OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Agosto 2009. Antilde;o tres. Número nueve

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Datos de la revista, agosto 2009, año 3, número 09
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"No quiero, simplemente informar y/o entretener: repartir la noticia; para eso están los altavoces"

Entrevista a Jon Lee Anderson

 

por Laura García

Jon Lee Anderson reportea: desde el corazón de la guerra o el corazón de algún personaje importante de la historia moderna. Jon Lee Anderson se enfrenta a las dificultades de su oficio: desde ser tomado por rehén en un enfrentamiento bélico, hasta el recelo de un dictador a conceder entrevistas. Jon Lee Anderson tiene mucho qué decirnos sobre la forma en la que se envasa el fondo de sus crónicas y de su oficio.

 

Cuéntenos acerca de sus comienzos en The Lima Times. Qué experiencias vivió allí y cómo influyeron posteriormente en su carrera.

Fue la primera vez que tuve un trabajo serio como tal y también como reportero; descubrí casi de inmediato que me encantó el oficio de periodista. La experiencia sirvió para descubrirme como escritor también, y tener fe en mis aptitudes, gracias a los editores del semanario (bastante pacientes y tolerantes conmigo, por cierto), además, me dio coraje para seguir. Arrancar como reportero en un país como el Perú me proveyó de una experiencia formidable sobre cómo trabajar en una cultura distinta a la de uno.  Yo ya estaba seducido por América Latina -- en todos los sentidos (su cultura, su diversidad, su gente, su idioma principal, su paisaje, y su historia) pero mi tiempo allí sirvió para cuajarlo de por vida.

 

¿Cuál fue la primera vez que se vio en el corazón de una guerra o conflicto, escribiendo una crónica y cuál es el recuerdo más impresionante de ese momento?

Guatemala, 1982, durante la dictadura anticomunista del General Efraín Ríos Montt. Estaba librando una campaña de exterminio entre la población indígena rural entre quienes la guerrilla se había asentado. Lo que más recuerdo es el terror que se marcaba en los rostros de los campesinos y la gente humilde, y el odio y sadismo en la cara de los militares. Había un pueblo en donde el cuartel-- en plena plaza -- tenía una gran pinta con las letras: “En las guerras hay vencedores y perdedores. Solo los vencedores merecen vivir.” Ese era el ambiente. Visité un pueblo en la remota provincia de Huehuetenango -- muy en el epicentro de todo -- al atardecer una noche. Ahí reinaba un joven oficial -- quizás un capitán o mayor, no recuerdo su rango. Pero en fin, era el rey del pueblo. Era muy machote, y quería impresionar. Se jactaba de ser el único militar rodeado por subversivos por todos lados, y que era él solo contra todos ellos. Dejó claro que sospechaba de todos los civiles de la zona, en los pueblos aledaños, de ser simpatizantes con ‘la subversión.’ Insistió en que me quedara la noche en su cuartel. Me preguntó si me gustaba la carne. Cuando asentí, me llevó a la calle y hablo en voz alta a un grupito de soldados suyos ahí, y unos civiles, que le miraban de reojo. Pidió que alguien la trajera una vaca. Recuerdo que un hombre, campesino, llegó con una vaca atada a la ropa, y él lo miró y lo aprobó y ahí mismo ordenó a uno de sus soldados que la matara con su fusil, en la calle, frente de mi. Tremendo estruendo y la vaca que caía pesadamente botando cubetas de sangre. Era como una ejecución, llena de violencia. Luego la comimos.

 

¿Cuál es su opinión de los conflictos armados de Iraq y Afghanistan y el papel que jugó el gobierno de EE.UU en ambos?

En una palabra, calamitosa. Si eran guerras “necesarias,” históricamente hablando (con una lupa muy larga), entonces era también necesario librarlas bien. Y eso no se ha hecho. EEUU. Ha derrochado miles de millones de dólares que no tenía, (prestando de hecho a los chinos) para librar guerras a distancia y en buena medida a través del mercado, es decir, ‘privatizándolo’; entregando grandes aspectos de su implementación y su política a empresas privadas (con ese término ahora tan en uso de ‘contratista,’ como suelen llamarlos) y en mucho casos con consecuencias desastrosas. Ni hablar de las pérdidas humanas ajenas y propias.  Ojalá nos sirve como para un gran debate sobre nuestra responsabilidad ante tales situaciones y comprender mejor como preceder en el futuro. Ojo: Yo estoy totalmente de acuerdo con pelear, y, ojalá, aniquilar a Al Qaeda. Pero hay que hacerla bien, e intentar no crear más enemigos en la batalla. Durante ocho largos y penosos años, Bush hizo todo lo contrario. Su mandato fue catastrófico. A Obama le toca salvar la situación y cambiar la goma del carro cuando ya está en marcha. Una tarea nada fácil.

