OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Agosto 2009. Antilde;o tres. Número nueve

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Datos de la revista, agosto 2009, año 3, número 09
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Violencia y poder en la obra de Sergio Ramírez

 

Nicasio Urbina

Página 1

Ahora bien, Sergio Ramírez tiene más de Edgar Allan Poe que de Charles Baudelaire o William Shakespeare, por lo tanto el énfasis de la novela radica más en la planificación del asesinato del gangster (como le llama a Somoza con fruición), que en el asesinato mismo. De hecho, el momento del asesinato en la novela es más bien pobre y decepcionante, ocupando apenas unas diez líneas de la página 340, mientras López Pérez bailaba La múcura, composición que ya Ramírez había usado en un cuento primerizo. El asesinato de Somoza se pierde entre la música y los pasos de baile de López Pérez, mientras que lo que sí escuchamos claramente es la respuesta de la pistola automática de Moralitos, el estruendo de las subametralladoras Thompson  y el disparo final de la pistola niquelada del Coronel Justo Pastor Gonzaga.  La muerte silenciosa de Somoza contrasta con la respuesta feroz de sus edecanes y guardaespaldas.  La violencia del asesinato de Somoza, que hemos estado esperando desde el principio de la novela, se opaca, mientras que la respuesta de los guardianes del tirano nos deslumbra a lo largo de dos páginas.

En la otra historia de la novela está por supuesto Darío, tanto en su Intermezzo de 1907, como en la más triste y final llegada de 1916. Bello el príncipe de los cisnes, borracho y triste, acosado por La Maligna Rosario Murillo (sin ningún parentesco con la actual primera dama del país) y ayudado por el niño mudo Quirón, a quien en un acto de telekinesis Darío le transmite el numen poético. La representación de Rubén Darío en esta novela es deplorable, y el autor parece haberse ensañado con el gran compatriota, pintándolo como borracho irredento y mujeriego desvergonzado. El primer acto violento que encontramos en la historia de Darío, es la amenaza de Rosario Murillo de echarle vitriolo en el rostro (22), amenaza que afortunadamente no se llega a materializar.  La transmisión telekinésica del númen poético al niño Quirón implica también un acto de violencia. De hecho el niño perdió el conocimiento y hubo que aplicarle sales para que despertara. “-Ahora, sufre la quemadura, Quirón. El numen está en tu cráneo, -le dice Rubén con lengua remorosa” (29) después del hecho que dejó a todos los comensales asustados.

No obstante, la violencia más importante sufrida por Darío se da después de su muerte, cuando el sabio Luis Debayle, su médico, y Andrés Murillo, hermano de Rosario, quien lo forzara pistola en mano a casarse con Rosario, se disputan el cerebro de Rubén: “La caja de armonía que guarda mi tesoro”, verso de Darío que sirve de título a este capítulo de Margarita, está linda mar. La escena es brutal. El sabio Debayle le corta el cráneo con una sierra, lo pesa como si fuera una vianda: mil ochocientos cincuenta gramos, y lo pone en un frasco con formalina. Finalmente llena la cavidad cerebral con aserrín y la cierra con puntadas finas. Pero la carnicería del cerebro de Rubén no termina aquí. Andrés Murillo, que ya había cedido el cerebro al Dr. Debayle para su estudio, cambia de opinión y decide llevárselo.

Una vez en la calle continúa la disputa, hasta que por el forcejeo el frasco cae al suelo y se hace añicos. Así queda expuesto el cerebro de Darío, en media calle, entre un reguero de cristales rotos y un charco de formalina, hasta que llega una patrulla de marines de las fuerzas de intervención y el Mayor Cyril Appleton, comandante de la policía de León, se lleva el cerebro al cuartel. Esta violencia, sufrida por Darío en su cerebro inerte, donde la ciencia y el beneficio personal se enfrentan, es sumamente significativa. El cerebro simboliza por supuesto el arte poético dariano, la fuente de todo su valor y su fortuna, “la caja de armonía que encierra mi tesoro”. Andrés Murillo, que en vida extorsionó a Darío todo lo que pudo, quiere explotarlo hasta en su muerte; el sabio Debayle, que lo atendía y lo estimaba, quiere también sacarle provecho personal a la situación, ya que como él mismo afirma: “Quiero superar el estudio que Antomarchi hizo del cerebro de Napoleón” (274).  La disputa entre estos dos individuos simboliza la apropiación que de Darío se ha hecho desde su éxito literario, el uso y abuso de su persona, de su poética y de su poesía. El uso y abuso que aún hoy en día se sigue haciendo, en Nicaragua y en el extranjero, entre literatos y políticos, entre personas de negocios y público en general, abuso de su fama y su miticidad. El cerebro de Darío desapareció sin que se sepa a ciencia cierta qué pasó con él. Ramírez le da en Margarita, está linda mar un final más poético y conmovedor. El niño-centauro Quirón llega al comando y en un momento de descuido se roba el cerebro. Cuando sale el Mayor seguido de los militares y de Andrés Murillo,

“Quirón corría ya en desenfreno por las calles, a sus espaldas el coro de los silbatos, la estampida de un disparo de alarma, y otro, pero él se alejaba a galope tendido devorando las cuadras, sus rudos cascos golpeando contra el empedrado, los lomo sudorosos, hasta que desapareció de la vista de sus perseguidores”(278).

