OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Octubre 2009. Antilde;o tres. Número diez

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Datos de la revista, octubre 2009, año 3, número 10
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El mundo enterrado en el sur de Texas

 

por Arturo García

La temática del próximo número de la revista Pterodáctilo es "Subterráneos." Le hago esta entrevista porque creo que su obra literaria cabe dentro de la temática: usted logra describir ese mundo enterrado en el sur de Texas, donde salen personajes a decirnos que existen y que hay una realidad social de esa región desconocida para la mayoría de la gente. Para comenzar con la entrevista, me gustaría que habláramos un poco de su infancia, su juventud y de la importancia de la literatura para usted en esa temprana edad.

Yo nací en Mercedes, Texas, pueblo cerca de la frontera y a unas 30 millas donde desemboca el Río Grande-Río Bravo en el Golfo de México. Mi padre era de escasa educación. Nació en Texas en 1885. Los primeros Hinojosa llegaron al Valle en 1748 después de la agrimensura por el ejército español. Muchos se instalaron en la banda sureña del río, en Mier, Tamaulipas. El pueblo se llama Mercedes porque allí se expidieron parte de las mercedes de la colonia española. Esa región se formó a base de la agricultura. Soy el menor de cinco, y todos asistimos a la misma escuela primaria y secundaria en Mercedes. Durante la Segunda Guerra Mundial, un hermano sirvió en el ejército y el otro, en la marina. Después de la guerra, tomaron ventajas del acta del gobierno para educarse formalmente. Mi madre fue maestra de escuela primaria en el Valle. Ella nació en 1887, en Rockport, un pueblo en la costa de Texas. Anglosajona, norteamericana, bilingüe y bicultural. Debido a que los anglos eran una minoría, su español era el español del norte de México. Lo leía y lo escribía, y en casa se hablaban ambos idiomas.

 

En la vida siempre tenemos alguna persona o evento histórico que de alguna forma nos ayuda a desarrollar nuestra personalidad, nuestra identidad, nuestras pasiones y de alguna manera nos cambia la vida. ¿Para usted, quién fue esa persona o evento que lo influyó o lo encaminó hacia ese cambio? ¿Esta persona se encuentra en la universidad, en la literatura, fue un maestro, su padre, su madre o algún amigo cercano?

Primero, mis padres. Los cinco sabíamos que a asistiríamos a la Universidad. Éramos gente sin dinero, pero era el sueño de nuestros padres: "Ustedes van a asistir a la universidad". No sabíamos cómo pero eso era lo que se nos inculcaba. Ellos fueron la mayor influencia a esa temprana edad. Ya después uno deja la casa, hay otras experiencias, pero lo fundamental es la crianza. Los vecinos también hablaban de educarse formalmente. Al recibirme de secundaria a los 17, me presenté de alta en el ejército. Al final de mi servicio militar, se me concedieron 48 meses de estudios universitarios y tomé ventaja de ello. A través de los años, los profesores también, aunque ellos no hayan sabido de la influencia que ejercieron. También ciertos amigos. Además, la lectura era asunto arraigado en casa. Como nací en 1929, la primera literatura que yo conocí fue la literatura oral de hombres y mujeres nacidos en el siglo diecinueve, cuyas experiencias provenían de la Revolución Mexicana. En fin, todo tipo de influencia me llevó a ser escritor.

 

Dicen que siempre hay que enterrar al maestro. ¿Cuándo se da cuenta que debe de haber ruptura para llegar a una identidad propia como escritor? La guerra es algo que muy poca gente ha experimentado, también muy poca gente sabe que los méxico-americanos han participado en las distintas guerras mundiales. Pero yo sé que estuvo en el ejército y que fue a la Guerra de Corea. Durante esa época probablemente era difícil pagar por los estudios universitarios o casi imposible. ¿De qué manera se da cuenta de la importancia del G.I. Bill; de que tiene que irse a Austin, fuera del sur de Texas y cómo esta educación le abre las puertas a una educación universitaria?

Yo creo que nunca hice la ruptura total, fue más bien paso a paso. Eso empieza cuando uno se casa, luego hay otras responsabilidades cuando viene la familia. Lo que pasa con nosotros, los del Valle, es que somos muy allegados al lugar, muy allegados a la familia, y esa ruptura no se hace fácilmente como en otras familias o culturas. Lo que a mí me ayudó a escribir fue que nunca dejé el lugar mentalmente. Un crítico dijo sagazmente: "Rolando siempre escribe del Valle, aunque no vive allí; necesita la distancia." Bien puede ser. No vivo en el Valle pero no tan retirado que no pueda ir cuando quiera, como lo hago con frecuencia. Entonces la ruptura no fue total. Mira, mi padre muere en el 50, mi madre en el 74, pero siempre que los hermanos y hermanas nos juntamos, hablamos de ellos como si estuvieran vivos. Entonces esas ligaduras se estrechan y se mantienen. Un escritor no debe olvidarse de dónde viene, eso da seguridad, intimidad y confianza cuando uno empieza a escribir. El acta gubernamental, el G. I. Bill, facilitó mis estudios universitarios.

