deseo de la escritura se desplazo hacia la docencia. Me preparé para ser profesora de literatura pero el golpe de estado afectó lo que pudo ser el orden natural de los acontecimientos. De no haber mediado esa circunstancia histórica social en nuestras vidas, habría seguido una carrera docente y no me hubiera dedicado a la escritura. No hay una vida mejor que otra para la escritura. Es la intensidad con que yo mire cada particularidad, la que puede dar un resultado.
¿Pero siempre fue fuerte el deseo de seguir escribiendo o alguna vez pensaron en dejarlo todo?
MTA: A medida que uno va construyendo su obra, construye también su vida. Y, el deseo de escribir no se puede comprar ni vender porque en él se sostiene y es sostenida la propia vida. A mí me ha dado gran vitalidad y nunca pensé en dejarlo pero sí soy muy autocrítica de lo que hago y sino me gusta el final o el texto puedo borrarlo y volver a empezar hasta alcanzar el punto que quiero.
AMS: Uno dice todo el tiempo: No sirvo para esto. Todavía lo sigo diciendo porque esta es una profesión de espantosas dudas. Depende mucho de la opinión y no existe un rango de medida.¿Cómo se mide la calidad de una obra literaria? ¿Quién dice si vale o no la pena? Los escritores siempre tenemos dudas porque siempre es opinable la calidad literaria de lo que hacemos. Sin embargo, si uno escribe algo y es bueno, se va a publicar. A mí me gusta escribir todo el tiempo lo que sea. Sin embargo, la adaptación de cuentos folclóricos me resulta maravillosa en dos oportunidades: cuando no se me ocurre nada y cuando estoy escribiendo una novela y tengo que concentrar todo mi esfuerzo creativo ahí. Trabajo mucho haciendo eso, y es un trabajo de oficio puro.
Es la salida que encontré para escribir siempre, aún cuando no se me ocurre nada. Escribir ficción es como nadar de noche en un mar con tormenta, y hacer la adaptación de un cuento popular es como hacer la plancha en la pileta.
Las dos escriben tanto para niños como para adultos. Ana María haces adaptaciones de cuentos folclóricos y poesía y Teresa también escribís poesía. ¿Cómo es el cambio de género?
MTA: Yo le tengo mucha resistencia a los encasillamientos así que creo que la versatilidad tiene que ver con esto y con mis búsquedas de lectura. Tenés que encontrar tu lenguaje propio que está en la intensidad con la que te metes en tu deseo y la posibilidad de captar eso que Joseph Brodsky llama la música del lenguaje, como la música del habla.
Por otra parte, a mí me interesan mucho los bordes del campo y entre géneros pero no en una vocación de ser marginal. No me interesa ninguna ostentación. Lo que me interesa es un camino de encuentro profundo con uno mismo y con la palabra. Lo que me ha llevado a la escritura fue el deseo de comprender, por un lado, y el deseo de algún modo, dominar el lenguaje. Ir hacia el fondo del oficio para que esa comprensión se habrá camino a través de él. Podemos tanto como nuestro oficio nos dé, por eso tiene que estar muy bien.. Cambiar de género es romper los límites y llegar al punto tal en el que el oficio desaparezca. Para que algo le suceda al lector, tiene que sucederme a mí primero. Me apasiona la búsqueda de las formas, la lucha con ellas, que es el oficio: ver hasta donde yo puedo con esto, que funciona aquí, porque cambia la forma y cambia el contenido. Escucho que me pide cada forma nueva. Me interesa mucho serle fiel a la búsqueda que me propone esta nueva forma.
AMS: Empecé escribiendo los versos que me daba mi profesora de teatro como tarea hasta que gané un premio y publique mi primer libro. Pero pasar de la poesía a la narrativa fue un largo proceso lento y solitario. Me costó mucho. Después, cuando empecé a escribir infantiles lo hice por el pedido concreto de una editorial. Cuando escribo para chicos, lo que hago es pensar que me hubiera gustado leer a mí a esa edad.
La vida pasa volando pero la infancia dura muchísimo. La mitad de la vida es la infancia y todo el resto es la mitad.
Los talleres literarios como una rama del oficio
Hablando de la infancia, hoy está muy de moda estimular a los chicos desde muy temprana edad y, el auge de los talleres literarios aumentó en todos los niveles de edad. ¿Cuál es su posición frente a esta modalidad?
