OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Agosto 2009. Antilde;o tres. Número nueve

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Datos de la revista, agosto 2009, año 3, número 09
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Rita Indiana Hernández y la alucinación de la modernidad

 

por Amir Valle

“La escritora más grande de los baby-boom”, me dije al verla. Era Madrid, 1999, y transcurría el Primer Congreso de Nuevos Narradores Hispánicos, organizado por la editorial Lengua de Trapo y Casa de América. Aunque lo más esencial fuera la molestia que sentíamos todos por las etiquetas que cierta prensa había intentado ponernos, para clasificar a nuestra generación: “baby –boom”, “nietos del boom”, etc., y el hecho de que todos nos sabíamos muy diferentes: desde la altísima figura de basquetbolista  de Rita Indiana Hernández hasta la imagen calmada y de genio literario de Jorge Volpi, casi un metro menor; diferencia que, llevada a términos literarios, mostraba un espectro que iba desde la imbricada propuesta lingüística de Rodrigo Fresán hasta la claridad meridianamente chilena de Alejandra Costamagna.

Lo dicho: Rita Indiana Hernández era la escritora más grande entre todos nosotros, dicho a la cubana, donde la palabra “grande” suele utilizarse para casi todo lo sobresaliente, en su caso, la estatura, que nos hacía quedar a muchos como verdaderos pigmeos. De ella sólo sabíamos que había nacido en Santo Domingo en 1977, que había escritos algunos buenos cuentos (aunque en realidad lo único que habíamos leído era aquel que Lengua de Trapo había incluído en la antología Líneas Aéreas, donde pretendía mostrar lo nuevo que había surgido en América Latina en esos últimos años. Hasta el momento en que escribo estas líneas, aquella cuentista ha publicado Rumiantes (cuentos, 1998), Ciencia succión (cuentos, 2002, traducido al inglés por Kunstenernes Hus de Oslo, Noruega  en el 2003), y las novelas La estrategia de Chochueca (Isla Negra, 2003) y Papi (Vértigo, 2005).

Pero bastan esos pocos libros para que se le considere una voz fundamental en la actual narrativa dominicana, acompañando a los más conocidos Junot Díaz, Julia Álvarez, Ángela Hernández y Pedro Antonio Valdés (que confieso son los que más aportativos me parecen a las letras dominicanas desde que Juan Bosch se convirtiera en una de las cumbres del cuento latinoamericano).

Y es que Rita Indiana Hernández se ha colado por una rendija que pocos escritores de su país han descubierto en ese riquísimo grafiti de raíces múltiples que es la cultura dominicana: aquella rendija desde la cual un ojo performántico como el de esta narradora y poeta puede mirar su realidad apropiándose de esos submundos vivenciales (históricos y cotidianos) y de esas resonancias lingüísticas que conforman lo que algunos críticos denominan la “dominicanidad” (y que yo prefiero llamar “lo dominicano”), apropiándose al mismo tiempo de esas claves de modernidad y de esas señales de cosmopolitismo que convierten a sus cuentos y a sus novelas en algo, también, de connotaciones universales. Lees a Rita Indiana y descubres que estás leyendo historias de aires caribeños sin el más mínimo tinte provinciano. Lees, por poner un solo pero válido ejemplo, La estrategia de Chochueca y te das cuenta de esa historia tiene anclas en una realidad que sobrepasa el territorio de insular dominicano y llegas hasta las calles más latinas del Bronx, hasta los barrios de inmigrantes de París, Barcelona o Berlín. Lees sus cuentos y te choca en pleno rostro una carga de   humor, desamor, rabia, sexo, miedo, frustración y muerte, en historias de una brevedad tan aplastante como alucinada.

Todos los críticos han apuntado en sus obras la conjunción de tres grandes aportes de Rita Indiana Hernández, en relación con otros narradores dominicanos: la adquisición precisa y juguetona de un lenguaje juvenil de clara rebeldía popular, la estratificación de sus historias a manera de espejo que refleja fielmente la violencia urbana y la escenificación de la depauperación moral y social de República Dominicana. Yo agregaría que, tal vez sin proponérselo, esta narradora deja detrás el tradicionalismo, el ruralismo, e incluso ciertas modas del urbanismo que impregnan el cuento dominicano actual mediante la mixturización del estilo en un punto de mira muy distintivo que a veces adquiere el carácter de un estudio sociológico y otras, el de una (re)creación testimonial de una generación de dominicanos que no suele aparecer en la publicidad, en los programas políticos y en la mitología de esa “dominicanidad” de la que hablábamos antes.