 

He leído que usted se involucra profundamente con las circunstancias difíciles y las personas más afectadas que componen el contexto de sus crónicas… ¿Cómo afecta esto la construcción de una crónica? ¿Además de contar los hechos verazmente, un cronista también debe conmover el espíritu de sus lectores?

Creo que uno tiene que hacer el esfuerzo de la objetividad en lo que es el reporteo, y cierta ecuanimidad más justicia en la elaboración, pero, obviamente, hay situaciones en donde es moralmente obligatorio conmover a los lectores, claro. ¿De qué serviría por ejemplo que yo escribiera una crónica de un bombardeo en que murieron civiles sin hacer que los lectores, de alguna manera, compartan esa experiencia?  Yo no quiero, en esos casos, simplemente informar y/o entretener: repartir la noticia; para eso están los altavoces. Yo quiero hacer que los lectores sientan, huelen, sean atormentados ojalá, por lo que sintió la gente en el bombardeo teórico. Y si es que yo estuve ahí, intentar, en mi prosa, revivirlo e intentar poner el lector a mi lado mismo. Creo que quizás hoy en día esa necesidad recayó más que nunca en los escritores ya que todo el mundo --  por Internet y la televisión -- tienen la noción, bastante falsa, de saberlo, conocerlo, haberlo visto todo, pero realmente lo han visto en pantalla, estérilmente, a su antojo, y no han sentido nada!  Es bastante peligroso porque creo que esto  crea una desensibilización a una escala colectiva gigantesca. Hay que volver la gente a tierra a veces, ser quizás sus ‘polos a tierra.’

 

¿Ha sentido miedo en las zonas de conflicto en dónde ha trabajado? ¿En qué momento sintió más temor?

Por supuesto, más veces que puedo recordar. ¿Acaso no siente uno miedo cuando estas a punto de morir?  Más temor: Cuando me agarraron unos militantes del Yihad Islami en Gaza y me utilizaron como escudo humano en el techo de una mezquita durante una reyerta y para enfrentarse a soldados israelíes, que estaban tirando bala. Luego, mis captores me querían apedrear hasta la muerte, y alguien me salvó la vida cuando todos ya tenían piedras en la mano y yo estaba gritándoles que ‘no’. Es una historia larga y complicada; la experiencia duro varias horas, durante los cuales viví el terror de alguien que es rehén de personas que quieren matarlo.

 

¿Cómo evalúa al presidente Barack Obama y lo que va de su gobierno y qué opinión le merece el gobierno inmediatamente anterior del presidente George Bush?

Barack Obama ha cambiado el estilo y el tono de las relaciones entre la Casa Blanca en el resto del mundo: de agresivo y belicoso a uno de distensión y pragmatismo. No es el parangón del idealismo manifiesto de muchos de sus adherentes en la campaña presidencial, pero considerando los momentos en que vivimos, las múltiples llagas que tiene que curar dentro y fuera de los EEUU, la carencia de un liderazgo de nivel y de peso entre países aliados -- ni hablar de la existencia de una estratégica en común -- no es sorprendente que ha optado por una política más parca que radical.

Sin duda alguna, Bush fue el peor presidente en mi vida y posiblemente en la historia de los EEUU, y será recordado como tal. Si hubiera justicia, él sería llevado a juicio por deshonrar a la patria, si es que está contemplado en la ley -- por lo menos eso. Merece aunque sea una amonestación histórica por parte del Congreso, como una especie de “impeachment”  simbólico, y la privación de ciertas prebendas y favores. Su ex-vice presidente, Cheney, ha de ser sentenciado a cárcel por su abierto y vergonzoso activisimo a favor de la tortura, y probablemente por otras  ofensas adicionales. Rumsfeld también, por sus repetidas decisiones que demostraron una negligencia criminal como ministro de defensa, actitud que condenó a muchos soldados norteamericanos a la muerte y invalidez innecesaria, además de miles de soldados aliados iraquíes y afganos; ni hablar de decenas de miles civiles de ambos países muertos por las mismas razones.

