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3) La escritura como participación
La ética del escritor tiene que ver con su participación en este mundo: “con lo que opino y escribo, que es mi forma de participación, me gustaría poder contribuir a crear los cimientos éticos para que un día el panorama sea diferente” (2004b: 244). Y esa participación consiste en hacernos partícipes, en incitarnos a participar. Sergio Ramírez se implica implicándonos. Y para eso, es preciso que nos “sensibilice”, evidenciando los problemas, es decir que se convierta en un testigo activo, no sólo espectador sino también vocero. Y agitador de conciencias.
Este hombre público que siempre ha querido ser lengua de su pueblo, mediante la política o la escritura, se puede considerar según Mario Benedetti en el prólogo de Cuentos completos, como el mejor intérprete de la realidad específicamente centroamericana (11), y recibió en 1988 en Viena el premio Bruno Kreisky de los derechos humanos. Hoy sigue esperando una mayor justicia social, una dignidad recobrada para los más humildes. “Cada uno de nosotros realiza lo que tiene que hacer en este mundo”, dijo Sandino(1975: 287); y Sergio Ramírez —al que podríamos apodar, a manera de guiño, “el muchacho de Masatepe”, que un día había de escribir sobre el de Niquinohomo y proseguir su gesta heroica— forma parte de esos escritores que sienten la responsabilidad de dar a conocer el mundo para poder actuar sobre él. Un portavoz de sus compatriotas que se toma muy a pecho su contribución.
Entró en la política porque creyó en su poder transformador (2000: 6), y si ya no tiene la misma fe en las utopías sociales, por lo menos sigue forjando “su” utopía gracias a la literatura: “Imaginar, que es una forma de acercarse a la utopía. Al fin y al cabo, yo no he hecho a lo largo de mi vida sino imaginar. Imaginar mundos en mis libros, e imaginar un mundo mejor en mi vida”. Oficios compartidos (2000: 14). Su imaginación se inspira en parte en el mundo que lo rodea, en esa Nicaragua maltrecha ante la que él apela a la ética.
Si bien hemos enfatizado el compromiso de Sergio Ramírez a lo largo de este trabajo, insistimos en que eso no significa en absoluto que supedite la creación literaria y la calidad de su novelística a la denuncia. No cabe ninguna duda de que, para Sergio Ramírez, el primer deber del escritor estriba en el arte del buen escribir. Y sus novelas son ante todo ficciones que respetan la libertad del escritor y del lector.
Ya cuando formaba parte del gobierno, y a diferencia de ciertos turiferarios del poder o de “la buena causa”, él respondía a los que piensan que una literatura que no es de denuncia no sirve para nada, que de todos modos no hay literatura sin conexiones reales con el mundo y que “el acto libre de la creación literaria se carga de la realidad tal como es y no de los presupuestos de una interpretación ideológica de la misma” que tendría que hacerse desde un terreno extraliterario (1985a: 127-128). La instrumentalización de la literatura no le parece moralmente reprochable, pero engendra obras que suelen decepcionar. La verdadera literatura comprometida es otra cosa, lleva sutilmente ecos y símbolos por los que corre la Historia, como en Hombres de maíz.
El único ideario que pueda propugnar Sergio Ramírez es el de la independencia de espíritu. Libre pensador y demócrata, reacciona ante todo lo que coarta la libertad. De ahí sus diversas “disidencias”: contra la dictadura somocista hizo la Revolución, contra las derivas de Daniel Ortega creó el MRS, contra cualquier doctrina escribe para matizar y siempre abogar por la duda y la tolerancia (véase su artículo “La lengua libre en la boca” en Otrolunes), persuadido de que certidumbre rima con servidumbre. Contra cualquier causa que defender mediante la literatura, él defiende la causa de la libertad de creación.
Incluso la de inventar la Historia. En Sombras nada más, a partir de un hecho real que él noveló contradiciendo a veces la realidad, no quiso que ésta saliese con la suya, quiso resguardar la imaginación. Y se regocija cuando sus lectores, “despistados”, creen que sus novelas son la Historia y que sus personajes ficticios existieron. Uno puede ser un escritor involucrado con su tiempo, con su país, sin contaminar el espacio de libertad de la novela, sin ponerle cortapisa al genio creador. No sólo importa la fineza en el arte de mentir, como reza el título de un ensayo de Sergio Ramírez; parece valiosa también en el arte de implicarse.
Es menester añadir que, en cambio, tanto en su sitio oficial como en su blog, expone explícitamente problemas sociales y políticos, de Nicaragua o de otros países, injusticias, poderes abusivos, incluso amenazas y otras molestias contra él mismo en su tierra natal desde la vuelta al poder de Ortega. Para que conste… Pero también por el placer único de ese otro tipo de escritos que, como lo explica en Cuando todos hablamos —una selección de sus blogs—, permite una escritura compartida, adjetivo este último que califica, en su autobiografía, la utopía que representó en su tiempo la Revolución (1999: 14). A Sergio Ramírez, le interesa y le agrada compartir, pasiones u opiniones. Y crear un espacio constructivo en el que (re)unirse, colaborar a la reflexión sobre el mundo. Un espacio en el que debatir y disentir, amistosa y libremente. El “bloguista” se asocia con el novelista para invitarnos a una forma de participación porque todos somos responsables de nuestra época.
