

Creo que si Daniel no hubiera sido fotógrafo, habría sido escritor. Fue lo primero que pensé cuando hojeé uno de sus libros de fotografía y descubrí que cada imagen era una historia, casi un cuento, especie de juego donde el escritor, cuya imagen sería detenida en el tiempo, tenía la opción de escapar con gusto de esas poses serias y aburridas de siempre, para ofrecer su lado más imaginativo, posiblemente su faceta infantil y aventurera perdida en tantos años de bregar con las ideas y palabras.
Una vez que Daniel y yo fuimos presentados por Karla Suárez, tuve el gran placer que seleccionáramos el Museo del Louvre para la sesión de instantáneas. Me gustaron sobre todo dos de las fotografías. En la primera, Karla y yo jugábamos como niños en fuerte contraste al Palacio que aquella tarde de nubes grises parecía guardar un misterio especial. La otra foto era más clásica, yo fumando bajo uno de los faroles del Museo. Si un día al fin me hago famoso y después de muerto me hacen una estatua, un sueño romántico que tenía de adolescente, creo que esta sería la imagen que me gustaría dejar, lástima que no hagan estatuas con cigarrillos. Desde estas líneas le envío a Daniel un gran abrazo, creo que el homenaje es harto merecido para alguien que, como él, ama tanto la literatura y la cultura de nuestros países. Gracias, amigo.
Ciudad de La Habana, 1962. Profesor y escritor. Licenciado en Geografía por la Universidad de la Habana. Actualmente trabaja como profesor de técnicas narrativas para jóvenes escritores en el Centro de formación literaria "Onelio Jorge Cardoso". Es miembro de la Unión de escritores y artistas de Cuba (UNEAC). Reside en la Ciudad Habana. Ha sido galardonado con los siguientes premios literarios: Premio David de novela, 1989; Premio Pinos Nuevos de novela corta, 1994; Premio Luis Rogelio Nogueras de cuento, 1993; Premio Abril 1994, y 1995; Premio iberoamericano de cuento Julio Cortázar 2003. Ha publicado La hora fantasma de cada cual (1994), Mata (1995, 2004), La estrella bocarriba (2001).