AMS: Yo no dicto talleres porque no me gusta. Para sostenerlos a lo largo del tiempo es necesario mantenerle la ilusión a mucha gente y quizás nunca vayan a ser escritores. Hay talleristas que seleccionan a los alumnos que empiezan escribiendo bien y que tienen posibilidades pero eso requiere una cantidad enorme de esfuerzo y energía en una tarea que no tiene resultados económicos a largo plazo. En cambio, todos mis libros siguen funcionando, me siguen dando algo veinte, treinta años después. Están ahí, vigentes y yo prefiero poner mi energía ahí. Es una cantidad grande de energía creativa que tenés que poner en otro y eso es muy cansador. Implica un esfuerzo muy grande.
MTA: A mí me sucede lo contrario porque me gusta mucho. Es una tarea que tiene que ver con leer, con construir la obra propia del otro y difundir a autores que me gustan. Siempre he tenido un muy buen ojo de lector para ver cosas del otro. No me reservo cosas buenas que veo del otro pero eso es una generosidad que tiene que ver con la docencia y con el gusto por ejercer esta tarea. Para mí, todo eso es la literatura. Yo veo la escritura como si yo fuera un carpintero que tiene que seleccionar la madera, y esta madera tiene que tener tal cosa o tal otra. La literatura es una construcción social.
Gajes del oficio
Viven de esta profesión en un país que no necesariamente apoyo siempre a los intelectuales y aún así siguen escribiendo, sorteando obstáculos y logran manejarse en distintos géneros que las acercan a un público distinto, niños o adultos. Además, en su generación no hay muchas mujeres escritoras. Así que, ¿Qué es lo que significa para ustedes la escritura?
AMS: Cuando quise pasar de la poesía a la narrativa me costó mucho porque no sabía como escribir cuentos o novelas. El proceso fue lento y solitario. Durante los años que no escribí nada, me iba cada noche a dormir sintiendo que no había hecho aquello para lo que estaba en la tierra. Los escritores tenemos una misión. Pero es muy raro porque es una misión que a nadie le interesa y que nadie nos pide aunque nosotros la tenemos. El día que no escribimos, no la cumplimos. Uno vino a este mundo a escribir. Y, la escritura consiste en escribir lo mejor que pueda. Escribir textos tan hermosos como los que me dieron placer y alegría a mí.
MTA: Al igual que Ana María, para mí la escritura es consuelo, libertad, acompañamiento. Siempre he pensado que escribía para comprender pero también, como dice Brodsky, “uno escribe para ser comprendido”. Es un modo de sostenerme como ser humano en mi soledad, en la pobreza y en la tristeza. Para mí la escritura es la expresión más decantada de un modo de entender el mundo, las palabras, la vida, el mercado, las editoriales, los colegas. Es un oficio y como tal tiene que ser lo más perfeccionado posible. Hay un ejemplo que doy en mis talleres a partir de la foto de los pies de Julio Bocca cruzados, (un reconocido bailarín argentino reconocido internacionalmente por su talento), con sus zapatillas de baile. El objetivo es ver como todo el baile que él puede hacer esta sostenido en el esfuerzo de esos pies llenos de juanetes y torceduras. Y, eso es la escritura. Para que está sea posible, el oficio tiene que tener toda esta disciplina, todo este trabajo, esta decantación y ser el cimiento sobre el que se construye el baile.
Sin embargo, el oficio también tiene su costado riegoso: Hay escritores que tienen mucho oficio pero que no logran transmitir demasiado. Uno se puede acostar con la misma persona muchas veces y, si ha hecho el amor, puede hacerlo muchas veces más y pasarla bien pero el amor es otra cosa. Hay algo que no sucede siempre y que no depende tampoco tanto de uno. Uno lo que puede hacer es receptarlo cuando aparece y no dañarlo. Lo mismo pasa con la escritura. Lo que no sucede todo el tiempo es ese insight tan fuerte en algo intenso, profundo, particular que pide ser dicho. Esto que parece mágico y espiritual es profundamente material. Creo que si hay alguna posibilidad de espiritualidad, está en la materia en el sentido que lo toma Chejov de que todo lo que decimos debe poder verse. No es la abstracción sino la profunda mirada sobre lo real. El deseo de comprender el mundo, un aspecto, una mota del mundo en el que vivo.
Hablan de un profundo sentimiento, muy personal y de una gran pasión pero hoy las disciplinas intelectuales son las que menor dinero reciben. ¿Cómo un escritor resuelve su vida para poder escribir?
