OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Agosto 2009. Antilde;o tres. Número nueve

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Datos de la revista, agosto 2009, año 3, número 09
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Un baile de máscaras (1985)

 

 

RECAPTURAN LOS CHINOS LA CIUDAD DE HUNAN obligando a los japoneses a retroceder en dirección sudeste hasta Ling, mientras los aviones norteamericanos arrojan bombas de gran tamaño sobre Linchwan Cuchillas Durham Duplex las que Ud. esperaba para complacer su barba se las ofrecen Carlos y Rodolfo Cardenal establecidos en Managua y Granada.

 

DESESPERADA SITUACIÓN DE LOS RUSOS EN EL FRENTE SUR después de los éxitos obtenidos por los alemanes que tras cruentos combates casa por casa informan haber capturado la ciudad de Voroshilovsk.

 

REÑIDA LUCHA EN LAS MÁRGENES DEL DON aunque las fuerzas soviéticas frustran todos los intentos nazis de cruzar el río, utilizando nutrido fuego de artillería con piezas de gran calibre Licorera San Ramón participa a sus estimables clientes con pedidos pendientes de su famoso y exquisito licor de frutas Pisco que gracias a Dios ya estamos en condiciones de atenderlos, oficina y bodega Mercado San Miguel, teléf. 448.

 

¿ATENTADO ANTISEMITA? Desde Buenos Aires (por el cable): El intelectual judío Waldo Frank ha sufrido un atentado contra su vida, después de haber sido amenazado por las autoridades argentinas con la deportación, aunque éstas condenan el hecho criminal y prometen una exhaustiva investigación Doctor Laureano Zelaya, Dentista americano de la Universidad de Vanderbilt, elegante e higiénico consultorio frente al costado sur del Gran Hotel, el único en Nicaragua que toma placas de rayos X en su boca.

 

BELLA DAMA ABSUELTA EN MATAGALPA POR EL JURADO (De nuestro corresponsal Tijerino, por el telégrafo): En medio de gran entusiasmo compartido en todos los estratos sociales, fue absuelta por el tribunal de jurados sorteado al efecto, doña María Luisa vda.de Oliú. La gentil dama, quien pese al cautiverio sufrido luce siempre bella y juvenil, como pudo comprobarlo la nutrida concurrencia que se dio cita en el juzgado, fue procesada por asesinato en la persona de jerónimo Montes, quien a su vez había asesinado al marido de doña María Luisa debido a una vieja enemistad por asuntos de negocios. Hace tres meses, ésta última le disparó toda la carga de un revólver que llevaba oculto en su cartera cuando el jurado de conciencia conocía del proceso contra Montes por el asesinato del señor Oliú; la viuda, desconfiando de la justicia, la tomó por su propia mano y ahora fue absuelta entre nutridos aplausos y los parabienes de sus amistades, a los cuales se agregan los nuestros Le derníer cri de la mode americaine lo encuentra en LA CASA DE LOS BOTONES, Calle de Candelaria: preciosidades en botones de fantasía y adornos para vestidos de señoras, señoritas y niñas) PASAJEROS DEL AIRE: en el avión de la Taca llegaron ayer los siguientes pasajeros: de El Salvador, Juan Wassmer; de Tegucigalpa, Edward C. Walterman; se fueron a San José, Dora Santisteban y una niña; Francisco Amighetti, Flora de Amighetti  ¡Justicia Social!: Señor Empresario, hágase Ud. cargo de los tiempos que corren y proteja adecuadamente la salud de sus empleados y operarios mandando instalar un filtro de agua  a presión de la marca sin par Engelberg que distribuye Don Ángel F. Morán, teléf. -535; así lo ha hecho ya el señor Gerente del Banco Nacional, don Vicente Vita, lo mismo que el señor Recaudador General de Ingresos, Don Agenor Lola, con los más óptimos resultados QUINTA DE RECREO VENDIDA Don Adán Guerra compró a Don Marcelo Ulvert una confortable casa quinta en la pintoresca y fresca zona de Las Nubes, aledaña a la ciudad capital; trato que fue celebrado con alegre tenida en el jardín de las Rosas de la Cervecería Xolotlán L. M. Richardson & Cía, ofrece llantas para ejes y ruedas de carretas de tracción animal, carretillas de mano, vidrios planos azogados para espejos, cortados a la medida de su necesidad DE PLÁCEMENES Hoy cumple años la distinguida dama doña Blanca de Buitrago Díaz, esposa del señor magistrado Doctor Francisco Buitrago Díaz, motivo por el cual será agasajada en el Club Managua con un bridge party por un selecto grupo de damas SOMBREROS SOMBREROS: sombreros de paja  y fieltro para señorasy niñas. Sombreros aludos en los estilos más lucidores, última novedad, acaba de recibir El Chic Parisien de Chila Ch. de Solórzano PENSIÓN DE GRACIA Cinco córdobas mensuales a una madre por cada hijo muerto acordó ayer la cámara de diputados. Se trata del caso de cinco hermanos, soldados del general Crisanto Zapata que fueron muertos cada uno en distintos combates durante la revolución de 1926, y cuya madre indigente, Deogracia Alvarado, oriunda de Nandaime, ha sido favorecida con pensión vitalicia de veinticinco córdobas mensuales  DOS EN UNA: MIDO SU TERRENO Y LE INSCRIBO SU ESCRITURA. Doctor Manuel  J. Morales Cruz, abogado e ingeniero topógrafo, en la misma oficina del Doctor Gustavo Manzanares, Calle de Candelaria.