 

Cuando era joven universitario, ¿había la literatura escrita por mexicano-ameri-canos o chicanos, o sólo se estudiaba la literatura como ahora se conoce?, o sea, dividida en departamentos y dejando al margen gran parte de la literatura escrita por autores no muy conocidos.

Mi vida universitaria fue una vida universitaria con todo lo que eso implica. Como estudiante no-graduado tomé no menos de diez cursos avanzados en literatura peninsular y del Nuevo Mundo. En los años 50 no existía, ni lo pienso, la literatura méxico-americana en ningún curriculum universitario. Eso vino después, a fines de los años 60. Hablando en plata, la literatura latinoamericana no se veía con buenos ojos en el curriculum en la mayoría de las universidades norteamericanas. Es más, el monopolio era peninsular. Pero como trabajaba en una de las bibliotecas, que en ese tiempo se ubicaban en la torre universitaria, leía lo que me daba la gana. Tenía campo libre ya que era empleado de la universidad.

 

En su opinión ¿qué es lo más importante del movimiento chicano y de qué forma lo influyó al escribir su obra literaria?

Como acabo de decir, en ese tiempo no se conocía la literatura México-americana por parte de la academia. Ahora bien, en el Valle los méxico-texanos no son una minoría. En mi tiempo, teníamos nuestras propias imprentas, escuelas, clubes sociales, etcétera. Las escuelas en español eran dirigidas por profesores mexicanos, exiliados durante una u otra etapa de la Revolución Mexicana. Estoy hablando de los 30, por consiguiente ya había mucha gente que escribía en el Valle, pero a esa temprana edad no pensaba ni consideraba que había distinción en la literatura. Al estudiar la literatura méxico-americana a principios de los 70 empecé a darme cuenta que después del 4 de julio del 1848, cuando se ratifica el tratado de Guadalupe-Hidalgo, ya se podía hablar de una literatura propiamente méxico-americana. Ahora sabemos que Nuevo México, Colorado y algunas partes de California, pero principalmente en Nuevo México, había mucha literatura escrita en ambos idiomas. El español actual proviene de España por vía de México, con todos sus cambios. Un español propio de la región. Esa literatura, soterrada, brota de repente a raíz de los derechos civiles y la Guerra de Vietnam. Ahora los estudiosos de la literatura han encontrado que la literatura se mantenía durante los siglos XIX y XX, aunque no en la academia. Además, para los años 70, los veteranos de la Segunda Guerra Mundial ya habían echado raíces al educarse y sus hijos empezaron estudios universitarios. Mucha gente creía que era una literatura nueva, pero como dije, ya existía para el siglo XIX. Hoy en día las casas mayoritarias publican antologías méxico-americanas y los estudiosos siguen varias escuelas de crítica literaria. Programas como el de la Universidad de Houston y Arizona State University llevan varios años rescatando y publicando la literatura; tanto la vieja como la contemporánea.

 

Usted, junto con otros cuatro escritores chicanos-Tomás Rivera, Miguel Méndez, Aristeo Brito y Alejandro Morales-escriben sus obras literarias en español; estas son innovadoras por su estilo y forma narrativa, pero nunca se da un curso de literatura chicana en español. ¿Cuál cree usted que sea el motivo?, ¿por qué mantener esta literatura al margen o fuera del currículum literario oficial de los departamentos de español en los Estados Unidos?

Bueno, la primera fase fue muy política. Nada nuevo en eso. Sabido es que al méxico-americano en grandes partes de este país se les trataba como ciudadanos de segunda clase. Hay varias capas sociales en el mundo méxico-americano, pero a la gran mayoría se les trataba mal. Esta etapa empieza a cambiar cuando uno se educa, cuando uno tiene quién lo represente en Washington. Actualmente, y ya por estos últimos 20 años, los cuatro diputados nacionales que les toca al Valle y al sur de Texas son hispanos. También hay más representación en la legislatura estatal. Pero todo esto se debe a que la gente se educó. Antes, los chicos no seguían sus estudios al llegar a los trece o catorce años. Tenían que trabajar. ¿Qué futuro tendría esa pobre gente? Para ello, Cesar Chávez laboró por el mejoramiento de los trabajadores agrícolas. Los académicos tuvimos otra función: educar a las generaciones venideras. Sé bien que la literatura no se recibió con brazos abiertos por muchas universidades, pero esto también es el papel de las universidades. Uno tuvo que probar que existía esta literatura. Se necesitaban críticos literarios, ya que no había gran número. Pero, para las décadas de los 70 y hasta ahora, la literatura cobra gran reconocimiento en este país y en Europa. Hay, y ha habido, congresos, simposios, y conferencias en Alemania, España, y Francia, y en los países bajos. También se han publicado tesis doctorales y de maestría en este país y en Europa.