MTA: La elección es una parte importante de la vida de un escritor y cada uno resuelve su vida de manera distinta. En mi caso, siempre quise que la escritura estuviera liberada de la demanda económica para no tener que hacerlo por encargó o rápido. Mi objetivo fue la escritura en sí y lo fui resolviendo para vivir de la literatura en un sentido amplio: armé un centro de literatura infantil a fines del `83, uní a un grupo de personas de manera aleatoria “Por azar y necesidad”, como decía Demócrito de Abdera, y di muchos talleres. Para mí, la literatura se construye entre todos y excede a quien la construye. Es una construcción social en la que un país asienta parte de su construcción de identidad.
AMS: En mis comienzos, me dediqué a la publicidad porque tenía que vivir de algo y para mí era fundamental ganarme la vida. En ese entonces, estudiaba letras y no me interesaba ni enseñar ni hacer crítica. Entonces, ¿qué iba a hacer con la carrera de Letras? La pasaba bien pero eso no me servía para vivir. Un día, apareció un avisito que decía: Se pide estudiante universitario con creatividad y buena redacción. Y, dije: esto es para mí. Fui y era una agencia de publicidad manejada por dos personas que me parecieron dos viejos terribles pero encaje en ese lugar. Ahí empecé con 20 años a escribir mis primeros avisos y guiones televisivos y todo se publicaba. Yo no lo podía creer. Era muy emocionante. Después, entre los 19 y los 27 fui armando Días de pesca, mi primer libro de cuentos.
Sin embargo, hoy ninguna de mis actividades como escritora me da mucho dinero pero todas me dan algo. Yo tengo, en este momento, 97 libros que son las ovejitas de mi rebaño: una me da leche, otra me da lana y otra me mantiene toda la semana. Cada libro me da algo.
(Arroyo Cabral, provincia de Córdoba, Argentina, 1954). En los años setenta, plena dictadura militar, estudió Letras en la Universidad Nacional de Córdoba. Después de una breve estancia en la Patagonia y de años de exilio interno, al finalizar la dictadura contribuye a formar un centro especializado en lectura y literatura destinada a niños y jóvenes, ejerce la docencia, y coordina talleres de escritura, todo ello en la ciudad de Córdoba. En 1992 su novela Tama obtiene el Premio Municipal Luis de Tejeda y a partir de esa circunstancia comienza a publicar la escritura que tiene acumulada. Así, se suceden las ediciones de Tama, Palabras al Rescoldo, El Anillo Encantado y Misterio en la Patagonia, todas en el año 1993, principio de una serie de publicaciones que no ha cesado y que incluye, entre otros libros, las novelas La mujer en cuestión, Stefano, Veladuras y Lengua Madre , el libro de cuentos Todo movimiento es cacería , los poemarios Kodak, Pavese y el reciente Sueño American. Su obra ha sido reconocida con numerosos premios y distinciones, entre otros: Premio Novela del Fondo Nacional de las Artes, Premio Novela Luis de Tejeda, Premio Internacional de Cuento Tierra Ignota, Lista de Honor de IBBY, Finalista del Premio Sent Sovi/Ediciones Destino, Finalista Premio Clarín de Novela y, en varias ocasiones, White Ravens de la Internationale Jugendbibliothek, Mejores Libros del Banco del Libro de Caracas y Destacados de la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil Argentina.
(Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1951). Desde sus primeros poemas, reunidos en El sol y yo, ha publicado más de cuarenta libros. En 1980 ganó con su novela Soy Paciente el premio de la editorial Losada. Sus otras novelas son Los amores de Laurita, (llevada al cine), El libro de los recuerdos (Beca Guggenheim) y La muerte como efecto secundario (Premio Club de los XIII y Premio Municipal en novela). Cuatro de sus libros abordan el microrrelato, un género en el que ha obtenido el máximo reconocimiento en el ámbito iberoamericano: La sueñera, Casa de Geishas, Botánica del caos y Temporada de fantasmas. También ha escrito libros de cuentos: Los días de pesca, Viajando se conoce gente y Como una buena madre. Con Miedo en el sur obtuvo el Premio Municipal en el género cuento. Recibió varios premios nacionales e internacionales por su producción infantil-juvenil. Su última novela es El peso de la tentación (2007). En el año 2009 ha publicado en Madrid Cazadores de Letras, que reúne sus cuatro libros de minificción, y en Buenos Aires, Que tengas una vida interesante, sus cuentos completos.