OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Octubre 2009. Antilde;o tres. Número diez

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Datos de la revista, octubre 2009, año 3, número 10
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Prólogo

 

Emmanuel Tornés

Para fortuna de los lectores, Hispanoamérica continúa siendo un escenario bien fecundo y estimulante en el cultivo del cuento, género del que, por cierto, no parecería tan aventurado afirmar que vive en nosotros casi como una marca de identidad. Y no exagero. Hoy existe en el continente, quizá como nunca antes en cuantía y variedad genérica, una legión de excelentes cultores de esta especie narrativa, desde aquellos empeñados en proseguir su escritura dentro de los cánones estilísticos más ortodoxos hasta los que participan de esta selección, más afines a las osadas formulaciones de lo posmoderno. Prueba de esa notoriedad es la sistemática circulación y reclamo de narraciones breves en todas nuestras naciones, tanto en forma escrita u oral (esta última practicada también en zonas urbanas, no solo rurales) como mediática.

A propósito de dicho campo y como índice del peso que en él tiene esta narrativa, vale destacar que con el vertiginoso desarrollo de los medios a partir de la década del ochenta, hemos visto acentuarse el intercambio entre ambas esferas (otro signo distintivo de la cultura posmoderna) expresado en el notable interés de los directores en hacer versiones de cuentos para el cine, la radio o la televisión. Así, no pocos de los autores reunidos en este volumen han visto alguno o algunos de sus relatos transpuestos a los códigos audiovisuales. Al mismo tiempo, el teatro ha reparado en la intensa "dramaticidad" de dichas ficciones y las ha llevado a la escena; y, ocasionalmente, hasta la música ¡as tiene como fuente de inspiración.

Por lo tanto no debe extrañarnos que mientras en Europa y Estados Unidos los consorcios editoriales y sus equipos de pronósticos asociados a los mass media imponen a los lectores la preminencia de la novela en detrimento de la ficción breve, alegando un supuesto rechazo del público hacia esta función literaria y una superior demanda de aquella (problema que no por condicionado deja de incluir aristas teóricas menos definidas), en nuestra región, en cambio, sucede lo contrario; sin implicar el sacrificio de la novela, el cuento experimenta un aprecio fuera de lo común y compite con ella en calidad, refinamiento, variedad de tonos y sutil penetración de nuestra realidad.

Por esto decíamos que su manifestación constituye una referencia en el gusto e imaginario cultural de los hispanoamericanos, y algo del mismo modo sustancial, ha dejado de ser testimonio exclusivo del grupo de maestros de otros tiempos para devenir un quehacer con altos vuelos estéticos de una impresionante pléyade de narradores diseminados por todo el continente. Y ello sin valerse de irascibles ademanes iconoclastas ni recurrir a las típicas rupturas del ayer (nota igualmente propia del arte posmoderno), más bien aprovechando, "reciclando", sus valiosas enseñanzas en un tiempo que, dando al fin la razón a Borges, es ahora todos los tiempos. De ahí las sensaciones cruzadas que advertimos cuando leemos estas historias, ese aire de lo deja vu tan peculiar en ellas, y en otras artes como la pintura, la música y la arquitectura.

No otra idea se busca ilustrar con este selecto conjunto de narraciones. En efecto, en él se incluye a un grupo de cuentistas originarios de diecisiete países de Hispanoamérica, nacidos en el lapso de los años cuarentas a los setentas de la pasada centuria, quiere esto indicar, una porción significativa entre quienes representan algunos de los estilos más audaces y sugerentes de los últimos decenios, esos que de manera vaga aunque real solemos ubicar en la posmodernidad, pero no en la de fisonomía conservadora y nihilista, sino en esa otra más inquieta, contestataria y humanista de nuestra otredad regional, tendencia cuyas señas sugieren, sin renunciar a su timbre personalísimo, los textos compilados, obras escritas en el período que se extiende de la década del ochenta a los albores de este siglo XXI.