Es así como Quirón, el niño mudo de Margarita, está linda mar, resulta ser, como ya lo sospechábamos, el centauro poeta de “El coloquio de los centauros”, depositario de numen poético de Darío, y verdadero y digno propietario de su cerebro.

La violencia sufrida por Darío se ve así recompensada, por medio de la justicia poética, y nos queda al menos el consuelo que su cerebro no será profanado ni por los mercaderes ni por los cirujanos. Quirón es también el final depositario de los testículos de Rigoberto López Pérez, signo masculino por antonomasia, interpretante del valor y el heroísmo, los testículos de López Pérez, conservados en un frasco de formalina y resguardados por la autoridad militar, desaparecen rápidamente en mano de Quirón, a quien:

“nadie lo ve llegar a la puerta de la oficina pero sí salir a la carrera con el frasco entre las manos. Van Wynckle tras él dando voces de alarma, y oyen las estampidas de los disparos que se repiten de esquina en esquina cuando huye a galope por las largas cuadras de puertas cerradas hasta perderse, al fin, de vista, contra su pecho la medusa de los testículos, otra medusa como aquella otra de hace tiempo, que se mueve, despierta, animosa, al ritmo de su carrera, los rudos cascos golpeando contra el empedrado, los lomos sudorosos, hacia el prostíbulo desierto, hacia la fuente de noche y olvido, hacia la nada”(369).

De esta forma la novela propone a Quirón como el salvador de los dos símbolos claves en esta representación de la historia de Nicaragua: el cerebro de Darío y los testículos de Rigoberto López Pérez. La inteligencia y el valor, la suave armonía de la palabra de Darío y la valentía del sacrificio ulterior del López Pérez. Ambos símbolos desgarrados por la violencia. Estos dos signos pretenden significar dos elementos claves en la historia e idiosincrasia del pueblo nicaragüense, un pueblo que se precia de ser un pueblo muy “vivo” y muy “valiente”. El espíritu suspicaz y aguerrido del nicaragüense, que tanta corrupción y guerra le ha costado a Nicaragua, son representados en la novela, de forma muy inteligente, por medio de esta alegoría mitopoética. Hijas de la violencia, estas acciones de cortar los testículos y extraer el cerebro, expresan la voluntad de los nicaragüenses de mutilar, de apropiarse, de poseer de alguna manera aquello que admiran o desean.

Así la novela nos presenta con los tres niveles de violencia que he propuesto al principio. La violencia metafísica de unos seres luchando por encontrarse, por afirmarse, por ser ellos mismos dentro de un sistema de poderes muy fuertes, poderes políticos representados por Somoza, y poderes literarios e intelectuales representados por Darío. La violencia cotidiana expresada en las relaciones diarias, interpersonales, privadas. El forcejeo, la disputa, el altercado, la discusión y el debate. Una Nicaragua ocupada por las fuerzas de intervención norteamericana, una Nicaragua bajo el férreo yugo de la dictadura de Somoza. Y finalmente, todos los hechos de sangre y violencia física que pueblan muchas páginas de la novela. El tono pastoril e idílico del poema "A Margarita Debayle" contrasta con la realidad que nos narra la novela, estableciendo una oposición que resalta aún más esa violencia.

Libro a libro Sergio Ramírez Mercado ha ido narrando diferentes períodos de la historia de Nicaragua, demostrando con sutiles situaciones narrativas la violencia que ha imperado en Nicaragua a lo largo de su historia, y las manipulaciones del poder. Ahora le ha tocado a él ser víctima de la violencia política y el poder absoluto. En un país donde no existe actualmente estado de derecho, donde el fraude electoral de las pasadas elecciones sigue impune, donde Ortega controla todos los poderes del estado y no le rinde cuentas a nadie del tesoro nacional, los escritores y los ciudadanos comunes y corrientes están viven sometidos por el terror y el chantaje. Como en Sombras nada más, la justicia es un simulacro, y cualquier forma de protesta y libertad de expresión es rápidamente sofocada por las fuerzas de choque de la dictadura. Al menos nos queda la voluntad de seguir denunciando esa violencia, y seguirnos oponiendo a las manipulaciones del poder.

