


Una de las cosas que más admiro en un escritor es la capacidad de meterse en la cabeza de otro, de alguien completamente ajeno a él. No me refiero a meterse en la cabeza de un asesino, eso es fácil porque no es alguien ajeno, todos lo llevamos dentro. ¿Quién no ha tenido ganas de matar a ese vecino insoportable, a ese jefe gritón e insustancial, a ese adolescente incomprendido que molestando pide que nadie le moleste?
Meterse en la cabeza de ese adolescente y tenerle afecto se me antoja lo más complicado de todo porque es la cabeza de alguien incompleto: cree que tiene razón pero sus argumentos hacen aguas por todas partes, se considera un adulto pero sus reacciones son infantiles, quiere cambiar el mundo pero aún no entiende sus reglas…
Es casi imposible seguir sus caminos mentales y que el resultado parezca coherente, no perderse en contradicciones que nos parezcan absurdas desde fuera. Es casi imposible… Pero Belén Gopegui lo consigue. Martina, la protagonista de Deseo de ser punk es una chica de dieciséis años y es creíble. Hay momentos en que es adulta y momentos en que es una niña consentida, hay cosas que entiende y cosas que interpreta mal, hay descubrimientos que la van haciendo adulta a lo largo de la novela.
Martina es adorable a ratos y odiosa en otros. Como el chico aquel al que queríamos matar en nuestra vertiente de asesinos.
La protagonista de Gopegui, Martina, escribe sus pensamientos en un cuaderno que recibirá un amigo suyo, lo hace, por tanto, en primera persona y le va contando sus recorridos por Madrid: su gusto por entrar en ascensores y limitarse a subir y bajar, sus visitas a la sección de muebles de El Corte Inglés para escoger un sofá y sentarse allí a charlar con su amiga Vera hasta que las echan, su búsqueda de un lugar propio… Hay mucho de Holden Caulfield, el protagonista de Un guardián en el centeno, de J. D. Salinger, en ella, pero también hay mucho nuevo y original.
Habla de la muerte del padre de su amiga Vera, de los problemas de sus propios padres, de sus relaciones con sus compañeros y de música, sobre todo de música, como si la música fuera lo único importante de su vida. Intenta descubrir la suya propia y se da cuenta de que le gusta la del siglo pasado, el rock en vinilo. Frente a los medios digitales, ella reivindica la vieja técnica analógica. La vida no son ceros y unos, el mundo es analógico.
No es pasiva, como Holden Caulfield, Martina tiene una reivindicación: lugares donde reunirse con otros adolescentes sin consumir, sin ser expulsados y sin estar obligados a nada. Su – inocente – modo de conseguirlo será un atentado musical tras el que comprobará su propia teoría, el problema de los adolescentes es que nadie les hace caso.
Nadie va a presentar a Belén Gopegui a estas alturas, la autora de La escala de los mapas o de La conquista del aire es una novelista importante, Umbral dijo de ella que la más talentosa de su generación. Además de su capacidad para entrar en la personalidad ajena, tiene en esta novela la habilidad de darle la duración adecuada. Es una novela corta en una época en la que parece que con menos de seiscientas páginas una narración no tiene valor. Deseo de ser punk dura lo que debe para ser una buena novela, se lee bien y en ningún momento se hace pesada.
(Alicante, 1962) Novelista y guionista de televisión. Es uno de los creadores de Hospital Central en Telecinco, serie de la que ha sido coordinador de guiones. Ha escrito para otras series, entre ellas Hermanas, Mir o Siete días al desnudo. También ha dirigido programas de televisión como La noche prohibida. Ha publicado en 2009 la novela Los números del elefante, en la editorial Planeta.