 

¿FALLECIÓ ACASO EL PITCHER COSTEÑO JONATHAN ROBINSON? Se rumora que murió en Costa Rica el gran pitcher Jonathan Robinson, pero no hay ninguna confirmación de esta triste noticia, que de ser veraz quitaría a Nicaragua uno de los mejores brazos del deporte rey ¿Quiere discos Victor nuevos? ¿Tiene discos rotos o viejos? Nosotros se los recibimos reconociéndole un buen descuento al comprarnos discos nuevos, salga de sus discos pasados de moda , rayados, sordos, etc., visite La voz del amo, Calle 15 de septiembre, frente adonde fue la cantina de Chico Pupusa.

 

MUJER HOLANDESA EJECUTADA Londres (por el cable): La Agencia Aneta hace referencia a una información publicada en el diario sueco Svenska Dageblatt al anunciar que ha sido ejecutada en Amsterdam por las autoridades alemanas la primera mujer acusada de cometer actos de sabotaje ZAPATOS DE HULE, apropiados para viajes al mar acaba de recibir Casa Riguero sea prevenido, no arruine su paseo, evite la picadura de una mantarraya CARTELERA DE HOY Margot MUJER COMPRADA con Maureen O'Sullivan Tropical Yo ACUSO A MI MUJER con Walter Pidgeon CoLóN EL GATO Y EL CANARIO con Paulette Godart Triunfo LA VENGANZA DEL AHORCADO con Boris Karloff LA NOTICIA Diario de la vida nacional Director: Juan Ramón Avilés Vale 15 ctvs., año XVII Núm. 4 762, Managua, Nic., miércoles 5 de agosto de 1942.

Como todas las tardes, salvo los domingos que no hay periódico ni llega el tren, viene tu abuelo Teófilo leyendo La Noticiapor la media calle, de regreso de la estación del ferrocarril que queda ahora atrás envuelta en el humo de la locomotora, aunque la estela de vapor se extiende rastrera más allá de las barandas y parece perseguirlo con bocanadas hambrientas.

Sin esperar a que Inocencio Nada le lleve a su casa el periódico, va él personalmente a traerlo a la estación. Ya viene, ya me tengo que ir, dice cuando su oído bueno oye pitar el lejano silbato de la máquina que apenas estará saliendo de Niquinohomo; y aunque es difícil entenderle porque el huevo de mármol que pone dentro de la boca para abultar la mejilla enjabonada le dificulta el habla, tu abuela Luisa sí le entiende a las mil maravillas.