 

Notas del artículo:

1.- Vease a este respecto “The Violence of Rhetoric. Considerations on Representation and Gender” in The Violence of Representation. Literature and the History of Violence. London and New York: Routledge, 1989.  pp. 239-158.

2.- Traduzco libremente de la cita Joel Black. The Aesthetics of Murder. A Study in Romantic Literature and Contemporary Culture. Baltimore and London: The Johns Hopkins University Press, 1991. p. 34.

3.- Citado por Joel Black. The Aesthetics of Murder. A Study in Romantic Literature and Contemporary Culture. Baltimore and London: The Johns Hopkins University Press, 1991. p. 35.

4.- “To have an answer for ones right to be, not in relation to the abstraction of some anonimous law, some legal entity, but in fear for the other. My being-in-the-world or ‘my place in the sun’, my home –have they not being the usurpation of places belonging to others already oppressed by me or starved, expelled to a Third World: rejecting, escluding, exiling, despoiling, killing. ‘My place in the sun’ said Pascal, ‘the begining and the archetype of the usurpation of the entire world. Fear for all that my existence –despite its intentional and concious innocence- can accomplish in the way of violence and murder.” New York: Columbia University Press, 1999. p. 23.

5.- Jacques Derrida. L’écriture et la différence. Paris: Editions du Seuil, 1967. p. 189.

6.- Véase a este respecto Experience and Judgment. Evanston: Norwestern University Press, 1973. p. 374 in passim.

7.- Publicado originalmente en 1949 bajo el título Les structures élémentaires de la parenté, Lévi-Strauss presenta la hipótesis de que hay una relación entre las estructuras mentales de las personas y las estructuras del parentesco, del comportamiento social y de los objetos. Véase a este respecto el capítulo VII de dicho tratado.

8.- Véase a este respeto sus Selected Writings V. On verse, Its Masters and Explorers. The Hague, Paris and, New York: Mouton, 1981. p. 3-121

9.- Véase Viktor Shklovsky, Theory of Prose. Elmwood Park: Dalkey Archive Press, 1990. p. 147-170.

10.- Para más información sobre este tema véase el libro de Nicasio Urbina  La estructura de la novela nicaragüense: análisis narratológico. Managua: Anamá, 1996.

 

Bibliografía

Black, Joel. The Aesthetics of Murder. A Study in Romantic Literature and Contemporary Culture. Baltimore and London. The Johns Hopkins University Press, 1991.

Derrida, Jacques. L’écriture et la différence. Paris. Editions du Seuil, 1967.

Eco, Umberto. La estructura ausente. Introducción a la semiotica. Barcelona. Lumen, 1974

Husserl, Edmond. Experience and Judgment. Evanston. Norwestern University Press, 1973.

Jakobson, Roman. Selected Writings V. On verse, Its Masters and Explorers. The Hague, Paris and New York. Mouton, 1981.

Laurentis, Teresa de. “The Violence of Rhetoric. Considerations on Representation and Gender” in The Violence of Representation. Literature and the History of Violence. London and New York. Routledge, 1989.  pp. 239-158.

Levinas, Emmanuel Alterity and Trascendence.New York. Columbia University Press, 1999.

Lévi-Strauss, Claude. Les structures élémentaires de la parenté. Paris. Press Universitaire de France, 1949

Ramírez, Sergio. Margarita, está linda la mar. Madrid, México, Bogotá. Alfaguara, 1998.

Shklovsky, Viktor.Theory of Prose. Elmwood Park. Dalkey Archive Press, 1990.

Urbina, Nicasio. La estructura de la novela nicaragüense: análisis narratológico. Managua. Anamá, 1996.


Nicasio Urbina

(Buenos Aires, 1958). Escritor, catedrático y diplomático nicaragüense. Cursó estudios en la Universidad Católica de Lovaina y en la Universidad Central de Barcelona. Obtuvo su licenciatura en español en la Universidad Internacional de la Florida, donde hizo su maestría en Enseñanza de Lenguas Modernas. Doctor en Literatura y Lingüística Hispánica en la Universidad de Georgetown, Washington, DC. Ha publicado el libro de cuentos El libro de las palabras enajenadas (1991), el libro de crítica literaria La significación del género: estudio semiótico de las novelas y ensayos de Ernesto Sábato (1992) y el poemario Sintaxis de un signo (1995). Ganó el Premio Internacional Rubén Darío 1995 con La estructura de la novela nicaragüense: análisis narratológico (1996).

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1967 y la infancia peligrosa

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