 

Usted ha escrito perfiles de personajes de gran relevancia en el ámbito político y cultural. ¿Cuáles de esos personajes han sido más esquivos o difíciles de acceder, y cuáles han colaborado sin problemas? ¿Podría compartir con nosotros alguna anécdota en particular?

Ninguno ha colaborado absolutamente sin problemas; el que cooperó más, y fue más generoso, sin embargo, fue el único del grupo que no era un político como tal: Gabriel García Márquez. Como periodista veterano él sabía exactamente lo que yo necesitaba, y me dio todo el acceso y apoyo necesario para lograrlo. Fue una experiencia formidable y sin duda, en su realización, fue el más placentero de todos mis trabajos para The New Yorker. El más difícil probablemente fue Pinochet, por su ropaje militar, sus recelos con los periodistas: los consideraba poco menos que elementos de la “subversión internacional”, y no había dado entrevistas en muchos años. Sin embargo, una vez que supe que él era fanático de Napoleón y de los césares romanos,  logré que se abriera algo preguntándole sobre eso. Y de eso: de su fascinación por los grandes militares ‘conquistadores’ de la Historia, entendí cómo él quiso percibirse a sí mismo, y cuál era su talón de Aquiles. Quiso presentarse como el gran anticomunista, el que, en su golpe contra Allende, como me decían sus amigos, ‘fue el que removió el primer ladrillo del muro de Berlín’. Su lio era que su batalla no era en un campo abierto y legitimizado por la historia, hasta cierta medida, como los de su héroe Napoleón, o de los grandes Césares, sino que era una guerra sucia, denegada, librada sobre todo en secreto, en celdas de tortura y fusilamientos clandestinos. Entonces su paradoja era que se presentaba como el gran militar pero, ¡no podía hablar sobre la batalla que lo había llevado a la victoria! Y vivía francamente atemorizado de que le encontraran culpabilidad en los asesinatos que había ordenado.

Pero de mis perfilados políticos, ninguno me ha acomodado tanto como Chávez. La última vez que lo entrevisté, el año pasado, me preguntó, al final de la entrevista, si me apetecía acompañarlo en su jet presidencial a la República Dominicana, a una cumbre de presidentes en donde se iba a enfrentar con Álvaro Uribe de Colombia, quien, en ese momento, era su enemigo declarado. Era algo así como Mike Tyson ofreciéndome boletos de “ringside” a una de sus propias peleas con el propósito explícito de presenciarle machacar a otro boxeador. Extraordinario.

 

Hay ciertos personajes de sus perfiles que son especialmente importantes para América Latina, como el Che, García Márquez, Hugo Chávez y Augusto Pinochet. Después de haber trabajado ampliamente en estos perfiles ¿qué conclusiones ha sacado de estos personajes, qué imagen o idea le queda de ellos?

Me han reforzado mi percepción de la importancia de la voluntad: por distintos que sean todos estos, lo que los une es eso. Son pruebas ejemplares de que un solo individuo puede tener una enorme contundencia histórica, por bien o mal.

 

Hablando particularmente del Che y del proceso de investigación que llevó a cabo en Cuba para escribir su biografía: ¿Con qué armas debió contar para tener acceso a la documentación restringida que tenía el gobierno cubano o para ser atendido por su viuda?

Franqueza y paciencia.

 

¿Aceptaría un día que un periodista escribiera su perfil? ¿Colaboraría en el proceso?

Lo pensaré. Pero eso de periodistas escribiendo sobre otros periodistas suena un poco incestuoso.

 

¿Sobre qué personaje desearía escribir un perfil en el futuro?

Raúl Castro

 

¿Qué crónica cree que le falta por escribir?

Demasiadas como para alistarlas aquí.

 

JUEGO DE SUPUESTOS

Si pudiera ser uno de los lugares donde ha reporteado, sería…Puede ser un continente?

Entonces África.

 

Si pudiera ser un libro, sería… Puede ser una serie?

Entonces las aventuras de Tintín.

 

Si pudiera ser un momento de su vida, sería…

Trece años, deambulando solo en África nuevamente.

 

Nota del editor:

Esta entrevista, realizada por nuestra Corresponsal en América Latina, Laura García, fue publicada originalmente, en versión menos extensa, en el diario El Espectador, de Bogotá.

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Sumario

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La palabra del silencio. Notas sobre la escritura de los límites

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«Mariconerías» de Estado: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana

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Gastón Baquero: un recuerdo familiar

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1967 y la infancia peligrosa

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con Javier Sáez de Ibarra

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con Jon Lee Anderson

“No quiero, simplemente informar y/o entretener...”

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