Ella, que hierve la leche en lo hondo de la cocina, grande de perderse en ella esa cocina, se asomará al corredor donde él termina apresuradamente de rasurarse, y le preguntará, como cualquier otra vez: ¿cómo es que podés oír pitar de tan lejos ese tren? Y él, mirándose con intriga al espejo mientras repasa por última vez la navaja Solingen en la badana de cuero que cuelga al lado del aguamanil, pues no cambia navaja por cuchillas, sean Durham Duplex o de cualquier otra marca, aunque las anuncie el periódico y sea amigo de novedades, se quedará sin responder lo que siempre se guarda para sí: no hay ruido, ni voz, ni risa, ni llanto, aunque venga del fondo de la tierra, o se esconda en cualquier confín, que yo, con el oído que me quedó bueno, no pueda oír.

Porque pescando una vez guabinas con candela de dinamita en la laguna de Masaya, una que está en el fondo de un cráter a la orilla del manto de lava que se extiende desde la falda del volcán Santiago, cuando era soltero y todavía no sabía nada de Martín Lutero y su fiel amigo Jacobo, explotó antes de tiempo la candela, le ardió el pellejo de un brazo y mano, le sollamó una ceja, y lo que es el oído del lado izquierdo, se le murió.

Va, pues, ahora de regreso por la calle real, y cualquiera que esté acodado en el alféizar de su ventana, de pie en el vano de su puerta, sentado en la grada de su acera, asomado al cerco de piñuelas de su patio, lo verá pasar; y quien vaya por esa misma calle de viandante, trote a lomo de bestia, monte bicicleta o arrastre un carretón, se lo encontrará, vestido siempre de dril gris, confección a la medida de Juan Cubero el sastre, la misma tela chaqueta y pantalón, la chaqueta de cuatro bolsas, abotonada al cuello: así luce Josef Stalin en los fotograbados, una moda ruda que sólo él se atreve a copiar; aunque por justicia debe explicarse que no usa bigote frondoso como Stalin, y el cabello, lejos de ser abundante, lo lleva rasurado a la número cero, de modo que entre los troncos de pelo siempre podados puede verse brillar el sudor.

Responde a los saludos, sin dejar por eso su lectura, los labios en movimiento de rezar. ¿Lee, o eleva plegarias a algún santo? No rezan plegarias a ningún santo los protestantes; y quien por forastero no sepa que tu abuelo Teófilo es evangélico porfiado que no cree en imágenes de bulto ni de estampa sino sólo en Jehová creador de los cielos y la tierra, fundador él mismo de la Primera Iglesia Bautista de Masatepe, que vaya y se lo pregunte al padre Misael Lorenzano.

Saluda, pues, alzando la mano, con sobrada distracción; y como al saludar a veces olvida que de ese mismo lado lleva su bastón cabeza de perro prensado bajo la axila, se le zafa el bastón, por lo que, muy enojado, se detiene; vuelve a todos lados la mirada; y si nadie se acerca en su auxilio, porque es tu abuelo Teófilo de quienes piensan que todo el mundo está en deberles auxilio y consideraciones, sin más remedio se agacha y por sí mismo tiene que recogerlo. El bastón es de madera de guayacán, muy dura de tornear, pero no hay madera difícil para la habilidad de su mano ni para su torno de pedal; y la cabeza de perro en el pomo, él mismo la labró a cuchillo, fauces abiertas, los ojos acuciosos, orejas en punta, tersa la nariz.

Ya se sabe que al llegar el paquete en el tren de las cuatro recibe el periódico de manos de Inocencio Nada, un albino que de pies a cabeza parece bañado en leche, pelo, bigote, pestañas, cejas, como la cal, capaz de brillar en la noche oscura como un fanal de lumbre blanca; y si en el pueblo lo mal nombran Nada, es porque así le puso Pedro el tendero quien inventa todos los apodos desde el mostrador de la tienda que tiene en su misma casa frente al parque, esquina opuesta a la iglesia parroquial: simplemente Nada, porque de tan blanco Inocencio Nada parecería no existir.

Igual que Inocencio Nada va a quedar el periódico que lee tu abuelo Teófilo al final de aquel lento recorrido, blanco el papel de tan leído, tan blanco que bien se podría ocupar para otra cosa cualquiera, escribir recados o recetas, facturas de su despacho de gasolina, envolver mercaderías de su botica, clavos de su ferretería, ya sin ninguna letra encima, todas desaparecidas, bo­rradas por completo, absorbidas por sus ojos las grandes y medianas de los títulos, las de los textos de columna, y hasta las menudas de las cédulas judiciales y los avisos de remate del Monte de Piedad.