Pero semejante integración no podía circunscribirse a unos cuantos nombres ya consagrados en la historia de la literatura contemporánea. Muy por el contrario, para exponer con rigor la magnitud cualitativa y expansiva de los estilos posmodernos simbolizados en este encuentro, era obligado ensanchar el espectro de los seleccionados, ofrecer a los lectores de nuestro país y a los jóvenes, en particular, un paisaje algo más heterogéneo y complejo de este proceso literario, insinuar cómo sus hallazgos estéticos no culminan en aquellos creadores más familiares a los cubanos (los cuales, desde luego, tampoco aquí podían faltar) como Isabel Allende, Mempo Giardinelli, Luis Britto García, Laura Antillano, Marilyn Bobes, Ana Lydia Vega, Raúl Pérez Torres, Eliécer Cárdenas, Raúl Vallejo Corral, Dante Castro Arrasco y Mayra Santos- Febres, sino que se multiplican con similar brillantez en los enfoques y tesituras de otros autores con análogo o cercano renombre internacional pero que son quizá solo conocidos a medias por nosotros o aun totalmente desconocidos, nos referimos, por ejemplo, a escritores de la clase de Fernando Ampuero, José Napoleón Oropeza, Liliana Heker, Roberto Bolaño, Marco Tulio Aguilera Garramuño, Cecilia Abzats, Rosa Beltrán, Roberto Burgos Cantor, Hugo Burel, Edmundo Paz Soldán, Alberto Fuguet, Cristina Civale, Giovanna Benedetti, Ana María Jaramillo, Rodrigo Rey Sosa, Sergio Gómez, Dante Barrientos Tecún, César Verduguez, Marco García Falcón y tantos otros, entre los que no faltan algunos cuyas carreras son todavía jóvenes pero de resultados cualitativos impresionantes.

En consecuencia, si bien en esta polifonía no concurren todas las voces que merecerían estar (lo cual tampoco sería viable), sí nos parece que las decenas de registros contenidos dan una visión bastante representativa de lo que está ocurriendo en nuestros países en el arte de contar, desde México y Centroamérica pasando por el Caribe hasta la América del Sur.

En este empeño por brindar un cuadro ambicioso del género, merece señalarse la presencia en esta selección de más de una veintena de narradoras. Este aspecto no debe pasarse por alto pues representa un rasgo muy importante para distinguir la dinámica de la cuentística actual de la de etapas anteriores. Es un espacio alcanzado con la excelencia de sus creaciones y con las conquistas obtenidas en sus luchas civiles junto a los hombres de clara conciencia social, sobre todo de manera más precisa luego de iniciado el decenio del ochenta.

Así, ¡a coincidencia de todos esos pormenores, y otros qué los mismos relatos irán develando, probablemente entusiasmará a muchos como a mí me ocurrió al descubrir que esas narraciones legitiman una certidumbre solo conocida a ratos en forma de abstracción: que la cuentística hispanoamericana sigue siendo una epifanía, una poderosa expresión de nuestros pueblos en las letras occidentales.

Llegados a este punto se alcanza a comprender con mayor nitidez las sutiles peripecias que se requieren para urdir las fibras invisibles de un concierto de voces tan singulares, elementos claves para justificar su carácter de selección más que de antología. Ello se explica porque los cuentos elegidos responden a exigencias que sobrepasan su valía estética y representatividad en la poética de cada autor para erigirse en modelos de encargos menos restringidos. No obstante, me atrevería a afirmar que la mayoría de estas ficciones algún día pasarán a ocupar, si no lo ocupan ya, un sitio antológico en el corpus narrativo de estos escritores.

