

(Desde Buenos Aires) Cuando uno llega a Buenos Aires se queda impresionado por la vitalidad artística de la ciudad: más de 400 teatros independientes, muchas galerías de arte, talleres de escritura y de pintura, proyecciones de películas y conciertos al aire libre, y un festival de cine independiente (el BAFICI) del cual surgieron los directores del Nuevo Cine Argentino – como Pablo Trapero, Lucrecia Martel, Mariano Llinás o Lisandro Alonso.
Así, aunque la ciudad de Buenos Aires vive al ritmo de las crisis económicas y políticas que golpean frecuentemente al país, esto no le quita el dinamismo artístico y cultural. ¿Se puede decir que la inestabilidad permanente y la atmosfera caótica de Buenos Aires son un estimulante para la creatividad?
Algunos cineastas, directores de teatro y un artista plástico dan su opinión sobre el tema.
A pesar de la crisis, la cultura es una necesidad vital para el público
En diciembre de 2001, Argentina se derrumbó. Después de tres años de recesión económica, el país conoció una grave crisis de liquidez acompañada de una explosión social espectacular. Motines, saqueos, violencia: a fines del año 2001 el país estaba en estado de sitio. Sin embargo, en el medio del caos, los teatros se llenan, las peliculas se producen y las novelas se publican.
El guionista Jorge Goldenberg explica:
“La cultura se mantuvo, una verdadera obstinación por seguir, como una supervivencia pero no en el sentido material. Tal vez para no ceder a lo deprimente de la situación”.
En efecto, en 2001 el público estuvo presente. El director de teatro Daniel Veronese cuenta que durante la crisis de 2001 aunque la gente no podía sacar más de 250 pesos por semana seguían yendo al teatro, pagando su entrada.
“Era difícil sacar 10 pesos pero sucedió. La gente iba al teatro y pagaba 10 pesos. Estábamos tan cansados y hartos de las mentiras del discurso político y periodístico... La gente venía a buscar algún tipo de verdad, una verdad poética. Creo también que los momentos de comunión emocional aparecen en los tiempos de crisis (salvo en un país en guerra cuando uno necesita agua, comida, medicamentos...) porque me parece que en esos momentos necesitamos alimentar el espíritu y expresar las cosas”.
En 2001 la producción artística era particularmente abundante
Eso no es un fenómeno reciente. Ya a fines del siglo XIX, cuando los inmigrantes procedentes de las regiones pobres de España y de Italia se establecieron en la ciudad de Buenos Aires, la música y el teatro eran la única manera de expresar su identidad.
El director de teatro Rubén Szuchmacher dice:
“Cuando estas pobre, el teatro – que necesita relativamente poco dinero – es la única cosa para reconocerte, para representarte. El teatro es el arte político por excelencia”.
Si el público fue presente durante la crisis espectacular de 2001 se nota también que la producción artística fue muy abundante.
La cineasta Albertina Carri (seleccionada por la Quincena de realizadores de Cannes en 2005) relata:
“¡Una de las cosas que pasó es que salió todo el país con su cámara para hacer películas! Creo que hay un vínculo entre una situación de crisis y la creatividad artística. Es como si estuvieses en una situación de ahogo, en el medio del océano: tenés que sacar la cabeza y hacer una película. Es algo que te alivia y que te da la posibilidad de comunicar”.
El país se hunde, las producciones artísticas proliferan
Albertina Carri cuenta que fue durante el periodo de recesión – entre 1998 y 2000 – cuando se realizaron películas muy interesantes. Así, 1999 es el año de la salida del famoso Mundo grúa de Pablo Trapero y también el de la primera edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (el BAFICI).
Pues cuando el país se hunde, las producciones artísticas proliferan....Pero el escritor Marcelo Figueras no parece sorprendido: explica que el arte tiene un lugar central en la sociedad argentina sobre todo porque permite digerir los traumatismos de una historia particularmente violenta – desde el genocidio de los indios hasta las dictaduras militares.
“En momentos de enorme incertidumbre, encontramos en el arte (una canción, una película por ejemplo) las respuestas que no encontramos en otros lados. No creo que el arte tenga un poder absoluto de modificar las cosas pero pienso que en los momentos de naufragio si hay algo que te va a ayudar es el arte”.
Quizás porque el arte permite una reflexión – sobre los valores, la identidad – particularmente necesaria en los periodos de crisis.
Arreglárselas
Las dificultades económicas no parecen refrenar la creatividad de los artistas argentinos. Pero según el cineasta Ariel Rotter (realizador de la película El Otro premiada en el Festival de Cine de Berlín 2007) esta capacidad de arreglárselas no se limita a los artistas: es algo que caracteriza toda la sociedad argentina.
“Los inmigrantes españoles e italianos que llegaron a Buenos Aires a fin del siglo XIX ya dieron prueba de picardía y de ingeniosidad para sobrevivir en épocas de mucha pobreza. El argentino, dado a esta adversidad constante, se ha convertido en un maratonista de la crisis, un corredor de fondo... Hay una capacidad de hacer las cosas antes de la adversidad muy importante”.
Y en el campo del arte esta voluntad de sobrevivir se traduce por una determinación para producir obras:
“En Argentina siguen apareciendo directores que hacen películas los fines de semana con un choripán y una gaseosa como única paga. No es un modelo que puede perdurar pero es una manera de mantenerse vivo y de producir obras”.
Permanentemente enfrentados a las dificultades económicas, los argentinos tienen que arreglárselas. En este contexto los artistas crean sin esperar ninguna ayuda. Así se hacen películas con nada; el Nuevo Cine Argentino, si bien no constituye un movimiento estético, puede ser caracterizado por esta capacidad de producir películas muy baratas.
