


Iluminar la conciencia del lector, provocar su reflexión sobre noticias mil veces escuchadas y, a la vez, conseguir que pase las páginas con pasión no es una combinación fácil. Bajo un millón de sombras la cumple sobradamente. Nos encontramos frente a una obra llena de contundencia y sobriedad, no exenta de fuerza poética, que aparece desde la primera línea: “Me llamo Fawad, y según mi madre nací bajo la sombra de los talibanes”.
Nos muestra la verdadera existencia del pueblo afgano, habitantes de un país aplastado por la historia, que ha olvidado la normalidad por la continuidad de una guerra inacabable. Habla de una tierra donde, como expresa sabiamente el narrador, “no se celebran los cumpleaños, sólo recordamos las victorias y las muertes”. Donde, como también afirma, “Todos hemos sufrido. Esto es Afganistán”. Consigue que relativicemos nuestros problemas diarios, situándolos en una dimensión real. Además aproxima hasta el lector la complejidad del Islam y narra cómo pudo surgir una derivación tan perturbada como los talibanes, que tanto daño hicieron a su país y a todo el mundo. Incluso conocemos los matices que tiene la influencia occidental en el país, que al mismo tiempo colabora con su modernización y explota los escasos recursos disponibles.
Redactado en primera persona el texto involucra al lector en una historia personal sensible y envolvente. El protagonista y narrador, sobre quien recae todo el peso de la obra, es un niño de penetrante inteligencia, que termina envuelto en peripecias impensables para un chaval de la zona. Cuenta con maestría una historia nítida y compleja al mismo tiempo. Y no acude a discursos ni a panfletos políticos: extrae la fuerza narrativa de la sinceridad de quien sabe escribir y conoce lo que narra, de quien sabe extraer toda la fuerza de una mirada, de una descripción breve y precisa. El protagonista es un niño de increíble talento, capaz de saltar sin pestañear, manteniendo las formas, de las calles más salvajes de Kabul, donde trapicheaba buscándose la vida como podía, a la zona occidental, y comprender con nitidez sentimientos absolutamente adultos, como son los dilemas del amor y los problemas que siempre acarrea la mezcla de religiones.
Busfield es absolutamente capaz de utilizar la perspectiva de un niño para mostrar un mundo terrible, sin que el lenguaje pierda nunca su carga infantil, su total verosimilitud. Es decir, soporta uno de los retos más peligrosos y difíciles de la primera persona. Como los mejores autores, consigue que una perspectiva distinta, en apariencia limitada, como es la de un niño, no impida momentos de enorme fuerza expresiva, propia de la mejor literatura. Por ejemplo, así ocurre cuando muestra, con un ritmo perfecto, la devastación que la guerra causó en la ya masacrada Kabul.
Bajo un millón de sombras muestra un fresco maravilloso de una sociedad mucho más compleja que lo que podemos creer. Mucho más extraña, más matizada que lo generado por la imagen recurrente de los burkas. Gracias a Andrea Busfield contemplamos la otra cara de la moneda, la mirada de los malos, y de repente nos parece mucho más matizada de lo que podíamos imaginar. Conocemos que en Afganistán hay gentes buenas y malas, complejas y simples. Entendemos también que el protagonista, aunque destaque por su vivacidad e inteligencia, no es sólo un niño, también representa a otros cientos, miles de pequeños que pelean cada día por la supervivencia.
Sin caer en la moralina, ni ralentizar el ritmo de la obra, fomenta valores dignos, indiscutibles, como la necesaria priorización de la religión como herramienta para luchar contra la intolerancia, contra las falacias del fanatismo. Es una lectura que involucra a su destinatario, a nosotros sus lectores, hasta la última página. Busfield nos regala un ejemplo maravilloso de la transformación de una obra periodística, de una experiencia vital inevitablemente intensa, en un trabajo literario puro y creíble, que logra informar y a la vez conmover, lo que no resulta nada fácil. La autora conoce a la perfección el país del que habla, ya que fue corresponsal allí durante los años más duros de la última guerra. Y lo fue en uno de los países del mundo más difíciles para una mujer.
Nacido en Madrid. Licenciado en Derecho. Máster en Edición y en Creación Literaria. Autor del libro de relatos Pendiente y del manual de técnicas de escritura Cómo escribir un relato y publicarlo. Profesor de la Escuela de Letras en cursos de relato, narrativa y lectura profesional. Lector, editor y corrector en numerosas editoriales. Miembro del colectivo La tormenta en un vaso. Colabora con numerosos blogs y publicaciones. Es creador del blog www.lalinearecta.blogspot.com.