Ahora bien, todos esos ineludibles imperativos se subordinaron a dos requisitos prioritarios sin los cuales, a mi modo de ver, todo lo demás habría sido infructuoso. Me refiero, en primer orden, al haberle exigido a toda costa a los cuentos su don de hechizar, su capacidad para sustraerme sin remedio de la realidad inmediata, a fin de hacerme vivir de manera imborrable su alteridad, o sea, dejándome disfrutar esa otra vida como una experiencia inigualable.

En segundo término, que me permitieran comprobar, una vez de vuelta a mi pequeño mundo, que ese poder persuasivo y mágico del texto en particular era consecuencia de la secreta artesanía de un relojero renacentista con alma romántica en la posmodernidad, o lo que es muy parecido, la coronación de la ardua faena literaria en un fruto esquivo que modela la difícil sencillez del arte de narrar.

Tal vez sea esta la característica ideal donde confluyen los disímiles registros escriturarios que conforman el volumen. Se advierte en la vehemencia emotiva y fuerza humana de los conflictos, en la sensibilidad de hoy que transpiran y con ¡a cual nos identificamos de inmediato. En este sentido los personajes nos subyugan pronto por su nítido dibujo, su sincera entrega y la confianza que depositan en nosotros sin reprimir sus angustias o deseos. No cabe la menor duda de que el texto se regocija en "contar" una historia y en revelar sentimientos que habían sido prácticamente cancelados o reprimidos por las letras de vanguardia hasta el "boom" de los años sesentas, ello explica, verbigracia, la relevancia que alcanzan en las nuevas ficciones el amor y las pulsiones eróticas.

Como es lógico todo esto beneficia la narratividad de los relatos en tanto se evitan los malabarismos, las desarticulaciones de la trama y los juegos cripticistas, aún cuando ingrese a ese territorio la ciencia ficción con la virtualidad informática, según acontece en uno de los cuentos seleccionados. Eso sí, en el subsuelo de esas vivencias habitan significaciones que posteriores lecturas sacan poco a poco a la superficie hasta voltear lo contado.

Contribuye decisivamente a agilizar dicha receptividad la limpidez del lenguaje, su gracia y sobriedad, siempre a favor de la comunicación. Lo expresado exige la frase precisa, la búsqueda cuidadosa en el habla popular, el manejo de la metáfora prístina pero también el detalle subliminal, sin temor, además, a apropiarse de giros foráneos y técnicos del diálogo cotidiano o grupal, tan sintomáticos en la hibridación lingüística de nuestros días. En general, es una prosa de ritmo más bien vertiginoso.

Desde luego, la ficción posmoderna apela a diversas variantes discursivas. Por esa razón en el conjunto pueden hallarse cuentos donde se tiende más a lo barroco en la composición, del período o en las relaciones contrastivas de las expresiones, pero ni en estos casos se pierde la frescura del discurso ni se oscurece el contenido primario, ya que lo barroco se simplifica y debilita con las propiedades antes descritas.

Como puede calcularse son narraciones cuyo desafío conceptual se va gestando bajo múltiples capas significativas hasta aflorar en el minuto justo, instante decisivo para entender que todo en la historia, desde el título mismo, ya vaticinaba lúdicamente el estallido final.

A semejante iluminación conduce de una u otra manera el especial tratamiento de los temas. En este plano encontramos una lista temática muy variada donde asoman problemas universales de carácter intemporal -solo que ahora escrutados bajo la luz de la posmodernidad- junto a aquellos otros que tipifican las inquietudes de los últimos lustros.

Entre los temas de los cuentos seleccionados se hallan los efectos de la informática en nuestra psiquis, la relevancia del erotismo y la sexualidad, los conflictos de la pareja, las inclinaciones sexuales, el travestismo, la homosexualidad, la droga y sus consecuencias, la violencia en la vida pública y privada, la tercera edad, la existencia y la muerte, la esperanza, las máscaras del poder, las situaciones límites, el exilio y el desexilio, los diferendos de género, la autoconciencia de la escritura, la doble moral, el papel de los medios de comunicación, el mundo carcelario, el panorama urbano, la indefensión, la angustia existencia!, la intolerancia, en fin, un intrincado mapa de fragmentos capaz de revelarnos aristas insospechadas de nuestra vida cotidiana o de la que hoy tiene lugar en otros pueblos de la región.