 

¿Por qué cree usted que la literatura chicana ha ido dejándose de escribir en español? ¿Motivos económicos o simplemente literarios?

Fácil. La asimilación, la aculturación, y la falta de estudios serios en el idioma les impide escribir en español. En mi caso, un crítico dijo que yo ya no escribía en español. Si fuera un estudioso serio hubiera visto que sigo escribiendo en español cuando me venga algo que tenga que decir. Por cierto tiempo, Arte Público Press dejó de publicar en español aunque ese ya no es el caso hoy día.La casa que no ha dejado de publicar en ambos idiomas es Bilingual Review Press, bajo Gary Keller, en Arizona State University. Es más, su serie, Clásicos Chicanos, sigue publicándose. Últimamente, a Miguel Méndez. Lo siguiente también no debe dejarse en el tintero: la gran mayoría de estudiantes méxico-americanos no leen español. Otra gran cantidad, ni lo hablan. Los escritores, pues, escriben en inglés. Que los estudiantes lleven en sí resentimientos restantes o remanentes provoca risa ya que no han tomado tiempo de aprender a leer y escribir en español.

 

¿De escribirlo?

Ni por eso. Prefieren quejarse que trabajar. Las casas hispanas, pues, también se van por el mercado.

 

¿Cuál es el mercado?

Las universidades y sus estudiantes. Sin ellas, muchos escritores no se hubieran dado a conocer. De mi parte, el gran empuje vino por la casa Quinto Sol cuando se le otorgó el Premio Quinto Sol a Tomás Rivera. En el 76 se me otorgó el Premio Novela Casa de las Américas y eso ayudó al reconocimiento en Europa de esta literatura. Esperar un mundo perfecto es pedir peras al olmo.

 

La literatura chicana es primordialmente escrita en inglés, ¿por qué no enseñar un curso de la literatura chicana en algún departamento de español, estudiando ambas corrientes tanto la escrita en inglés como la que fue escrita en español?

Eso ocurre en la Universidad de Texas en Austin; eso no ocurre en una Universidad como UT-Arlington, que está al norte. Por ejemplo, aquí en UT-Austin siempre ha sido bastante conservadora en ese sentido, por no decir racista. Ha sido y sigue siendo reacia. Importa poco ya que se dictan clases en la literatura méxico-americana en California, Colorado, Nuevo México, Penn State, Yale y así por el estilo. Se enseña en los departamentos de inglés, de estudios étnicos, y en departamentos o programas de literatura comparada. Esta literatura es parte de la literatura norteamericana. En UT el departamento de inglés la ve con buenos ojos y se han doctorado candidatos que ejercen su profesión tanto en el estado de Texas como fuera de él. Luis Leal ha producido doctorados en este campo, tanto en la Santa Bárbara como en Stanford. A mí me encantaría tener estudiantes que dominaran ambos idiomas. Es una pena, sí, porque sería de beneficio para todos. Pero depende del tiempo. El tiempo llegará, y si no en el mío, seguramente en el de las próximas generaciones. Hay que tener un poco de paciencia ya que el futuro dirá otra cosa. En la revista de la Universidad de Oklahoma, World Literature Today, se leen todo tipo de reseñas literarias, de noticias sobre literatura mundial, sin excepción: Europa, Asia, África, y de este país. Eso es una visión global, como debe ser. Desgraciadamente, hay gente que se ha aferrado a lo conocido por pavor a lo desconocido. Difícil es de aceptar tal fenómeno y principalmente en la academia cuyo papel también es de informar a la gente joven.

 

¿Cree que su obra se pueda considerar dentro del género picaresco? ¿Hay una gran influencia de los clásicos de la literatura española o latinoamericana en su literatura?

