

Daniel Mordzinski me ha sacado algunas fotos muy glamourosas. Hay una, por ejemplo, que le fascina a tutti quanti, donde miro a la cámara y sonrío levemente junto a Andrés Neuman, quien mira y sonríe igual, con una rosa roja en primer plano y un background negro. Andrés y yo resultamos ahí bastante favorecidos: una combinación de los hermanos Borgia (César y Lucrecia) con esas personas, también lindísimas, pero de aspecto sobrio y ejecutivo, que venden condominios y automóviles de lujo. Esa imagen fue creada en un ambiente de estudio, desde luego, en la habitación de Daniel en el hotel Suite Jones, en Bogotá, abarrotada aquella tardecita de escritores pachangosos, unos repantigados en los butacones, otros encaramados en la cama y otros más regados por el piso, formando entre todos tremendo guirigay. Recuerdo que a veces sonaba el teléfono y que una de las muchachas, no sé ahora si Claudia Amengual o Guadalupe Nettel, descolgaba de inmediato para decir en un tono de lo más servicial: “Se ha comunicado usted con la suite de Monsieur Mordzinski. ¿En qué podemos ayudarle?”, y el resto de la tribu escribidora seguía, claro está, en su alegre mojiganga, juas juas…
Mi predilecta, sin embargo, es esta otra foto, la de la palmita. Fue tomada también en Bogotá, en aquel mismo agosto de 2007, pero a pleno sol, en el jardín de la biblioteca El Tintal, sin filtros, sin paraguas, sin iluminación estratégica, sin maquillaje, sin atrezzo. Quizá no sea tan bella como la otra, pero sin duda es muy auténtica. Realismo puro. No miro a la cámara, no sonrío. No estoy posando. Me limito a ser moi même, tal cual. Probablemente sea la imagen más sincera de toda mi variopinta iconografía, incluyendo desnudos y fotos de pasaporte. Fue tirada desde abajo. Aún me acuerdo de Daniel, en la posición de un catcher de béisbol, pidiendo: “Espera un segundo, no seas malita, Ena, otra más, anda, otra más…”, o algo así, y yo rezongando: “Deja eso, chico, deja, vámonos ya…” No es que no me guste retratarme, sino que el soroche –mal de montaña– en verdad me estaba matando. Hay que reconocer que Daniel Mordzinski es un fotógrafo sumamente aguerrido: lo mismo trabaja con un burujón de graciosos a su alrededor jodiendo la pita, que se adapta con gran flexibilidad a los diversos caracteres y/o rarezas de sus modelos, siempre muy gentil y paciente, sin alterarse de los nervios ni nada.
Tras las sesiones de fotos en la montaña –y a la orilla del mar, en octubre de 2003, en un festival de cine en Biarritz, que fue dónde conocí a Daniel; me lo presentó, si la memoria no me falla, mi editora francesa–, me hubiera encantado que él me retratara en mi ciudad, en mi entorno, en mi casita, con mis libros y mi gato. Mas este mundo en que vivimos es algo menos que perfecto. Mi decisión de retirarme de manera explícita, radical y definitiva del proyecto Bogotá 39 no tuvo nada en absoluto que ver con Daniel, ni con su obra, que considero muy valiosa. Mis razones fueron de índole política, o más bien relacionadas con la ética, con cierta noción de la coherencia y la integridad intelectual en la que creo y seguiré creyendo aunque no esté de moda. Sólo que esa ruptura, que ya venía gestándose desde hacía rato, vino a ocurrir en enero de 2009, veinticuatro horas antes de que Daniel aterrizara en La Habana junto con los demás invitados a un evento en el que nunca me comprometí a participar. Como le expliqué en su momento a Senel Paz, no cuestiono el derecho de Álvaro Enrigue, Eduardo Halfon e Iván Thays a reunirse y divertirse como se les antoje en Cubita linda; simplemente ejercí el mío a no acompañarlos. Pero la expresión de la libertad individual, máxime cuando va a contrapelo del consenso, suele ser entendida como un acto agresivo, lo sé bien. Y asumí como imposible que Daniel y yo nos reuniéramos acá –suponiendo que él lo deseara, lo cual no era seguro– al margen tanto de Hay Festival como de las instituciones oficiales cubiches. (No me parece ocioso destacar aquí y ahora que Daniel Mordzinski, a quien jamás vi darse importancia ni tratar con altivez a los más chiquitos, ya era Daniel Mordzinski mucho antes de que alguien lo apodara, con escasa fortuna, “el quinto Beatle”, o sea, el superfotógrafo volador anexo al dream team de los superescritores voladores jóvenes de América Latina.) Cuando la tierra tiembla, en ocasiones se agrieta, y los infelices terrícolas, aun sin desearlo, podemos quedar tristemente separados por algún abismo.
Así pues, me dio tremenda alegría cuando Amir Valle, a quien los abismos no intimidan, me envió un mensajito invitándome a colaborar en este homenaje (¡tan merecido!) a la obra fotográfica de Daniel Mordzinski y más aún cuando me dijo que el propio Daniel le había hecho llegar esta foto (¡justo mi favorita!).
Daniel y yo, estoy segura, nos reencontraremos algún día, en algún sitio, y habrá nuevas fotos. Sería maravilloso que me fotografiara en mi otra ciudad, que también es suya, muy suya, una ciudad antiquísima, legendaria y hermosa, amada por muchos e incomprendida por algunos, a donde se llega después de atravesar los controles de frontera más rigurosos del mundo, con el otro pasaporte, el que se lee “al revés”. ¿Qué te parece, Monsieur Mordzinski? ¿No es buena idea? Allá nos veremos entonces. Ya sabes, te espero. El año próximo en Jerusalén.
La Habana, 17 de Julio de 2009
(La Habana, Cuba, 1972). Narradora y ensayista. Licenciada en Lenguas y Literaturas Clásicas, por la Universidad de La Habana. El pájaro: pincel y tinta china (novela) obtuvo en 1997 el Premio Cirilo Villaverde de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y fue publicada en 1999 por Ediciones Unión, Cuba, y por Editorial Casiopea, España. Una extraña entre las piedras (cuentos) fue publicado por Editorial Letras Cubanas, Cuba, en 1999. El viejo, el asesino y yo (cuento) obtuvo en 1999 el Premio Juan Rulfo de Cuento que otorga Radio Francia Internacional, y fue publicado por la Editorial Letras Cubanas, Cuba, en 2000. La sombra del caminante (novela) fue publicada por Ediciones Unión, Cuba, en 2001 y en 2006 por Editorial Kailas, España. Cien botellas en una pared (novela) obtuvo en 2002 el Premio Jaén de Novela que otorga la Caja de Ahorros de Granada. Ese mismo año fue publicada por Debate, España. En 2003 fue publicada por Ediciones Unión, Cuba, y por Éditions du Seuil, Francia, y obtuvo el premio Dos Océanos–Grinzane Cavour que otorga la crítica francesa a la mejor novela latinoamericana publicada en Francia en un período de dos años. En 2004 fue publicada por Ámbar, Portugal y por Voland, Italia. En 2005 por Meulenhoff, Holanda y por Wydawnictwo W.A.B., Polonia. Próximamente será publicada por Potamós, Grecia y por Dogan, Turquía. Alguna enfermedad muy grave (cuentos) fue publicado en 2006 por HK, España. Djuna y Daniel (novela) fue publicada por Random House Mondadori, España y por Ediciones Unión, Cuba, en este 2009.