A pesar del tremendo desgarramiento que observamos en el despliegue de algunos de estos temas, es justo subrayar su alejamiento de un enfoque pesimista, de una metáfora del fracaso. Más tarde o más temprano en estos relatos surge un rayito de luz, a veces tan imperceptible que hasta dudamos de su corporeidad. Y esto importa decirlo para establecer la distancia entre la visión posmoderna que emerge en estas ficciones y la que aflora en obras narrativas más apegadas a modelos decadentes de la posmodernidad mundial.

Este significado no trasciende como consigna ni se cubre de atuendos didácticos, nada más alejado de la ficción de entre siglos. Si algo rechazan es verse en la obligación de asumir un destino teleológico. Su entusiasmo radica en contar una experiencia, solo eso. Y de esa vocación libertaría y heterodoxa nacen sus ideas más nobles y consistentes.

No quisiera concluir sin referirme de nuevo a la cuestión de la aparente sencillez de los cuentos compilados. Por lo común, los lectores no avisados confunden esta clave de la poética narrativa posmoderna con la mengua cualitativa de sus realizaciones específicas. Nada más lejano de la verdad. La sencillez es una decantación no una insuficiencia, implica un trabajo riguroso. Cuando desmontamos analíticamente estos cuentos, encontramos una esmerada selección del lenguaje, una construcción eficaz de la trama, una minuciosa delineación de los personajes, un complejo tejido de significaciones, cualidades que de conjunto facilitan que ese cuerpo que llamamos cuento nos catapulte sin que lo notemos de ios poros a las estrellas, como diría José Lezama Lima.

La sencillez esconde sofisticados juegos de perspectiva que parten con frecuencia de subjetividades a través de las cuales se vehiculan cambios en los puntos de vista temporal, del nivel de realidad, etcétera. Delicadas operaciones que se robustecen con feraces juegos intertextuales y metafictivos que en oportunidades se inician en el rótulo de la obra, se propagan por toda la textualidad y concluyen en un reinicio en la mente del lector. De este modo, el no estar preparados para "ver" más allá de la tersa superficie verbal nos vela los cuantiosos sentidos que trasladan estos procedimientos o tos códigos irónicos, paródicos, humorísticos y de otro tipo tan frecuentes en los cuentos posmodernos.

Por ejemplo, un motivo en apariencias tan banal como el llanto de Lazara, personaje del cuento "Alguien tiene que llorar" de Marilyn Bobes, examinado desde otra perspectiva se nos transforma en un intertexto mucho más revelador, menos inocente, capaz de originar una de esas críticas transformaciones en la ideología del texto a las que hacíamos referencia. El llanto alude a la tradición folletinesca donde el recurso de las lágrimas devenía signo de la inconsistencia femenina o, peor aún, de su ineptitud para alterar el orden establecido, derecho solo reservado a los hombres. Lazara, contrariamente, sin que nos demos cuenta, subvierte el mitema y le imprime una lectura contestataria, propia de nuestro tiempo, pues su llanto deriva en gesto de solidaridad con Mañiza y, por tanto, con sus ideales, sin dejar de connotar también un sentimiento de pureza y autenticidad.

Sin esta descodificación con certeza se nos escaparía mucho de lo que conduce al superobjetivo del relato. Como puede comprenderse, tratar con esos recursos y estrategias ficcionales contribuye a irnos transformando en lectores más productivos de lo que hubiéramos sido con antelación. Esa es otra de las posibles ganancias que nos depara la familiarización con esta cuentística.

Y nada más por ahora. El resto lo dirá el diálogo personal de cada uno de los lectores con los textos.