Mientras lee sin dejar de andar, no sólo sufre distracciones a consecuencia de saludos, sino también de impertinencias, si es que así se las puede llamar, como esta vez la de Ireneo de la Oscurana el excavador de tumbas, pozos, excusados y botijas, que se tropieza con él, cegato todavía, porque viniendo de las profundida­des de donde viene aún no se acostumbra a los fulgores del sol, y cubierto de tierra como fundido en cobre, así como Inocencio Nada parece bañado en cal. Ya va a verse de qué impertinencia se trata.

Es que a esa hora, las cuatro pasadas, Ireneo de la Oscurana, que así le puso también Pedro el tendero, acaba de terminar su fajina, dedicado a excavar un pozo en el solar de Filomela Rayo, la que duerme en el día y vela en la noche. Y cuando reconoce a tu abuelo Teófilo, le dice: o me dio usted mal las indicaciones, o esa agua a saber a qué hondura se hallará, dos meses llevo cavan­do y paleando tierra, un día de tantos no va a haber mecates suficientes para añadir y ya no me van a poder sacar.

Y es cierto que fue tu abuelo Teófilo, usando su péndulo, porque también es rabdomante probado, quien le dio las orientaciones magnéticas, aquí mismo Ireneo de la Oscurana, en este punto, porque aquí se acaba de detener el péndulo, aquí se debe excavar. ¿Nada, ni olor a humedad se siente? Nada, don Teófilo, ya pasé la talpuja, pasé la arena, pasé la roca, y desde el fondo de donde vengo, adonde ya he llegado, se oyen cantar gallos, no me lo va usted a creer.

—¿Gallos? -se sorprende tu abuelo Teófilo, y hasta dobla el periódico; se quita los anteojos e inclina la cabeza del lado de su oído bueno para escuchar mejor. -Y gente. Se oyen voces extrañas de gente que habla en otro idioma; y campanas repicar, más sonoras que las campanas de Camilo el campanero volador.

—¿Y qué gallos y qué gente, qué campanas serán?

—Los gallos que cantan al otro lado, don Teófilo, la gente que se está despertando a saber en qué lugar; las campanas de la primera misa del alba, esos sonidos han de ser.

Recoge Ireneo de la Oscurana su balde, su barra, su pico, su pala, su polea y su rollo de mecate, y su figura fundida en cobre, cargada bajo todo aquel peso, se va sin despedida.

¿Y no es que con tu oído bueno podés oír cualquier ruido, canto, voz o sonido, aunque venga del fondo de la tierra o de cualquier confín? Ya ves, te ganó Ireneo de la Oscurana, que ese sí oye cantar los gallos de la Cochinchina, y vos, apenas alcanzás a distinguir de largo el pito de un tren, ya se figuraba a tu abuela Luisa celebrando la ocurrencia, una señora parca de palabra pero como muy poco salía a la calle, se entusiasmaba cuando él le llegaba contando cualquier novedad.

Porque hay novedades para oír. No sólo goza su marido de fama merecida por descubrir fuentes de agua bajo la tierra y escuchar ruidos y voces que nadie más puede escuchar; también se le respeta por el don de su potencia mental desde la noche en que sentado en la primera fila de luneta bajo la carpa de Paco Fuller, el mago adivinador, puso en peligro el número estelar y, como va a verse, la suerte de toda la función.

Se empeñaba el mago adivinador Paco Fuller en leer con los ojos del pensamiento los títulos de una herencia antigua que Juan Cubero el sastre había llevado a la carpa dentro de un tubo de hojalata, herencia de la que luego se va a saber; mas tuvo que darse, al fin, por vencido. exclamando: hay aquí presente alguien que tiene un poder mental mucho más grande que mi propio poder, y a fin de que me deje continuar mi número le ruego a esa persona me haga el favor de abandonar este lugar, pues de lo contrario me veré obligado a suspender el espectáculo y devolverle el valor de su boleto a todo el mundo, en cuyo caso mañana ni yo, ni las bailarinas, ni los malabaristas, ni la mona ni el cabro vamos a tener de qué comer.

