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También están esos escenarios que usted describió antes de conocerlos, y que luego, al visitarlos, prefirió la descripción hecha por usted.
Sí, es el caso por ejemplo del sitio donde se desarrolla el interrogatorio de Martinica. Cuando fui a Tola y vi el sitio de los hechos reales, me gustó más el que yo había imaginado, de modo que me quedé con él. A veces la novela corrige ciertos aspectos de la Historia para adaptarlos a su historia interna. Esto es una gran arrogancia del escritor, pero funciona en términos literarios.
Hay en esta novela muchas técnicas de escritura que no había en las anteriores, superposición y simultaneidad de diálogos, múltiples voces femeninas, invención de fuentes ficticias, diálogo del autor con personajes pretendidamente reales, correos electrónicos, mezcla de interrogatorios con sueños, transcripciones de escuchas telefónicas... ¿Qué influencias hay en todo esto?
Ésta es una novela donde hay muchas conversaciones, en distintos planos. Hubiera sido imposible manejarla de principio a fin con guiones únicamente, es decir, con una técnica muy socorrida. Por eso tuve que recurrir a tantos subterfugios narrativos. Pero no estoy tomando de alguien en particular, sino de muchas lecturas acumuladas. Es la novela misma la que impone las técnicas narrativas que se van a emplear.
Precisamente, yo la he leído como una sinfonía de voces: ¿no es también una manera de darle voz a personajes que en su momento no la tuvieron, de uno y otro bando?
No hay un proyecto deliberado de darle voz a quienes no la tuvieron. Yo he querido recordar cosas que están sucediendo mientras Anastasio Somoza Debayle está cayendo, ciertas atrocidades como la masacre de los niños de Belén perpetrada por la Guardia Somocista, y al mismo tiempo esta atrocidad que unos hombres, hechos prisioneros por las fuerzas revolucionarias, sean juzgados y fusilados sin ninguna legalidad, sólo con el aplauso o el silencio del público. Esos contrastes están creados deliberadamente para producir un choque en la conciencia del lector.
Y tantos personajes femeninos, siete quizá, es algo inédito en su obra...
Sí, era un desafío que me impuse, es lo más difícil para un novelista masculino hablar desde el alma femenina....
Pero, ¿por qué quiso enfrentar ese desafío? ¿Por experimentación o porque la historia se lo exigía? Me imagino que no es por equidad de género...
[Risas] ¡No, eso sólo en las listas de candidatos de los partidos políticos! Yo necesitaba voces femeninas también para contar, porque como dije, la novela es un conversatorio. Era necesario que la viuda de Martinica contara las cosas desde su perspectiva, era necesario que hablara una de las madres de los niños masacrados en Belén, o el informe de Cristina, que ella hace en Cuba a solicitud de Carlos Fonseca... me parecen piezas esenciales de la novela. Fue un verdadero tour de force, porque se trataba para mí de asumir distintos registros femeninos. Una cosa es el registro de una mujer campesina que se expresa oralmente, otro muy diferente el de una mujer burguesa que escribe un email desde su apartamento de Miami... Tuve que pasarle estos textos a mujeres, incluyendo a mi hija, para que me los aprobaran o desaprobaran... en algunos casos tuve que rehacerlos, porque seguía hablando yo, no ellas.
Hay varias alusiones a «compañeras revolucionarias» que tienen que hacer las tareas domésticas o servir a los hombres en la clandestinidad. ¿Machismo manifiesto dentro del FSLN?
Ésa es una situación que nunca cambió ni durante la lucha, ni durante los años en el poder. Recuerdo a compañeras guerrilleras, o aguerridas, diciendo al referirse a su varón: «le voy a tener un hijo», como si fuera una tarea doméstica más. Es algo muy antiguo y profundo en la cultura nicaragüense, y los hombres siempre son «corridos» de las cocinas...
Martinica asegura haber visto una vez, en su juventud, a Carlos Fonseca y dice: «Una vez nada más lo vi y me aburrió con su fanática letanía». Es una opinión casi iconoclasta del líder máximo del FSLN. ¿Quién está hablando?
Yo me cuido de dar opiniones en mis novelas, sino, le quitaría ese papel a mis personajes. Yo me encontré con Carlos Fonseca por lo menos en unas diez ocasiones, una vez en Nicaragua, y las restantes en San José, y hablamos siempre de muy variados temas, de literatura, historia política. Era un hombre intransigente en sus opiniones, y cerrado a la hora de defenderlas.
IV: El escritor y su cotidiano
¿Qué está leyendo en este momento?
Un libro de Stendhal, que se llama Del Amor.
¿Por placer, como lee cualquier lector?
Es que mi próxima novela quiero que sea una historia de amor. Pero es un libro muy bello y lo leo con placer, es sobre los mecanismos del amor o el «oficio amoroso».
¿Quiere decirnos qué está escribiendo ahora?
Estoy preparando mi discurso de ingreso a la Academia de la Lengua, es un trabajo sobre la narrativa de Pablo Antonio Cuadra, que va a servir también de prólogo a sus obras completas de narrativa teatral. También tengo que escribir un prólogo a El Poder y la Gloria, de GrahamGreene, para una serie de literatura contemporánea inglesa que va a editar el Club del Libro de Barcelona. Cuando salga de eso, voy a sentarme a escribir esta próxima novela, para la que estoy haciendo por el momento lecturas preliminares. Quiero que sea una historia de amor.