 

Autores y cuentos incluidos en esta antología:

Cecilia Absatz, Argenina - “Xilocaína rosada”.
Raúl Aguiar, Cuba - “Figuras”.
Marco Tulio Aguilera Garramuño, Colombia - “El suave olor de la sangre”.
José Alcántara Almánzar, República Dominicana - “Como una noche con las piernas abiertas”.
Isabel Allende, Chile - “De barro estamos hechos”.
Fernando Ampuero, Perú - “Taxi Driver, sin Robert de Niro”.
Laura Antillano, Venezuela - “Pues yo atravesaré el bosque de zarzas y rescataré a la Bella Durmiente”.
Dante Barrientos Tecún, Guatemala - “El ombligo”.
Patricia Belli, Nicaragua - “El hechizo”.
Rosa Beltrán, México - “Liberación femenina. Amor por los ideales”.
Giovanna Benedetti, Panamá - “La lluvia cae sobre el fuego”.
Marilyn Bobes, Cuba - “Alguien tiene que llorar”.
Roberto Bolaño, Chile - “Sensini”.
Luis Britto García, Venezuela - “El cuarto 101”.
Hugo Burel, Uruguay - “El elogio de la nieve”.
Roberto Burgos Cantor, Colombia - “Lubricán”
Eliécer Cárdenas, Ecuador - “Acuarios para desesperados”.
Horacio Castellanos Moya, Honduras - “Tonto y feo”.
Dante Castro Arrasco, Perú - “El Viejo”.
Cristina Civale, Argentina - “Chica fácil”.
Adriana Díaz Enciso, México - “Historia de un basilisco”.
Rodrigo Fresán, Argentina - “El asalto a las instituciones”.
Alberto Fuguet, Chile - “Hijos, un cuento en dos actos”.
Marco García Falcón, Perú - “La verdadera flor de Coleridge”.
Rafael García Romero, República Dominicana - “Un hombre, Claudia y los recuerdos felices”.
Judith Gerendas, Venezuela - “La escritura femenina”.
Mempo Giardinelli, Argentina - “Sueño del exiliado”.
Sergio Gómez, Chile - “El buen hijo”.
Aida Judith González Castrellón, Panamá - “Pájaro sin alas”.
Alberto Guerra Naranjo, Cuba - “Sudoroso”.
Yolanda L. Hackshaw M, Panamá - “El nuevo paraíso”.
Liliana Heker, Argentina - “La fiesta ajena”.
Ángel Gustavo Infante, Venezuela - “Una mujer por siempre jamás”.
Enrique Jaramillo Levi, Panamá - “Agua de mar”.
Ana María Jaramillo, Colombia - “Casablanca”.
José Napoleón Oropeza, Venezuela - “La serpiente de dos cabezas”.
Dante Medina, México - “Buenas noticias, mi amor”.
Ethel Krauze, México - “Hasta que la muerte nos separe”.
Edmundo Paz Soldán, Bolivia - “Dochera”
Emilia Pereyra, República Dominicana - “El inapelable designio de Dios”.
Raúl Pérez Torres, Ecuador - “Sólo cenizas hallarás”.
Rodrigo Rey Rosa, Guatemala - “La peor parte”.
Mariella Sala, Perú - “Barcelona”.
Mayra Santos-Febres, Puerto Rico - “Resinas para Aurelia”.
Rocío Silva Santisteban, Perú - “Dulce amor mío”.
Rodrigo Soto González, Costa Rica - “Perro suelto en el jardín”.
Karla Suárez, Cuba - “El ojo de la noche”.
Ana Teresa Torres, Venezuela - “El vestido santo”.
Henry Trujillo, Uruguay - “Repeticiones”.
Raúl Vallejo Corral, Ecuador - “Volverán las oscuras golondrinas”.
Ana Lidia Vega, Puerto Rico - “Pasión de historia”.
César Verduguez Gómez, Bolivia - “Hay un grito en tu silencio”.
Carlos Oriel Wynter, Panamá - “Hombre y mujer”.
Lázaro Zamora Jo, Cuba - “Luna Poo y el paraíso”.
Luis Zapata, México - “De amor es mi negra pena”.