Sí, principalmente lo peninsular, ya que es la cuna de la literatura picaresca. Pasa que también me encanta el medioevo. Bueno, la literatura del Siglo de Oro es innegable, lo que pasa conmigo es que yo iba a escribir la segunda novela en forma picaresca, pero decidí que no. Creí que se me iba a catalogar. Lo que si hago, y eso se ha reconocido en libros y artículos, es que tengo un sentido del humor en que cabe todo, la ironía, el sarcasmo, algo de lo sardónico, y también agudezas que le salen a uno. El humor siempre permite a cualquier sociedad menospreciada vivir con cierta dignidad, saber quiénes somos.

 

¿Cree que su obra, por ejemplo Mi querido Rafa tiene un poco de las Novelas Ejemplares de Cervantes, en el sentido de ser a la vez lección didáctica literaria, estética o moral?

Mi querido Rafa, en la primera parte es novela epistolar con reportaje en la segunda parte que trata de la política de esa región, de lo moral, de las distintas capas sociales dentro del mundo de los anglos y dentro del mundo de los méxico-texanos ya que cada quien discrimina contra los suyos. Lo actual es otra cosa. Por ejemplo, la gran mayoría de los jueces, los principales de las escuelas, los maestros, los médicos, los abogados, los comisionados de los condados son méxico-americanos. Lo que hice en Rafa fue representar cómo eran las cosas antes de que la gente se educara. Una obligación de cualquier escritor es representar el mundo antes de los cambios actuales. Pero picaresca no lo es porque la visión del que escribe las cartas no ve a la sociedad desde abajo.

 

Usted continua escribiendo ficción, ¿cuáles son sus metas actuales?, ¿tiene en mente, por ejemplo, a un lector en específico?

No, yo sé que no tengo un lector en específico, porque los que me leen son los jóvenes y los profesores universitarios. Eso está a mi favor ya que leen con más cuidado.

 

¿Qué opina usted sobre el canon chicano? Algunos dicen que el canon chicano es parte del canon norteamericano. ¿De qué manera es esto verdad? o ¿es el canon una identidad aparte?

Hablar del canon es, a mi modo de ver, prematuro; se habla, supongo, de la literatura contemporánea que empieza con Tomás Rivera y su libro...Y no se lo tragó la tierra en 1970. José Antonio Villarreal había publicado Pocho en los años 50, pero él no consideraba su trabajo como novela chicana. Que haya cambiado de opinión en los años subsiguientes es otra cosa. Pero, lo contemporáneo empieza con Rivera cuando la casa Quinto Sol le publica y lo premia por Tierra. De ese tiempo a éste es poco menos de un tercio de siglo, por consiguiente, hablar de canon es, como digo, prematuro. Esto no quiere decir que no haya gente que publique artículos que abrigan ese concepto. Se habla también de la generación Quinto Sol, es decir, Tomás Rivera, Rodolfo A. Anaya, y yo; pasa que Anaya y yo seguimos publicando y difícil es aceptar el título por halagador que sea. Lo que pasa con esta literatura es que empezó en las universidades, se legitimó dentro de ellas, a través de batallas en el currículum, y aún no se acepta de buena gana. Aquí no hablo de departamentos de inglés que ofrecen el doctorado en la literatura. Tocante a los departamentos de idiomas modernos, unos ofrecen la literatura y otros no. Lo notable es que universidades fuera de Texas no se sienten amagadas por la literatura. Por ejemplo, se me ha invitado y he leído de lo mío en Clemson, en North Carolina State, Kentucky y Maryland precisamente en Johns Hopkins. Igual que en Harvard, Yale, Cornell y así por el estilo: Michigan, Illinois, Ohio State, etcétera. Ninguno de esos estados es reconocido como área hispana, sin embargo, tienen la curiosidad intelectual de saber de esta literatura. Pobres son esas universidades que carecen de curiosidad intelectual. La literatura pide tiempo para ver si es duradera o no; poco menos de un tercio de siglo me parece muy poco tiempo. Ahora bien, esa gente que no acepta esta literatura no siempre la ha leído. La ha juzgado a priori. Eso es asunto de ellos. Que yo pierda tiempo preocupándome por esa gente es una gran pérdida de tiempo. Que Luis Leal, nada menos, la lea, la juzgue y que dé sus juicios debe darle reparo a los críticos recalcitrantes ya que Luis Leal, con sus 95 años de vida y más de 66 años de estudio literario no es un cualquiera. Bien puede ser que la literatura de los boricuas y los cubano-americanos sufran de lo mismo, pero no sabría decirle.

 

Realizada por Arturo García, en el mes de marzo de 2002 y publicada íntegramente en Pterodáctilo, Revista de Arte, Literatura y Lingüística, Departamento de Español y Portugués, Universidad de Texas en Austin: http://pterodactilo.com/issue2.html

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