A lo que tu abuelo Teófilo, muy sonriente, satisfecho y contento, se levantó de su asiento y se marchó, entre el murmullo de expectación del público, y así el mago adivinador Paco Fuller pudo leer de cabo a rabo los pergaminos antiguos de Juan Cubero el sastre, y resolver tranquilamente, además, los otros casos de adivinación: el señor aquel de palco, el del sombrero badana azul, sí, usted, está usted pensando en este mismo momento en su amada, ¿le doy sólo sus iniciales, que son A.G, o quiere el nombre completo? ¿No? ¿Tiene miedo? No lo culpo, ella es su vecina, y además, es casada. Señorita de la tercera fila, la del sombrero con redecilla, la carta de su pretendiente, que tiene usted en su cartera, la recibió hoy por mano de una amiga de los dos, ¿quiere que le diga cómo empieza? Querido amorcito mío. ¿Correcto? ¿Quiere que le diga qué le proponen? ¿Se atreve? Claro, cómo va a atreverse, si es el marido de su propia hermana y lo que le propone es irse de huida con él mañana en la noche. Y siguió, así, sin más tropiezos, ni estorbos, ni sobresaltos, la función.

Igual que todas las tardes, al llegar al fin a su casa, porque es lento su paso con aquel leer y caminar, lo espera al cabo de las gradas en el petril de la acera Perfecto Guerrero, alias el Emperador Maximiliano, cuello duro de baquelita y corbata de etiqueta, pero sin camisa por debajo del chaqué de casimir, todo él como si fuera una estatua de oro de alta ley: rubia la pelambre del pecho y rubios los vellos del dorso de las manos y del empeine de los pies que lleva descalzos, rubios los rizos de la cabellera, y la barba de dos alas rubia también, como la del Maximiliano de Austria retratado en los pomos de brillantina La Palomafabricados por Leo S. Goldoni & Son, Albany, N. Y.

Otra vez, venía el Emperador Maximiliano a venderle el mar:

—Don Teófilo, ¿cuántas caballerías de mar me va a comprar al fin?

Ahora, en semejante facha, el Emperador Maximiliano vendía de puerta en puerta el páramo azul del mar, desde la reventazón de las olas hasta la última lontananza que alcanzara la vista; pero los desatinos que empezaron a descalabrar su cabeza habían aparecido de una manera que no podía saberse entonces si eran avisos de locura o apenas galantería cerril. Montado en un animalito mostrenco sin estampa ni alzada, que arrendaba con garbo y altanería como si se tratara de uno de aquellos corceles de belfos ansiosos y crin flamígera del carrusel, entraba a la sala donde las hijas de tu abuelo Teófilo, entonces solteras, pasaban en reclusión sus vacaciones, y a cada una le entregaba una gladiola del manojo empapado que llevaba apuñado contra el pecho, en tanto la humilde bestia cómplice, sofrenada con gracioso ardid, se contenía de causar destrozos, y muebles, adornos y floreros quedaban intactos en su sitio cuando el caballero, tras cumplir de aquella manera sus lisonjas, saludaba airoso con el sombrero, bajaba por las gradas de la acera y se iba al trote abierto, el caballito dejando su rastro fresco de cagajones y levantando tras de sí una gran polvareda.

—Mañana, mañana cerramos el trato —le dijo, otra vez, tu abuelo Teófilo quitándose los anteojos que puso en su estuche y metió luego en uno de los bolsillos de los faldones de la chaqueta de dril.

Desde el aposento, al escuchar las voces y reconocer ambas, la de el Emperador Maximiliano, que para colmo es tartamudo, y la del marido que suena paciente y divertida, tu abuela Luisa va a decir: ya mandaron, Teófilo, a avisar de donde Pedro que puede ser hoy el parto de Luisa, me estoy alistando. Pero se contiene para no romper su costumbre de nunca alzar la voz delante de extraños, aunque se trate de un quebrantado de la cabeza que tiene por hacienda propia el mar.