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Carlos Victoria

Foto: Pedro Portal

Sumario

Este Lunes

En Argentina, la crisis de 2001 no ha refrenado la creatividad

Eloïse Cohen-De Timary

Gloria Lorenzo: la magia de las pulsaciones imprevistas

Antonio Orlando RodrÍguez

El visionario Phillip K. Dick

Blanca Anderson

Crítica de la Razón Crítica

Ignacio T. Granados Herrera

Malara: la reconquista de un reino

Pedro A. Assef

Redescubriendo a Teresa Wills Montt

Laura García

De la luz y sus contrastes. El aura de la soledad

Rosa Marina González Y Manuel Gayol Mecías

La ley de Herodes: ¿retórica del poder o dialéctica cinematográfica?

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

Carlos Victoria

Otros miran

Ariel Arias

OtroLunes conversa

con Gustavo Faverón

“Prefiero las novelas que colocan al lector en una encrucijada moral”

con Mari Pau Domínguez

“La novela histórica ha sido un grandísimo descubrimiento”

con Dora Varona

“Soy tremendamente cubana”

con Ronell González

“Confesiones de un grafómano”

con Emerio Medina

“Ser escritor era algo muy poco común en mi barrio”

con Luis García Jambrina

“El libro digital es el futuro que no aguarda a la vuelta de la esquina”

Punto de mira

Contar es un placer. Antología del cuento latinoamericano

Una antología singular

Prólogo

Botón de muestra

César Verduguez

Marco García Falcón

Carlos Oriel Wynter

Cuarto de visita

con el escritor chicano Rolando Hinojosa-Smith

Biografía

Capturados vivos. Entrevista

El mundo enterrado en el sur de Texas. Entrevista

Por esas cosas que pasan (fragmentos)

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa

El martillo y la hoz

Emerio Medina

Relato

Historia de Juandormido

Luis Felipe Rojas Rosabal

Relato

Instrucciones para desobedecer al padre

Osvaldo Antonio Ramírez

Fragmento de Novela

Aún hay jueces en Berlín

Ricardo Bada

Waltz with Bashir

Laura García

La marmita, de Poesía

Marmita de octubre

Alberto García-Teresa

Final

Antonio Méndez Rubio

Poemas

Rafael Vilches

Poemas

Belén Artuñedo

Poemas

Ronell González

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

Carlos Montenegro. Un escritor hijo del presidio

Junot Díaz y las rebeldías cotidianas

Eliseo Alberto y la espiral devoradora de la palabra

Rosa Montero y las leyendas esenciales

Recycle

La futura esclavitud

José Martí

El socialismo y el Estado

León Trotsky

De lunes a lunes

El venezolano Rafael Cadenas obtiene el premio FIL de Literatura 2009

Inicia editorial Iduna homenaje por el centenario del natalicio de José Lezama Lima (1910-2010)

Premio Latinoamericano de Primera Novela Sergio Galindo 2008 a la cubana Yamilet García Zamora

Iduna en la Feria Internacional del Libro Miami, 2009

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Última rumba en La Habana

Fernando Velázquez Medina

España, aparta de mí estos premios

Fernando Iwasaki

El único hombre

Rafael Vilches Proenza

La inutilidad de un beso

Javier Puebla

¿Qué les digo?

Varios Autores

Bajo un millón de sombras

Andrea Busfield

Deseo de ser punk

Belén Gopegui

A cargo de Alberto García-Teresa

No duerme el animal

Ada Salas

Animales animales

Xoán Abeleira

Cerval

Daniel Bellón

La aldea de sal

Lêdo Ivo

Vía Láctea

Kjell Epsmark

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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