Si puedo aceptar que en la narrativa de Rita Indiana Hernández hay luces y sombras que nos hacen pensar en la huella dejada por Borroughs, Kerouac, y algunos otros creadores de la Beat Generation, es preciso, entonces, que hable de que, más que influjo, más que marcas literarias, debiera analizarse la atomización de esa poética de vida en la vida cotidiana de la juventud latinoamericana. Sólo entonces podremos entender que tal vez no se trate de influencias y asimilaciones (válido mecanismo de crecimiento artístico, por cierto), sino de un resultado de esos cambios históricos y sociales (globalizados o no) que estamos viendo en América Latina y otras partes del mundo. Al respecto, en la cuentística y la novelística de esta dominicana hay un retrato descarnado de nuestros ambientes sórdidos, en franca decadencia, mediante el más natural de los lenguajes que utilizamos: el lenguaje crudo, soez, decadente.

Rita Indiana Hernández, lo creo, ha sabido marcar, letras e historias mediante, una diferencia que le permite estar en la cima de la mejor literatura dominicana de los últimos veinte años.

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Sumario

Este Lunes

El revolucionario del siglo XXI

Jorge Eduardo Benavides

El cine cubano sale de viaje

Alfredo Antonio Fernández

El tango y Gardel en la obra de Gabriel García Márquez

Luciano Londoño

La imago

Manuel Gayol Mecías

La palabra del silencio. Notas sobre la escritura de los límites

Arturo González Dorado

«Mariconerías» de Estado: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana

Frances Negrón-Muntaner

Gastón Baquero: un recuerdo familiar

Remigio Ricardo Pavón

1967 y la infancia peligrosa

Patricia Suárez

Unos escriben

Sergio Ramírez

Otros miran

Daniel Mordzinski

OtroLunes conversa

con Antonio Álvarez Gil

“No escribo contra nada ni contra nadie”

con Jorge Majfud

“Calataid es el ejemplo descarnado del patriotismo…”

con Mariela Varona

“Soy una mujer que no acepta la realidad”

con Javier Sáez de Ibarra

“No sé si tengo un estilo, pero sí una intención”

con Ramón Cote Baraibar

“La memoria es como otro brazo, como otra pierna”

con Jon Lee Anderson

“No quiero, simplemente informar y/o entretener...”

con Ana María Shua y Teresa Andruetto

Escribir para comprender

Punto de mira

Cuba per se. Cartas de la diáspora

La isla y su cultura observada desde el exilio

Botón de muestra

Abilio Estévez, Carlos Victoria, Carlos Espinosa Domínguez, José Kozer, Eduardo Manet, Manuel Díaz Martínez, Nivaria Tejera, Pío Serrano, Uva De Aragón y Zoé Valdés

Cuarto de visita

Con la escritora hindú Sujata Bhatt

En la misma orilla

Hombre de negro

Carlos Manuel Torres Guerrero

El muchacho inglés

José Luis Muñoz

Brindis (Fragmento)

León Viera

Expreso Habana-Amstelven

Yoss

La marmita, de Poesía

La marmita. De poesía y poetas

Alberto García-Teresa

Poemas

Antonio Martínez I Ferrer

Poemas

Juana Vázquez Marín

Tres poemas inéditos

Dolan Mor

Kora, de Rogelio Guedea (reseña)

Ernesto García López

Noches de blanco papel, de Roger Wolfe (reseña)

Arturo Parrondo

De tu olor y mis miedos, de Mara Romero (reseña)

Alberto García-Teresa

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

Guillermo Cabrera Infante. Un clásico de la literatura hispanoamericana

Rita Indiana Hernández y la alucinación de la modernidad

Roberto Fernández Retamar y su Caliban

Espido Freire y la rebeldía contra el silencio

Recycle

Cartas de Mijail Bulgakov a I. V Stalin

La generación extraviada

Ángel Santiesteban

De lunes a lunes

Premios de la XXII Semana Negra de Gijón, 2009

Premio Novelpol al prolífico escritor argentino Carlos Salem

La Academia Norteamericana de la Lengua España convoca al Premio 2010 de Novela

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Berlín es un cuento

Esther Andradi

El vendedor de pasados

José Eduardo Agualusa

Mirar el agua

Javier Sáez de Ibarra

Espejo de tres cuerpos

Odette Alonso Yodú

El canalla sentimental

Jaime Bayly

Heinz Luning and Nazi Espionage in Latin America: Hitler’s Man in Havana

Thomas D. Schoonover

Poeficcionario. Antología

Edgar Allan Poe

Elementos de Teoría Constitucional. Una propuesta para Cuba

Ricardo Manuel Rojas

Cristo del alma

Alfredo Pérez Alencar

Stradivarius Rex

Román Piña

El jardín de ajenjo

Francisco Balbuena

Ensayos

Natalia Ginzburg

Qué bueno baila usted

Faisel Iglesias

Ojos de agua

Domingo Villar

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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