Mientras tanto se va el Emperador Maximiliano tu abuelo Teófilo entra, encuentra a tu abuela Luisa en el aposento frente al ropero abierto, y le cuenta ella lo que le tiene que contar, solos los dos en la intimidad de sus voces que parecen arrullos de palomas torcaces, tan sosegadas que si pudieran reflejarse en la luna del espejo del ropero parecerían fantasmas de voces.

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Sumario

Este Lunes

El revolucionario del siglo XXI

Jorge Eduardo Benavides

El cine cubano sale de viaje

Alfredo Antonio Fernández

El tango y Gardel en la obra de Gabriel García Márquez

Luciano Londoño

La imago

Manuel Gayol Mecías

La palabra del silencio. Notas sobre la escritura de los límites

Arturo González Dorado

«Mariconerías» de Estado: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana

Frances Negrón-Muntaner

Gastón Baquero: un recuerdo familiar

Remigio Ricardo Pavón

1967 y la infancia peligrosa

Patricia Suárez

Unos escriben

Sergio Ramírez

Otros miran

Daniel Mordzinski

OtroLunes conversa

con Antonio Álvarez Gil

“No escribo contra nada ni contra nadie”

con Jorge Majfud

“Calataid es el ejemplo descarnado del patriotismo…”

con Mariela Varona

“Soy una mujer que no acepta la realidad”

con Javier Sáez de Ibarra

“No sé si tengo un estilo, pero sí una intención”

con Ramón Cote Baraibar

“La memoria es como otro brazo, como otra pierna”

con Jon Lee Anderson

“No quiero, simplemente informar y/o entretener...”

con Ana María Shua y Teresa Andruetto

Escribir para comprender

Punto de mira

Cuba per se. Cartas de la diáspora

La isla y su cultura observada desde el exilio

Botón de muestra

Abilio Estévez, Carlos Victoria, Carlos Espinosa Domínguez, José Kozer, Eduardo Manet, Manuel Díaz Martínez, Nivaria Tejera, Pío Serrano, Uva De Aragón y Zoé Valdés

Cuarto de visita

Con la escritora hindú Sujata Bhatt

En la misma orilla

Hombre de negro

Carlos Manuel Torres Guerrero

El muchacho inglés

José Luis Muñoz

Brindis (Fragmento)

León Viera

Expreso Habana-Amstelven

Yoss

La marmita, de Poesía

La marmita. De poesía y poetas

Alberto García-Teresa

Poemas

Antonio Martínez I Ferrer

Poemas

Juana Vázquez Marín

Tres poemas inéditos

Dolan Mor

Kora, de Rogelio Guedea (reseña)

Ernesto García López

Noches de blanco papel, de Roger Wolfe (reseña)

Arturo Parrondo

De tu olor y mis miedos, de Mara Romero (reseña)

Alberto García-Teresa

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

Guillermo Cabrera Infante. Un clásico de la literatura hispanoamericana

Rita Indiana Hernández y la alucinación de la modernidad

Roberto Fernández Retamar y su Caliban

Espido Freire y la rebeldía contra el silencio

Recycle

Cartas de Mijail Bulgakov a I. V Stalin

La generación extraviada

Ángel Santiesteban

De lunes a lunes

Premios de la XXII Semana Negra de Gijón, 2009

Premio Novelpol al prolífico escritor argentino Carlos Salem

La Academia Norteamericana de la Lengua España convoca al Premio 2010 de Novela

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Berlín es un cuento

Esther Andradi

El vendedor de pasados

José Eduardo Agualusa

Mirar el agua

Javier Sáez de Ibarra

Espejo de tres cuerpos

Odette Alonso Yodú

El canalla sentimental

Jaime Bayly

Heinz Luning and Nazi Espionage in Latin America: Hitler’s Man in Havana

Thomas D. Schoonover

Poeficcionario. Antología

Edgar Allan Poe

Elementos de Teoría Constitucional. Una propuesta para Cuba

Ricardo Manuel Rojas

Cristo del alma

Alfredo Pérez Alencar

Stradivarius Rex

Román Piña

El jardín de ajenjo

Francisco Balbuena

Ensayos

Natalia Ginzburg

Qué bueno baila usted

Faisel Iglesias

Ojos de agua

Domingo Villar

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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