¿Me está dando una primicia?
[Risas] Bueno, puedes ponerlo así, pero de pronto mañana se me ocurre otra cosa. Por el momento ése es el proyecto. Quiero hacer un experimento con dos personajes y una historia de amor.
¿Tiene algún vínculo de exclusividad con Alfaguara?
No, pero soy autor de esa casa y estoy muy contento con ellos, por lo tanto les someto de primero a ellos mis libros. Digamos que es una exclusividad escogida.
¿Cuál es su rutina diaria?
Salgo muy temprano a caminar, como una hora, después entro a Internet para leer los periódicos. A eso de las 8 ya empiezo a escribir, hasta mediodía. Por la tarde me dedico a asuntos administrativos generales y también de la literatura, que tiene muchos, contratos y cosas así. Por la tarde contesto también la correspondencia electrónica. Y al final de la tarde veo amigos, salgo con mis hijos, hago vida que se llama «social»...
V: El escritor y la sociedad literaria nicaragüense
¿Quisiera mencionar algunos escritores jóvenes de Nicaragua a los que usted les ve futuro, o le parece improcedente?
No, no quisiera... Siempre que uno hace eso queda mal, porque nombraste a uno y no al otro, siempre hay uno de más o uno de menos...Lo que sí estoy viendo yo es que en este país tradicionalmente de poetas, están surgiendo narradores prosistas, novelistas. Hasta dónde va a llegar cada uno, no sé. Pero me entusiasma mucho que se estén escribiendo novelas, como tú decías antes, sobre el filón más rico, que es escarbar en la revolución.
Hay casos como el de Jorge Luis Borges que jamás escribió novela, o Ernesto Sábato que jamás escribió poesía o cuento. Usted, que nació en el país de Rubén Darío, ¿jamás escribió poesía?
En la colección de la revista Ventana están algunos de mis poemas. Pero es algo del pasado, nunca le di mucha importancia, me convencí rápido que yo quizá tenía los sentimientos pero no la habilidad y la técnica para la poesía. Lo que pueda tener de poeta queda en mi prosa. Mi primer libro publicado, en 1963, fue un libro de cuentos.
¿Qué consejos le daría a un joven nicaragüense que quiera ir por la senda de la narración?
No jugar a ser escritor, actuar por impulsos, sino escribir con disciplina, todos los días del mundo, no distraerse de la escritura. No se nace escritor, es un oficio que se aprende y se practica como cualquier otro, muy artesanal y tiene responsabilidades éticas considerables. Parte del oficio es leer, leer mucho. También hay que tener mucha paciencia para corregir, desechar y volver a empezar. Y por fin, tener humildad, un escritor joven no tiene que escribir con la idea de que los lectores y los editores están esperando que él termine su libro, o que el mundo no va a estar bien si no lo leen.
VI: El escritor y la crisis internacional: «Estados Unidos está profundamente equivocado»
Para terminar, usted que fue miembro de un gobierno que tuvo que enfrentar la ira de Estados Unidos, cuando estaba Ronald Reagan, ¿podría darnos su opinión sobre la crisis internacional actual, la invasión a Irak?
Creo que cuando se abre una caja de Pandora, no se puede saber qué saldrá. Los norteamericanos creían que ellos iban a entrar en Bagdad en unos días y que las masas iban a salir a aclamarlos como libertadores. Esto no ha sucedido y las cosas se están complicando cada vez más. La regionalización del conflicto es más que una posibilidad. No dudo que haya muchos en Irak en contra de Hussein, y a mí mismo este personaje no me merece ningún respeto. Pero otra cosa es ver a su país invadido por una fuerza extranjera. Como se trata además de una guerra de imágenes, me parece que la peor que se les puede haber ocurrido fue izar una bandera de Estados Unidos en la ciudad de Umm Qasr. Ya han tenido que reconocer que se equivocaron en los cálculos, hay más envío de tropas, esto no augura nada bueno.
Nicaragua tuvo que poner sus propios muertos para sacarse de encima a Somoza.
Sí, yo rechazo que otro país se arrogue ese derecho, esa libertad, bajo cualquier pretexto, por muy idealista que parezca o pretenda ser esa «liberación» de Irak. Nadie le ha dado ese papel a Estados Unidos, además de estar subvirtiendo una vez más el orden internacional, violentando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Todo esto va a traer muchas consecuencias. Estados Unidos siente que es el único poder mundial estratégico-militar y puede ordenar el mundo de acuerdo a sus objetivos y a su voluntad., como lo ha dicho Bush. Y de estos extremismos parten siempre las grandes equivocaciones históricas.
¿No diría ahora, como en otras épocas, «yanqui, enemigo de la humanidad»?
No, yo no me guío por lemas que reflejen odio. No soy enemigo de los Estados Unidos. Pero sí estoy señalando que están profundamente equivocados.
Managua, Nicaragua, 26 de marzo de 2003
Vea la entrevista original en:
http://www.andes.missouri.edu/andes/Cronicas/CP_SergioRamirez.html