OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Agosto 2009. Antilde;o tres. Número nueve

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Datos de la revista, agosto 2009, año 3, número 09
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El que habita en el espejo

 

José Manuel Fajardo

Yo no creo que sea mera casualidad que Daniel Mordzinski inaugurara su carrera como fotógrafo de escritores con un retrato de Jorge Luis Borges, allá por el lejano 1978, hace treinta largos (pero breves), intensos y fructíferos años. En la foto, el viejo escritor aparece rodeado de oscuridad, mientras una mano irrumpe en el campo como señalándole el haz luminoso que se refleja en el techo, imperceptible para sus ojos ciegos. La primera vez que la vi, me pre­gunté cómo diablos había logrado el fotógrafo reunir en un instante, en una ima­gen, tal cantidad de símbolos relacionados con la propia Literatura borgeana. El Borges público que se deja retratar. El oscuro espacio del mundo donde refulge un espejismo fantástico. La sombra de ese otro, ese doble, al que Borges adju­dicaba su talento y su escritura, capaz de señalar el camino o, quizá, de mane­jar los invisibles hilos del personaje público, porque eso pudiera estar haciendo también la mano que asoma a espaldas de Borges.

Entonces, cuando vi la foto por vez primera, acababa de conocer a Daniel Mordzinski y no era todavía consciente de hallarme ante el caso más deslumbrante de intuición artística que he tenido el privilegio de contemplar en mi vida. El suyo es talento creativo en estado puro, una especie de corriente eléctrica que se genera en torno de él mientras trabaja (eso lo podrán ates­tiguar cuantos escritores ha retratado, que son ya legión, y los que han tenido el privilegio de viajar y trabajar con él, entre los que me cuento); una corriente que se torna contagiosa, que envuelve al retratado y lo coloca en un inmediato estado de empatía. Como la mano a espaldas de Borges, Daniel Mordzinski se convierte en cada sesión fotográfica en el doble del retratado, esa presencia que desde el otro lado del espejo nos devuelve nuestro rostro mirado por otro. Porque ese es quizá el mayor prodigio del arte de Mordzinski: su capacidad para hacernos descubrir a la persona que se halla tras el escritor público, pero sobre todo, para ofrecer al propio retratado, parafraseando unos versos de Borges, "explicaciones de sí mismo, teorías de sí mismo, auténticas y sorprendentes noticias de sí mismo". Sus retratos son verdaderas revelaciones en las que uno termina por reconocerse mejor.

Tampoco es casualidad que los versos de Borges que he escogido para definir la magia de Mordzinski sean versos de amor. Estos treinta años de retratos de escritores no sólo han acreditado su talento sino también su capaci­dad de hacer amigos y lo desmedido de su pasión por la literatura. Una pasión de lector impaciente, que no se contenta con el disfrute de la obra leída -porque Mordzinski se aproxima antes a los autores que va a retratar a través de sus libros-, sino que intenta penetrar en su universo, participar del juego simbólico, interiorizarlo como lo hacen siempre los artistas, mediante mecanismos que articulan lo racional y lo inconsciente, y prepararse así para poder trasladarlo a la imagen fotográfica. Un proceso creativo que crea el sello de marca de los retratos de Mordzinski: su sorprendente capacidad escenográfica en la que, entre el artificio y el sueño, el observador siente que se adentra en el verdadero mundo del retratado.