En el campo del teatro sucede lo mismo: la gente se junta alrededor de una idea y de un director pero no está garantizado el estreno...
El cineasta Ariel Rotter, desengañado, concluye:
“Si el Estado no se ocupa de que la gente se muera de hambre en este país no se va a ocupar de que la gente haga una obra de teatro o una película... Entonces hay que arreglárselas”.
Crear y adaptarse a todas las situaciones
Hay muchas producciones artísticas en Buenos Aires independientemente de la situación económica pero la realización de los proyectos está muy complicada debido a la carencia de medios financieros.
Por ejemplo, la organización de los ensayos de teatro es un verdadero rompecabezas: en Argentina raramente se puede vivir del teatro – algunos están trabajando en empresas de publicidad por ejemplo – así que es muy difícil reunir a la gente porque tiene horarios distintos.
El director de teatro Daniel Veronese explica:
“Los horarios para ensayar cambian todo el tiempo porque los actores no están disponibles al mismo momento y a veces ensayamos de noche porque no podemos hacer de otra manera... A veces también los actores de repente tienen que dejar el proyecto porque un teatro oficial les ofrece un sueldo. Eso sistema impide trabajar con fluidez; se ensaya las escenas de adelante en atras, como en el cine”.
Sin embargo, a pesar de esas condiciones algunos directores producen obras impresionantes y muy profesionales. Federico León, otro director de teatro, cuenta:
“Cuando las obras viajan se dice : « mira el teatro que se hace, las obras fueron hecha de esa manera, con gente que trabajan a otra cosa... » Lo profesional no tiene nada que ver con ir todos los días ensayar y recibir un sueldo sino con el rigor y la voluntad de llegar al final de un proyecto para presentarlo. Además la persona que está trabajando todos los días y que va a ensayar, lo hace con muchas ganas”.
Inestabilidad y creatividad
¿La creatividad artística se estimula en los periodos de crisis?
Parece que la inestabilidad permanente de Buenos Aires sea un elemento de creatividad. Así para directores de teatro como Daniel Veronese o Federico León la incertidumbre forma parte del proceso de creación artística.
Daniel Veronese dice:
“Cuando empiezo una puesta en escena no sé donde voy a ir, no tengo certezas. Pero el desconocer me produce mucha seguridad. Esta incertidumbre que encuentro no me produce ni parálisis ni temor, al contrario. Es como si te propusieras abrir una caja: no te preguntas como se abre la caja ni con que te vas a encontrar...Sólo tenés que abrirla y ver adentro. Tengo confianza en el sentido que sé que voy a encontrar algo. Creo que la creación es una mezcla de alegría y de miedo”.
Por Federico León la inestabilidad y la carencia de medios son una manera de estimular la creatividad:
“La inestabilidad es mi forma de proceso. Nunca está garantizado el estreno ni que la gente vaya a ganar dinero y por eso me parece que genera propuestas muy singulares porque responde a otros intereses. Para mí, es un aspecto de la creación de poder adaptarse”.
¿Crear cuando el dinero no es un problema?
El artista plástico Hernán Salamanco va más lejos diciendo que menos el dinero es un problema para producir, más difícil son los esfuerzos para romper las estructuras y hacer proposiciones artísticas originales.
“Hay un discurso que dice que en Europa hay una cierta seguridad y que entonces el arte que se hace es, de cierta manera, sin vida. Sin embargo pienso que el apoyo es muy útil para la gente que logra producir una obra y que después no puede mantenerse. Porque lo difícil es mantenerse. Pero la creatividad no viene del dinero, viene del deseo”.
Así los artistas tratan de sacar provecho de esta inestabilidad crónica que impera en Buenos Aires. Además en un país que funciona verdaderamente al día a día es muy difícil proyectarse al largo plazo.
Federico León explica:
“Uno puede armar un sistema que se puede desarmar al otro día. Hay que rearmar permanentemente (un actor puede dejar el proyecto porque tiene que hacer otra cosa, etc.) Pero para mí esta inestabilidad es algo positivo. Es parte del arte, da complejidad al trabajo”.
Aprender a ser creativo y tratar que la incertidumbre no se transforma en parálisis
Inestabilidad permanente, día a día, un sistema que puede derrumbarse el día siguiente: lo que pasa en el campo artístico es muy representativo del funcionamiento de toda la sociedad argentina.
Hernán Salamanco cuenta:
“La gente tiene que pensar todo el tiempo cómo hacer para subsistir con el mismo dinero, para comprar lo que vale el doble con respecto al año pasado. Y no hablo de muebles: hablo de un paquete de arroz. El tema es cómo aprender a ser creativo con la incertidumbre y que la incertidumbre no se transforme en angustia ni en parálisis. Por eso también Buenos Aires tiene muchos psicoanalistas... La realidad es tan maleable y cambiante que uno tiene que estar en constante movimiento: no se puede relajar”.
Argentina no es un paraíso, efectivamente: a pesar de las riquezas naturales, el hambre queda, el país vive a merced de las catástrofes económicas y políticas, y Buenos Aires no puede evitar el crecimiento de las villas.
Por supuesto no se trata de desear una crisis para estimular la creatividad. Pero, a semejanza del caso argentino, parece necesario recordar que las crisis puedan también ser momentos en los cuales se desarrolla el potencial creativo de una sociedad.
Nació en 1982. Es licenciada de Sciences Po (Escuela de Ciencias Políticas en París).