

Daniel Mordzinski practica el arte de Niepce y las partes de Daguerre, pero ya no reproduce la figura humana en asfalto, ni requiere una exposición de ocho horas en un cuarto oscuro. Ahora emplea esos elementos contradictorios (película rápida y fijador) para hacernos creer la ilusíon de que somos más bellos o parecemos más inteligentes. Para mi asombro todavía tiene dotes de mago de salón y en pleno París ha conseguido rodearme sino de una vegetación tropical por lo menos colocarme entre pinos y espinos...
(Gibara, Cuba, 1929 – Londres, 2005) Nació en Gibara, provincia de Oriente, pero se trasladó a La Habana en 1941. Comenzó estudios de medicina, pero abandonó la carrera y comenzó a trabajar como redactor en la revista Bohemia. Durante ese período trabajó también escribiendo críticas cinematográficas, donde debió utilizar un seudónimo (G. Caín) luego de que Fulgencio Batista lo encarcelara por una crítica obscena. En 1951 fundó la Cinemateca de Cuba y comenzó a escribir sobre cine en la revista Carteles, de la que luego fue redactor jefe. El triunfo de la Revolución Cubana lo llevó a dirigir el Concejo Nacional de Cuba y a dirigir la publicación Lunes de Revolución. En 1962 viajó como agregado cultural en Bruselas, pero luego rompió relaciones con el gobierno de Fidel Castro y se instaló definitivamente en Londres, donde actualmente reside y mantiene una posición crítica al régimen castrista. Su primer libro publicado fue Así en la paz como en la guerra (1960), pero alcanzó su mayor reconocimiento con Tres tristes tigres (1967), novela ganadora del Premio Biblioteca Breve, y La Habana para un infante difunto (1979). En ambas obras se evidencia la presencia de la ciudad, evocada desde el pasado y la distancia. Además de sus trabajos como crítico y guionista de cine, publicó también el libro de cuentos Vista del amanecer en el trópico (1974), O (1975), de carácter experimental y los ensayos Exorcismos de esti(l)o (1976), Arcadia todas las noches (1978), Mea Cuba (1993), Delito por bailar chachachá (1995), Ella cantaba boleros (1996) y Vidas para leerlas (1998), además de un texto en inglés, Holy Smoke (1985) y El libro de las ciudades (1999), donde oficia de guía turístico e historiador de distintas ciudades del mundo. En el año 1998 recibió el Premio Cervantes. Póstumamente, en fecha reciente, se ha publicado su novela La ninfa inconstante.