Es difícil resistir la tentación narrativa cuando se trata de evocar los orígenes del fotógrafo en la vida de Mordzinski. Todas las historias comienzan mucho antes de su inicio oficial. Hay una parte de cada una de ellas que se desarrolla cuando sus protagonistas ignoraban todavía que habían comenzado ya a vivirla y, por lo general, es necesario que pase mucho tiempo antes de que lleguen a tomar conciencia de ello. Es quizás ese el momento mágico de la vida, aquel en el que todo comienza a ordenarse, aquel en el que todo empieza a tomar un sentido y tan sólo hace falta que seamos capaces de descubrirlo, de intuir el mensaje que oscuramente no manda. A mí me gusta imaginar que ese momento, para Daniel Mordzinski, tuvo lugar el día en que siendo niño acudió con su padre a una función de circo en cuyo intermedio se sorteó una pequeña cámara fotográfica. El pequeño Daniel gritó de júbilo cuando escuchó que el número ganador que anunciaba el payaso encargado del sorteo era el suyo, y lloró de frustración cuando su padre tuvo que admitir que había perdido la papeleta y la cámara fue a parar a manos de otro niño. El escritor Antonio Sarabia sostiene que es ahí donde nació su vocación fotográfica, en ese sen­timiento de pérdida. Yo también lo creo, pues tras la pulsión artística late siempre la sensación de que el mundo está incompleto, la necesidad de cubrir una carencia que pasamos la vida entera tratando de nombrar.

La sombra (en su caso, tal vez La luz) que Mordzinski persigue como fotógrafo le ha hecho recorrer treinta años de búsqueda, de tentativas, de tra­bajo cuyo fruto podemos hoy valorar con la perspectiva que da eltiempo. De su Buenos Aires natal a Israel, donde vivió siete años antes de instalarse en París en 1988. De sus estudios de literatura y de cine en la Universidad hasta su colaboración en los más prestigiosos medios de la prensa internacional. De su juventud de buen muchacho (porque, como diría Antonio Machado, Mordzinski es, en el buen sentido de la palabra, bueno) al amor de su compañera, Viviana Azar, y de sus hijos, Jonás y Anael. De su pasaporte argentino al francés. En toda su trayectoria personal y profesional, Daniel Mordzinski ha llevado consi­go el alma, la pasión de América Latina que le ha hecho el más latinoameri­cano de los franceses y, desde luego, el más francés de los latinoamericanos. Pero, como el propio continente que le habita, síntesis mestiza del planeta, su curiosidad le ha llevado a acercarse a otras lenguas y culturas y, así, su cámara ha retratado escritores del mundo entero, de modo que su trabajo está confor­mando ya la que será la memoria visual de la literatura de nuestra época.

Una memoria que habrá de recordarnos tal y cómo éramos, pero que tam­bién dejara constancia del trabajo de un artista capaz de acercarse a sus coetáneos con humor e ironía, pero sobre todo con respeto y afecto, los cuatros elementos en que se divide la inteligencia. Contemplar la trayectoria fotográfica de Daniel Mordzinski es asistir al espectáculo de una búsqueda de belleza y verdad en el que las sucesivas aproximaciones a ideas visuales dan cuenta del rigor del esfuerzo. De retrato en retrato, Mordzinski ha ido afinando su concepción de la fotografía, ha jugado con volúmenes, geometrías, luces y encuadres, con composiciones y gestos, como si cada escritor retratado fuera pieza de un vasto tablero de ajedrez en el que él juega la partida de su talento, pero en el que mágicamente, como en ese mundo del otro lado del espejo que imaginara Carroll, peones, torres y reyes no son esclavos de su voluntad sino cómplices de su aventura.


José Manuel Fajardo

(Granada, España, 1957). Cursó estudios de derecho hasta tercer año en la Universidad Autónoma de Madrid. Sus libros más recientes son Una belleza convulsa (Ediciones B. 2001), con la que ganó en Francia el premio literario Charles Brisset 2002, La epopeya de los locos (Ediciones B. 2002), Vidas exageradas (Ediciones B. 2003), La estrella fugaz (Ed. Cidcli, 2005), A pedir de boca (Ediciones B. 2005). Ha participado en los libros colectivos de relatos Hôtel Puerto (Images en Manoeuvres Éditions. Marsella. 2001), Cuentos de la tercera orilla (Banda Oriental. Montevideo.2002), Tu nombre flotando en el adiós (Ediciones B. 2003), Queen Mary 2 & Saint-Nazaire (Maison des Ecrivains et Traducteurs. Saint-Nazaire. 2003) y A table! (Éditions Métailié. París. 2004). Es coautor y editor de la recopilación colectiva de poesías de narradores titulada Poesie senza patria (Ugo Guanda Editore. Milán. 2003). Sus obras están traducidas al francés, italiano, alemán, portugués y griego.