Al expresar sus demonios y esperanzas, Sergio Ramírez abre una ventana sobre los de su pueblo, de sus hermanos nicas, revela una intimidad colectiva, una idiosincrasia, preservando así la identidad de Nicaragua, afirmando su existencia. Una confesión de amor en suma, como en ese libro epónimo que Ernesto Cardenal califica en el proemio de libro lleno de pueblo (1992: 9). Sin duda porque, a semejanza de Gioconda Belli, compañera de andanzas y hazañas, ese país, lo tiene bajo la piel.
¿Sigue esperando Sergio Ramírez de una nueva generación que haya aprendido de los errores, las debilidades y las falsificaciones del pasado? (1999: 17) ¿Sigue esperando, como leemos en un cuento de Tropeles y tropelías, que: si un determinado número de personas soñaba al mismo tiempo un hecho igual, éste podía ser llevado a la realidad? (1997: 67) Después de buscar un lugar en la Historia, Nicaragua lo busca ahora en el mundo, y podemos pensar, inspirándonos en una frase famosísima de un amigo entrañable de Sergio, que éste escribe también para que el pueblo condenado a quinientos años de soledad tenga por fin una segunda oportunidad sobre la tierra.
Notas del artículo:
1.- Referencias de los epígrafes:
- Fragmento de la «Introducción» a Epístolas y poemas de Darío citado por Sergio Ramírez en Balcanes y volcanes (202).
- «Conversaciones con Sandino. Ramón de Belausteguigoitia (febrero de 1933)», in El pensamiento vivo de Sandino (295) de Sergio Ramírez.
- Epígrafe de Mis días con el Rector de Sergio Ramírez.
- Discurso proferido con motivo del título de Doctor Honoris Causa, Universidad Central de Ecuador. Véase Las armas del futuro, p. IX; y Seguimos de frente (347 o 355).
2.- Según él, Rubén Darío, un poeta, sin caballo y sin espada, se ha convertido en un héroe nacional y le ha dado identidad a Nicaragua a través de la palabra; la vida y las hazañas de Sandino lo conmueven y lo llenan de orgullo, siente que Nicaragua no sería la misma sin su ejemplo, sin su gesta libertaria (2004b: 199). Nada sorprendente entonces si Sergio Ramírez conoce casi de memoria la obra poética del gran vate al que ya integró en varias novelas, y si recopiló escritos y otros documentos del rebelde nacionalista sobre el que confiesa tener archivadas unas tres mil fichas con la perspectiva de una posible novela en la que presentarlo como un ser humano (201).
3.- Ese hombre al que vemos condecorando a Sergio con la medalla del mejor alumno de la promoción de 1962 en una de las fotos de Una vida por la palabra, lo exhortó a escribir y a alejarse del país, a conocer mundo para no terminar ahogado por el medio provinciano. Le sugirió que se fuera a Costa Rica, lo que hizo su “discípulo” en 1964 (87 y 92).
4.- Ninguna euforia, como la del mítico julio de 1979, se apoderó de Nicaragua que, al contrario, parecía sumida en un duelo nacional, si se cree a Gioconda Belli para la que aquel día fue el más triste de su vida: fue como si a todos se nos quebrara la columna vertebral […].” El pueblo nos rechazaba. Nunca creí que me tocaría vivir ese día. La desolación también se me llenó de muertos pero esta vez fue terrible. Sentí que todos volvían a morir, y que ahora sus muertes eran vanas, inútiles. Vidas perdidas. Tantas vidas perdidas. Muchas más ahora. Con la guerra contrarrevolucionaria eran más de cincuenta mil los muertos. Y todo se terminaba allí”(2001: 395-396).
Bibliografía
Belli Gioconda, 2001, El país bajo mi piel. Memorias de amor y guerra, Plaza & Janés Editores, Barcelona.
Fuente Carlos, 1993, «Sergio Ramírez: el derecho a la ficción», in Geografía de la novela. Ediciones Alfaguara, Madrid.
Ramírez Sergio, 1965, Mis días con el rector. Ediciones Ventana, León, Nicaragua.
----------------------, 1975, El pensamiento vivo de Sandino. EDUCA, San José, Costa Rica.
----------------------, 1985a, Balcanes y Volcanes. Editorial Nueva Nicaragua, Managua.
----------------------, 1985b, El alba de oro. Siglo XXI Editores, México.
----------------------, 1985c, Seguimos de frente. Ediciones Centauro, Caracas.
----------------------, 1987, Las armas del futuro, Editorial Nueva Nicaragua, Managua.
----------------------, 1992, Confesión de Amor. Ediciones Talasa, Madrid.
----------------------, 1997, Cuentos Completos, Prólogo de Mario Benedetti, Alfaguara, México.
Universidad Estrasburgo II Francia.