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Sumario

Este Lunes

El revolucionario del siglo XXI

Jorge Eduardo Benavides

El cine cubano sale de viaje

Alfredo Antonio Fernández

El tango y Gardel en la obra de Gabriel García Márquez

Luciano Londoño

La imago

Manuel Gayol Mecías

La palabra del silencio. Notas sobre la escritura de los límites

Arturo González Dorado

«Mariconerías» de Estado: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana

Frances Negrón-Muntaner

Gastón Baquero: un recuerdo familiar

Remigio Ricardo Pavón

1967 y la infancia peligrosa

Patricia Suárez

Unos escriben

Sergio Ramírez

Otros miran

Daniel Mordzinski

OtroLunes conversa

con Antonio Álvarez Gil

“No escribo contra nada ni contra nadie”

con Jorge Majfud

“Calataid es el ejemplo descarnado del patriotismo…”

con Mariela Varona

“Soy una mujer que no acepta la realidad”

con Javier Sáez de Ibarra

“No sé si tengo un estilo, pero sí una intención”

con Ramón Cote Baraibar

“La memoria es como otro brazo, como otra pierna”

con Jon Lee Anderson

“No quiero, simplemente informar y/o entretener...”

con Ana María Shua y Teresa Andruetto

Escribir para comprender

Punto de mira

Cuba per se. Cartas de la diáspora

La isla y su cultura observada desde el exilio

Botón de muestra

Abilio Estévez, Carlos Victoria, Carlos Espinosa Domínguez, José Kozer, Eduardo Manet, Manuel Díaz Martínez, Nivaria Tejera, Pío Serrano, Uva De Aragón y Zoé Valdés

Cuarto de visita

Con la escritora hindú Sujata Bhatt

En la misma orilla

Hombre de negro

Carlos Manuel Torres Guerrero

El muchacho inglés

José Luis Muñoz

Brindis (Fragmento)

León Viera

Expreso Habana-Amstelven

Yoss

La marmita, de Poesía

La marmita. De poesía y poetas

Alberto García-Teresa

Poemas

Antonio Martínez I Ferrer

Poemas

Juana Vázquez Marín

Tres poemas inéditos

Dolan Mor

Kora, de Rogelio Guedea (reseña)

Ernesto García López

Noches de blanco papel, de Roger Wolfe (reseña)

Arturo Parrondo

De tu olor y mis miedos, de Mara Romero (reseña)

Alberto García-Teresa

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

Guillermo Cabrera Infante. Un clásico de la literatura hispanoamericana

Rita Indiana Hernández y la alucinación de la modernidad

Roberto Fernández Retamar y su Caliban

Espido Freire y la rebeldía contra el silencio

Recycle

Cartas de Mijail Bulgakov a I. V Stalin

La generación extraviada

Ángel Santiesteban

De lunes a lunes

Premios de la XXII Semana Negra de Gijón, 2009

Premio Novelpol al prolífico escritor argentino Carlos Salem

La Academia Norteamericana de la Lengua España convoca al Premio 2010 de Novela

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Berlín es un cuento

Esther Andradi

El vendedor de pasados

José Eduardo Agualusa

Mirar el agua

Javier Sáez de Ibarra

Espejo de tres cuerpos

Odette Alonso Yodú

El canalla sentimental

Jaime Bayly

Heinz Luning and Nazi Espionage in Latin America: Hitler’s Man in Havana

Thomas D. Schoonover

Poeficcionario. Antología

Edgar Allan Poe

Elementos de Teoría Constitucional. Una propuesta para Cuba

Ricardo Manuel Rojas

Cristo del alma

Alfredo Pérez Alencar

Stradivarius Rex

Román Piña

El jardín de ajenjo

Francisco Balbuena

Ensayos

Natalia Ginzburg

Qué bueno baila usted

Faisel Iglesias

Ojos de agua

Domingo Villar

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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